Página del cómic “Los primos Meyer”, de la serie ‘Max Fridman’
Página del cómic “Los primos Meyer”, de la serie ‘Max Fridman’. Imagen cortesía de Norma Editorial.

‘Max Fridman’ de Vittorio Giardino, el cómic de espías con conciencia política y sabor a clásico

En 1982, ‘Max Fridman’ irrumpió en el noveno arte para convertirse, de golpe y porrazo, en el cómic de espías referencial. Ahora, con la reciente publicación del soberbio “Los primos Meyer”, profundizamos en la esencia de una serie que representa la estilización más profundamente clasicista y política del género que nos ha brindado el mundo del cómic.
13 oct 2026 06:00

Hablar de Vittorio Giardino es hacerlo de un pilar de lo que conocemos como cómic histórico reivindicativo. En su caso, impulsado a través de la figura de Max Fridman, espía cuyas aventuras discurren en los años 30, mediante las que el autor italiano ha moldeado una conciencia política tremendamente acorde con estos tiempos de nuevas fronteras y auge de la extrema derecha.

En este sentido, seguramente solo la reinvención que Emile Bravo ha llevado a cabo de Spirou mediante su traslación a la ocupación nazi en Bélgica en La esperanza pese a todo y la ficción desatada de tintes sci-fi enarbolada por Edgar P. Jacobs en Blake y Mortimer han reflejado con precisión similar las tensiones entre países enfrentados por intereses geopolíticos, tal como quedan plasmadas en un título canónico del cómic de espías como “Rapsodia húngara”, primer álbum de la serie Max Fridman, publicado en 1982 y reeditado a todo lujo por Norma Editorial, al igual que el resto de títulos de dicha colección. En el mismo, asistimos a un festín de líneas claras y todo un arsenal de recursos cinematográficos en la elaboración de unas viñetas encadenadas con un dinamismo propio de películas como El tercer hombre (1949) de Carol Reed y Cortina rasgada (1966) o Topaz (1969) del maestro Alfred Hitchcock.

Seguramente, esta terna de filmes sobre espías supone el paralelismo más consistente al respecto de las inquietudes a la hora de articular perspectivas por parte de un Giardino, por otro lado, deudor tanto de Jacques Tardi como de Milo Manara o el anteriormente citado Edgar P. Jacobs en la forma de concebir su estilo gráfico. Pero no nos engañemos, hablamos de simples referencias dentro de unos parámetros visuales delineados a favor de un detallismo cuasi barroco que inunda cada encuadre de referencias, objetos y toda clase de representaciones de la época delimitada.

El resultado es un montaje donde planos generales de viñetas no extremadamente grandes, picados, contrapicados, planos detalle e incluso viñetas circulares representativas del cine mudo conviven dentro de una orquestación visual de connotaciones clásicas, mezcladas con las referencias que Giardino ha mamado desde que el mundo del cómic se adentró en su ser para no abandonarlo jamás. Así, “cuando yo era niño, leía siempre El Pato Donald y Mickey Mouse”, explicó Giardino en la web Zona Negativa durante el Salón del Cómic de Barcelona en 2018. “Después descubrí que el auténtico autor de los cómics de El Pato Donald era Carl Barks, y que el de los de Mickey Mouse era Floyd Gottfredson. Grandes creadores que aún ahora siguen siendo muy importantes. Cuando ya era ingeniero descubrí a Hugo Pratt con Corto Maltés y su Balada del mar salado, que para muchos fue una nueva dimensión en el cómic. Luego, cuando ya era profesional de los cómics, he sentido siempre una gran admiración por diferentes autores —¡cuidado! si tengo que hacer una lista de gente a la que admiro, sería larguísima—, pero mi gran admiración es para Moebius. No tanto hacia Jean Giraud, que es un dibujante excelente… Pero Moebius ha inventado un universo que no existe solo en la historieta, sino también en el cine y en todas partes”.

Quizá el universo de Giardino no ha cuajado de forma tan influyente dentro del mundo del cine como el de Moebius, sin embargo, su amplificación de la semántica noir, aunque claramente influenciada por las novelas de Graham Greene y John Le Carre, tiene más parentescos con la idea implantada por William Boyd en sus novelas, casi siempre protagonizadas por individuos superados por la dimensión de su empresa a realizar, insuflando su espíritu de supervivencia a través de unos rasgos personales que invitan a contemplarlo como el reverso de las cualidades cuasi superheroicas de James Bond.

