“Lo que creemos saber sobre las capacidades deportivas de las mujeres se ha aprendido bajo el patriarcado”

Las diferencias biológicas no deberían darse por sentado sin tener en cuenta las diferencias culturales y que el deporte no solo refleja las diferencias de género, sino que las crea y perpetúa. Son las tesis de las que parte la investigadora Sheree Bekker.
Sheree Bekker Deporte Feminismo
Sheree Bekker, profesora en el Departamento de Salud de la Universidad de Bath y coautora de ‘Open Play: manifiesto por un deporte feminista’.
27 jul 2026 06:00

Nadie discute que la igualdad entre hombres y mujeres sea deseable en el ámbito laboral. Sin embargo, el igualitarismo en el deporte nunca llega a plantearse, ni siquiera en el plano formal, ya que se esgrimen diferencias biológicas, sean de tipo anatómico, hormonal o de otra índole. Las mujeres participan en categorías femeninas para evitar la desigualdad evidente a la que se enfrentarían si compitieran contra los hombres. Ese es, al menos, el discurso hegemónico que cuesta no ya destruir, sino tan solo cuestionar. 

Y eso es precisamente lo que hacen Sheree Bekker y Stephen Mumford en Open Play: manifiesto por un deporte feminista (Libros de Ruta, 2025), un libro con al menos dos tesis provocadoras. La primera es que las diferencias biológicas no deberían darse por sentado sin, al menos, tener en cuenta cómo se imbrican con las diferencias culturales. La segunda es que el deporte no solo refleja las diferencias de género, sino que las crea y las perpetúa. 

Así, el deporte femenino, que no feminista, sería un mecanismo de control y de reproducción social legitimado por las instituciones para gloria del patriarcado. Bekker sostiene que un deporte feminista entendería que la segregación por género es perniciosa y que el deporte verdaderamente inclusivo sería aquel que abogue por lo contrario, por la desegregación.

Profesora en el Departamento de Salud de la Universidad de Bath, Bekker somete a revisión la historia misma del deporte y se toma en serio la conocida reflexión de Simone de Beauvoir según la cual la mujer no nace, se hace... También en el deporte.

Rachel Entrekin, ganadora del ultramaratón Cocodona 250 de 2026, es la primera en cualquier categoría, es decir, la mejor atleta, sea hombre o mujer. En su libro usted cuenta cómo tras la victoria de Zhang Shan, la tiradora olímpica que ganó en Barcelona 92, se prohibió a las mujeres competir contra hombres en esa disciplina, y esperemos que no ocurra lo mismo. ¿Siente que en el momento actual se están produciendo más avances que retrocesos en el ámbito deportivo?
Creo que es un momento en el que se está dando un progreso y una involución de forma simultánea. Hay un progreso innegable en el deporte practicado por mujeres. Las atletas están recibiendo cada vez más visibilidad, atraen grandes audiencias y, en algunos casos, tienen más acceso a la inversión, las oportunidades y el apoyo institucional. Los logros de deportistas como Rachel Entrekin también desafían ideas fuertemente preconcebidas sobre los límites de la capacidad atlética femenina. Estas noticias nos permiten ver a las mujeres no como atletas femeninas excepcionales, sino como atletas excepcionales, sin más. 

Los cuerpos de las mujeres deportistas están siendo sometidos a formas renovadas de clasificación, vigilancia y sospecha.

Al mismo tiempo, se están dando pasos hacia atrás a un ritmo que me parece francamente preocupante. Más que permitir a las mujeres ser reconocidas por la amplitud de su potencial atlético, las vemos cada vez más encorsetadas, escudriñadas y encerradas en su supuesta “feminidad”. Sus cuerpos están siendo sometidos a formas renovadas de clasificación, vigilancia y sospecha. 

El auge de la transfobia o el del movimiento de las tradwives, por ejemplo, es algo central en este retroceso. Siempre se presenta como una defensa de las mujeres, pero en última instancia refuerza ideas reaccionarias y punitivas sobre cómo debería parecer una mujer, cómo debería ser su cuerpo y quién tiene derecho a pertenecer al deporte femenino y al mundo. Esas ideas controlan aún más a las mujeres, en concreto a aquellas cuyos cuerpos, apariencias o prácticas se salen de las expectativas convencionales.

Defiende no hacer distinciones por cuestiones de género en el deporte, pero también aclara que la desegregación no es suficiente, porque se necesita también desmantelar las estructuras del patriarcado. Como recoge un artículo de The Guardian, algunos países potencian el deporte no competitivo y educan en valores. ¿Hay que trabajar en esa línea?
El deporte feminista se pregunta qué es y para quién es el deporte, cómo se organiza, y a qué intereses sirve. Para nosotras, el deporte debería tratar sobre la participación significativa, el aprendizaje y el desarrollo de habilidades, el disfrute, el trabajo en equipo, la comunidad y la libertad para ejercer las capacidades. La competición puede ser parte de eso, pero no debería ser el único valor con el que se organiza el deporte. 

Para lograr esto, sin embargo, necesitamos desmantelar estructuras que privilegian la dominación, la exclusión, las jerarquías y el ganar a toda costa. Por otro lado, las mujeres, las chicas y cualquier persona que haya sido tradicionalmente excluida, puede ser incluida, pero lo será del modo que establezca el patriarcado. La aspiración, para mí, no es simplemente ayudar a más mujeres a que tengan éxito dentro del sistema imperante. Querría transformar el sistema para que el deporte llegue a ser un espacio en el que muchas más personas puedan crecer.

