Cómic
Las contradicciones de Japón con la IA en el manga: precariedad, piratería y ‘soft power’ internacional
Probablemente en los últimos dos años haya leído usted un par de veces la noticia que afirmaba que el primer manga creado con inteligencia artificial generativa había roto el mercado. Con varios mangas diferentes. También se habrá enfrentado a una avalancha de memes que utilizan el particular y reconocible estilo de Studio Ghibli, la firma del animador Hayao Miyazaki, y que ya se usan para todo: convertir “en manga” una foto de familia, comentar el Mundial de fútbol o criticar al gobierno socialcomunista de Perro Chanche.
Un fenómeno que habla de la muerte por éxito del imaginario del manga (el cómic japonés) y el anime (la animación japonesa, que industrialmente suele beber del anterior). Dos piezas clave de la imagen exterior y el “poder blando” de la potencia asiática que su gobierno lleva décadas intentando proteger de la piratería y ahora enfrenta a la inteligencia artificial con contradicciones.
En 2025 se aprobaron varias normas destinadas a convertir Japón en “el país más amigable del mundo para desarrollar la IA”
Por un lado, en 2025 se aprobaron varias normas destinadas a convertir Japón en “el país más amigable del mundo para desarrollar la IA”. Una expresión sacada de la Act on Promotion of Research, Development and Utilization of AI-Related Technologies (Ley de Promoción de la IA), en vigor desde el 1 de septiembre del año pasado. En diciembre sería el turno del Basic Plan for Artificial Intelligence (Plan Básico de IA), que se resumía en cuatro líneas de actuación: adoptar IA, crear IA, mejorar la confianza en la IA y colaborar con la IA.
Un entorno IA-friendly que se topa con polémicas como el choque del propio Gobierno de Japón con Open-AI. En octubre del año pasado, el ministro de Estado de Seguridad Económica, Minoru Kiuchi, reprochó a la firma norteamericana que su modelo de generación de vídeo, Sora 2, se alimentase con anime y manga japonés sin permiso, y se admitieron presiones directas del Estado. El conflicto se diluyó en abril, cuando la empresa retiró la aplicación no por ningún motivo político, sino por su incapacidad de hacerla rentable.
El artículo 16 de la Ley de Promoción de la IA, sobre la vulneración de derechos de autor, habría permitido intervenir al Gobierno nipón. Al mismo tiempo, su actual Ley de Derechos de Autor posee desde 2018 un artículo que permite el uso de obras protegidas para análisis de datos y minería de textos, incluyendo el entrenamiento de modelos de IA, sin necesidad de obtener permiso previo del titular de los derechos, tanto para fines comerciales como no comerciales.
Manga, piratería y poder blando
Miguel Candelas, profesor en el Centro de Estudios de Geopolítica y Seguridad (CEDEGYS) y analista experto en geopolítica y propaganda, explica que parte de la reacción del gobierno japonés puede entenderse como “la necesidad de proteger la joya de la corona del ‘soft power’ que viene desarrollando en los últimos años. El propio Estado japonés define el manganime como un ‘tesoro cultural irremplazable’ que debe ser preservado y protegido”.
Candelas explica a El Salto que Japón es uno de los países que mejor ha comprendido el surgimiento de la “diplomacia pública” en el siglo XXI que, gracias a la globalización y las nuevas tecnologías permite la expansión de las industrias culturales o las redes sociales, “convierte a ciudadanos extranjeros en ‘fans’ del propio país y ejército de embajadores y propagandistas involuntarios”.
‘Cool Japan Strategy’, aprobado en 2010, es un plan gubernamental nipón con participación pública-privada destinado a impulsar la industria del manga y el anime, así como la gastronomía, la música, los videojuegos o el patrimonio histórico
Ahí se sitúa la ‘Cool Japan Strategy’ aprobada en 2010, plan gubernamental nipón con participación pública-privada destinado a impulsar la industria del manga y el anime, así como la gastronomía, la música, los videojuegos o el patrimonio histórico. Para el analista, “todo un éxito, que ha logrado que miles de jóvenes de todo el mundo estudien japonés o participen en programas de intercambio de todo tipo”.
