Del ruido al hecho: por qué Trump y la ultraderecha global no van a poder frenar la transición energética

Informes y datos apuntan a que, pese al discurso del presidente estadounidense y sus afines, el desarrollo de las renovables no depende ni de la política ni de la agenda climática: se ha convertido en un fenómeno estructural y financiero.
7 feb 2026 06:00

En Davos, ante los empresarios más influyentes del mundo, Donald Trump volvió a cargar contra las energías renovables. Catalogó de “estúpidos” a los países que compran “molinos de viento”. “Pierden dinero, destruyen el paisaje, están hechos en China. Solo tienes que preguntar cuántos hay en China: ninguno. Se los venden a los perdedores de Europa”, lanzó con su habitual prepotencia, descaro y falta de veracidad: China es líder mundial en energía eólica. Ningún país tiene más aerogeneradores. Cuadriplica la inversión de Estados Unidos, segunda nación en este ranking.

Más allá de alguna simpatía ideológica, muy pocos empresarios tomaron nota en sus apuntes del análisis que hizo Trump. Las cifras de 2025 confirman que la transición energética ya no depende de la política. Tampoco de la agenda climática. “La transición verde está dejando de ser un fenómeno político, se está convirtiendo en un fenómeno infraestructural, tecnológico y financiero. Es decir, los gobiernos podrán modificar subsidios, regulaciones o discursos, pero no podrán cambiar la dirección material del sistema energético”, explica Federico Merke, doctor en Ciencias Sociales y profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés (Argentina).

Su análisis tiene un sustento fáctico: el informeTendencias de inversión en transición energética, de BloombergNEF, una documento que analiza las cifras anuales de inversión en la transición verde global. La estadística —fuente de consulta de los empresarios que estuvieron en Davos— recopila los datos del gasto para implementar tecnologías limpias, la inversión en la cadena de suministro, la inversión de capital en empresas de tecnología climática y la emisión de deuda para fines de transición energética.

“Se repetía que con la llegada de Trump se iba a generar un tapón en el crecimiento de las renovables. Pero esto no es así. La inercia es tal que el avance de las energías limpias es inevitable”, reflexiona Pedro Fresco

El informe señala que, el año pasado, aun con muchas tensiones comerciales, la incertidumbre regulatoria en China, las dudas de Europa y el giro político adverso en Estados Unidos, la inversión global en transición energética alcanzó 2,3 trillones de dólares, un récord histórico. En concreto, un 8% más que en 2024. “Todos los indicadores aumentaron en un año marcado por perturbaciones y tensiones, lo que demuestra la resiliencia de la transición energética”, resalta.

Los principales impulsores de la inversión fueron el transporte electrificado (893.000 millones de dólares), las energías renovables (690.000 millones) y la inversión en redes eléctricas (483.000 millones). Para Merke, el “dato geoeconómico” más importante es que, por segundo año consecutivo, la inversión en oferta energética limpia superó a la inversión en oferta fósil. La brecha pasó de 85.000 millones de dólares en 2024 a 102.000 millones en 2025.

En la otra columna del Excel, la inversión en combustibles fósiles cayó por primera vez desde 2020, con una disminución interanual de 9.000 millones de dólares. Esta caída, explica BloombergNEF, se debió principalmente a la reducción del gasto en exploración y producción de petróleo y gas (9.000 millones menos) y en la generación de energía fósil (14.000 millones menos).

A nivel regional, Asia Pacífico se mantuvo como la región con mayor inversión, representando el 47% del total mundial en 2025. China, el mayor mercado, sigue liderando la inversión total (800.000 millones de dólares en 2025). El desembolso de dinero en India aumentó un 15%, hasta los 68.000 millones de dólares. La UE, pese a las dificultades, creció un 18%, hasta los 455.000 millones de dólares, siendo la que más contribuyó al repunte mundial. La inversión estadounidense también registró un aumento del 3,5%, hasta los 378.000 millones de dólares, “a pesar de las medidas de la administración Trump para ralentizar la transición energética”, señala el informe.

