Brasil
Brasil comienza una elección trascendental para América: cuatro años más de Lula o el regreso de los Bolsonaro
Lula y Flávio Bolsonaro son los principales favoritos para pasar a la segunda vuelta de las elecciones federales que tienen lugar hoy en Brasil y que han comenzado a las 8h (hora de Brasilia, las 13h hora española. En un contexto de igualdad, los resultados preliminares que llegarán a partir de la madrugada española, darán pistas sobre lo que puede pasar el día 25 de octubre en el balotaje definitivo: la victoria por más de cinco puntos del actual presidente permitirá decir que es el favorito claro en la segunda vuelta, por debajo de eso, el escenario es incierto, lo que favorece a la extrema derecha.
El resultado de esta jornada del 4 de octubre, no obstante, no se circunscribe a la elección del próximo presidente del país, sino que en las mesas electorales hay otras decisiones que tomar, como quiénes ocuparán los 513 escaños de la Cámara de Diputados y los 54 del Senado Federal. En la primera vuelta, además, participan otros cuatro candidatos a presidente, los cuatro varones Ronaldo Caiado (PSD), Romeu Zema (Novo) y Augusto Cury (Avante), Renan Santos (Missão) y los cuatro sin opciones reales de pasar al balotaje.
La democracia no termina cuando se sepa quién se sienta en el Palacio del Planalto, pero es evidente que las dos opciones que discurren hoy marcan distintos caminos. Uno, el de la profundización del programa de reformas enarbolado por Lula Da Silva, que ha llevado a una reducción neta de la tasa de pobreza, pero que, en su tercer mandato no ha conseguido conectar como lo hizo en la primera década del siglo, cuando su Gobierno llevó a cabo un salto espectacular en términos de reducción de la desigualdad y la pobreza.
La segunda vía planteada hoy es la de la vuelta de los Bolsonaro al poder. Han pasado cuatro años desde la derrota de Jair Bolsonaro, quien solo ocupó cuatro años el cargo de presidente, y el humus social que dio lugar a aquel mandato, el primero de este siglo en reivindicar la dictadura militar, se ha consolidado en un movimiento que aboga por “la militarización del conflicto social, el conservadurismo social, el emprendimiento neoliberal, el anticomunismo y una preocupación, en cierto modo selectiva, por la corrupción, entre otros factores”, tal y como describía Rodrigo Nunes en Intercept Brasil.
La igualdad entre ambas opciones, que se vio reflejada en las elecciones de 2022, cuando Lula obtuvo una victoria en la segunda vuelta con sólo el 50,9% de los votos frente al 49,1% de Jair Bolsonaro
Las encuestas dan un resultado ajustado a favor de Lula da Silva, que vencerá claramente en región Nordeste del país. El sur del país se decantará, de nuevo, por la extrema derecha de los Bolsonaro, que basan su fuerza social en el auge de los movimientos neopentecostales y su músculo económico en los oligarcas de los sectores agroindustrial y extractivo.
Los sondeos coinciden en pronosticar una victoria por la mínima del actual presidente, que obtendría en torno al 45% de los votos, frente a Bolsonaro, que se sitúa por encima del 40%, a dos o tres puntos de Da Silva, lo que lleva a pensar en un empate técnico que, en todo caso, se resolvería en la segunda vuelta del 25 de octubre.
La igualdad entre ambas opciones, que se vio reflejada en las elecciones de 2022, cuando Lula da Silva obtuvo una victoria en la segunda vuelta con sólo el 50,9% de los votos frente al 49,1% de Jair Bolsonaro, en una constante en las últimas elecciones en el continente. En Colombia, con acusaciones de fraude electoral por parte de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, superó en menos de un punto al candidato de Pacto Histórico Alianza por la Vida, Iván Cepeda. En Perú, Keiko Fujimori ganó las elecciones con una diferencia de menos de 50.000 votos con respecto al candidatode Juntos por el Perú, Roberto Sánchez.
Trumpismo y corrupción
Con la excepción de Uruguay, Brasil es la última plaza fuerte de la socialdemocracia en Latinoamérica y el único país americano, junto con México, que ha planteado contramedidas a la agresiva política comercial de Donald Trump. El presidente estadounidense, “amigo” y socio de los Bolsonaro, ha impuesto aranceles a productos brasileños, además de promulgar sanciones en el pasado contra el juez Alexandre de Moraes, que condenó a Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado de 2023.
En el último año, el peso de la derecha trumpista se ha hecho notar en todos los procesos electorales en Sudamérica, que han sido ganados, sin excepción, por afines a Trump. Brasil puede romper esa dinámica solo un mes antes de las elecciones de medio término en la que el Partido Republicano afronta una crisis sin fondo de la economía doméstica. Pese a que estos días se subraya que Trump no ha llamado directamente al voto por Flávio, la realidad es que la política de la Casa Blanca sobre Brasil está influida por Eduardo Bolsonaro, fugado a EEUU para evitar una condena por obstrucción a la justicia.
Bolsonaro ha prometido una economía “a la Milei” y una política de control social “a la Bukele”, con un peso importante de los grupos paramilitares conocidos como 'milicias'
Flávio Bolsonaro, además, ha centado gran parte de su campaña en la política exterior. Se ha reunido con Javier Milei, el presidente argentino, con quien comparte la visión de “mano dura” de los seguidores de las exdictaduras del cono Sur, y también con Benjamin Netanyahu, presunto criminal de guerra según la fiscalía del Tribunal Penal Internacional. Bolsonaro ha prometido una economía “a la Milei” y una política de control social “a la Bukele”, lo que se traduce en la posibilidad de que las milicias, organizaciones paramilitares dedicadas al crimen organizado y vinculadas a la familia del presidente, tomen el control de las grandes ciudades del país.
No se trata únicamente de una opción ideológica. EEUU quiere atajar el impulso que el Gobierno chino ha tomado en Latinoamérica gracias, en buena medida, a sus acuerdos con Brasil, y desde la Casa Blanca se ha visto como una amenaza la ley que regula la política de minerales críticos del país, firmada el pasado mes por Lula que, “entre otras cosas (...) rechaza el texto propuesto por el negociador americano que daría a sus empresas la posibilidad de adquirir activos antes de la aprobación de las ventas de minerales estratégicos y restringiría las inversiones chinas en esta materia”, como señalaba Zainer Pimentel en El Salto.
En cuestiones de política interna, el mayor problema para Lula da Silva es que estas elecciones sean interpretadas como un referéndum a su figura y que parte de la base social que le devolvió a la presidencia hace cuatro años subestime la amenaza que representan los Bolsonaro. A su favor, Lula cuenta con otro elemento importante, como es la implicación directa de su rival hoy en el caso Banco Master —en el que también aparecen envueltos cinco de los once miembros del Tribunal Supremo—, que estafó a miles de millones de reales a jubilados y pensionistas de Brasil.
La gran pregunta que comienza a resolverse en la jornada de hoy es si el Partido dos Trabalhadores (PT) puede movilizar como antaño para un “último baile” de Lula que permita al país sobrevivir los coletazos del trumpismo, que ya han desfigurado el mapa político del continente desde Caracas a Tierra de Fuego.
América Latina
Farid Kahhat
“Creo que Brasil va a ser el primer caso en el cual la presión de Trump va a ser contraproducente"
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