Donald Trump -banderas EE UU
Donald Trump. Foto de Brian Copeland
Beyond Nuclear International
8 jun 2026 00:00

Artículo publicado originalmente en Beyond Nuclear International.

Imagina que eres una empresa emergente dedicada a los reactores nucleares comerciales, pero no consigues ponerla en marcha porque hay un pequeño problema. El diseño de tu «nuevo» reactor necesita un tipo especial de combustible. Y ese combustible requiere un ingrediente concreto: plutonio.

El plutonio es el componente detonante de una bomba nuclear. Los países que desarrollaron armas nucleares, así como aquellos que han reprocesado combustible irradiado de reactores para separar el plutonio del uranio, tienen enormes excedentes de plutonio, lo que supone una amenaza constante para la seguridad.

Ahora imagina que un antiguo miembro del consejo de administración de una de esas empresas emergentes en dificultades, Oklo, es Chris Wright, el actual secretario de Energía del Gobierno de Trump. Y he aquí que, de repente, ese mismo charlatán que se hace pasar por presidente de los Estados Unidos ofrece a tu antigua empresa plutonio gratis procedente de unas reservas de cerca de 20 toneladas métricas o más.

Ahora imagina que un antiguo miembro del consejo de administración de una de esas empresas emergentes en dificultades, Oklo, es Chris Wright, el actual secretario de Energía del Gobierno de Trump. Y he aquí que, de repente, ese mismo charlatán que se hace pasar por presidente de los Estados Unidos ofrece a tu antigua empresa plutonio gratis procedente de unas reservas de cerca de 20 toneladas métricas o más.

La Casa Blanca anunció finalmente los afortunados destinatarios del plutonio gratuito, basándose en las solicitudes recibidas por el Departamento de Energía de Estados Unidos hasta finales de 2025, según Reuters. La agencia de noticias sitúa el excedente de plutonio en 19,7 toneladas métricas, aunque la administración Trump ha sugerido que tiene 25 toneladas de sobra.

Esa cantidad, según una carta enviada a la administración Trump por un senador —Ed Markey— y dos representantes —Don Beyer y John Garamendi—, todos ellos demócratas, es suficiente para fabricar al menos 2000 bombas nucleares.

Repartir plutonio «a la industria privada para uso energético comercial», escribieron los tres en su carta, «va en contra de la política de seguridad nuclear bipartidista de larga data de Estados Unidos. Plantea serias preocupaciones sobre la proliferación de armas, tiene poco sentido desde el punto de vista económico y puede afectar negativamente a la postura defensiva de la nación».

Repartir plutonio «a la industria privada para uso energético comercial», escribieron los tres en su carta, «va en contra de la política de seguridad nuclear bipartidista de larga data de Estados Unidos. Plantea serias preocupaciones sobre la proliferación de armas, tiene poco sentido desde el punto de vista económico y puede afectar negativamente a la postura defensiva de la nación».

Markey volvió a escribir a Trumpe, preguntándole específicamente si era más que una extraña coincidencia que la antigua empresa de Wright, Oklo, fuera la beneficiaria de la entrega de plutonio.

Anteriormente, junto con sus colegas, Markey había expresado su preocupación por que «la transferencia de plutonio utilizable para armas a la industria privada aumentara el riesgo de proliferación de armas nucleares, incluso a Estados rebeldes o terroristas».

Markey quería saber ahora si «podría existir un grave conflicto de intereses dentro de su Administración sobre esta cuestión, ya que la transferencia de plutonio beneficiará a la antigua empresa del secretario de Energía, Chris Wright».

Afirmando que tenía «dudas sobre la idoneidad de la transacción», Markey señaló que, además del plutonio gratuito, el Departamento de Energía de Trump también estaba apoyando a Oklo para construir una planta de reprocesamiento de 1700 millones de dólares en Tennessee que permitiría a Oklo extraer más plutonio necesario para sus microrreactores, que aún no cuentan con licencia.

Sigue en la segunda parte.

Traducción de Raúl Sánchez Saura.

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