Opinión
Qué tiene que pasar para que la izquierda gane en Andalucía

¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? ¿Es cierto que Andalucía se ha hecho conservadora? ¿Hay manera de provocar un cambio en el Gobierno de la Junta?
Galería recursos Andalucía 10-05-2026 - 20 Propaganda PP
Carteles electorales del PP en la estación de Santa Justa (Sevilla). David F. Sabadell

Es jurista y doctor en Ciencia Política.

15 may 2026 05:33

No nos vamos a engañar, las elecciones andaluzas tienen la misma intriga que ver la peli El Sexto Sentido sabiendo que Bruce Willis está muerto desde el inicio. Todas las encuestas se han conchabado para hacernos el spoiler de que Juanma volverá a ocupar San Telmo y, a estas alturas, tan sólo quedan por resolver tramas secundarias: ¿habrá mayoría absoluta? ¿hasta dónde puede caer el PSOE? ¿se confirmará el frenazo en las expectativas de Vox? ¿cómo quedará el sprint final entre las dos candidaturas a la izquierda del PSOE?

Pero la gran pregunta, la que nos desespera a miles de andaluces y andaluzas, es qué tiene que pasar para que Moreno Bonilla pierda unas elecciones. Y es que esta legislatura que acaba ha sido la primera en la que realmente se le han visto las costuras al Gobierno del PP: la sanidad andaluza sigue desmantelándose, con el escándalo de los cribados como traca final; la corrupción ha hecho acto de presencia, destapándose las corruptelas del Presidente de la Diputación del Almería, muy cercano a Juanma; se siguen cerrando aulas y líneas en los colegios públicos y se arrastran otros conflictos de legislaturas pasadas, como los de los bomberos del INFOCA, las TCAE o las PTIS. Y, a pesar de todo, ahí siguen las encuestas, dibujando una Andalucía inmóvil e impasible, abonada al “Virgencita, Virgencita, etc”.


¿Cómo se explica que, a priori, la figura de Moreno Bonilla no se resienta electoralmente? ¿Es cierto que Andalucía se ha hecho conservadora? ¿Hay manera de provocar un cambio en el Gobierno de la Junta? Vamos por partes.

Los salvavidas de Juanma

Moreno Bonilla no ha sido un gran Presidente aunque, ante la opinión pública, tampoco uno pésimo. Con el único gran lunar de la crisis de los cribados, se podría decir que las dos legislaturas que ha gobernado no han dejado grandes titulares, ni grandes gestas, ni grandes fracasos. Cuenta, además, con la gran fortuna de haber sucedido a un PSOE achicharrado por la corrupción y los líos internos. Tal fue el KO (y el caos) que supuso perder la Junta que, desde entonces, la federación socialista andaluza aún no se ha recuperado. Suceder al Gobierno de los escándalos de los ERE y los cursos de formación, el que empezó a desmantelar el Servicio Andaluz de Salud, el de los récords de desempleo, etc. tiene la ventaja de que el listón estaba bastante bajo.

Da la impresión de que Sánchez da el ciclo de las autonómicas como amortizado, a cambio de conservar el control territorial del partido, fiándolo todo a la batalla por las generales

Además, las legislaturas de Moreno Bonilla han coincidido con un contexto expansivo para España, con datos macroeconómicos y de empleo bastante positivos. En este sentido, el perfil de Juanma es perfecto para un presidente autonómico: aparente moderación, no meterse en charcos, no buscar confrontación, atribuirse el mérito de los buenos números y, sobre todo, culpar al Gobierno central de los malos.

¿Y por qué cuela esa estrategia? Primero, porque hay mucha gente corriente que no tiene ni idea de cuáles son las competencias de un gobierno autonómico, No saben que, en materia de vivienda, de sanidad o de educación, es la Junta de Andalucía la principal responsable. Y, segundo, porque el presidente Pedro Sánchez es una figura política que polariza mucho, lo que permite que funcione estupendamente como chivo expiatorio de cualquier mal dato.

La oposición

Para que Moreno Bonilla pierda unas elecciones es fundamental, además, que haya otro partido que las gane o, al menos, que tenga más escaños en el Parlamento para gobernar. El problema es que el PSOE lleva muchos años haciendo lo posible para despeñarse en Andalucía y, a cada elección, lo consigue un poquito más.

