Cuba
Inflación, apagones y sobrecarga de trabajo: así resisten las mujeres cubanas al bloqueo de EEUU
“No se puede hablar de problemas específicos de las mujeres sin hablar de los problemas del país, y el problema del país pasa por el bloqueo”. Así de contundente era Dixie Edith Trinquete, periodista, investigadora, profesora de la Facultad de Comunicación y miembro de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) hace un año cuando la entrevistamos. Todavía no había llegado el bloqueo energético a la isla. Pero en Cuba, la situación siempre es susceptible de empeorar.
Desde la pandemia, los apagones son constantes, la inflación puso en jaque la seguridad alimentaria de la ciudadanía y el turismo se hundió. Todo ello, unido a la migración masiva de jóvenes profesionales y las 243 medidas de Trump que reforzaron el bloqueo, sumieron a Cuba en una crisis profunda agravada hoy día, hasta la extenuación, con la reciente orden ejecutiva del presidente estadounidense.
Esta profesora feminista, especialista en violencia de género, recuerda que las mujeres no son entes aislados del contexto social, económico y político aunque soportan cargas relacionadas con la manera en que, culturalmente, se ha construido la relación de género en este país y en muchos otros. Y esto hace, continua Trinquete, que las mujeres tengan cargas desproporcionadas en relación a los hombres.
En Cuba, donde el artículo 42 de la Constitución protege la igualdad de sexo y el aborto es libre y gratuito, las mujeres suponen un 60% de la fuerza profesional del país. En el artículo publicado en 2026 en Servicio de Noticias de las Mujeres de América Latina y el Caribe (SEMLAC) Mujeres científicas ante el desafío de la doble jornada, Dixie Edith Trinquete, explica que en actividades científicas y tecnológicas, un sector estratégico para la isla, las mujeres constituyen más del 53% en 2024. Sin embargo, persiste la doble jornada laboral debido a los estereotipos sexistas. Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) en estos años de crisis estas cifras han disminuido.
La profesora Dixie Edith Trinquete señala que las crisis potencian los factores de riesgo de la violencia machista, con unos servicios estatales de ayuda muy deteriorados y menos eficientes
Las mujeres están viviendo en estos momentos una sobrecarga de trabajo que no es solo lavar, planchar, cuidar a las hijas e hijos y cuidar a sus mayores sino que, además, tienen que lidiar con los apagones y gestionar la alimentación de la familia con unos precios desorbitados. Por eso, continua Trinquete, dejar un trabajo, que no da ni para pagar el transporte, supone una liberación para resolver los problemas domésticos derivados de la escasez extrema. Sin olvidar, recuerda la profesora, que está demostrado que las crisis potencian los factores de riesgo de la violencia machista con unos servicios estatales de ayuda muy deteriorados y menos eficientes, una pérdida casi total de redes de apoyo para estas mujeres y una movilidad reducida porque no hay recursos económicos para el transporte.
En este contexto límite donde parece una quimera seguir adelante, donde nadie es capaz de predecir lo que ocurrirá mañana o la semana que viene, donde incluso se contempla la opción cero de disponibilidad mínima de combustible, impera una cierta normalidad porque “las cubanas y cubanos hemos aprendido a caminar en crisis” como explica Yuliet Teresa, comunicadora popular y una de las voces de este reportaje. Ella, junto a una cantante y diputada de la Asamblea Nacional y una mujer ilustradora dibujan el entorno social y profesional en el que se mueven y algunas claves para entender cómo se sobrevive en estas condiciones. Estas tres mujeres jóvenes que nacieron en situaciones económicas extremas y que jamás conocieron la abundancia capitalista, cuentan sus sueños, sus frustraciones y sus luchas en una situación económica hostil.
¿Y cómo se hace eso? Preguntamos. Esta mujer, graduada en estudios socioculturales y con una maestría en Ciencia de la Comunicación puntualiza que la comunicación que practican, frente al periodismo tradicional, se utiliza como experiencia global, buscan los mensajes de la gente, se distribuye entre las redes y se monitorea el proceso. Y lo explica con un ejemplo: “La noticia de un caso de violencia de género tiene valor para un medio cuando hay un crimen o éxito notable en salir de esa violencia. A nosotras, sin embargo, nos interesa el proceso, lo seguimos, lo contamos y lo distribuimos entre nuestras redes.”