Según un informe del EIA, la demanda eléctrica estadounidense atraviesa el mayor crecimiento de este siglo, impulsada por el boom de data centers y la Inteligencia Artificial

Para Albert Cheung, subdirector ejecutivo de BloombergNEF, la energía limpia “ofrece numerosas oportunidades para los inversores” pese al ruido político. Su proyección es que a medida que muchas economías buscan fortalecer la seguridad energética y desarrollar cadenas de suministro nacionales, “la inversión en energías limpias seguirá aumentando”.

Más datos: las empresas de tecnología climática captaron 77.300 millones de dólares en capital privado y público a lo largo de 2025, un aumento interanual del 53%. Este incremento de la financiación fue liderado por compañías dedicadas a la energía limpia, el almacenamiento de energía y el transporte con bajas emisiones de carbono, principalmente. “Queda claro que las energías renovables, el almacenamiento, los vehículos eléctricos y las redes eléctricas son tecnologías relativamente comunes, con poco riesgo y modelos de negocio cada vez más consolidados”, señala Cheung.

La electrificación de Estados Unidos

Para reforzar su análisis sobre que la retórica Drill Baby Drill de la administración Trump tiene poco impacto en la descarbonización global, Merke suma datos específicos de Estados Unidos, publicados semanas atrás por la Energy Information Administration (EIA).

Según este otro informe, la demanda eléctrica estadounidense atraviesa el mayor crecimiento de este siglo, impulsada por el boom de data centers y la Inteligencia Artificial. Y si bien es cierto que el país norteamericano aumentó su capacidad de generación de gas en desarrollo en 2025 para abastecer a este demandante —y voraz— mercado, Merke aclara que “una planta solar puede desplegarse en menos de un año, mientras que una de gas tarda varios”, por lo que esta variable se terminará imponiendo en las próximas décadas.

Según los datos de EIA, la generación a gas apenas subirá 0,8% en los próximos dos años, mientras que la generación solar crecerá 46%, la eólica aumentará un 12% y el almacenamiento en baterías continuará su tendencia positiva (pasó de 26 GW a 45 GW entre 2024 y 2025).

“Por todo esto, la transición energética ya no está siendo empujada principalmente por la agenda climática. Está siendo empujada por la electrificación de la economía, la necesidad de redes y almacenamiento y, sobre todo, por el boom de data centers y AI, que demandan electricidad abundante, barata y rápida de desplegar”, concluye Merke.

Las estadísticas de la Agencia Internacional de la Energía, en la misma dirección

Los datos de BloombergNEF coinciden con las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). La solar y eólica superarán al carbón, la fuente más contaminante, y en 2026 se convertirán en la principal fuente de electricidad del mundo. Este organismo prevé que estas dos energías cubran más del 90% del aumento de la nueva demanda global de electricidad, un porcentaje inédito.

Estos dos hitos en la descarbonización ocurrirán en los próximos meses pese a la narrativa fósil de Trump. “Se repetía que con la llegada de Trump se iba a generar un tapón en el crecimiento de las renovables. Pero esto no es así. La inercia es tal que el avance de las energías limpias es inevitable”, reflexiona Pedro Fresco, director de la Asociación Valenciana del Sector de la Energía y ex director de Transición Ecológica de esta comunidad autónoma.

Que la retórica negacionista y anti energía verde tenga, por ahora, un efecto mínimo en el sostenido crecimiento de las renovables, demuestra, a juicio de este experto, que si bien Estados Unidos es “muy poderoso, ya no controla el mundo como lo hacía antes”. “Aunque esta potencia no desarrolle renovables, el resto del mundo lo seguirá haciendo”, aclara.

La proporción de la generación mundial de electricidad procedente de energía eólica y solar combinadas no ha parado de crecer en la última década, tal como expone la AIE en su informe: 1 % en 2005, 4 % en 2015, 15 % en 2024 y 17 % en 2025. Se espera que el porcentaje escale al 20 % en 2026. Por su parte, la participación del carbón en la generación total caerá por debajo del 33 % por primera vez en un siglo, mientras que escalará al 36% en el caso de las renovables.

Fernando Prieto, director del Observatorio de Sostenibilidad, aclara que esta consolidación de la energía renovable no se está traduciendo en una reducción de emisiones a nivel global

Más allá de las cifras alentadoras que difunde la AIE, el ex director de Transición Energética de la Generalitat Valenciana aclara que todavía quedan “muchos escollos” por una descarbonización global que va lenta, en contraposición a un calentamiento que se acelera: el planeta ha superado los 1,5ºC de calentamiento global en el promedio de los últimos tres años.

