Opinión
Nosotras por amor

Lloramos porque no queremos aceptar más Maricármenes, ni más Olgas Matute, ni más Javieres, ni más muertes por desahucio. La vivienda es la vida. Nosotras lloramos por amor,
Marcha Maricarmen - 5
Velas en homenaje a Maricarmen, fallecida el 7 de octubre. Bruno Thevenin
9 oct 2026 06:00 | Actualizado: 9 oct 2026 06:58

La palabra vivienda contiene la palabra vida, pero está empezando a contener muerte. Con 87 años, tras un desahucio, Maricarmen no pudo más. Lo primero que ha hecho una parte del arco parlamentario es pedir que no se haga una “utilización interesada” de ella, una petición secundada por algunos medios conservadores que muestra una cosa a las claras: ni siquiera con casos tan humanos, van a apagar la máquina. Da rabia, por supuesto.

En el ámbito electoral la utilización interesada es una maniobra cotidiana, diaria y aburrida, hasta el punto en que buena parte de la desafección social se produce debido a ella. Mucha gente afirma “no van a contar con mi voto, ni con mi confianza” precisamente para evitar caer en el riesgo de que se les manipule e instrumentalice. Y no es de extrañar. Hablan de respetar a las personas perjudicadas para no instrumentalizar su dolor, excepto cuando esas mismas personas sí que sirven para ejemplificar su discurso, cuando sí refuerzan sus alegatos o cuando sí cuadran con sus propuestas. Que los medios de comunicación y partidos conservadores salgan a defender el juego limpio emocional, precisamente en estos momentos, muestra que solo llaman a respetar el dolor cuando no pueden sacar ningún rédito mediático ni electoral de él.

La palabra vivienda contiene la palabra vida, pero está empezando a contener muerte. Con 87 años, tras un desahucio, Maricarmen no pudo más

Pero ¿qué es realmente respetar el dolor en este caso? Maricarmen hizo de su situación una cuestión pública, entregó al mundo su caso no solo para que fuese resuelto a su favor, sino a favor de muchas otras miles. “Aunque yo no gane, sí gano”, dijo en una ocasión, mostrando que la primera que politizó su incertidumbre y sufrimiento fue ella misma. Desde este punto de vista, callar es la falta de respeto más grave. Hay algo que no se entiende en el mundo conservador ‒o que quizás se comprenda demasiado bien‒: la herida aglutina, el descontento es un actor político, el malestar hace mundo. El dolor por Maricarmen pone de luto a ciudades enteras porque, excepto para sus familiares y seres queridos, no se trata de un proceso emocional privado. Se trata de un duelo colectivo derivado de una situación política que afecta a todo el mundo y que, a su vez, abre por sí mismo una situación política propia.

En Valencia lo vivimos con la dana, donde también se intentó evitar el abrazo colectivo y el calor humano hacia las personas afectadas, incluso cuando eran estas mismas quienes convocaban encuentros y protestas para sentir que no solo eran acompañadas por sus familiares y amistades, sino también por una abrumadora mayoría social. Que no nos digan las muertes que pueden doler y las que no. Que no releguen sentimientos políticos al ámbito privado. Las plazas también está hechas para la rabia y la tristeza.

Sin embargo, este rechazo calculado de la “utilización interesada” también muestra una forma de comprender la política como una esfera autónoma e inofensiva, alimentada de dinero abstracto y en la que los números de las estadísticas suben y bajan como suben y bajan los ascensores. Algunos políticos profesionales y medios de comunicación desearían que la política hablase de todo excepto de lo real y lo verdadero, es decir, que acabe allí donde empieza la vida concreta de las personas. Sin embargo, no se puede pensar sobre el mundo sin hacer uso de ejemplos concretos, sin utilizar la realidad para dibujar una comprensión.

“Aunque yo no gane, sí gano”, dijo en una ocasión, mostrando que la primera que politizó su incertidumbre y sufrimiento fue ella misma. Desde este punto de vista, callar es la falta de respeto más grave.

