Filosofía
Nuevas formas de republicanismo

¿Es posible una nueva concepción de lo común, de la cooperación, de la solidaridad, fraternidad y sororidad? Reflexiones en torno a 'La república de los cuidados. Hacia una imaginación política de futuro', de Luciana Cadaia (Herder, 2024) y 'La república cooperativista. Esclavitud y libertad en el movimiento obrero', de Alex Gourevitch (Capitán Swing , 2024).
Fábrica de calzado en Elche
Fábrica de calzado en Elche Pablo Miranzo
Profesor de Filosofía. Universidad Carlos III de Madrid
14 jun 2024 08:12

Tanto La república de los cuidados. Hacia una imaginación política de futuro, de Luciana Cadaia (Herder, 2024) como La república cooperativista. Esclavitud y libertad en el movimiento obrero, de Alex Gourevitch (Capitán Swing , 2024), recientemente publicados en castellano, coinciden en presentar la cara más radical del republicanismo como filosofía política y apelan a esta perspectiva para reordenar las múltiples divisiones que aquejan a los movimientos sociales y las políticas críticas con el neoliberalismo y capitalismo. Los dos recuperan las raíces históricas del republicanismo para iluminar las oscuridades del presente.

Republicanismo

Alex Gourevitch es un historiador del movimiento obrero que en este libro rescata un movimiento casi olvidado de la resistencia popular en Estados Unidos del sixlo XIX, los Knights of Labor o Caballeros del Trabajo, una red de militantes que comenzó en las postrimerías de la Guerra Civil americana y terminó unas décadas más tarde como resultado de crueles persecuciones y matanzas por las autoridades y los mercenarios de Pinkerton. Lo insólito, revolucionario y audaz de los Caballeros fue que unieron indisolublemente la promesa republicana de libertad e igualdad con la lucha de clase contra la nueva esclavitud del trabajo asalariado. En segundo lugar, a diferencia de los posteriores sindicatos o “Unions”, nunca discriminaron a mujeres y negros. Nacieron cuando enormes masas de esclavos fueron “liberados” tras el triunfo del Norte para encontrarse sin otros medios de subsistencia que aceptar trabajos en no mejores condiciones que las anteriores.

Los Caballeros [del Trabajo] [...] concibieron correctamente que la obligación de trabajar para otro no era una decisión libre, sino el origen de toda pérdida de libertad.

El gran argumento de los Caballeros fue que la condición republicana era contradictoria con cualquier forma de dominación de unos ciudadanos sobre otros y que el salario era una forma de sumisión solo voluntaria en apariencia. Los trabajadores tenían que vender su tiempo por no tener otra opción y por estar desposeídos de medios de vida. Por ello proponían una economía basada en la propiedad común de los trabajadores, en diversas formas de cooperativismo que el movimiento fomentaba y ayudaba a crear. Sin haberlo leído, llevaban a la práctica la idea de Marx de unir la concepción republicana con la propiedad colectiva de los medios de producción. A diferencia de lo que fue el marxismo posterior, no dejaban la propiedad en manos de una nueva clase burocrática del estado, sino que proponían un funcionamiento siempre autogestionario. No es extraño que fueran perseguidos con furia.

Los Caballeros se tomaron en serio la idea de libertad republicana como ausencia de dominación y concibieron correctamente que la obligación de trabajar para otro no era una decisión libre, sino el origen de toda pérdida de libertad y el nacimiento de una forma de vida en sumisión constante a la obligación de “ganarse la vida” dependiendo de la voluntad del dueño.

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Luciana Cadaia ofrece en su libro La república de los cuidados una visión que complementa perfectamente las consecuencias para el presente del relato de Gourevitch. La intención explícita de Cadaia es retejer los lazos que han ido fragmentando la resistencia social a través de lecturas identitarias de los diversos modo de opresión, discriminación y explotación. También ella mira hacia atrás para entender el futuro. En su caso, a la posición republicana del romanticismo alemán de Hölderlin, Schelling y Hegel en sus primeros escritos sobre la revolución Francesa. El primer romanticismo, admirado por los jacobinos, propuso el republicanismo como una alternativa general a toda forma de dominación de unas personas por otras. Luciana Cadaia nos invita a revisar la filosofía con una actitud práctica y a traerla al presente para revivir políticas ahora fragmentadas y retejer lo deshilachado.

La apelación al republicanismo es para Cadahia una forma de poner al día las demandas de articulación de distintas opresiones que proponía el populismo. La hipótesis del texto es que el “campo popular” (una forma discursiva de renombrar la división de los republicanos atenientes entre demos y aristocracia, de los romanos entre plebeyos y patricios, de los jacobinos entre el tercer y cuarto estado y la nobleza, y, en términos más cercanos, entre los de abajo y los de arriba) puede articularse desde una nueva concepción del humanismo que llame a la pervivencia de la humanidad reformulando de manera no identitaria los “cuidados” que proclamó el feminismo como un nuevo marco para la política. Cuidar el Estado y crear un estado de los cuidados; cuidados de sí y cuidados de nosotras y de todos, en una reivindicación desde una universalización feminista de la solidaridad, la fraternidad y la sororidad. Un humanismo insólito que nace del feminismo y que complementa la visión de largo alcance de los Caballeros del trabajo, que dieron con la clave de por dónde comienza el reino de la libertad y la salida de la necesidad.

Ambos libros apuntan a una trascendencia de la crítica al neoliberalismo y a construir una más poderosa negatividad que abra las mentes y supere el pesimismo del “realismo capitalista” que, desde Mark Fisher, parece haberse depositado en el pensamiento crítico.