El primero: prácticamente todos los países del mundo quieren acceder a energías renovables, sobre todo energía solar, que es muy fácil de instalar. “No todos los países pueden por una cuestión de que no tienen capacidad de acceso a los volúmenes requeridos”, explica. Y agrega: “Tienes una energía muy deseada, que además saca de la pobreza energética a mucha gente, que es una herramienta de mitigación climática enorme, y no puedes desarrollarla en el mundo a la velocidad que los propios países querrían. Por eso, se necesita que uno de los focos de financiación climática internacional sea la ayuda al desarrollo de la energía solar en los países más pobres del mundo”.

La barrera más importante —y crucial para evitar que el calentamiento global se eleve en las próximas décadas a niveles de difícil adaptación para la especie humana— es la “electrificación de consumos que hoy son térmicos”. Fresco lo explica de esta manera: “No es tan importante ver lo qué está pasando dentro del sistema eléctrico, sino ver qué pasa fuera del sistema eléctrico. Si esa electricidad que estamos generando con fuentes renovables, la estamos llevando a los coches, la estamos llevando a la climatización, o la estamos llevando a industrias que hoy usan petróleo, carbón y gas”.

Dar este paso permitiría “reducir emisiones rápidamente”, algo que no está ocurriendo. “Si tomamos como referencia lo acordado en el Acuerdo de París, claramente vamos con retraso. Una 'clave' para incentivar a esta electrificación son los precios. En Europa, la electricidad todavía es cara. Hay que transitar hacia un escenario en el que la energía fósil sea costosa y la electricidad barata para, justamente, provocar la sustitución”, concluye.

No pecar de optimistas

Fernando Prieto, director del Observatorio de Sostenibilidad (OS), aclara que esta consolidación de la energía renovable no se está traduciendo en una reducción de emisiones a nivel global. Las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) procedentes de combustibles fósiles alcanzarán en 2025 un nuevo récord de 38.100 millones de toneladas, un incremento del 1,1 % respecto al año anterior, según el informe Global Carbon Budget 2025.

España, uno de los países de Europa que más está apostando a las fuentes de energía limpia, es un ejemplo de que la instalación de placas y molinos no se traduce en una reducción de emisiones. Según los datos del Observatorio, las emisiones de gases de efecto invernadero en el país aumentaron un 0,6% durante el año 2025, lo que supone un jarro de agua fría para las ambiciones climáticas del país: las emisiones se sitúan apenas un 5,8% por debajo de los niveles de 1990, una cifra muy lejana del recorte del 32% que exige el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para el año 2030.

“Hay que empezar a solucionar los problemas de la gente y no de las grandes compañías. La población de las ciudades tiene que percibir que bajan los precios y se solucionan sus problemas”, reflexiona Prieto

Prieto confirma que el consumo de productos fósiles creció un 1% el año pasado respecto a 2024. Destaca especialmente el aumento de la gasolina (8%), el queroseno (5%) y del gasóleo (3%), este último con un peso estratégico muy superior en el mix del transporte. Sectores pocos descarbonatados, como el transporte, la industria, la climatización o el turismo, están “neutralizando avances en otras áreas”, incide.

Cifras similares arrojan los cálculos del Observatorio de la Transición Energética y la Acción Climática (OTEA) del Basque Centre for Climate Change (BC3). La estimación de este instituto es que el 2025 cerró prácticamente con las mismas emisiones brutas que en 2024, pese al incremento sostenido de las energías renovables.

“También creo que la transición energética va a aguantar la embestida de Trump y sus alfiles. Pero urgen cambios. Hay que empezar a solucionar los problemas de la gente y no de las grandes compañías. La población de las ciudades tiene que percibir que bajan los precios y se solucionan sus problemas. Y en el medio rural deben de detectar que no son territorios de sacrificio”, reflexiona Prieto.

En definitiva —cierra—, “la transición verde debe de beneficiar a las personas y al planeta y no a las grandes empresas que, en España y en muchos otros países, se siguen forrando pese al supuesto cambio de modelo. Si esto no ocurre, Trump y la extrema derecha triunfarán”.

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