Crisis climática
Rita Catrina, KlimaSeniorinnen: “Ganamos el juicio, pero ahora hay que vigilar que se ponga en práctica”
Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto. @pablorcebo.bsky.social, pablo.rivas@elsaltodiario.com
El 9 de abril de 2024 un grupo de mujeres, todas mayores de 65 años, hizo historia. Tras nueve años de pelea política y legal con el Estado suizo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dio la razón a las KlimaSeniorinnen (Mujeres Mayores por el Clima). Argumentaban que el Gobierno de la Confederación Helvética ni había hecho ni estaba haciendo lo suficiente para frenar el cambio climático, y que ello ponía en riesgo su salud y sus vidas. Pero lo que le negaron las instituciones y los tribunales suizos, se lo concedió el Alto tribunal europeo.
El dictamen creó jurisprudencia aplicable en los 46 países del Consejo de Europa. Es por ello que la sentencia supone un espaldarazo para buena parte de los 3.600 litigios estratégicos climáticos —como se conoce a los juicios contra gobiernos, empresas e instituciones para obligarlas a frenar la crisis climática— que hay ahora mismo en los tribunales.
Sin ir más lejos, podría influir en el Juicio por el Clima, como se conoce a la litigio por el que cinco organizaciones ecologistas demandaron al Estado español por inacción climática al considerar que establece unos objetivos de descarbonización muy bajos: un 23% de reducción de gases de efecto invernadero con respecto a 1990 en el momento de la demanda —hoy actualizado al 32%—, mientras que las organizaciones ecologistas y la comunidad científica exigen al menos un 55%.
Rita Catrina, de 68 años, una de las KlimaSeniorinnen, forma parte de la pequeña delegación del colectivo que estos días está de paso por España. Esta profesora jubilada de la Universidad de Zurich charla con El Salto sobre las repercusiones internacionales de la sentencia, la lucha climática en Suiza y el futuro de un mundo que parece apartar a un lado el cambio climático para centrarse en la agenda política de las formaciones más escoradas a la derecha.
Un grupo de mujeres de más de 65 años vence al Estado suizo, y lo hace en un tribunal europeo. No es algo muy habitual. ¿Hay esperanza en este mundo a pesar del contexto político global?
Yo creo que nunca hay que perder la esperanza, eso es lo último que hay que perder. Hay que animar a la gente a que deje de ser pasiva y paciente, y se vuelva activa. Que construya su propio futuro. Ahora la gente tiene miedo de todo porque se acumulan los problemas, y se queda como resignada, como diciendo: “No vale la pena”. Y nosotras queremos dejar claro que sí, sí vale la pena.
Muchísimos somos abuelos y abuelas. Nos llega muy al corazón lo que sucederá con nuestros nietos, bisnietos
Vuestra victoria en 2024 fue histórica, pero desde entonces la crisis climática se ha recrudecido. Valgan como ejemplo las últimas olas de calor de los últimos veranos en Europa, que también habéis sufrido en Suiza. ¿Lo que conseguisteis ha cambiado la opinión pública suiza respecto al cambio climático?
Llevamos luchando desde hace diez años y hace dos que recibimos la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Fue un éxito fantástico, no solo para nosotras, sino para toda Europa y para todo el mundo. Pero a partir de este verano, con el calor que ha hecho en Suiza, un calor inesperado e inaguantable, mucha gente se encerró en casa sin poder tener una vida social normal. Muchos mayores se cansaban mucho. Así que creo que todo el mundo ya reconoce que hay un cambio climático, y que es un peligro real, actual. O sea, ya estamos en fase de sentirlo en nuestro propio cuerpo, en nuestra propia piel, y mucha gente lo ha comprendido. Ahora la pregunta es qué haces con ello.
¿El Estado suizo ha reaccionado tras la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos?
Cuando recibimos esa maravillosa sentencia que dice que la protección frente al clima es un derecho humano, fundamento de todas las constituciones de los países democráticos, pensamos que ya habíamos hecho nuestro trabajo y que podíamos retirarnos a descansar o a hacer punto [ríe]. No fue así, porque pocos días después hubo una discusión al respecto en el Parlamento y este decidió aconsejar al Gobierno suizo no seguir la sentencia, alegando que los jueces eran ‘activistas’ y no sé qué cosas más.