Neoliberalismo
Neoliberalismo Mark Fisher: el deseo de encontrar una alternativa
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Es cierto que el neoliberalismo es una cultura que nos atraviesa y cuya crítica ácida y radical ha realizado con perspicacia un gran número de autoras y autores como Wendy Brown o el mismo Mark Fisher. Es necesario ver con más claridad, sin embargo, cómo se conectan las críticas al neoliberalismo con las líneas teóricas y prácticas de superación del capitalismo y de resistencia en el Capitaloceno. No basta con señalar, como se hace habitualmente, que el neoliberalismo impone una suerte de sumisión voluntaria que reorganiza todas las etapas de la vida desde la misma guardería hasta la residencia de ancianos. Hay algo más que voluntariedad en estas sumisiones. Tiene que ver con cómo se organizan el reino de la libertad y el de la necesidad en el conjunto de nuestras vidas. Y tal vez se haga necesario volver a pensar en el trabajo y el no trabajo, entre el empleo y el desempleo como estructura objetivas de sumisión no voluntaria, que ordenan la vida y obligan a continuas micro-acumulaciones de capital en todas sus formas económica, social simbólica, a través de la educación, de la presencia social, de los hábitos. Porque, como estudió bien Graeber la imposición de “ganarse la vida” hace que la reproducción social no sea en la forma de una cooperación humana en relación con la naturaleza, sino bajo la condición de una deuda inacabable.

En las formas primitivas de capitalismo mercantil e industrial, los salarios trataban de impedir que los trabajadores dispusieran de tiempo y recursos para dedicarlos a su formación, a incrementar sus posibilidades de vida más allá del trabajo. A partir del modo fordista del capitalismo industrial, y mucho más claramente en el capitalismo cognitivo, se permite más tiempo libre y se distrae algo de la plusvalía para permitir la sociedad de consumo, pero al tiempo ello implica entrar en círculos viciosos de vivir en deuda permanente para pagar hipotecas, pagar la educación (que ya es formación de mano de obra y adquisición de capital cultural), pagar la sanidad y las pensiones, cuidar de los padres, etc. Más salario para generar más deuda. Los bancos generan deuda a intereses más altos de los que ellos mismos adquieren sus propias deudas con los bancos estatales o los fondos de pensiones, todos ellos formados por los salarios de los trabajadores. Un círculo infernal en donde el consumo se hace tan productivo y tan dominado como el tiempo de trabajo. Ya no es suficiente el control del tiempo de trabajo, también lo es el de la atención, el de la presentación de la persona en la vida cotidiana y, sobre todo, el de la planificación de la propia vida. El salario determina las posibilidades de vivir o no en pareja, de tener o no hijos, a la vez que expresa la posición de cada cual en el espacio competitivo del capital cultural convertido en el escaparate de nosotros como mercancía.

La apelación a la idea republicana como espacio de libertad necesariamente lleva a plantearse cuáles son esos espacios en la sociedad que vivimos bajo las formas de capitalismo avanzado.

La invisibilidad de estas formas de dominación explica por qué muchas veces se entiende el neoliberalismo en formas exclusivamente “culturales” (uso las comillas como ironía). Si el neoliberalismo es algo más que una simple manipulación ideológica de los modos de gobernanza de sí y de la sociedad es porque articula formas de vida que nacen bajo la concepción de la vida en el marco del reino de la necesidad (de “ganarse la vida”).

Por ello, la apelación a la idea republicana como espacio de libertad necesariamente lleva a plantearse cuáles son esos espacios en la sociedad que vivimos bajo las formas de capitalismo avanzado. El análisis de las “cadenas de opresión” tal como son teorizadas por los movimientos sociales es correcto, como también lo son las perspectivas de fricciones interseccionales entre las formas de pertenencia en las que habitamos, pero, como Luciana Cadahia propone de forma luminosa, apelar a lo común de la búsqueda de la libertad, y hacerlo en representación de toda la humanidad, y de la posibilidad de su pervivencia en las generaciones futuras solo puede llevarnos a reformular y repensar el sueño republicano que nació ya con las primeras formas de estado y de conflicto entre pueblos y señores.

¿Es posible una nueva concepción de lo común, de la cooperación, de la solidaridad, fraternidad y sororidad? La idea republicana entraña la centralidad de la igualdad, de la concepción primigenia del ciudadano como ser en libertad garantizada por lo común y por su representación en el Estado y, por ello, como tensión continua para ganar tiempos de libertad a los tiempos de necesidad. Cadahia cree que la lectura identitaria de los movimientos sociales debería atender a esta mirada a lo común. Y tiene razón en que una lectura insólita del feminismo y de una nueva y crítica noción de “cuidado” como solidaridad (con todas las diversidades de humanidad, con todas las diversidades de naturaleza) puede aportar una dimensión nueva al republicanismo. Tuvieron también razón los Caballeros del Trabajo al postular que la república y la condición de asalariado estarán siempre en tensión en tanto que el tiempo sea tiempo de sumisión no voluntaria sino bajo la condición de mercancía. Una forma suave, pero no esencialmente distinta, de esclavitud.

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En este blog trataremos de entender los acontecimientos del presente surcando –en ocasiones a contracorriente– la historia de la filosofía, con el objetivo de poner al descubierto los mecanismos que utiliza el poder para evitar cualquier tipo de cambio o de alternativa en la sociedad. Pero también de producir lo que Deleuze llamó líneas de fuga, movimientos concretos tanto del presente como del pasado que, escapando del espacio de influencia del poder, trazan caminos hacia otros mundos posibles.
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