Colombia
El ultra De la Espriella asume como presidente de una Colombia inmersa en una regresión del proceso de paz
Hoy, viernes 7 de agosto el presidente electo Abelardo de la Espriella tomará posesión de su cargo. Lo hará con un imponente despliegue de fuerzas de seguridad (más de once mil efectivos) ante el riesgo de atentados y manifestaciones de protesta de la oposición. Para la ceremonia de posesión, se ha confirmado la presencia de diversos mandatarios de la región (los presidentes latinoamericanos Javier Milei, José Antonio Kast, Daniel Noboa y Gonzalo Peña), el Rey de España Felipe VI, una amplia delegación de representantes del gobierno de los Estados Unidos y el presidente de la FIFA Gianni Infantino.
La transición presidencial se produce ante un clima de polarización política y de tensión social, con el creciente vaciamiento del centro político y un país dividido en dos, fragmentado, en que la consolidación de la “anti-política” y el viento “anti-establishement”, han sido capitalizados por el candidato ultraderechista, Abelardo de la Espriella, en grado de captar el descontento en contra del gobierno de Gustavo Petro (2022-2026), con un discurso securitario y en contra de las reformas implementadas por el gobierno progresista, superando el candidato progresista Iván Cepeda, con una diferencia de 250 mil votos.
Este resultado ha sido cuestionado por el presidente Gustavo Petro, quien el 20 de julio presentó la demanda de nulidad de las elecciones presidenciales; asimismo, el 3 de agosto documentó pruebas y expedientes que demostrarían un fraude electoral, a través de manipulación de los softwares de la Registraduría, inclusive con la injerencia extranjera estadounidense e israelí.
Pacto Histórico se prepara a construir una oposición política y social, configurando un “gobierno en la sombra” y mediante prácticas de “desobediencia civil pacífica”
Paradójicamente, De la Espriella, quien se presentaba como el candidato “anti-sistema”, se convirtió en el candidato del establishment, obteniendo el respaldo de las principales fuerzas políticas y económicas de la extrema derecha conservadora. Lo cual refleja un comportamiento distinto al del electorado colombiano de 2022, cuando Rodolfo Hernández sopló el viento de la anti-política. Sin embargo, en ambos casos, se establecieron puentes con los sectores de la derecha extrema y el conservadurismo, permitiéndoles ampliar su consenso para llegar a la segunda vuelta, generando posteriormente las condiciones para una coalición gubernamental.
Buena parte de las carteras ministeriales del nuevo Gobierno de de la Espriella se han asignado a representantes de partidos tradicionales como el Centro Democrático del ex presidente Álvaro Uribe, pero también Cambio Radical, Partido Conservador, Partido de la U, Movimiento Creemos, y Salvación Nacional.
Por su parte, el Pacto Histórico, la coalición de izquierda, pese a la derrota, obtuvo más de 12 millones de votos, lo cual constituye un resultado histórico, considerando que hace una década la izquierda capitalizaba poco menos de dos millones de votos (en las elecciones presidenciales de 2014, la candidata Clara López obtuvo 1.958.414 votos). Estos resultados muestran la consolidación de su proyecto político, movilizando amplios sectores sociales. Igualmente, en las elecciones legislativas de marzo, había sabido construir una bancada parlamentaria sólida (con 25 Senadores de la República y 42 Representantes a la Cámara) y se prepara a construir una oposición política y social, configurando un “gobierno en la sombra” y mediante prácticas de “desobediencia civil pacífica”.
El candidato del pequeño empresariado y los pequeños propietarios
Entre los factores que han incidido en la votación presidencial, cabe destacar el aumento consistente de la participación electoral, dato significativo para la democracia representativa, en un país que tiene una importante tradición abstencionista. En efecto, en el balotaje del 21 de junio, más de 26 millones de votantes con un patrón de votantes potenciales de cerca de 41 millones de votantes. En las últimas elecciones presidenciales (2022), fueron más de 22 millones de votantes y Petro ganó con más de 11 millones de votos.
El consenso de Abelardo de la Espriella se ha construido a partir de una base social entrelazada en los sectores centrales del país, bajo ciertas características socioeconómicas: observando el mapa territorial de las preferencias, de la Espriella se impuso en la región central-andina, donde se concentran las principales urbes y donde hay mayor densidad poblacional. Por otro lado, su base social se ha constituido a partir de la pequeña propiedad y el pequeño empresariado de los centros urbanos.
La campaña electoral de Abelardo de la Espriella, con su movimiento Firmes por la Patria, desde el inicio apuntó al uso de las redes sociales y a los influencers para construir su imagen de “outsider”
De manera opuesta, el país “profundo”, las zonas periféricas y rurales, los territorios afectados por el conflicto armado interno y la violencia, optaron mayoritariamente por la propuesta progresista. Sin embargo, se trata de territorios de amplias dimensiones, pero con escasa densidad poblacional. A nivel urbano, las preferencias alcanzadas en los principales barrios populares de Bogotá, Medellín y Cali (las tres principales ciudades del país) no han sido suficientes para revertir la “hegemonía” conservadora de los sectores centrales y andinos del país, donde una clase media-baja con amplios sectores empresariales, unida a los sectores ultraconservadores han optado mayoritariamente por el candidato ultraderechista.
