Cuarenta años después de Chernobil, todavía no nos hemos librado

No nos hemos librado de la contaminación radiactiva de 1986, de la persistencia de la propaganda nuclear en quitarle importancia, ni de la amenaza de que los residuos radiactivos de Chernobil vuelvan a dispersarse por el continente.
Chernobil 3
Procedentes de la aldea de Orane, próxima a la zona de exclusión. Estos productos tienen isótopos radiactivos como cesio 137 y estroncio 90, que se depositan en el organismo de quien los consume. Raúl Moreno
Plataforma por un Nuevo Modelo Energético
20 abr 2026 00:00

El accidente del reactor nº 4 de la central nuclear de Chernobil el 26 de abril de 1986 fue el peor de los sucedidos en la la industria nuclear civil. La nube radiactiva recorrió casi toda  Europa, en España se detectó, e incluso en Japón. Fue la primera vez que nos encontramos con que un fallo catastrófico en un sólo reactor nuclear podía ser un problema para el mundo entero. La radiactividad no tenía fronteras.

Los países más afectados fueron Bielorrusia, que recibió casi la mitad de las sustancias radiactivas, Ucrania y Rusia. Al resto de Europa llegaron los elementos más volátiles, contaminando el 40 % de su superficie. Hacia el sur la antigua Yugoslavia, Bulgaria, Rumanía y Polonia, hacia el oeste Alemania, Austria, Francia, y también llegó a los nórdicos Noruega, Finlandia, Suecia.

Los efectos sobre la salud probablemente no se conozcan nunca con exactitud. De hecho existen grandes discrepancias entre los informes emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y otras fuentes. Las enfermedades que causa la radiactividad, cánceres, pueden tardar décadas en manifestarse. Pero con la estimación de la radiactividad total recibida por toda la población de las zonas afectadas, la “dosis colectiva” calculada en el denominado  informe Torch, 600.000 Sv-persona, se obtiene una razonable aproximación. La distribución territorial fue desigual, el 36 % de esa cantidad es de la población de Bielorrusia, Ucrania y Rusia, el 53 % del resto de Europa y el 11 % del resto del mundo. Sabiendo que para dosis de entre 1 y 10 Sv muere el 50 % de los afectados, puede decirse que el número total de víctimas de Chernobil asciende a varios cientos de miles de personas.

Sabiendo que para dosis de entre 1 y 10 Sv muere el 50 % de los afectados, puede decirse que el número total de víctimas de Chernobil asciende a varios cientos de miles de personas.

Como es de esperar, el mayor nivel de radiactividad permanece en la central y área cercana. Esa “zona de exclusión” de 2.600 km2 acumula polvo muy radiactivo depositado por el viento y material enterrado durante la limpieza, desde madera del “bosque rojo” a equipamiento contaminado. No todos esos enterramientos están localizados. En las ruinas del reactor 4 todavía están los residuos más peligrosos: hay 400 kg de plutonio, más de 100 toneladas de combustible nuclear fundido y otras 35 de polvo radiactivo. Treinta años después del accidente se consiguió terminar una enorme cubierta protectora sobre el reactor 4 para mejorar su precario aislamiento del entorno. “El Arco” como la llaman los ucranianos, es una gigantesca cubierta para evitar más diseminación de radiactividad y permitir que algún día puedan realizarse tareas muy necesarias, como estabilizar el viejo “Sarcófago”, que podría desplomarse sobre los residuos más peligrosos.  

Nunca hubiéramos pensado que un territorio tan hostil pudiese convertirse en botín de guerra precisamente para los países más perjudicados por esta catástrofe nuclear. El 24 de febrero de 2022 las tropas rusas entraron desde Bielorusia, tomaron el control de todas las instalaciones y acamparon en la zona de exclusión. Fueron cinco larguísimas semanas durante las que se arriesgó la seguridad del mundo.