Los mayores, los bebés y los enfermos son más vulnerables a los efectos del cambio climático, y dentro de los mayores son más las mujeres las que más los sufren
Es cierto que el Tribunal Europeo ha redefinido los derechos humanos en vista de la realidad. Y eso lo han aceptado muchos políticos, pero no todos. Las reacciones en Suiza fueron muy fuertes, sobre todo de los partidos más conservadores y más hacia la derecha. Hablaban muy mal de nosotras, diciendo que las mujeres tenían una expectativa de edad de más de 85 años, la más alta de Europa, y que ahora vienen las viejitas a quejarse porque tienen un poquito de calor en verano. Que ensuciamos la imagen de nuestro país. Cosas así. Es algo que nos chocó muchísimo. Yo me sentí como de vuelta en los 60 y 70, cuando todavía las mujeres luchábamos por el voto, porque no fue hasta 1971 que las mujeres suizas pudimos votar ni ser elegidas. Es algo que en el extranjero resulta muy chocante, pero fue así. En ese sentido, ha habido como un ‘backlash’, un retroceso a esa época, y una desvalorización de lo femenino y también de la edad.
Más de 3.600 casos en 62 países actualmente. ¿Los litigios climáticos son el camino para obligar a los gobiernos a actuar?
Yo diría que es uno de los caminos. En Suiza tenemos democracia directa, podemos votar sobre iniciativas que se han lanzado al pedir referéndums sobre las decisiones que toma el Parlamento. Pero luego está la Constitución, donde están los derechos fundamentales: la dignidad humana, el derecho a una vida libre, a una vida social… Todo eso es importante y, como en la política no hemos avanzado lo suficiente, decidimos tomar la vía de los tribunales para intentar lograr algo de este otro poder. Ganamos el juicio, pero ahora hay que vigilar que lo que conseguimos se ponga en práctica.
En España tenemos pendiente un gran litigio climático contra el Estado por inacción climática. ¿En este tipo de litigios hay que apuntar más a los Estados o a las empresas?
Yo diría que a las dos cosas, porque las empresas son también responsables de los efectos negativos del cambio climático, y en cambio los Gobiernos son responsables de la salud y el bienestar del pueblo. Tenemos que hacer presión para que los representantes del pueblo, el Gobierno, nos posibilite vivir en un en un clima sano y sin, digamos, sufrir demasiado.
Uno solo está muy solo, y el ser humano no está hecho para estar solo en el mundo
Tenemos dos vías para avanzar. No podemos dejar a la economía que nos salve de la situación catastrófica en la que estamos, porque no es su interés salvar el mundo. Su interés es hacer negocio, con lo que la política necesita es regular el mercado para que no dañe a las personas.
Quienes deciden hoy, debido a su edad, no sufrirán las consecuencias más duras del cambio climático. ¿Es un problema que la gente mayor no hace suyo? ¿No les importa lo suficiente?
La gente mayor no son solo viejitos pasivos que solo van a hacer tours en cruceros o se quedan en casa leyendo el periódico. Es gente que ha sido activa toda su vida, que se ha implicado en muchos procesos de la sociedad civil, y por eso también queríamos tomar la iniciativa para decir: “Hay que tomarnos en cuenta porque la parte de la sociedad que suponen las personas mayores también es grande”. De hecho, ya hay menos jóvenes que mayores, y estos pueden todavía cambiar y transformar la sociedad, pueden contribuir. Y muchísimos somos abuelos y abuelas. Nos llega muy al corazón lo que sucederá con nuestros nietos y bisnietos, que no tienen voto todavía.
Yo diría que no se lucha contra algo, se lucha por algo
Creo que los mayores tienen mucho interés en apoyar a la juventud, se solidarizan con ellos, porque el intercambio entre abuelos y nietos a veces es mejor que el de los jóvenes con la generación de los padres. Hay que solidarizarse con los jóvenes. En Suiza a veces vamos juntos a la calle cuando hay manifestaciones por el clima, y es muy lindo ver que nos tenemos respeto mutuo y que nos animamos mutuamente. La diferencia está en que los mayores tienen un poco más de paciencia, y también de resiliencia, porque hemos pasado muchos años fracasando, intentándolo, fracasando, intentándolo… Y para los jóvenes el tiempo corre más rápido. Más tras la crisis del covid, diría, que fue un parón masivo de la acción juvenil por el clima, que hizo que se dispersaran y se perdiesen.
