Violencia sexual en la infancia y memoria: “No es verdad que se pueda ser más feliz en la ignorancia”

Victoria sufrió violencia sexual por parte de su padre cuando era niña, pero recuperó esos recuerdos treinta años después. A veces, el cerebro “aparta” información que no puede gestionar o interpretar, explican las expertas. La violencia sexual en la infancia es una realidad y la reacción de la familia ante la revelación es clave en la recuperación de quienes la sufren.

“Me empezaron a venir recuerdos poco a poco”, cuenta. Los primeros flashazos fueron en terapia, destellos inconexos que empezaron a aparecer en un entorno seguro: la consulta de su psicóloga. Manos que la tocaban, sensaciones, la imagen de los barrotes de una cama. “Me daba mucho ataque de ansiedad, tenía muchas cosas ahí en mi mente pero no había ni hecho clic”. 

Así explica Victoria cómo, con 38 años y a raíz de sus visitas periódicas a una psicóloga que empezó a ver durante su proceso de separación, se empezó a dar cuenta de que había sido víctima de violencia sexual por parte de su padre cuando era niña. Lo que inicialmente se presentó como una serie de imágenes difusas durante la terapia terminó revelando una realidad devastadora.

Con 38 años y a raíz de sus visitas periódicas a una psicóloga, Victoria empezó a recordar episodios de violencia sexual hacia ella por parte de su padre cuando era niña

Victoria recuerda el impacto de aquellas primeras sensaciones. Al principio, la experiencia se limitaba a percepciones físicas y corporales táctiles. Y, un día, el clic, cuando esos recuerdos sensoriales se completaron con una cara: la de su padre. Victoria logró recuperar de forma progresiva recuerdos específicos que incluían tocamientos, frotamientos e intentos de penetración, así como situaciones en las que se veía obligada a realizar felaciones.

Ella relaciona el momento en el que esto empieza a ocurrir con dos cosas. La primera, que se encontraba en un escenario de estabilidad: “Estaba tranquila en el trabajo, en casa… con la alarma bajada, por así decirlo”. El segundo factor es la maternidad. Cuando empezó a recordar, su hija tenía la misma edad en la que ella ubica los episodios de violencia sexual, unos siete años.

“Luego ya, de esto con él poned lo que queráis”, dice. Y deja en mis manos el problema de cuántos detalles utilizar para poder reflejar la gravedad de la situación sin caer en el sensacionalismo.

Los datos: el perpetrador está en casa

La violencia sexual contra niños y niñas es una realidad que refleja de forma contundente la Macroencuesta de Prevalencia de la Violencia contra la Infancia y la Adolescencia en España. Esta encuesta hace una distinción entre dos tipos de violencia. El primero sería la violencia sexual ejercida a través de la persuasión, la ridiculización o los tocamientos. El segundo grupo engloba la “violencia sexual de grado 2”, definida como aquella que, mediante el uso de la coacción o la fuerza, conlleva relaciones sexuales no consentidas.

Según los resultados del informe, el 25,7 % de los jóvenes encuestados afirma haber sido víctima de violencia sexual del tipo 1 durante su niñez o adolescencia. Al poner la lupa sobre los agresores en esta categoría, los datos desmontan el mito del agresor desconocido: los padres son los principales perpetradores con un 19,8 % de los casos, seguidos muy de cerca por familiares menores de 18 años no convivientes, que acumulan el 16,1 %.

Casi uno de cada cinco jóvenes (el 19,1 %) declara haber sufrido violencia del tipo 2 en sus primeros años de vida. Los datos registrados en el informe muestran un patrón claro: el peligro habita en los círculos de confianza de la víctima. Las parejas son los principales agresores, acumulando el 32,8 % de los casos, mientras que los padres aparecen con un 18,4 %.

