Baleares
Una cadena humana recorre el centro de Palma contra la masificación turística
Es mujer, va vestida de pagesa y no habla. Ni le hace falta. Lleva consigo un carpesano y grita sin voz: Salvem Mallorca! Su nombre, Madò Farta, el nuevo símbolo de la lucha contra los efectos de la turistificación salido de la entidad ecologista GOB. A su paso, los ciudadanos aplauden y ella se limita a saludar, hacer reverencias o alzar el puño.
Madò Farta ha sido la gran protagonista de la cadena humana que este sábado ha recorrido las principales calles de Palma, desde la plaza de España hasta el Consolat de Mar, sede del gobierno autonómico. A lo largo de un kilómetro y medio, miles de residentes han plantado las sillas que llevaban de casa y se han puesto a tomar el fresco. Unos leían, otros hacían ganchillo, cenaban un plato frío o hablaban. Como Antonio.
Este gaditano lleva décadas en Mallorca y considera su deber formar parte de concentraciones de este tipo: “Cuando yo llegué aquí, esta era la isla de la calma y creo que actos como el de hoy son necesarios para que los políticos tomen nota y no muramos de éxito. Vivimos del turismo desde hace sesenta años, pero actualmente se nos ha ido de las manos”. Como él, miles de residentes, que eran observados con curiosidad por los turistas que paseaban por la ciudad.
Abrían la cadena Tambors per la Pau, vestidos como Madò Farta y con la cara pintada como una calavera en su honor. A las siete de la tarde salieron de la plaza de España y una hora y media más tarde llegaban al Consolat. La organización no tenía permiso para concentrarse delante del edificio gubernamental pero, finalmente, lo consiguieron y un centenar de personas terminaron allí la fiesta. No hubo incidentes y los promotores opinan que la convocatoria ha sido un éxito.
Un verano reivindicativo
Esta ha sido, en principio, la última gran concentración contra la turistificación del verano mallorquín, unos meses intensos durante los cuales miles de residentes han salido a la calle para defender el territorio, la vivienda, el trabajo no precario y la lengua autóctona.
Aunque las grandes multitudes se han visto en Palma, la part forana no se ha quedado corta y el GOB consiguió reunir a 10.000 personas en la playa de Es Trenc el 5 de julio. Un mes de después, 2.500 ocuparon las vías de Sóller para exigir cambios en el modelo económico. Y es que este pequeño municipio de la Serra cuenta con 75 plazas turísticas por cada 100 habitantes, un hecho que incide, no solo en la dificultad del acceso a la vivienda, sino también en la movilidad.
Violencia policial
La gran cita de la ciudadanía para defender la isla de los efectos negativos del turismo fue la manifestación del 26 de julio que, bajo el lema de “Mallorca al límit”, reunió en el centro de la capital a 70.000 personas. Ha sido la más numerosa de las concentraciones impulsadas por el colectivo Menys turisme, Més vida y la única que ha terminado con cargas policiales. Veinticinco personas tuvieron que recibir atención sanitaria después de ser agredidas por agentes de las fuerzas de seguridad. Al día siguiente, el delegado del gobierno en la Comunidad, Alfonso Rodríguez, admitió que la respuesta de la Polícia al término de la concentración había sido “desmesurada”. Se ha abierto una investigación interna y se llevará a cabo en Valencia, de donde procedían los agentes.
Menys turisme, Més vida, junto a Alerta Solidària, estudia presentar una denuncia colectiva en nombre de las personas agredidas. Dani Comas, portavoz del colectivo mallorquín, asegura que “los vídeos dejan clara la nefasta actuación de los agentes”. Las cargas se produjeron en el teatro de Ses Voltes “que estaba prácticamente vacío”. Según el informe de la policía, siete personas causaron desórdenes públicos y daños y, por esta razón, los agentes contestaron. Finalmente, más de veinte personas fueron atacadas, entre ellas, un fotoperiodista.
El portavoz de Menys Tusime, Més Vida declara que la actuación solo buscaba “dividir a la sociedad mallorquina, porque cada vez tenemos más fuerza”. Y añade: “Somos un pueblo unido que ha decidido pasar a la autodefensa frente a la violencia estructural de un sistema que quiere echarnos de nuestra isla”.
Criminalización
Otro de los episodios relacionados con el movimiento contra la turistificación que aún no se ha cerrado es el de las dos activistas de Santa Maria del Camí que el 15 de julio fueron detenidas por la Guardia Civil. En el auto de la Benemérita se las acusa de presuntos delitos de daños intencionados, daños contra el patrimonio y pertenencia a organización criminal por haber pintado con spray la fachada de una conocida inmobiliaria del pueblo el 31 de mayo. La investigación se centra en el vídeo de la cámara de seguridad de la empresa, situada en la calle. Sin embargo, la cámara excede el ángulo de visión permitido por la ley.
Por otro lado, el abogado de las activistas, Josep de Luis, considera que durante la detención se vulneraron los derechos fundamentales de las dos jóvenes: “Yo nunca había visto que se pusieran esposas a nadie por daños”. Además, “la Guardia Civil las presionó para que entregaran la ropa del día 31 de mayo y les dijo que, si no lo hacían, dormirían en el calabozo”. También afirma que “las amenazaron con poner sus viviendas patas arriba si no permitían un registro voluntario”.
Los hechos están explicados en las declaraciones de las activistas, que Josep de Luis presentó en el juzgado el 2 de agosto, “visto que después de casi tres semanas no se estaba moviendo nada”.
Desde Menys Turisme, Més Vida se vinculan los arrestos a la publicación, a principios de julio, del Manual d’Acció Contra la Turistificació, un texto que “propone abrir un debate y llevar a cabo acciones directas no violentas contra el sistema que nos ahoga”, según explica Pere Joan Femenia. Esto incluye identificar inmobiliarias, establecimientos hoteleros y viviendas de alquiler turístico ilegal para bloquear candados, decorar fachadas o colgar carteles, entre otras cosas.
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