Si algo tenéis en KlimaSeniorinnen es experiencia en la vida, ¿qué les diríais a los jóvenes de hoy ante el problema del cambio climático?
Que no se resignen, aunque es fácil decirlo. Volviendo a lo del covid, supuso un trauma colectivo, un miedo ante una situación enorme que no se sabía si podíamos resolver, y los jóvenes tenían mucho miedo porque no sabían lo que iba a pasar en el futuro. Algunos se han resignado, otros acumulan rabia o un sentimiento de impotencia. Yo les diría que uno solo está muy solo, y el ser humano no está hecho para estar solo en el mundo. Lo más importante es encontrar a alguien, enlazar, hacer contactos con otros, hablar, discutir, convivir, participar en la vida cotidiana. Porque así es como uno conoce al otro.
La gente se siente sola, se siente desprotegida, y el miedo causa impotencia, rabia, y agresión. Es muy fácil aprovecharse de la agresión para manipular a la gente
Y, aparte las amistades y de la solidaridad, también hay que atreverse a dar un paso a otros campos de la sociedad, porque a veces estamos, digamos, en nuestro mundo y pensamos que todos opinan igual que nosotros pero hablar con alguien de otra otra profesión, de otra edad, de otra opinión política, es muy bueno. Y hay que hacerlo de un modo, digamos, crítico, pero con respeto. Hay que preguntar: “¿Cuáles son tus necesidades?¿Tú entiendes las mías? Entonces, ¿cómo podemos llegar a un camino común para resolverlo?” En definitiva, lo que debería hacer la política.
¿Cómo nace KlimaSeniorinnen? ¿Qué lleva a un grupo de mujeres de más de 65 años a llegar a este nivel en la lucha contra la crisis climática y conseguir llegar hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos?
¿Cómo arrancó todo eso? Fue una obra colectiva: unas tuvieron las ideas, otras los contactos para formar un grupo… En 2015 fue el primer encuentro, justo después del Acuerdo de París. Tomamos confianza y dijimos, “bueno, ¿qué podemos hacer?”. Una sola puede recurrir a un tribunal, pero no va a tener la fuerza necesaria. Teníamos dos abogadas muy importantes que nos apoyaron y nos propusieron formar una asociación, una persona jurídica. Sin embargo, esa asociación tenía que probar que está directamente afectada por el efecto invernadero.
Se sabe científicamente que los mayores, los bebés y los enfermos son más vulnerables a los efectos del cambio climático, y dentro de los mayores son más las mujeres las que más los sufren. La mortalidad de las mujeres es muy superior a la de los hombres en este caso; por cuestiones biológicas, entre otras cosas. Ese fue el argumento para que en la asociación dijésemos: sólo entran mujeres mayores de 65 años. Después, con la ayuda de ONG como Greenpeace, que nos han apoyado mucho, lanzamos la primera demanda al Ministerio de Medio Ambiente, Tráfico y Energía, que la rechazó. Después pasamos al siguiente tribunal, luego a un tribunal superior y todos rechazaron la demanda. Ni siquiera entraron a hablar con nosotras. Y, poco a poco, nos hemos ido dando a conocer en prensa, en reuniones, en eventos donde informamos sobre esa relación entre derechos humanos y la situación climática. Ahora hay dos publicaciones que se han hecho sobre nuestra historia, una en francés y otra en alemán. La de alemán tiene un título bonito, algo así como ‘Cuando Suiza sudó la gota gorda’. Y a raíz de la película organizamos a gente para verla y discutir sobre ella. También para animar a la gente a tener confianza en el propio poder, en la protección mutua de un grupo.
En 2024 conseguisteis algo impensable. ¿En que están las KlimaSeniorinnen ahora, más de dos años después?
