Trump y la derecha colombiana retoman la “guerra sucia” contra Petro y Cepeda a dos meses de las elecciones

En las presidenciales del 31 de mayo, la izquierda parte como favorita. Trump y las fuerzas de la derecha colombiana vuelven a la carga para vincular al presidente Gustavo Petro y al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, con el narcotráfico.
Gustavo Petro ONU
Gustavo Petro en una comparecencia en la ONU en septiembre de 2022. Foto: UN
@eduardogiordano@masto.es
30 mar 2026 06:00

Las tensiones entre el presidente colombiano, Gustavo Petro, y el estadounidense, Donald Trump, han ido escalando desde que este asumió la presidencia. Los primeros encontronazos entre ambos se produjeron con el rechazo de Petro a la política migratoria y, en particular, a las deportaciones del Gobierno estadounidense, en enero de 2025. Petro impidió entonces que los migrantes colombianos fueran devueltos en condiciones inhumanas, esposados y en aviones militares como si fueran delincuentes, cuando ni siquiera tenían antecedentes penales. 

La negativa de Petro enfureció a Trump, que anunció que iba a imponer aranceles y sanciones, la prohibición de viajar a sus ciudadanos y la revocación de las visas de funcionarios del gobierno colombiano y otras personas relacionadas. Trump también afirmó a la ligera que entre los deportados devueltos por Petro había un “gran número de criminales ilegales” y que Estados Unidos buscaba la “devolución de los criminales que ellos obligaron a entrar en Estados Unidos”. Petro respondió: “No puedo hacer que los migrantes se queden en un país que no los quiere, pero si ese país los devuelve, debe ser con dignidad y respeto”. Ante la amenaza de Trump de imponer aranceles del 25% y una semana más tarde del 50%, Petro aseguró que Colombia impondría las mismas cargas a las importaciones estadounidenses. 

Las tensiones entre Estados Unidos y Colombia alcanzaron su punto más álgido en septiembre de 2025, cuando Petro viajó a Nueva York con motivo de la Asamblea General de la ONU

Finalmente, los anunciados aranceles no se concretaron. Estados Unidos, principal socio comercial de Colombia, exporta a este país productos agrícolas que reequilibran la balanza de pagos y hasta obtiene superávit comercial. Las medidas se suspendieron a las pocas horas de haber sido anunciadas y nunca se llegaron a aplicar. A partir del mes de abril, Colombia quedó afectada, como tantos otros países, por el arancel general del 10% que impuso el Gobierno estadounidense a todas las importaciones.

Las tensiones entre Estados Unidos y Colombia alcanzaron su punto más álgido en septiembre de 2025, cuando Petro viajó a Nueva York con motivo de la Asamblea General de la ONU. Desde el comienzo de la ofensiva israelí sobre Gaza, Gustavo Petro se distinguió por su férrea defensa de los derechos del pueblo palestino y denunció a Netanyahu y Trump por participar en el genocidio y la ocupación colonial del territorio. Además, Petro denunció los bombardeos con misiles de supuestas “narcolanchas” en el Caribe y el Pacífico, y el asesinato de sus ocupantes como crímenes de lesa humanidad: “Trump lanza misiles sobre lanchas desarmadas de emigrantes y los acusa de narcotraficantes y terroristas sin ellos tener una sola arma para defenderse, cuando los narcotraficantes viven en Nueva York, aquí mismo, y en Miami. Y hacen acuerdos con la DEA”.

El conflicto escaló tras el discurso de Petro en la Asamblea de la ONU. Tras el discurso oficial, el presidente colombiano fue mucho más lejos con su llamamiento a los soldados estadounidenses —en las calles de Nueva York, megáfono en mano— para que desobedecieran las órdenes de participar en el genocidio del pueblo palestino en Gaza o en cualquier otro conflicto de agresión contra pueblos o personas indefensas: “Desobedezcan la orden de Trump, obedezcan la orden de la humanidad”, clamó Petro, secundado por algunas figuras destacadas como el músico Roger Waters.

Las denuncias de Petro se repitieron en noviembre, en la Cumbre Social de los Pueblos de América Latina y el Caribe convocada en Santa Marta, coincidiendo con la cumbre de la Celac y la UE en esa ciudad caribeña. Petro afirmó en su discurso que en la última asamblea de la ONU “dos personas se sintieron completamente solas, el señor Trump y el señor Netanyahu”, y volvió a pronunciarse claramente contra las guerras. Para entonces ya habían muerto más de 70 personas en aguas del Caribe y del Pacífico, incluidos algunos colombianos, bombardeadas desde el aire por Estados Unidos.

Debate y confrontación sobre política de drogas

Donald Trump respondió inicialmente a las críticas de Gustavo Petro con acusaciones sin pruebas. Aseguró que el presidente colombiano era un “líder del narcotráfico que incentiva la producción masiva de drogas”, y formuló una amenaza con una condición imposible de cumplir: “Mejor que cierre los campos de la muerte inmediatamente, o Estados Unidos se los cerrará por su cuenta y no lo hará de forma amable”, gruñó en su red social Truth.