Entre los años 2023 y 2025, Victoria pudo recomponer en terapia un doloroso puzle en el que empezaron a cobrar sentido algunos comportamientos de su madre que siempre había percibido como anómalos o desproporcionados. Victoria rememora con claridad un episodio en la piscina junto a sus padres cuando, mientras ella se ausentaba un momento y su madre había salido también, la niña se quedó a solas con el abuelo. La reacción de su madre cuando fue consciente fue fulminante: “Voy para allá corriendo no sea que se vaya a ahogar”. A este hecho se suman las reiteradas e injustificadas negativas de la madre a permitir que su nieta se quedara a dormir en la casa familiar, así como continuas menciones al peligro de los pederastas. 

Después de someterse a una valoración pericial técnica como medida de protección previa, dio el paso de contarles a sus padres su hallazgo y se encontró un muro de silencio

Con esas piezas y mientras seguía el trabajo en terapia, en el otoño de 2025 Victoria consideró que tenía un puzle, si no completo, sí al menos ya revelador. Después de someterse a una valoración pericial técnica como medida de protección previa, dio el paso de contarles a sus padres su hallazgo. Buscaba, cuenta, comunicar la situación para cortar de manera definitiva toda relación con su padre y dar a su madre “una segunda oportunidad”. “Quería protegerme yo y quería proteger sobre todo a mi, a mi hija”, explica.

Decidió redactar un discurso que hizo llegar a sus padres en una a videollamada de WhatsApp. La respuesta de sus padres ante la revelación de la violencia sexual por su padre se caracterizó por la absoluta negación, el silencio y la hostilidad. “Mi madre hizo algún comentario negándolo, pero mi padre no dijo absolutamente nada; me sorprende mucho que tu hija te diga algo así y tú no reacciones”.

La ruptura después de este paso ha sido absoluta y se ha extendido al resto de la familia. Victoria asume este aislamiento como una garantía de seguridad: “Obviamente, prefiero que sea así, porque si están del lado de mi padre y pueden mirar a otro lado de esa manera, yo prefiero que no tengan relación con mi hija por su seguridad”.

Cómo se repara lo irreparable

Le pregunto por qué quiere contar esto ahora y aquí. Me contesta que no existe posibilidad de reparación. Pero volvemos a hablar, y dice: “Creo que sí me ayudaría a repararme un poco pensar que este artículo pueda ayudar a personas en la misma situación que yo. Que les dé fuerzas pensar que se puede salir aunque tome tiempo, que vean cómo puede ser el proceso, que es horrible y largo”. Es importante, sigue, compartirlo con la red de apoyo, con las amigas, entender que los padres y la familia de sangre son personas no elegidas y a las que no hay por qué perdonar todo. La violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes “está siempre muy oculta y pasa muchísimo más de lo que nos pensamos”.

Victoria apunta a lo que considera otro mito: “Muchas veces nos pensamos que estas cosas solo pasan en familias desestructuradas, de bajo nivel económico, o con problemas con alcohol o drogas... En mi caso no era así, yo vengo de una familia educada y  acomodada que llevaban a sus hijos a colegios concertados y los domingos iban a misa”.

Laura Rodríguez, psicóloga de la Fundación Vicky Bernadet: “Cuando un niño no puede asimilar un hecho, se queda ahí, sin ninguna elaboración, pero eso no quiere decir que haya desaparecido”
Pero, ¿cómo se puede olvidar una vivencia así? “El olvido tiene una función defensiva”, explica Laura Rodríguez, psicóloga de la Fundación Vicky Bernadet, que desde 1997 trabaja en la atención integral, prevención y sensibilización de los abusos sexuales a menores cometidos en el ámbito familiar y del entorno de confianza del niño o niña. En su análisisMemoria y olvido en un caso de abuso sexual en la infancia: Correr las cortinas, Rodríguez explica cómo la mente activa un escudo protector: “El olvido en estos casos no es una simple pérdida de información, sino una estrategia desesperada de supervivencia psíquica”.

