Gentrificación climática: cuando la crisis ecológica agudiza la social

Hacer de los barrios espacios de resiliencia frente al calor o las inundaciones conlleva a menudo efectos contradictorios que ahondan en la desigualdad. Un proyecto de investigación trata de anticiparse al fenómeno en zonas especialmente vulnerables.
9 mar 2026 06:00

En 2025, la mortalidad atribuida al calor aumentó un 87% y los episodios de calor extremo un 73% respecto a 2024, según datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Centro Nacional de Epidemiología (CNE). Esta cifra refleja el impacto del calor sobre la salud pública en nuestro país, así como la urgencia de tomar medidas al respecto. Pero ¿qué ocurre cuando estas se adoptan desde un punto de vista exclusivamente medioambiental y no social? ¿Qué ocurre con quienes se ven atrapados sin remedio en burbujas de calor?

En 2022, un estudio de investigación liderado por Isabelle Anguelovski, actual directora del Barcelona Lab for Urban Environmental Justice and Sustainability (BCNUEJ), puso el foco sobre el fenómeno de la gentrificación verde en Europa y Norteamérica, también en España. El informe mostraba cómo, en muchas ocasiones, la remodelación de espacios urbanos para su renaturalización y ecologización, es decir, para hacer estos lugares más habitables y respetuosos con el entorno natural, acaba por desplazar a la población que los habita en favor de quienes ostentan una mayor capacidad adquisitiva, fruto de la especulación. 

Hoy, tras constatarse que los últimos tres años han sido los más calurosos registrados hasta la fecha en el planeta y con las consecuencias de la dana en València aún palpables, el fenómeno deviene en lo que se conoce como gentrificación climática, es decir, cómo la adopción de infraestructuras resilientes a los riesgos climáticos, especialmente a las olas de calor e inundaciones, puede llegar a desplazar a la población más vulnerable y de rentas más bajas —desplazamiento inducido por el clima—, privando a esta de la denominada justicia climática urbana y, especialmente, de la justicia térmica.

“Lo que hemos hecho es intentar predecir qué zonas son más vulnerables en este contexto de olas de calor, y lo que encontramos es que las zonas de posible gentrificación son, sobre todo, la periferia urbana”, explica Amalia Calderón

El equipo detrás del proyecto Climate Justice Ready, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, analiza, precisamente, las repercusiones de dichas intervenciones. A través de un trabajo de cartografía y predicción, trata de anticiparse al fenómeno de la gentrificación climática en puntos concretos de las ciudades de Boston y Barcelona, desarrollando una herramienta y un índice —Índice de Vulnerabilidad Climática— extrapolables a otras ciudades. El fin último es evitar que la adaptación climática de las urbes ahonde en la desigualdad social, y que los objetivos ambientales y también sociales sean intrínsecos a la remodelación y planificación urbanas, y a los modelos de construcción para evitar este tipo de contradicciones. 

“Lo que hemos hecho es intentar predecir qué zonas son más vulnerables en este contexto de olas de calor, y lo que encontramos es que las zonas de posible gentrificación son, sobre todo, la periferia urbana, y es interesante porque normalmente cuando se habla de gentrificación se habla del centro de las ciudades, pero vemos que en realidad se empieza a especular con el potencial de un nuevo movimiento demográfico de vuelta a estas zonas periurbanas por esa baja densidad de vivienda, mayor espacio verde, mayor espacio público”, explica Amalia Calderón, investigadora del BCNUEJ involucrada en el proyecto.

Calderón recuerda que los grupos socialmente vulnerables son los que contribuyen menos al cambio climático, pero son los que están más expuestos a sus impactos ya que, por un lado, tienen menos recursos para adaptarse y, por otro, cuando se construye nueva infraestructura climática resiliente, son los menos beneficiados, viéndose incluso desplazados por el aumento de los precios, por ejemplo, del alquiler. Para esta investigadora, la desigualdad climática persistirá mientras las soluciones estén en manos privadas y/o se adopten de manera individualizada, poniendo en jaque el interés común y a las personas más vulnerables.

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