Días más tarde, Trump tomó las primeras represalias. Retiró al presidente colombiano el visado de entrada a Estados Unidos, e incluyó a Petro y a varios de sus allegados en la llamada Lista Clinton, oficialmente OFAC (Office of Foreign Assets Control), una agencia del Departamento del Tesoro que se ocupa de hacer cumplir las sanciones económicas y comerciales impuestas por el Gobierno federal.

En diciembre de 2025 subió el tono del enfrentamiento cuando Trump amenazó con atacar Colombia. Afirmó que era un “país enfermo, dirigido por un hombre enfermo al que le gusta hacer cocaína”

De esta forma los bancos internacionales, incluidos los propios bancos colombianos, bloquearon todas sus actividades financieras, desde la apertura de cuentas hasta los movimientos con tarjetas y cualquier otro servicio bancario. La inclusión en la Lista Clinton, más allá de sus efectos prácticos muy perniciosos, supone una estigmatización y un daño reputacional significativo: en Colombia se suele incluir en ella a los delincuentes vinculados al narcotráfico y el lavado internacional de activos. 

En diciembre de 2025 subió el tono del enfrentamiento cuando Trump amenazó con atacar Colombia. Afirmó que era un “país enfermo, dirigido por un hombre enfermo al que le gusta hacer cocaína”. Pero la relación dio un giro inesperado cuando Petro tuvo la habilidad de proponer una visita suya a Washington para entrevistarse personalmente con Trump. Muchos simpatizantes del Pacto Histórico (PH) temieron que el presidente colombiano fuera demasiado incauto. Sospechaban que Trump le podía tender una encerrona, pero ocurrió todo lo contrario.

Después de cuatro meses muy conflictivos, con permanentes ataques estadounidenses contra supuestas “narcolanchas”, agravados por la incursión militar en Venezuela del 3 de enero de 2026 para secuestrar al presidente Nicolás Maduro —a quien se atribuyó también la pertenencia a un inexistente Cartel de los Soles—, la relación entre Petro y Trump empezó a distenderse después de una larga y fluida conversación telefónica que ambos dirigentes mantuvieron días más tarde. 

A partir de ese momento, la relación entre los dos países retomó los cauces diplomáticos convencionales, sin imposiciones ni amenazas. Petro sugirió la posibilidad de visitar la Casa Blanca, y esta idea fue aceptada y celebrada por su interlocutor. El encuentro se produjo el 3 de febrero y fue mucho más apacible de lo esperado. Donald Trump elogió a Petro y le regaló su libro El arte de la negociación con una dedicatoria inimaginable: “You are great” (Eres genial). Aunque no se reveló el contenido completo de la charla, Trump pareció quedar eclipsado por la capacidad persuasiva de Gustavo Petro. Interrogado sobre una posible colaboración en temas de narcotráfico, declaró: “Trabajamos en ello y nos llevamos muy bien”. 

En el tramo final de su mandato, el presidente Gustavo Petro acabó capitalizando políticamente tanto su defensa encarnizada del salario mínimo vital como su actitud flexible y al mismo tiempo firme en las relaciones con Estados Unidos. Las encuestas indicaban a finales de febrero que un 49% de la ciudadanía aprobaba su gestión, once puntos más que en noviembre de 2025. Sólo al comienzo de su gobierno alcanzó una valoración tan alta.

El alto grado de aprobación que obtiene su presidencia sin duda tiene claras repercusiones sobre las expectativas electorales. Según una encuesta difundida por medios tradicionales como Caracol, la intención de voto por el candidato del PH, Iván Cepeda, alcanzaba el 25 de febrero pasado al 37% de los electores, y en una imaginaria votación inmediata, Cepeda trepaba hasta el 43%, quedando a una distancia de casi 20 puntos respecto del siguiente candidato a la presidencia, el ultraderechista Abelardo de la Espriella (19% a 23% de intención de voto).

La ambigüedad imperial: socavando al gobierno de Petro en campaña electoral

A pesar de la aparente sintonía alcanzada por los presidentes de Estados Unidos y Colombia durante su encuentro cara a cara, hay signos que alertan sobre un recrudecimiento del conflicto diplomático entre ambos países durante la tercera semana de marzo. El primero de ellos fue la realización de maniobras conjuntas del ejército ecuatoriano con instructores del Comando Sur estadounidense, en persecución de los llamados Comandos de la Frontera, disidencias de las FARC que buscan refugio del lado ecuatoriano, y a las que el Gobierno de Daniel Noboa considera una pieza clave del narcotráfico en la región. 

El segundo signo que despierta recelo es la investigación abierta por dos fiscales del Estado de Nueva York, de manera simultánea, al presidente Gustavo Petro por supuestos vínculos con narcotraficantes, algo realmente impensable para quien haya investigado su historial de lucha contra el narcoparamilitarismo en Colombia. Esta información fue publicada por el diario The New York Times, que no revela sus fuentes, aunque asegura que la investigación la realizan las fiscalías federales de Manhattan y Brooklyn en conjunto con agentes de la DEA.

