Fronteras
Radiografía de la ruta migratoria serbia: otro ejemplo de cómo Europa subcontrata sus fronteras

Las devoluciones en caliente o el trato degradante, constituyen prácticas normalizadas en las fronteras de los países balcánicos y Serbia, en el marco de una cooperación transfronteriza orientada a impedir a toda costa el tránsito de las personas.
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Valla electrificada en la frontera entre Serbia y Hungría Jose Ángel Sánchez Rocamora

En 2015 se originó la crisis humanitaria de personas en tránsito por la ruta de los Balcanes. Desde entonces, UNICEF afirma que han pasado más de un millón y medio por Serbia, un país que tiene tres fronteras con la UE —Bulgaria, Rumanía y Hungría— además de tener otras tres con Bosnia, Macedonia del Norte y Kosovo. La gran mayoría huyen de sus países de origen por el riesgo que corren sus vidas o por motivos económicos y proceden de países como Afganistán, Siria, India, Pakistán, Marruecos, Túnez, Bangladesh, Irán o Burundi. Según ACNUR y las últimas cifras del gobierno, a día de hoy, hay aproximadamente entre 5.000 y 6.000 inmigrantes o refugiados en campos de acogida oficiales o en asentamientos improvisados.

Afganistán y Siria son países que han estado inmersos en conflictos armados y para los que no se han establecido rutas seguras para solicitar asilo. Esta situación ha sido constantemente denunciada a nivel internacional y sucede como nos lo describe un refugiado afgano anónimo desde un asentamiento cerca de Hungría: “…en Serbia no hay embajada de mi país, la gran mayoría no tenemos documentos y no tenemos manera de acceder a Europa para pedir asilo, aquí apenas conceden el asilo por lo que solo nos queda trabajar ilegalmente y en condiciones infrahumanas...”.

Para quienes cruzan los Balcanes, el destino final es Europa, ya que, debido al desempleo, las malas condiciones del trabajo, las violaciones de derechos o la inexistencia de redes de apoyo, no consideran a Serbia como destino final de su ruta

En el caso del Magreb, Túnez tenía un régimen de libre visado que fue cancelado debido a las presiones de la UE, por lo que el número de migrantes de origen tunecino ha descendido en la actualidad. El cierre de la frontera española con Marruecos y la represión desplegada que terminó con la muerte de más de 23 inmigrantes a manos de las policías fronterizas de ambos países, ha provocado el incremento del número de ciudadanos marroquís que buscan rutas diferentes, convirtiéndose en el segundo grupo de inmigrantes del país.

Los grupos más minoritarios provienen de Rusia, Ucrania o Cuba. Para los exiliados rusos se ha convertido en la ruta más segura: desde que estalló la guerra, el país balcánico alberga a más de 150.000, en este caso su situación de vulnerabilidad no es comparable a la de las demás nacionalidades porque ven a Serbia como destino final y no como país de tránsito. A lo que hay que sumar 13.000 ucranianos albergados en centros especiales. Por último, para los cubanos, Serbia se había consolidado como la puerta de entrada hacia la UE, pero a partir del 14 de abril de este año se cancelarán los regímenes de libre visado también por presiones relacionadas con la adhesión a la UE.

Pero para quienes cruzan los Balcanes, el destino final es Europa, ya que, debido al desempleo, las malas condiciones del trabajo, las violaciones de derechos o la inexistencia de redes de apoyo, no consideran a Serbia como destino final de su ruta. De hecho, el último dato arrojado por ACNUR a finales de 2020 confirma que apenas habían solicitado asilo 2.800 personas, de las cuales solo 144 habían iniciado el proceso. Para final de año habían recibido la protección 28 personas, una cifra muy baja en comparación con otros países. De hecho, las pocas concesiones de asilo que da el país es una de las razones por las que muchas personas ni lo intentan y por la que las cifras continúan en descenso.

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Inmigrantes esperan para intentar el cruzar la frontera entre Serbia y Hungría cerca del paso fronterizo de Röszke. Jose Ángel Sánchez Rocamora

En la actualidad el país tiene 17 campos de acogida gestionados por el estado para refugiados o personas en tránsito donde, dependiendo de la ocupación, se puede permanecer desde tres días hasta meses. Tienen prioridad familias, mujeres y menores no acompañados y su gestión está en manos de la policía. Aunque ahora gran parte de la ayuda que recibían ha sido destinada a la crisis humanitaria generada por la guerra ucraniana, reciben miles de euros de las instituciones europeas.