Tras la guerra civil entre Sánchez y Susana Díaz, la victoria final del presidente abría, a la fuerza, un proceso de renovación total en una Comunidad que era el cuartel general del susanismo. No ha sido fácil –ni se ha conseguido del todo– encontrar recambio para todos los cuadros y no es fácil para Sánchez mantener el control de la federación socialista más grande de toda España. En estas, la estrategia de ir colocando a ministros y ministras al frente de las federaciones autonómicas no está saliendo bien en el plano electoral. Da la impresión de que Sánchez da el ciclo de las autonómicas como amortizado, a cambio de conservar el control territorial del partido, fiándolo todo a la batalla por las generales.

Así, en lugar de seguir el ejemplo de Castilla y León, donde un candidato apegado al territorio salvó bien los muebles, Sánchez decidió presentar a la Ministra de Hacienda (quizás el ministerio más odiado de cualquier gobierno) que, para más inri, tuvo un pasado protagonista en los gobiernos de Susana Díaz. Y esta designación la hizo por encima de dos figuras emergentes, con un discurso sólido y muy experimentadas en el Parlamento andaluz, como son María Márquez y Ángeles Férriz. Apunten sus nombres.

Un pasito más a la izquierda del PSOE se encuentra un espacio político que, en Andalucía, llegó a alcanzar más del 20% del voto en 2015. Para ponerlo en contexto, Podemos e IU, que se presentaron por separado en esas elecciones, sacaron más votos que Moreno Bonilla en la primera legislatura que gobernó. Sin embargo, la atomización de Podemos y los posteriores conflictos entre los diferentes partidos han ido provocando hastío, confusión y una pérdida constante de votos y escaños que, parece, puede empezar a revertirse a partir del próximo domingo.

A pesar de acudir con dos papeletas diferenciadas, las expectativas, tanto de Por Andalucía como de Adelante Andalucía, son optimistas y se espera que ambas superen sus resultados de hace cuatro años. El termómetro, para calificarlo como un buen resultado, sería que ambas candidaturas obtuvieran grupo parlamentario propio, sin perder demasiados votos en provincias sin representación. Además, habrá que estar muy atentos a si la suma de los votos de este espacio se iguala o se queda muy cerca de las papeletas que obtenga Vox.

Objetivo 2030 (...o antes)

Aunque el relevo en San Telmo se antoje difícil para estas elecciones, sus resultados, junto a los factores anteriormente expuestos, pueden apuntar las claves con las que la izquierda puede recuperar la Junta en el futuro.

Si Moreno Bonilla no alcanza la mayoría absoluta, dependerá de un Vox crecido y dispuesto a dejar su impronta en el futuro gobierno, algo que no conviene, en absoluto, a la imagen de moderación que se ha construido el presidente andaluz.

Si Mª Jesús Montero sufre el peor resultado de la historia del PSOE en Andalucía, ya hay voces que la sitúan fuera de la política o, al menos, fuera del Parlamento andaluz, lo que abriría la puerta a los liderazgos emergentes de Márquez y Férriz.

Si Pedro Sánchez no consigue revalidar su mandato, Moreno Bonilla dejará de tener al Gobierno central como coartada de todo lo que no marcha bien en Andalucía, a menos que decida rebelarse contra su propio jefe en el PP, cosa poco probable. Además, el ciclo económico que se avecina y el hipotético gobierno de PP y Vox, a nivel estatal, no serán nada favorables para los andaluces y las andaluzas. Las políticas fiscales regresivas y el frenazo a la inversión pública no van a sentar bien a las Comunidades con las rentas más bajas y con más desigualdad.

Por último, tengo la sensación de que Por Andalucía y Adelante Andalucía van a estabilizar sus respectivas organizaciones y, durante los próximos años, van a ser marcas electorales consolidadas que permitirán seguir ensanchando el espacio electoral de la izquierda y del andalucismo. Este crecimiento, sin embargo, no debería ser óbice para que, en próximas elecciones y si los números lo sugieren, se puedan explorar fórmulas de colaboración electoral novedosas, que no tengan que implicar ni mezclas ni cohabitaciones conflictivas, pero sí una maximización de los escaños obtenidos, atendiendo al sistema electoral andaluz.

Sin duda, el aspecto más negativo de este lejano horizonte, hacia el cambio de gobierno en Andalucía, es el previsible deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la mayoría de andaluzas y andaluces. Una mayoría de la que también hay que esperar un despertar y una reacción para la defensa de nuestra riqueza y nuestro patrimonio. Nos va la vida en ello.

Asalto Podcast
Podcast | Elecciones andaluzas: asalto a Juanma Moreno Bonilla
Del hantavirus, la visita de Ayuso a México o las elecciones andaluzas, esta semana hablamos de lo que todas hablan, pero bajo otro punto de vista, el nuestro.
VV.AA.
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