Ahí es donde enmarca polémicas como las de Sora 2 o determinadas actuaciones contra la piratería. El éxito de la diplomacia del manganime es tal que sus diseños son casi la forma de consumir cierto tipo de imágenes por defecto en internet —algo que se ve, por ejemplo, con los memes de Ghibli—, lo que prolifera en última instancia en más piratería.
El crítico, divulgador y experto en cultura japonesa Oriol Estrada apunta que en otros países la piratería está relativamente normalizada, mientras que en Japón se ve como “una auténtica lacra”. A pesar de que precisamente es la IA la que facilita esa piratería, por ejemplo vía traducciones, son varias las herramientas de inteligencia artificial que el gobierno japonés o las editoriales están utilizando para detectar web piratas.
Al mismo tiempo, las propias empresas ven la IA como la respuesta a una necesidad estratégica: “Quieren hacer llegar lo antes posible sus obras al mercado internacional, y parece que creen que la traducción automática con IA es la respuesta a sus necesidades”, explica Estrada a El Salto.
El propio gobierno japonés quiere aplicarla en el lanzamiento de un portal digital, en colaboración con las principales empresas de la industria del manga, desde el que se difundan las obras más populares, una suerte de ‘Netflix del manga’ o versión literaria de la plataforma Crunchyroll, la mayor especializada en anime.
Precariedad de los artistas en Japón
Donde Estrada ve más complicado que se produzca un despliegue de la IA generativa inmediato o a medio plazo es en la autoría en sí de las historias: “Ahora mismo no está teniendo un gran impacto más allá de obras anecdóticas o experimentos”. Eso sí, algunos mangakas “ya han expresado que perciben la IA como una herramienta que puede sustituir los trabajos más rutinarios y mecánicos, es decir, aquellos que a menudo van a cargo de los asistentes y no del autor principal. Así que es posible que pronto veamos autores que hacen una parte del trabajo con un agente de IA entrenado con sus propios dibujos”.
“El desarrollo tecnológico no debe construirse sobre el trabajo no remunerado e invisible de los artistas y creadores”, dice Megumi Morisaki, directora de la asociación Arts Workers Japan
Megumi Morisaki, directora representante de la asociación Arts Workers Japan, que agrupa a profesionales de diferentes ámbitos del manga y la ilustración entre otras especialidades, confirma a El Salto vía correo electrónico que están constatando que “la IA ya está afectando a los artistas y creadores, tanto económica como profesionalmente”.
La autora deja claro que, para su organización, la IA en sí misma no es necesariamente el problema y que puede ser “útil como herramienta bajo reglas justas”. Su crítica es que viene a convertir en más precario un sector ya de por sí desigual. En Japón, añade, “muchos artistas, ilustradores, mangakas y otros creadores trabajan como autónomos o en condiciones inestables”.
La preocupación en el gremio “no es solo que la IA pueda reemplazar parte del trabajo, también que el valor del trabajo creativo humano disminuya y los contratos se hagan más desfavorables, con los artistas individuales sin poder de negociación frente a las empresas o plataformas que utilizan IA”, señala Morisaki.
Arts Worker Japan pide una regulación “más clara y con mayor transparencia”. Por ejemplo, creen que la Ley de Promoción de la IA tiene buenas intenciones, pero no contempla sanciones efectivas a sus infracciones de los derechos de autoría.
Para Morisaki, el tema central es que “el desarrollo tecnológico no debe construirse sobre el trabajo no remunerado e invisible de los artistas y creadores. La política de IA debería proteger no solo la innovación, sino también a las personas cuyo trabajo hace posible la cultura”.
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