Muchos activistas como Andjelka Grozdanic, opinan que los centros de refugiados funcionan como una herramienta de control migratorio. “Están tres días, se les toman los datos y si después vuelven la policía sabe que han intentado cruzar, pero han fracasado, si no vuelven es porque lo han conseguido”. El acceso de medios de comunicación y ONGs independientes es casi imposible. Además, la mayoría de las mujeres están acogidas en los campos oficiales por lo que se invisibiliza su situación. Aun así, las malas condiciones y el hacinamiento han sido denunciados por organizaciones sociales de derechos humanos. Incluso en 2022 hubo una huelga en el campo de refugiados de Principovac.

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Inmigrante herido por la policía húngara, después de haber sufrido tres devoluciones en caliente hacia Serbia Jose Ángel Sánchez Rocamora

Personas en tránsito: flujos migratorios en la ruta por Serbia hacia Europa

La ruta comienza en Turquía mediante vuelo directo o después de atravesar distintas fronteras en transporte terrestre, caminando o pagando a mafias. Más tarde tienen que cruzar Grecia o Bulgaria que, aunque son países europeos; tampoco son el destino final. Las personas intentan ir a Alemania, Austria, Italia o Suiza, donde tienen más oportunidades. Después, o pasan directamente a Serbia, en el caso de que estén en Bulgaria o, si están en Grecia, a través de Macedonia del Norte. Al llegar, se encuentran con un tapón que sólo les permite continuar por otros países balcánicos como Croacia o Eslovenia y de allí a Italia o intentarlo directamente por la doble valla instalada por Hungría.

Según Bárbara Bécares, coordinadora de prensa de la organización No Name Kitchen (NNK), las vías más transitadas en los Balcanes que atraviesan Serbia comienzan en Bulgaria y continúan por el norte, en la ciudad de Subotica por la frontera húngara, a pesar de que es la más violenta y que implica saltar la doble valla. Otra opción es por la frontera con Bosnia, lo cual es peligroso ya que hay que cruzar el río Drina con botes, y después otra vez intentarlo por Croacia. Por último, directamente desde Serbia a Croacia, esperando en campamentos improvisados o estatales en la ciudad de Sid. Según los reportes que están haciendo los activistas, a día de hoy, la ruta por Bosnia es la que más personas están atravesando.

Por último, la menos transitada, debido a las violentas devoluciones en caliente, que en muchos casos les obliga a tener que ir a Serbia para seguir otras rutas, es desde Bulgaria a Rumanía para después llegar a Hungría.

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Ventana rota después de que la policía desalojara uno de los asentamientos cerca de la frontera entre Serbia y Hungría Jose Ángel Sánchez Rocamora

Devoluciones en calientes sistemáticas, una práctica promocionada y avalada por la UE

En los dos últimos años la policía ha desalojado los asentamientos en fábricas abandonadas cerca de la frontera: quemando pertenencias, rompiendo ventanas y enseres para después deportarlos al sur del país. Así sucedió en noviembre de 2022 o en febrero y en marzo de este año en Tavankut, en la frontera serbo húngara, coincidiendo con la visita de la comisaria europea. Andjelka Grozdanic, voluntaria serbia, afirma que “obligaron a casi 500 personas del campamento a subir a autobuses y después las llevaron a la frontera con Macedonia del Norte en el sur del país. Es algo que se está convirtiendo en habitual, además desde la visita de la comisaria europea ya no les dejan subir ni en autobuses ni en taxis, por lo que tienen que pagar a contrabandistas un precio muy alto para volver al norte, perdiendo poder adquisitivo e impidiendo que puedan cruzar las fronteras con las consecuencias a nivel físico y psicológico que sufren. Después de los últimos desalojos ahora apenas hay personas en los asentamientos, no son más de 150…” Este relato coincide con los últimos datos del ACNUR que reportan más de 30 devoluciones en caliente de Serbia a Macedonia del Norte en 2022, consolidándose como una nueva forma de retener a las personas.