El cerebro recurre a la disociación, una suerte de anestesia emocional que fragmenta el recuerdo para que el menor pueda seguir con su vida cotidiana. Sin embargo, este alivio es solo temporal. “Las cortinas que la mente echa sobre el trauma protegen al niño, pero encierran al adulto en un laberinto de síntomas sin explicación”, advierte la psicóloga en su artículo, vinculando este olvido forzado con cuadros de ansiedad, depresión o dolor crónico en la edad madura.

En conversación el El Salto, Rodríguez habla del momento en el que se recuperan esos recuerdos. “Aparece primero la duda de si es o no real; luego se desmonta todo, toda la imagen familiar que uno tiene, es un momento de muchísimo sufrimiento porque se trata de un recuerdo que cuesta mucho sostener”, dice. A veces, sigue la experta, interviene el llamado “síndrome de acomodación al abuso sexual infantil”, un término que se utiliza en la ámbito de la Psicología para describir cómo niños y niñas aprenden a aceptar la situación y a sobrevivir.

Rodríguez explica que hay factores que pueden detonar el recuerdo. Uno es la vivencia de un trauma nuevo que pueda despertar el anterior. Otro momento vital que puede desencadenar el mecanismo es la maternidad o la paternidad. Así, madres o padres pueden ser más sensibles a recordar cuando están al cuidado de criaturas en la edad que ellos tenían cuando sufrieron esa violencia.

La reacción de la familia ante la revelación es clave en cómo la víctima va a poder procesar el trauma

Rodríguez añade que la reacción de la familia ante la revelación es clave en cómo la víctima va a poder procesar el trauma. “A menudo en el entorno familiar es complicado aceptar que ese abuso se ha dado cuando estamos hablando de otro miembro de la familia o en el entorno conocido. La reacción de los otros puede ser minimizarlo, decir: ‘Ya ha pasado mucho tiempo, quizá estés exagerando, para qué me lo dices ahora’. Es cierto que cada vez hay más sensibilización respecto al tema y por tanto, cada vez las familias creo que reaccionan un poco mejor, pero seguimos encontrándonos muy habitualmente con estas respuestas que pueden suponer una revictimización ya que la víctima siente que no es creída, o que se minimiza su dolor y, a veces, que la culpabiliza”.

El recorrido judicial

Nuria Iturbe es psicóloga, Impulsora en PrevenSi (Prevención del abuso sexual infantil), el área d’Investigació Social d’Intress, y responsable de varios estudios sobre lo que llama “violencia sexual sin recuerdo”. “Es un concepto que utilizamos en un momento determinado porque permitía ampliar el foco cuando normativamente tampoco estaba todo recogido a nivel de violencia sexual… Nosotras ponemos ese nombre para poder recoger en sentencia todos aquellos casos en los que consta que la víctima tiene alguna dificultad para recordar”, explica.

Situaciones en las que se han dado agresiones facilitadas por drogas o por alcohol son algunas de las que se incluyen en el abanico de las violencias sexuales sin recuerdo. Otra, claro, es la violencia sexual en la infancia. “Es habitual que en una persona que ha sufrido una violencia sexual, su recuerdo este alterado por el hecho de que la vivencia tiene un componente traumático y el propio trauma nos hace almacenar la información de forma distinta”, ahonda. Su investigación se centraba en investigar cuál es el recorrido judicial de la violencia sexual sin recuerdo.

Nuria Iturbe, Impulsora en PrevenSi: “Que la víctima no pueda recordar ciertas cosas, no las pueda ubicar en el tiempo o en el espacio, que no tenga un tipo de recuerdos muy específicos forma parte del funcionamiento de la memoria y del trauma”

“Nos encontramos que las víctimas llegan a juicio, no pueden recordar por qué hubo una situación de este tipo, esta no está recogida en ningún sitio y queda en el vacío porque no se está pudiendo recordar de una forma que es la que pide el sistema judicial”. En estos casos, dice “es muy importante el acompañamiento que se hace mediante pruebas periféricas y mediante informes técnicos que pueden de algún modo contar si lo que se está explicando es compatible con la situación”. Informes que, por ejemplo, recojan las consecuencias que ha habido de esta violencia. “Vimos que de esto había muy poco uso, pese a que a los juzgados tienen posibilidad de contar con equipos técnicos, tienen posibilidad de contar con muchos recursos de este tipo”.