Seguramente la situación más grave fue la pérdida de suministro eléctrico para la refrigeración de las piscinas donde se almacena el combustible nuclear retirado de los tres reactores. Sin enfriamiento del agua, el calor del combustible radiactivo produce hidrógeno que puede acumularse y causar una explosión que disemine, de nuevo, ese peligroso material. Los cortes de las lineas eléctricas que llegaban a Chernobil fueron múltiples, pero a principios de marzo hubo días muy cerca del desastre, cuando el complejo nuclear dependió exclusivamente de los generadores diésel de emergencia, con reserva de gasoil solo para 48 horas. Los operarios a cargo de los sistemas tuvieron que hacer lo posible por seguir con su trabajo y evitar más daños, bajo el acoso de las tropas rusas, que además impidieron el relevo de plantilla. Buena parte del sistema de monitorización de radiación en las instalaciones fue destruido.

Los cortes de las lineas eléctricas que llegaban a Chernobil fueron múltiples, pero a principios de marzo hubo días muy cerca del desastre, cuando el complejo nuclear dependió exclusivamente de los generadores diésel de emergencia, con reserva de gasoil solo para 48 horas. Los operarios a cargo de los sistemas tuvieron que hacer lo posible por seguir con su trabajo y evitar más daños, bajo el acoso de las tropas rusas, que además impidieron el relevo de plantilla. Buena parte del sistema de monitorización de radiación en las instalaciones fue destruido.

Eso, justo al comienzo de la guerra, y demostró que no hay sentido del peligro, aun menos sentido común, que evite atacar instalaciones con combustible nuclear. Tal vez no vuelvan las tropas, pero los ataques aéreos, intencionados o no, están sucediendo. Casi tres años después, el 14 de febrero de 2025, un dron con carga explosiva impactó en la cubierta de El Arco y abrió un agujero de 15 m2 en la carcasa exterior. Parte de la capa interna de la contención, una membrana impermeable, ardió lentamente durante casi tres semanas. Para apagar el fuego se abrieron agujeros más pequeños en esa capa para verter agua a presión. El agua implica problemas de corrosión, por tanto luego hay que reducir la humedad y restaurar la estanqueidad de las protecciones dañadas. Los niveles de radiación en el exterior no aumentaron, pero diez meses después, la misión de la OIEA del 5 de diciembre declaró que El Arco, o New Safe Confinement (NSC) en nombre oficial, había perdido sus principales funciones de seguridad, incluida la capacidad de confinamiento. Aunque también constató que no había daños permanentes en sus estructuras. El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) ha estimado que las reparaciones de este único impacto podrían superar los 100 millones €.

La principal protección frente a una nueva diseminación de material muy radiactivo todavía no está reparada, pero las amenazas de desastre no cesan.  El pasado martes 20 de enero 2026 por la mañana, se localizaron tres drones a unos 5 km de Chernóbil, y las actividades militares dañaron una subestación crítica que provocó la desconexión de tres líneas eléctricas que alimentaban el emplazamiento. Afortunadamente pudieron suplirse con energía de otras líneas.

Todas las instalaciones nucleares están en riesgo. La central de Zaporiya, con seis reactores parados y gran cantidad de combustible nuclear gastado en piscinas y contenedores, está en la línea del frente. Si Rusia llegaran a ponerla de nuevo en marcha, la situación empeoraría mucho más.

Todas las instalaciones nucleares están en riesgo. La central de Zaporiya, con seis reactores parados y gran cantidad de combustible nuclear gastado en piscinas y contenedores, está en la línea del frente. Si Rusia llegaran a ponerla de nuevo en marcha, la situación empeoraría mucho más.

Las mejoras en la seguridad nuclear o “lecciones aprendidas”, como dice la OIEA, tras los grandes accidentes nucleares, no pueden protegernos de ataques intencionados a las centrales. Es una situación que hasta ahora no se había querido considerar pero esta guerra en Ucrania lo hace ya inevitable. Se ha convertido en otro poderoso motivo para abandonar la energía nuclear.

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