El segundo signo que despierta recelo es la investigación abierta por dos fiscales del Estado de Nueva York, de manera simultánea, al presidente Gustavo Petro por supuestos vínculos con narcotraficantes

Las supuestas investigaciones serían en realidad exámenes preliminares sobre casos de narcotraficantes en los que se cita el nombre del presidente de Colombia, pero no porque esté implicado en algún delito o haya tenido relación con narcotraficantes. No hay ninguna acusación formal contra Petro, ni cargos penales, a pesar de la imagen que intenta proyectar la derecha colombiana para su beneficio en campaña electoral. La candidata uribista Paloma Valencia y el ultraderechista Abelardo de la Espriella son los auténticos beneficiarios de este intento desesperado de enlodar a Petro en la recta final de la campaña, a poco más de dos meses de las elecciones presidenciales del 31 de mayo. Según las últimas encuestas, entre ambos candidatos de la (ultra) derecha apenas suman las mismas expectativas de voto que el candidato del PH, Iván Cepeda. 

Este ataque a la línea de flotación del gobierno es lo que ambos candidatos de la derecha solicitaron en sus recientes viajes a Estados Unidos a legisladores republicanos y funcionarios del Gobierno de Trump. El ultraderechista Abelardo de la Espriella se reunió el 16 de marzo con Bernie Moreno, senador republicano de origen colombiano muy cercano a Donald Trump, para pedirle ayuda en su campaña presidencial.

Gustavo Petro respondió a los medios colombianos que reprodujeron acríticamente la “primicia”, en particular al diario El Espectador: “En Colombia no existe una sola investigación que me relacione con narcotraficantes, por una sola razón: nunca en mi vida he hablado con un narcotraficante”, añadiendo que dedicó gran parte de su vida política a combatirlos. Sin embargo, la campaña contra el PH no se había desplegado por completo. Al día siguiente, la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) afirmaba, en un informe amplificado en Colombia por el diario El Tiempo, que la DEA había designado al presidente Gustavo Petro como un 'objetivo prioritario' y que las investigaciones estarían a cargo de fiscales especializados en narcotráfico internacional. Las acusaciones no se sostienen: “Los documentos citados por AP incluyen referencias a supuestos vínculos con organizaciones como el cartel de Sinaloa y el llamado Cartel de los Soles”, dice El Tiempo, obviando que esta fantasmagórica organización ya fue declarada como inexistente por funcionarios del propio gobierno estadounidense. Y otro artículo del mismo diario se pregunta si las indagaciones sobre Gustavo Petro ponen en riesgo la normalización de las relaciones con la Casa Blanca. 

La candidata uribista del Centro Democrático, Paloma Valencia, acusó a Cepeda de tener vínculos con la guerrilla Segunda Marquetalia, acusada de ordenar el asesinato del precandidato de su partido, Miguel Uribe

Al día siguiente, la candidata presidencial del Centro Democrático (CD), Paloma Valencia, dirigió un nuevo ataque contra el PH en la persona de su candidato presidencial, Iván Cepeda. Valencia lo acusó de haber facilitado las actuaciones criminales de la Segunda Marquetalia, disidencia de las FARC, que habría ordenado el asesinato del precandidato a la presidencia de su partido, Miguel Uribe, tiroteado por un sicario en Bogotá el 7 de junio de 2025. 

Esta vinculación con la citada disidencia procede de un reportaje publicado por la revista Semana, cuya exdirectora Vicky Dávila fracasó en su disputa por la candidatura a la presidencia en la consulta de la derecha. Este reportaje encendió la mecha de un supuesto escándalo que rápidamente se extendió a los titulares de los principales medios de comunicación colombianos. Según dicha publicación, en un testimonio presentado ante la Fiscalía por Simeone Pérez Marroquín, alias el Viejo, condenado a 22 años de prisión por planear el asesinato, este habría confesado que “el grupo que ordenó el atentado en contra del senador Miguel Uribe fue la Segunda Marquetalia”. Obviamente, estas acusaciones se dan a conocer con un timing perfectamente calculado para influir en las elecciones presidenciales. 

La senadora Valencia quiso implicar a su principal rival en las elecciones con esta declaración publicada en sus redes sociales: “La confesión de la Segunda Marquetalia sobre el asesinato de Miguel Uribe es tenebrosa. Iván Cepeda tiene que responder: impidió extradiciones, facilitó fugas y hoy negocia con quienes fortalecieron a estos grupos”.

En respuesta a ambos señalamientos, Cepeda afirmó que las fuerzas de la derecha colombiana intentan que se judicialice en el exterior al presidente Gustavo Petro como parte de una “campaña sucia”. Cepeda enfatizó que Petro enfrentó la parapolítica en el Congreso y que, ya como presidente, se distinguió de sus antecesores por su lucha contra el narcotráfico. “Eso es lo que la extrema derecha y Álvaro Uribe odian. Eso es lo que quieren que no siga, lo que quieren detener atacando al Pacto Histórico y nuestra candidatura”, aseguró Cepeda. Álvaro Uribe había intentado involucrar tanto a Petro como a Cepeda como supuestos instigadores del crimen.

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