Pero además, la labor de Yuliet, junto al de sus compañeras y compañeros es de “pico y pala”, como a ella le gusta llamarlo: “creamos bibliotecas, radios comunitarias, redes de apoyo, murales colectivos”. Sin embargo, en estos tiempos de crisis, el esfuerzo de la red de comunicadores y comunicadoras en Pogolotti, un barrio de origen obrero, precarizado y mayoritariamente de raza negra situado en el municipio habanero de Marianao, se adapta para priorizar las necesidades más vitales de la población: “atendemos a cincuenta personas mayores del barrio que viven solas y les damos de comer diariamente, llevamos al barrio calderos de leche caliente con chocolate, estamos armando un proyecto de triciclos solidarios para ayudar a aliviar el problema del transporte”, enumera Teresa para concluir que “si la gente no come, no puede pensar”.
El bloqueo energético al que el gobierno estadounidense ha sometido a Cuba afecta directamente a la movilidad de la población. El gobierno cubano ha restringido el transporte público y el privado resulta inalcanzable para una gran mayoría. Las consecuencia inmediatas son el abandono de un trabajo al que, la mayoría, no puede llegar a tiempo. “Llevamos años en crisis, pero ahora, a mi me gusta decir que la crisis que tenemos en Cuba está en su máximo esplendor”, sostiene Yuliet y aclara que, indudablemente, esta situación acrecienta la violencia de genero y las relaciones de poder en la familia, en la comunidad, en la estructura de la sociedad cubana, en las instituciones estatales y en las no estatales también. “Se exponen los más débiles que son los que no entran en la norma heteronormativa patriarcal que son las mujeres, la infancia, las adolescencias, las ancianas y ancianos, la comunidad LGTB”. Y esto no debería suceder en una sociedad socialista, enfatiza.
“Por eso, nuestra función también es la denuncia. Denunciamos públicamente los mecanismos no democráticos ni transparentes que se viven en una crisis”, recalca Yuliet y considera que el gobierno cubano toma medidas pensando en el bien común que, a veces, deja fuera a sectores de la sociedad: “Si las medidas no salvan a todo el mundo, no son medidas” y aclara que la crítica es constructiva a favor del proyecto de la Revolución que se diferencia de lo que es el gobierno.
Juliet Teresa Villares es periodista y en su discurso no existe espacio para el individualismo. Sin embargo, sostiene que, en las crisis, la gente tiende a recogerse, a alejarse de la idea de comunidad
En el discurso de Teresa no existe espacio para el individualismo. Sin embargo, sostiene que, en las crisis, la gente tiende a recogerse, a alejarse de la idea de comunidad: “En Cuba hay una crisis de valores y una crisis del proyecto revolucionario”. Por otro lado, continua Teresa, la ciudadanía critica porque hay una memoria colectiva que apunta a que algo no está bien y “hay algo que salvar y por lo que luchar y eso es el proyecto político, un proyecto común de la comunidad que se sistematizó en 1959 y es lo que se está perdiendo en esta crisis”. No es el gobierno, ni los funcionarios del gobierno, no son las instituciones ni las formas estatales de gestión. Si el proyecto común se desbarata, hay una crisis ideológica de valores, opina.
Esta comunicadora popular considera que cuando esta crisis acabe, mucha gente va a estar destrozada: “Imaginemos que mañana se tumba el bloqueo, ¿qué pasa después? ¿cómo queda la espiritualidad de la gente? Por eso acompañamos a seguir fortaleciendo las redes del tejido social que tenemos en Cuba, que la gente se quiera, se ayude y se restaure para que cuando pase la crisis podamos ser felices”.
“Vivimos en una isla que, a pesar de todo lo que hemos sufrido durante tantos años, a pesar del bloqueo, Cuba ha podido mantener un sistema de enseñanza artística, donde cualquier niño o niña que tenga aptitudes para la música, para el teatro, para la danza o para la pintura pueda acceder gratis a un sistema de enseñanza que en el mundo entero es para la élite”, apunta Garcés y recuerda que las casas de cultura comunitaria, con sus talleres artísticos, que no faltan ni en las lomas más aisladas del país, son la base de esa igualdad de oportunidades: “A pesar de las condiciones económicas tan complicadas, Cuba garantiza todos los años, a las y los estudiantes, los instrumentos musicales, las zapatillas de ballet o los materiales para las artes plásticas”, asegura.