La vida en común no es un lugar vacío, en el que la única consecuencia de los decretos y medidas es cambiar la intención de voto en abstracto, sino un espacio habitado por personas que se verán afectadas por ellos. ¿Cómo hablar de vivienda sin hablar de Maricarmen? ¿Cómo hablar de la crisis habitacional sin hablar de Olga Matute o de Javier, por poner dos ejemplos recientes de suicidio por desahucio? ¿Qué otro enfoque hay? ¿Qué otro punto de partida es más adecuado? ¿Qué otro criterio hay para validar o descartar las propuestas si no es el de los efectos concretos que estas tienen? La política es la confrontación entre diferentes formas de “utilizar interesadamente” la información, el arte de seleccionar partes de la realidad para construir un discurso y aglutinar a gente en torno a una serie de propuestas. La “utilización interesada” no solo es inevitable, sino también deseable. La cuestión está en ver qué tipo de utilización y de qué tipo de interés proviene.

Este es el núcleo de la cuestión: los intereses contrapuestos. El conocido lema de las acampadas y movilizaciones por la vivienda lo expone a la perfección: “ellos por dinero, nosotras por amor”. Las mismas personas que, tras conocer el fallecimiento de Maricarmen, se han apresurado a clamar contra la instrumentalización de su caso, no han tenido ningún problema en instrumentalizar durante años el ejemplo de ese disminuido porcentaje de propietarios a los que se les ha ocupado una casa, o a ese reducido grupo de personas que verían seriamente mermados sus beneficios económicos derivados de subir al máximo posible el precio de un bien básico como es el techo. De sus intereses económicos ‒“por dinero”‒ deriva una selección sesgada de casos que van a ser utilizados para sus fines electorales.

Frente a esto, si los sindicatos de vivienda y las acampadas están recibiendo apoyo social no es porque estén utilizando a Maricarmen como reclamo publicitario, sino porque su caso refleja un interés general. El hecho de que se muestren emociones y se expresen los afectos no significa que se esté tratando de manipular emocionalmente a la opinión pública, sino mostrando la realidad con realidad. La intención no es hablar en el plano de los números, sino congregar a aquellas personas que han decidido no permanecer impasibles, que quieren dejarse atravesar por algo que va más allá de su vida personal, que se niegan a normalizar el presente a través de mantener la compostura. Hacer uso de ejemplos concretos, casos específicos y situaciones reales es la única opción cuando lo que te mueve es convocar a la vida a tu favor. Hay un sesgo, evidentemente, pero se trata de un sesgo que sigue un interés muy diferente: “por amor”.

Frente al “hay que seguir la ley” y el “no se pueden hacer excepciones”, proponemos que “hay que construir una sociedad mejor para que no sea necesario hacer excepciones”

Frente al “hay que seguir la ley” y el “no se pueden hacer excepciones”, proponemos que “hay que construir una sociedad mejor para que no sea necesario hacer excepciones”. Si hay algo excepcional en permitir que una anciana fallezca en su casa de toda la vida, entonces tenemos un problema muy grave. La imagen de Maricarmen se ha movido, y se va a mover, entre los extremos del cariño y el odio. Han habido bulos, inexactitudes, burlas y rencores. Ahora se suma un reproche: la estáis llorando demasiado, vuestro llanto es performativo, falso e irrespetuoso. Pero lo cierto es que llevamos llorando décadas. El drama de la vivienda puede ser nuevo para algunos ámbitos conservadores y reaccionarios, pero no para la mayoría de la población, y mucho menos para los movimientos por la vivienda. Hay miles de personas partiéndose la cara para paralizar desahucios de gente muy vulnerable. Maricarmen es una cara, pero han habido cientos de ellas que medios y partidos han decidido ignorar. Lloramos porque con Maricarmen se ha movido deseo, afirmación y una enorme ternura, desbordando así algo que llevaba acumulándose durante años, durante casos, durante muertes. Lloramos porque no queremos aceptar más Maricármenes, ni más Olgas Matute, ni más Javieres, ni más muertes por desahucio. La vivienda es la vida. Nosotras lloramos por amor.

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