La campaña electoral de Ivan Cepeda se concentró, en primera instancia, en la movilización social, con actas multitudinarias en los principales municipios del país, instando a la población colombiana a defender los logros del Gobierno del Cambio, logros como la estabilización macroeconómica, disminución del desempleo, de la inflación, apreciación del peso colombiano, aumento del Salario Mínimo y Reforma Agraria, Reforma de la Educación, Salud y Pensión, reclamando así la continuidad de un gobierno progresista. Sin embargo, fue una campaña de estilo “tradicional” que, solamente en su etapa final, se sirvió de influencers y las redes sociales.
El presidente electo ha declarado querer encarcelar al último miembro del secretariado de las FARC-EP, Timochenko, por crímenes de lesa humanidad
Mientras que, la campaña electoral de Abelardo de la Espriella, con su movimiento Firmes por la Patria, desde el inicio apuntó al uso de las redes sociales y a los influencers para construir su imagen de “outsider”. Sus actas públicas, como para otros escenarios de la región (Milei y Bukele), fueron escenarios de rockstar, donde el candidato, rebautizado “Tigre”, aparecía ante sus partidarios con eslóganes sencillos, en grado de seducir a buena parte del electorado indeciso. Adicionalmente, supo sumar religión y futbol, elementos determinantes para el triunfo en la segunda vuelta: en particular, el uso de la camiseta de la selección colombiana, fue un gesto “patriótico” con que se ganó la simpatía popular, en un momento que coincidió con el mundial de fútbol; por otro lado, la procesión religiosa ante el santuario de Buga, consagró la bendición del electorado religioso: una paradoja para un ateo que había realizado una conversión “exprés” para asegurarse esta porción de votos.
En su programa gubernamental y a lo largo de toda su campaña, fue efectiva la gramática enfocada hacia los temas de seguridad, tema prioritario opuesto a la agenda de construcción de paz del candidato del Pacto Histórico. El proyecto de construcción de mega-cárceles (que recalca el modelo de Bukele) y la narrativa bélica en contra del narcotráfico recuperan elementos de la “Guerras a las Drogas” de los años 80 y 90, entrelazándose con una estrategia contrainsurgente.
Mientras Iván Cepeda defendía el acuerdo de paz de 2016, auspiciando su implementación la necesidad de adelantar una negociación con los demás grupos armados ilegales (ELN, grupos disidentes de las FARC-EP y grupos neoparamilitares), Abelardo de la Espriella lo cuestionaba abiertamente, por representar según él “una entrega” del estado colombiano a la extinta guerrilla, bajo esquemas de impunidad para sus dirigentes políticos y militares, así como por la imposición de reformas sociales radicales.
Por esta razón, tras el triunfo electoral, Abelardo de la Espriella ha manifestado su intención de desmantelar a las instituciones claves como la Unidad de Implementación del Acuerdo Final y el Alto Comisionado para la Paz, desfinanciar e intervenir otros órganos estatales como la Justicia Especial para la Paz y la Agencia de Reincorporación y Normalización. Igualmente, el presidente electo ha declarado querer encarcelar al último miembro del secretariado de las FARC-EP, Timochenko, por crímenes de lesa humanidad. Estas declaraciones, aún antes de la posesión el 7 de agosto, representan una amenaza a la política de paz implementada en Colombia, en el décimo aniversario de la firma de los acuerdos entre el estado colombiano y las FARC-EP.
Solamente en los primeros siete meses de 2026, se han cometido 78 masacres y se han registrado 88 asesinatos de líderes sociales
En la política exterior, el gobierno entrante optó por un realineamiento a los Estados Unidos e Israel, pero también por tejer una alianza con la derecha continental (Ecuador, Chile, Perú, Argentina y Bolivia). Tras años de confrontación con Estados Unidos e Israel, el nuevo ejecutivo viene desarrollando nuevas sinergias con estas naciones, el presidente electo determinó la adhesión de Colombia al proyecto regional de Shield of Americas. Igualmente, pretende restablecer relaciones diplomáticas, comerciales y de seguridad con Israel, la eliminación recíproca de visas para sus ciudadanos y la apertura de la embajada colombiana en Jerusalén.
El nuevo gabinete se presenta no solamente como un país más gobernado por la extrema derecha en la región, confirmando esta tendencia hegemónica a nivel global, sino también, como una amenaza para la paz: entre sus posibles efectos, Colombia podría sufrir una posible agudización del conflicto armado interno, el retorno de la violencia de Estado y la proliferación de grupos paramilitares, con un aumento significativo del asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos, en un contexto en que, solamente en los primeros siete meses de 2026, se han cometido 78 masacres y se han registrado 88 asesinatos de líderes sociales, según los informes del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ).
Asimismo, en el período de transición presidencial, se ha venido prefigurando un clima de fuertes tensiones políticas y sociales, en que reaparecen las formaciones paramilitares, quienes perpetúan una estrategia de estigmatización social y persecución de las oposiciones políticas y sociales. Desde comienzos de julio, las formaciones neoparamilitares “Aguilas Negras” han amenazado de muerte a líderes sociales, sindicales, académicos y políticos de oposición, reproduciendo esquemas de perfilamiento y hostigamiento de las voces disidentes (véase también la alerta generada en la Universidad Nacional).
Con la nueva administración ultraderechista, Colombia entra en una nueva etapa, interrumpiendo su primera paréntesis progresista (2022-2026), escogiendo un camino que replantea antiguas recetas anticomunistas con una nueva gramática de comunicación política. La izquierda colombiana, pese a la derrota electoral, es la primera fuerza parlamentaria, y tiene la oportunidad de conformar una fuerza de oposición en el Congreso y en la calles: un contrapoder necesario ante el autoritarismo que avanza.
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