Max Fridman responde al arquetipo de antihéroe. Sin habilidad para pelear, normalmente carente de pistola, de rasgos no especialmente atractivos

En sus aventuras, Max Fridman responde al arquetipo de antihéroe. Sin habilidad para pelear, normalmente carente de pistola, de rasgos no especialmente atractivos. Aun así, en sus álbumes se suceden relaciones amorosas que, de todos modos, también representan un ideal antiromántico deudor del noir más crudo y clásico de los años 30 y 40, aunque sin el más mínimo atisbo de dramatización.

En conjunto, una serie como Max Fridman ha conseguido alcanzar el ideal de toda obra canónica que se precie de serlo: articular un discurso intransferible cuajado de referencias y paralelismos, en su caso moldeados en un universo distinguible desde la primera viñeta hasta la última, plagada de personajes movidos por un cinismo ciertamente crudo.

“Los primos Meyer”, el último capítulo de la saga ‘Max Fridman’ creada por Vittorio Giardino
“Los primos Meyer”, el último capítulo de la saga ‘Max Fridman’ creada por Vittorio Giardino. Imagen cortesía de Norma Editorial.

En esto tuvo mucho que ver el propio aprendizaje de Giardino antes de abordar su cómic más famoso. No en vano, su trabajo previo en Sam Pezzo definió una idea noir costumbrista lejos de cualquier clase de aparatosidad narrativa, que sirvió de plantilla estilística sobre la que fue forjando los pilares identificativos de Max Fridman.

Pero quizá la conexión más importante entre ambos cómics sea la necesidad de expresar las injusticias sociales del momento. Así lo comentaba el propio Giardino en 2018 para Zona Negativa: “El detective Sam Pezzo vive, trabaja en casos pequeños. Concretamente en una historia titulada Merry Christmas! se encarga de vigilar los robos en unos grandes almacenes. Es una especie de encargado de seguridad de una tienda, pero lo deja pronto porque no le gusta el trabajo. Esta historia es de principios de los años 80 y es una historia sencilla pero que me enorgullece puesto que en esta época no era muy habitual tratar el tema de la inmigración clandestina como yo lo hice. Traté sobre el tráfico de emigrantes africanos y de las mafias que los explotan y el final de la historia —que se puede contar tranquilamente puesto que no es lo importante de la trama— podemos ver cómo Sam Pezzo ayuda a desmantelar a una red clandestina de tráfico de personas, pero una joven africana bellísima le cuestiona la utilidad de arrestar a los cabecillas de esta mafia ya que este tipo de redes son la única tabla de salvación de la gente desesperada. Y esto está pasando ahora mismo y aumentado exponencialmente. Porque es muy fácil opinar que no se quieren inmigrantes en tu país, pero es muy difícil evitarlo sin dañar a personas que se encuentran en condiciones extremas. Este problema, además, está condicionando toda la agenda política de Europa, de España y de Italia, por supuesto, y no existe nadie con el suficiente coraje para decir públicamente que lo que se debe hacer es organizar la entrada de inmigrantes y no negar esta entrada. Decir esto, que es muy necesario, no da votos. Al contrario se pierden votos diciendo esto”.

El último apoyo argumental más sólido de una serie como Max Fridman es, sin duda, su obsesivo trabajo de documentación. Así como Edgar P. Jacobs necesitaba en su momento de meses o años de investigación antes armar sus aventuras por medio mundo, lo mismo sucede con Giardino, que ha llegado a reconocer la necesidad de realizar dicha labor durante uno o dos años antes de emprender la labor creativa de cómics que, como en el caso de los tres álbumes dedicados a la Guerra Civil española en No pasarán (1999-2008), el reciente “Los primos Meyer” (2025) y en sus dos primeros álbumes, ha dejado huella dentro de lo que se puede calificar como el paradigma de cruzar historia, crítica y ficción noir hitchkiana en entretenimiento puro de cinco quilates.

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