Pero también hay que explicar que eso se ha podido hacer con la solidaridad de otros países, cuenta Garcés: “Todos los años venían estudiantes de música de Alemania o Canadá a nuestros conservatorios y, cuando regresaban a su países, nos dejaban sus instrumentos musicales. Países como China nos han enviado también muchas donaciones y, gracia a esos instrumentos, se ha podido mantener la enseñanza artística. La donación de un solo instrumento es muy importante porque con él estudian varias generaciones de muchachos y muchachas cubanas”.
La escasez también ha llegado al terreno de la cultura. La Feria Internacional del Libro de La Habana, que se iba a celebrar a mediados del mes de febrero, se canceló como parte de las medidas de emergencia que tomo el gobierno cubano
La escasez también ha llegado al terreno de la cultura. La Feria Internacional del Libro de La Habana, que se iba a celebrar a mediados del mes de febrero, se canceló como parte de las medidas de emergencia que tomo el gobierno cubano. Pero en su lugar, se celebró un encuentro de escritores y público más humilde. Garcés, que pertenece a la Comisión de Cultura de la Asamblea Nacional de Cuba, explica que siempre encuentran soluciones para no llegar al apagón cultural. Ella misma presenta un programa de televisión con un festival de premios para incentivar a las jóvenes promesa de la música, pero el bloqueo ha restringido los desplazamientos y las programaciones se han reducido. En casos como estos, continua la diputada, el Ministerio de Cultura organiza brigadas artísticas apoyadas por el sistema comunitario para que puedan moverse de un lado a otro, pero, sin duda alguna, se limita gran parte de la actividad cultural del país. Se limita todo.
Garcés fue elegida diputada cuando tenía 27 años y explica, no sin orgullo, que el parlamento cubano es el segundo del mundo con mas mujeres y tiene un 20% de diputadas y diputados menores de 35 años. Según datos del Foro Económico Mundial de 2023, el parlamento de Ruanda era el que tenía mayor presencia femenina con el 61,3% de las legisladoras y legisladores y el segundo Cuba con el 53,04% de mujeres diputadas siendo el promedio mundial del 26%. Garcés enfatiza que quizás sea el único parlamento en el mundo donde las diputadas y diputados nacionales no cobran un sueldo específico, sino el que tienen en sus respectivos trabajos.
Sobre las campañas de difamación a Cuba en redes, esta artista cuenta: “de la Asamblea se dice de todo. Cuando entré como diputada comenzaron a atacarme a mi. A esto le llamamos guerra de cuarta generación. Desgraciadamente no tenemos plataformas propias, estamos en sus plataformas porque no tenemos independencia tecnológica y eso hace que nuestro contenido no se posicione y solo se escuche la verdad de ellos”. A pesar de los enemigos, que son muchos, Garcés apela a la esperanza de que los amigos de Cuba ayuden en esta trágica situación: “La población cubana se siente muy desesperanzada porque no sabemos que va a pasar en una semana o en 15 días pero yo creo que esta situación durísima ha creado una conciencia mundial sobre el bloqueo que ya ni EEUU esconde. Mira, ahora hay 32 mil mujeres embarazas en riesgo en todo el país, por la escasez”. Pero Garcés no pierde la esperanza de que los dejen vivir y sueña con una Cuba donde las personas no tengan que sufrir para ir al trabajo, para comer, donde no necesiten migrar porque no tienen otra alternativa, una Cuba comunidad, una Cuba que siga teniendo salud y educación y donde niñas como ella puedan graduarse, ser artistas y cumplir sus sueños.
A esta ilustradora de 27 años le costó la salud luchar contra su destino como mujer: estudiar una carrera universitaria, tener una pareja e hijos. Y comenzó a estudiar Ingeniería informática hasta que desarrollo un trastorno ansioso depresivo. Fue entonces cuando abandonó los estudios y se matriculó en el Conservatorio de Música, pero el reto no era menor ya que tenía que demostrar a sus padres que el cambio había merecido la pena. Fue entonces cuando comenzó a dibujar en el móvil con el dedo para mitigar los ataques de pánico que sufría. En ese punto de su vida, creo el concepto “No toda la belleza es igual” que utilizaría posteriormente en su obra para deconstruir los estándares, perfectamente diseñados, desde el punto de vista económico, social, incluso político, bajo los que nos vivimos, cuenta la joven ilustradora y añade que tuvo que hacer un viaje personal para volver a construirse y a valorarse a si misma como mujer y como profesional.