Ante la reacción tan negativa de cierta parte de los políticos del Parlamento y del Gobierno nos quedamos como estupefactas, frustradas. Pensamos: “¿Qué hacemos? Ya no tenemos energía para empezar de nuevo”. Pero empezamos de nuevo [ríe] y dijimos: “Bueno, a por otro maratón, no nos dejaremos aplastar”. Hay prensa que documentó muy bien los detalles del tema, aunque hubo mucha que no habló del clima sino de la “ignorancia” de las mujeres y qué sé yo. Algunos hasta pensaban que confundíamos el clima con el climaterio. En fin…
Somos una sociedad en la que dependemos unos de otros. Y hay un solo planeta, no se puede dividir
Ahora estamos en un proceso de hacernos más visibles todavía, y seguimos con atención los procesos después del Tribunal, porque el TEDH pronunció una sentencia, pero ¿quién controla si se cumple o no? El Tribunal Europeo tiene un comité de ministros de Asuntos Exteriores de muchos países europeos, creo que son 46, y ellos tienen que controlar si se cumple o no. En nuestra opinión, hasta ahora Suiza no ha cumplido. Suiza entregó un informe a las peticiones requeridas, y el comité dijo: “Muy bien, pero falta aquí y acá un poquito”. El Comité es consciente de que no son especialistas en clima y por ello sugirieron en marzo de 2025 que se forme un grupo de expertos, una especie de consejo asesor que ayude al Gobierno de Suiza a hacer un presupuesto de emisiones, a calcularlo, a tomar medidas adecuadas y a controlar si se cumple lo que promete o no, porque han cumplido firmando el Acuerdo de París diciendo que van a bajar las emisiones, pero no han contribuido lo suficiente.
El foco mediático ha cambiado. Vivimos en un mundo escorado hacia la extrema derecha que habla más de migración que de cambio climático. ¿Cómo se lucha contra eso?
Yo diría que no se lucha contra algo, se lucha por algo. Esa es la diferencia también entre sectores de la sociedad que dicen no a todo pero no presentan soluciones. Luchamos por la solidaridad entre diferentes sectores de la sociedad, entre diferentes necesidades humanas. ¿Cómo se puede ganar? Nosotras no sabíamos si íbamos a ganar o no. Siempre está el riesgo de fracasar, pero como ya hemos fracasado mucho en nuestra vida y hemos aprendido de los fracasos, podemos aprender de cada situación catastrófica.
En el mundo, en Europa, en todas partes estamos pasando por una situación muy difícil, con guerras y fobias de todo tipo. Y eso da miedo a la gente. La gente se siente sola, se siente desprotegida, y el miedo causa impotencia, rabia, y agresión. Es muy fácil aprovecharse de la agresión para manipular a la gente. “Hay que estar en contra de esto, hay que echar a estos, hay que echar a los otros, hay que gastar más en armas, etcétera…”. No, no se trata de eso. Hay que integrar los problemas, mirarlos de frente y no tener miedo. Si echamos fuera a todos los migrantes o si echamos a todos los pobres fuera de las ciudades no vamos a resolver ningún problema. Somos una sociedad en la que dependemos unos de otros. Y hay un solo planeta, no se puede dividir. No se puede excluir. No se puede echar a la Luna o a Marte lo que sobra. Tampoco las emisiones. Así que hay que ponerse de acuerdo y tenemos que retomar el diálogo y la comunicación, que es lo único que nos salva. Ponernos en el lugar de los demás y aprender a convivir con otros. Es también una competencia cultural, ¿no?
Un jardín también tiene sus reglas, se cuida un poco para que no se coman unos a otros. Hay que proteger la cultura y cultivar la convivencia social. Porque la riqueza económica no nos va a salvar ni a resolver los problemas. La solución está siempre en los seres humanos y su capacidad de entender. O sea, no solo proclamar: queremos eso, queremos lo otro. Es escuchar y tratar de comprender lo que necesitan los demás y decir: “Tienes que pensar más, no has visto el problema en su complejidad”. Y la complejidad del problema lo hace difícil para todos. ¿Dónde empezar? Hay una cita de un activista de Mayo del 68, Alexander Grothendieck, que tiene una historia muy interesante. Era profesor de física cuántica en París y cuando estallaron las guerras de Corea y Vietnam se fue de la universidad porque sabía que su cátedra estaba financiada por el ejército, y se volvió ambientalista. Fue uno de los primeros. Y él decía que la complejidad del mundo necesita una pluralidad de enfoques. Así se suman muchas miradas y muchas experiencias.
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