Cine
El Festival de Cine FiSahara llama al “boicot taquillero” de la película ‘La Odisea’ de Christopher Nolan
El estreno mundial de La Odisea, la nueva superproducción dirigida por Christopher Nolan y una de las películas más esperadas de la temporada, ha despertado la expectación de crítica y público, pero también voces discordantes. La más reciente, la del FiSahara, el Festival Internacional de Cine del Sáhara, que ha pedido explícitamente el boicot en taquilla ya que entienden que la película “contribuye al expolio del Sáhara Occidental, legitima la ocupación ilegal por parte de Marruecos y contribuye a la represión del pueblo saharaui”.
La crítica del festival se basa en el hecho de que Nolan rodó parte del filme “en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos, con permisos de la potencia ocupante e ignorando a su legítimo dueño, el pueblo saharaui”. En la nota de prensa difundida por FiSahara detallan que Dajla, la ciudad del Sáhara Occidental en la que se encuentra la Duna Blanca que quiso aprovechar Nolan para su película, es escenario desde hace medio siglo “de torturas, detenciones arbitrarias, robo de tierras, expulsiones forzosas, limpieza étnica y toda suerte de violaciones de derechos humanos de la población saharaui por parte de las fuerzas represoras de Marruecos”. Para el festival, se trata de un escenario que Marruecos “reconvierte, con acciones como la llevada a cabo con Nolan, en un gran escaparate que utiliza Marruecos para normalizar su ocupación del territorio”.
María Carrión, directora ejecutiva de FiSahara, lanza una pregunta al público que se plantee ir al cine a ver La Odisea: “¿Apoyaríais a una película realizada en un asentamiento de colonos israelíes en Palestina contra la voluntad del pueblo palestino y con los permisos del gobierno genocida de Netanyahu?”.
Desde el festival también critican que el director haya guardado silencio sobre este asunto durante el último año. En el verano de 2025, FiSahara pidió a Nolan, así como a Universal Pictures y la productora Syncopy, que detuviera el rodaje en Dajla o bien que no incluyeran dichas imágenes en la película o que obtuvieran para ello el consentimiento del pueblo saharaui. El festival también lanzó un manifiesto con una recogida de firmas encabezada por nombres como los de Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Greta Thunberg, Rodrigo Sorogoyen o Paul Laverty.
“Nolan ha tenido un año para conocer la historia del lugar donde decidió rodar su película, del que tuvo que huir mi familia en 1975 bajo los bombardeos con fósforo blanco”, asegura el cineasta saharaui Brahim Chagaf
“Christopher Nolan ha tenido un año para conocer la historia del lugar donde decidió rodar su película, del que tuvo que huir mi familia en 1975 bajo los bombardeos con fósforo blanco”, asegura el cineasta saharaui Brahim Chagaf, cuya película Toufa retrata el éxodo de miles de saharauis a Argelia. “Yo crecí en los campamentos de refugiados saharauis en Argelia y hoy, como cineasta saharaui originario de la ciudad de Dajla, sigo sin poder entrar libremente en esta tierra para contar mis propias historias. Esa es la contradicción que hay detrás de esos paisajes: mientras unos pocos privilegiados como Nolan pueden convertirlos en cine, otros seguimos esperando el día en que simplemente podamos volver a ellos”.
Una película de terror que dura ya 50 años
A pesar de que el Sáhara Occidental está catalogado como un “territorio no autónomo” por las Naciones Unidas, hace más de 50 años que está bajo ocupación marroquí y aún no se ha producido la descolonización del territorio. Hablar de la historia del Sáhara Occidental es hablar de un pueblo, el saharaui, que lleva años luchando por el derecho a la autodeterminación y sufriendo los abusos sistemáticos por parte del régimen de Marruecos.
Hasta 1975 el Sáhara Occidental estuvo ocupado por España; y se consideraba al territorio la provincia 53; con capital en El Aaiún. Tras la muerte de Franco, el pueblo saharaui se alzó contra la colonia española y se intensificaron las reivindicaciones por la independencia, que se habían iniciado a principios de la década de los años 70.
Si bien España adquirió el compromiso de la celebración de un referéndum de autodeterminación, esto nunca se llegó a producir: Marruecos, en aquel momento bajo el liderazgo de Hassan II, padre del actual monarca Mohammed VI; y Mauritania, aprovecharon el momento para hacerse con el territorio saharaui y reivindicarlo como propio. El 6 de noviembre de 1975 tuvo lugar lo que se conoce como la Marcha Verde. En ella, más 300.000 marroquíes llegaron a territorio saharaui para ocuparlo de manera ilegal.
Esto hizo que la población local, ante el temor y la violencia llevada a cabo por el régimen marroquí tuviese que huir desde la costa hasta el desierto, donde se instalaron los campamentos de refugiados y donde permanece hoy en día una parte importante de la población saharaui. Solo Argelia abrió sus puertas.
A día de hoy, el Gobierno de España sigue sin asumir las responsabilidades que tenía para con la población saharaui. Ahora que se van a empezar a desclasificar documentos gubernamentales, quizás se pueda saber cuál fue la magnitud de lo que sucedió durante la Marcha Verde y cuál fue o cuál tendría que haber sido el papel del Gobierno español del momento: en 2017, la CIA desclasificó algunas informaciones que cuestionan la postura del Rey emérito Juan Carlos I. Supuestamente, la monarquía española habría facilitado la entrada del ejército marroquí a los territorios saharauis.
Unos días después de la Marcha Verde, el 14 de noviembre de 1975, los gobiernos de Marruecos, Mauritania y España firmaron los Acuerdos de Madrid; en el documento firmaba se contemplaba la celebración de un referéndum sobre la autodeterminación del territorio saharaui, pero, una vez más, nunca se llevó a cabo. La retirada de España del Sáhara Occidental se produjo unos meses más tarde, el 2 de febrero de 1976; ese mismo día el Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguia el-Hamra y Río de Oro) proclamó la RASD (República Árabe Saharaui Democrática).
Mauritania se retiró de suelo saharaui en 1979; lo que fue aprovechado por Marruecos para anexionarse esa parte del territorio. Si bien en 1991 la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas por el Referéndum del Sáhara Occidental) se estableció en el Sáhara Occidental con el firme compromiso de organizar el ansiado referéndum, este todavía no se ha celebrado.
La situación en lo que Marruecos insiste en llamar sus “provincias del sur” es delicada, con una persecución sistemática a las voces disidentes del pueblo saharaui. Por lo que a su estatus político respecta, el Sáhara Occidental ha sido reconocido por la Unión Africana; pero no por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde Francia, miembro permanente del Consejo y país con derecho a veto, veta sistemáticamente todas las resoluciones a favor del pueblo saharaui. Las razones de la actitud de los galos son fáciles de comprender: Marruecos es su socio prioritario en la región.
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