De la deconstrucción personal a la creación: “El libro de la poeta cubana Dulce María de Loinaz, Juegos de Agua de 1947 me salvó la vida. Me fui a una casa frente al mar y comencé a sanar a través de sus poemas”. Pero pronto comenzó a dibujar inspirándose en sus versos. Buscó a los herederos de Loinaz y, con la ayuda de ellos, organizó su primera exposición en solitario llamada “Agua Viva” basado en el poema “Transmutación” de la poeta cubana. La exposición se realizó en el Centro Hermanos Loinaz de Pinar del Rio y, a partir de ese momento, comenzó a vender sus dibujos en formato físico.
“En diciembre de este año saldrá a la luz un nuevo libro, con poemas de Dulce Maria que yo he seleccionado, acompañado de mis ilustraciones”, añade y, a pesar del bloqueo energético, Gabriela tiene la esperanza de organizar una exposición de sus ilustraciones que acompañen a la publicación de este libro. Desde entonces, esta ilustradora asegura que ha recorrido un camino de madurez personal y profesional y que ya no habla de sus “dibujitos”, sino de su trabajo y de su obra.
Pese a su juventud, esta mujer ha navegado por múltiples experiencias para abrirse un hueco en el panorama cubano. Unirse a Aquelarre, un colectivo de más de cien mujeres cubanas artistas le sirvió, entre otras cosas, para compartir y aprender a resolver problemas y dificultades. Por eso aconseja a todas las mujeres artistas que busquen la colectividad, que no se queden solas en sus casas, que los problemas con los que se encuentra como artistas se resuelven mejor juntas.
La artista Gabriela Hernández vendió obra a través de a Fábrica de Arte y ganó más de mil dólares, pero vino el bloqueo y, cuando comprobaron que la cuenta procedía de Cuba, la cerraron
Su gran experiencia en venta online vino de la mano de La Fábrica de Arte, una entidad privada gestionada por artistas cubanas y cubanos de renombre y reconocidos en el mundo de la cultura. En plena crisis, esta entidad abrió una cuenta a través de redes descentralizadas NFT (Non fungible token) que adquirió un gran prestigio entre los coleccionistas de todo el mundo y fue un lugar donde se vendieron muchas obras jóvenes artistas, asegura Hernández. “Yo expuse en la red algunas de mis obras y, al poco, me llamaron los gestores para decirme que las había vendido todas”. Gabriela vuelva a repetir con sorpresa que las vendió todas, que ganó más de mil dólares y que, no solo le vino muy bien el dinero en un momento en que su padre pasaba por un grave problema de salud, sino que eso le insufló gran optimismo para pensar que podía vivir de su arte. Pero vino el bloqueo y cuando comprobaron que la cuenta procedía de Cuba, la cerraron: “Tanto coleccionistas como los propios gestores cubanos perdieron mucho dinero y, sobre todo fue una gran decepción”, asegura.
¿Qué pasaría si no hubiese bloqueo, Gabriela? “Mi madre, seríamos, millonarios!”, Hernández exclama con la gracia cubana. Pero la realidad es cruda porque si no hubiese bloqueo podría acceder a muchas páginas web donde podría vender su dibujos y que ahora están bloqueadas, explica.
Otros campos que ha experimentado esta artista es la gestión de eventos y exposiciones artísticas. “Con Aquelarre comencé este mundo de la gestión y ese fue mi primer choque con la producción porque el contexto del país es bastante complicado para la organización de estos eventos”, cuenta. Posteriormente creó el espacio V de Venduta, de encuentro de mujeres artistas, aunque también participaban hombres, cuya primera edición Gabriela lo gestionó sola y con sus propios ahorros. Desde entonces, con la ayuda de subvenciones ha organizado más de diez eventos donde muchas mujeres cubanas han tenido la oportunidad de mostrar su obra, afirma Hernández.
A pesar del difícil contexto, Gabriela quiere viajar este año para seguir aprendiendo y compartiendo ideas con artistas de otros países, desea organizar más eventos de exposición de obras colectivas continua trabajando que, a finales de este año, pueda ser posible la publicación del nuevo libro con los poemas de Loinaz ilustrados con sus trabajos.
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