El estudioContext jurídic i psicològic de la violència sexual del del Instituto Balear de la Dona contiene una conclusión desalentadora basada en el estudio de sentencias sobre violencia sexual sin recuerdo: siempre que el testimonio es contrapuesto entre la víctima y el agresor el caso ha terminado en absolución, y, aun cuando hubiera otras pruebas periféricas, estas se han considerado irrelevantes, detalla. “Llama la atención que los testimonios de las víctimas sean relevantes solo para la absolución porque se consideran contradictorios o porque carecen de recuerdos, y que para la condena la prueba decisoria más frecuente sea el reconocimiento de los hechos por parte del agresor, seguida de otras pruebas periféricas”. 

Iturbe cree que falta mucho para que los operadores de justicia entiendas cómo funcionan los procesos de memoria en la violencia sexual: “Que la víctima no pueda recordar ciertas cosas, no las pueda ubicar en el tiempo o en el espacio, que no tenga un tipo de recuerdos muy específicos forma parte del funcionamiento de la memoria y del trauma”. “Debemos comprender bien cómo funciona la memoria, porque estamos utilizando una forma natural de procesar la memoria como herramienta para absolver, cuando no es posible que se recuerde esto de otro modo”, añade.

El poder sanador de recordar

Victoria no quiere denunciar. Pese a que tiene plena seguridad de lo que pasó y un informe pericial, no es esa la vía que le interesa: no cree que exista ni recorrido posible ni sanación en ella. Lo que sí pide es que cese el acoso al que, explica, la está sometiendo su madre desde la revelación de la violencia sufrida. “No para de acosarme por email, carta postal... le he dicho en reiteradas ocasiones que por favor me deje de escribir, que si sigue defendiendo y conviviendo con mi agresor que nosotras no podemos tener relación”. Dice tener medio centenar de emails suyos desde que habló con sus padres. “No es solo que me dejen de lado si no que me está atacando continuamente desde hace dos años e intentando manipular para que haga lo que ella quiera, que es mirar hacia otro lado y hacer como que no ha pasado nada”.

“Alguna vez se me ha pasado por la cabeza que se vive mejor en la ignorancia pero, teniendo en cuenta que está mi hija en medio, yo prefiero haberme acordado aunque pese”

Quiero hacerle una pregunta a Victoria, pero no me atrevo en la primera conversación. Sí la hago en la segunda: ¿Preferirías no haber recordado? La psicóloga Nuria Iturbe cree que hay que romper con el falso mito de que, si no se recuerda, no va a doler. Desmenuzar el relato, entender lo que ha pasado, puede ser un camino sanador, dice, donde una no sea solo o no sea siempre una víctima: “Es importante también plantear que la victimización es una parte de la vida de muchas personas, pero no debemos considerar que sea algo que las defina”.

Para Laura Rodríguez, elaborar el trauma pasa por integrar la experiencia vivida para que no continúe interfiriendo en la vida de la persona de manera negativa. “No se va a olvidar, no se va a borrar, pero sí es posible elaborar sentimientos como la culpa, la vergüenza, la responsabilidad”. 

Victoria responde a mi pregunta: “Me hubiera gustado que no hubiera pasado, pero eso no se puede. Alguna vez se me ha pasado por la cabeza que se vive mejor en la ignorancia pero, teniendo en cuenta que está mi hija en medio, yo prefiero haberme acordado aunque pese”.

Teléfonos de ayuda
La Fundación ANAR cuenta con un teléfono para solicitar ayuda ante cualquier situación de violencia hacia la infancia y adolescencia: es el 900 20 20 10. También se puede utilizar el número europeo armonizado 116 111. Ambos son gratuitos, confidenciales, y están operativos las 24 horas del día, todos los días del año.
 

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...