La nadadora Katie Ledecky es más rápida que Lia Thomas, nadadora señalada por ser una mujer trans, a pesar de que se han difundido titulares que afirman lo contrario. ¿Señalar la desinformación debería ser una prioridad en este momento? ¿Deberíamos combatir las reglas de algunas federaciones?
Hay una necesidad urgente y espacio suficiente para abordar todas esas cuestiones que mencionas: la desinformación, los prejuicios, las culturas deportivas, la gobernanza y las reglas de las federaciones. Esos problemas están interconectados y ninguna persona, disciplina u organización pueden tratarlas todas adecuadamente.

Lo que he aprendido es que necesitamos coaliciones de personas que trabajen desde diferentes áreas: periodistas que informen con precisión y desafíen las narrativas capciosas, investigadores que produzcan conocimiento sólido, educadores que desarrollen el pensamiento crítico, comunidades que articulen cómo deberían ser los ambientes deportivos saludables y organizaciones que defiendan políticas capaces de desafiar las prácticas institucionales dañinas. 

Quiero ayudar a las personas a reconocer que el modo en que se organiza el deporte en la actualidad no es natural ni inevitable

Mi propia contribución se centra en la imaginación pública. Quiero ayudar a las personas a reconocer que el modo en que se organiza el deporte en la actualidad no es natural ni inevitable. Hemos tomado decisiones sobre las categorías, la competición, los valores y la pertenencia... y podemos y debemos tomar decisiones diferentes. Eso significa ayudar a las personas a ver formas alternativas de organización deportiva (y vital), pero también hacer que esas alternativas parezcan creíbles, prácticas y posibles. A mi juicio, esto es una parte esencial del cambio político. Antes de que podamos construir un mundo diferente, tenemos que ser capaces de imaginarlo.

En el partido de tenis de Aryna Sabalenka contra Nick Kyrgios, la organización introdujo algunas reglas especiales para compensar la supuesta desigualdad entre los jugadores. ¿Debería Sabalenka haber rechazado el cambio de reglas para compensar la supuesta superioridad de Kyrgios cuando se enfrentaron en un partido de tenis? 
Sabalenka opera dentro de un mundo que ya está estructurado desigualmente. En un futuro deportivo ideal, me gustaría que una atleta increíble como ella pudiera rechazar cualquier ajuste y compitiera contra Kyrgios con las mismas condiciones. Pero no hemos empezado con iguales condiciones. 

El deporte se organiza mediante una larga historia de oportunidades, expectativas e inversiones sesgadas por cuestiones de género (y de raza, de capacitismo, de clasismo, etcétera). 

Desde que somos bebés, chicas y chicos son tratados de forma diferente: se les anima a usar sus cuerpos de manera distinta, a comer de manera desigual, a tomar riesgos diferentes y a imaginar diferentes posibilidades para ellos

Desde que somos bebés, chicas y chicos son tratados de forma diferente, se les anima a usar sus cuerpos de manera distinta, a comer de manera desigual, a tomar riesgos diferentes, a desarrollar formas desiguales de confianza y “alfabetización física” y a imaginar diferentes posibilidades para ellos. Esas desigualdades se acumulan a lo largo de la vida. Así que incluso si Sabalenka hubiera rechazado los cambios, tal y como están las cosas, eso no hubiera producido necesariamente una competición justa. Tratar a las personas de forma idéntica en el momento final no deshace las condiciones desiguales que las llevaron hasta allí.

En el caso del ajedrez también se dan diferencias pese a que los atributos físicos no importan. ¿No debería ser especialmente humillante para la mujer?
El ajedrez es similar para mí, aunque las desigualdades relevantes no son principalmente de fuerza o velocidad. El ajedrez exige una considerable resistencia mental y las disparidades están ancladas en la cultura: a quién le enseñan el juego, a quién se le anima a continuar, quién recibe enseñanzas y apoyo institucional, y a quién se le hace sentir que está hecho para eso. No es que el ajedrez sea intrínsecamente denigrante para la mujer; lo que es denigrante es el sexismo que lo rodea. Se insiste en sugerir que la escasa representación de las mujeres refleja una menor capacidad en lugar de mostrar la exclusión, la hostilidad y la desigualdad de oportunidades.

La tarea no es simplemente situar a la mujer dentro de las estructuras existentes y declarar que se ha resuelto el problema. Hay que transformar las condiciones en las que las personas entran, participan y son valoradas. 

Feministas como Mary Wollstonecraft y Harriet Taylor Mill comprendieron esto con claridad: no puedes saber de qué son capaces las mujeres cuando nunca han tenido las mismas libertades, las mismas oportunidades o los mismos estímulos

En el deporte, siempre pienso en la sentencia de Spinoza: quién sabe lo que puede un cuerpo... 
Me encantaría que el mundo reconociera que todo lo que creemos saber sobre las capacidades físicas y deportivas de las mujeres se ha aprendido bajo el patriarcado. Feministas como Mary Wollstonecraft y Harriet Taylor Mill comprendieron esto con claridad: no puedes saber de qué son capaces las mujeres cuando nunca han tenido las mismas libertades, las mismas oportunidades o los mismos estímulos. 

Por eso creo que hemos confundido los efectos de la desigualdad con una supuesta evidencia de las limitaciones naturales. Hasta que se desmantelen esas desigualdades, la cuestión de qué pueden hacer los cuerpos de las mujeres (y otros cuerpos marginados) sigue radicalmente abierta.

Madrid
Un espacio seguro para las personas trans en el deporte: “Estoy disfrutando por primera vez en mi vida”
La Liga Gamberra de Baloncesto de Madrid se creó para autogestionar la práctica deportiva y apropiarse de espacios públicos copados por hombres cisheterosexuales.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...