Andalucía
Regresa a casa tras 78 años: la ARMH entrega a José Calvo los restos de su padre después de su exhumación
José Calvo vio a su padre por última vez en 1948. Tenía 5 años. Desde entonces, el tiempo siguió adelante sin él.El pasado 15 de abril, a los 83, aquel niño que un día se quedó esperando, pudo, por fin, dejar de hacerlo: su padre volvió a casa. Su hogar ya no está en su pueblo de Granada, en Agrón. Está en Rubí, Barcelona. Allí tuvo que huir Calvo a consecuencia de que asesinaran a su padre, Francisco, a manos de la Guardia Civil. Han pasado más de siete décadas, pero hay regresos que no entienden de años, solo de memoria.
LaAsociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) se desplazó hasta la vivienda de Calvo para entregarle los restos que desenterró en la exhumación que tuvo lugar en febrero de 2025. Junto a él sacaron 10 cuerpos más que no se han podido identificar. Los análisis de ADN duran un año. Uno por uno cruzaron las muestras de los cuerpos hasta que por fin el resultado fue positivo. Habían encontrado a su padre.
Junto a él sacaron 10 cuerpos más que no se han podido identificar. Los análisis de ADN duran un año. Uno por uno cruzaron las muestras de los cuerpos hasta que por fin el resultado fue positivo
La alegría de Calvo viene acompañada de lágrimas: “Siempre lo he tenido presente. Después de toda una vida por fin puedo tener un lugar donde llevarle flores”. Ahora que por fin le entregan el cuerpo de su padre pretende sacar a su madre de su nicho, enterrada en el cementerio de Terrassa, e incinerarlos juntos. Después, acompañado de toda la familia, volver a Agrón y esparcir las cenizas de ambos.
Calvo no ha recorrido este camino solo. Siempre le acompañó su sobrina María José. Fue ella quien empezó la búsqueda de su abuelo. Hace ya 6 años. Al principio no sabía por dónde empezar. Tocaba la puerta de diferentes asociaciones e instituciones pero, según ella, la mareaban. Para ella, que aprobasen la Ley de Memoria Democrática en 2022 fue un punto de inflexión: “Si la ley nos da el respaldo nos es más fácil remover la tierra, al menos antes de que haya un cambio de Gobierno y la eliminen. Como hizo Rajoy con la anterior, que no la derogó pero sí la dejó sin financiación. Qué es lo mismo”.
Durante este último año a la espera de resultados, les han surgido muchas dudas. “Pensábamos que podía no ser ninguno de ellos. Además, uno de los cuerpos no se pudo exhumar. También se te pasa por la cabeza que ese podía ser él”, confiesa Calvo. Cuando la ARMH le llamó para confirmarle que habían encontrado a su padre no solo sintió alegría: “Es una mezcla de emociones”.
La ausencia de su padre no es un recuerdo que aparezca en fechas señaladas ni en momentos aislados. Siempre ha estado presente. Calvo lo expresa sin rodeos: “Cada vez que he tenido una dificultad en la vida, he dicho: papá, ¿por qué me pasa esto?”. Él reconoce que ha vivido “demasiado empadrado”. No como una dependencia a la figura paterna, sino como una forma de estar marcado por su ausencia. No es solo que le falte su padre, es que ese vacío ha terminado por formar parte de quién es.
Es una herida que lleva abierta casi 80 años, pero considera que es imposible de cerrar. Únicamente cicatriza mejor porque José Calvo puede descansar tranquilo al saber que le ha dado a su padre una despedida. “Es muy duro recordar. Me ha acompañado toda la vida. Hemos gastado mucha energía para poder llegar hasta aquí y darle un entierro digno”.
La mañana antes de que la ARMH llegase a la entrega de los restos, José Calvo y su sobrina María José se sentaron a recordar. José contaba los últimos momentos tan vívidos que guardaba de su padre Francisco. Del día en qué se fue al monte en 1948, de cuando dos filas de guardias civiles esperaban frente a su casa el día en que lo matan ya en 1950, de Martinico, el chivato que delató a la milicia que se escondía en el monte. Y que décadas más tarde se encontraría en Rubí.
María José recuerda a su padre Paco, hermano mayor de José. Ella se sabe todas las historias de memoria. Se las contaba siempre cuando era pequeña. Hoy, considera este relato parte de su identidad y de sus raíces, lo que le motivó hace 6 años a iniciar la búsqueda de su abuelo. Ella vive en Sevilla, pero esta distancia no le ha impedido recorrer la península y acompañar a su tío en el proceso.
Detrás de ese camino, sostenido durante años entre viajes, recuerdos y llamadas, hay un trabajo que no siempre ofrece respuestas inmediatas. Como explica Marco González, vicepresidente de la ARMH, cada exhumación es distinta y no siempre permite llegar a una identificación. Hay casos en los que las condiciones permiten acotar con claridad quién puede estar enterrado y avanzar con mayor precisión, pero en otros la tierra ha sido removida demasiadas veces y los restos aparecen fragmentados, mezclados, difíciles de reconstruir. Entonces, la búsqueda se vuelve más incierta, más lenta, y no siempre ofrece respuestas para todas las familias.
El trabajo continúa después en los laboratorios. Allí, los restos se analizan, se comparan y se contrastan con las muestras aportadas por los familiares. En el caso de las fosas de Agrón, junto con Francisco, otros tres cuerpos reclamados por sus familias no han podido ser identificados. El análisis genético puede tardar meses, y no siempre llega una respuesta. Pero cuando llega, como en el caso de José, no es solo un resultado científico: es una vida entera esperando ese momento.
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