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Tiendas de campaña en una de las habitaciones en una casa ocupada cerca de la frontera serbo húngara donde los inmigrantes esperan para poder cruzarla. Jose Ángel Sánchez Rocamora

Ahmed, inmigrante marroquí, explica, “después de caminar cinco días por montañas en Bulgaria llegué a Serbia y luego hasta la frontera con Hungría donde pagué a contrabandistas un precio de 300 euros por cuatro escaleras para poder saltar la valla. Me detuvieron y me devolvieron a Serbia y allí en el paso fronterizo de Horgoš me deportaron al sur del país”. Dos tunecinos anónimos explican cómo el primero ha sido víctima de seis devoluciones en caliente desde Croacia: “El trayecto más peligroso es cuando has cruzado hasta llegar a Zagreb, donde es más fácil que te detengan. Si consigues ir a Italia estas seguro”. Fue detenido también mientras estaba en mal estado de salud, de camino a la capital, y un granjero le auxilió. Pero cuando se despertó en la casa descubrió que había llamado a la policía y lo devolvieron a Serbia. En todos los casos afirman haber sufrido malos tratos físicos y psicológicos con heridas visibles y robo de pertenencias y del móvil.

Croacia es el país con la frontera europea de mayor extensión: para su custodia Frontex la ha equipado con drones, dispositivos de termovisión, incluso un avión de vigilancia y efectivos policiales

Sin duda la violación de derechos humanos más practicada por parte de todos los países son las devoluciones en caliente o pushbacks. La Border Violence Monitoring Network (BVMN), en las investigaciones realizadas, apuntan a Croacia como el país que más las ha sistematizado y que, además, en casi el 90% de los casos incluyen violencia física, psíquica, malos tratos o tortura e incluso deportaciones masivas a Bosnia y obstrucción del derecho de asilo. Todo bajo instrucciones del gobierno y el beneplácito de la UE. Croacia es el país con la frontera europea de mayor extensión: para su custodia Frontex la ha equipado con drones, dispositivos de termovisión, incluso un avión de vigilancia y efectivos policiales con uno de los mayores presupuestos invertidos en vigilancia fronteriza.

En las dos últimas semanas están llegando testimonios de una nueva práctica abusiva de incumplimiento de los derechos universales: NNK ha reportado que más de 100 personas han sido devueltas en autobuses, desde Croacia a los campos de acogida bosnios. Después de haber sido llevados a la fuerza e internados en centros de detención se les ha dado un documento de expulsión donde pone explícitamente que no pueden entrar en un año en la UE y un ticket con los “gastos” que tienen que pagar por haber estado en las estancias de detención croatas. Además de no haberles permitido acceder a un abogado, traducción o a poder solicitar asilo, las autoridades han intentado que pagaran los “gastos” que han supuesto su retención ilegal y la posterior deportación.

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Campo de acogida estatal para refugiados o inmigrantes al lado del paso fronterizo de Röszke en la fontera entre Hungía y Serbia. Jose Ángel Sánchez Rocamora

Solidaridad y denuncia de violaciones de derechos humanos

En Serbia existen organizaciones de carácter ultraderechista como Narodna Patrola (“Patrulla del Pueblo”) y STOP Naseljavanju migranata (“STOP Asentamiento de migrantes”), que acosan e infringen violencia contra las personas en movimiento, realizando propaganda para denunciar a personas solidarias y organizando protestas en la capital y en el norte del país.

A pesar de todo, la solidaridad se ha extendido a través de una red de organizaciones sociales serbias o de carácter internacional como No Name Kitchen, que actúa de paraguas para otras organizaciones más pequeñas, y que en Serbia realiza activismo desde las ciudades fronterizas de Sid y Subotica. También existen redes de coordinación entre todas como la BVMN, implementada en todos los Balcanes. Sus acciones van dirigidas a la acción humanitaria de carácter solidario y político, reportando, investigando y denunciando ante los tribunales de derechos humanos de Estrasburgo, la ONU y demás entidades internacionales las continuas vulneraciones de derechos humanos.

NNK reparte comida y ropa, ayuda con baterías para poder cargar los móviles, brinda asesoramiento legal, sanitario y orientación sobre derechos, mientras reportan todos los casos de violencia que suceden en los asentamientos de Subotica y Sid y el monitoreo y la violencia ejercida en los pushbacks. Otra de las entidades de referencia serbia es Info Park en Belgrado, constituida al principio de la crisis. Su sede está cerca de la plaza conocida como “parque de los afganos”, en la que cientos de personas acampan para continuar su ruta migratoria y donde se ha desplegado una gran red de apoyo solidario.

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Almacenes de ropa para repartir de la organización social No Name Kitchen en Sid cerca de la frontera entre Serbia y Croacia Jose Ángel Sánchez Rocamora

El pretexto de la adhesión a la UE o como externalizar las fronteras mediante Serbia

Desde 2017 existen acuerdos de cooperación entre Frontex, la Unión Europea y Serbia. Muchos de ellos son firmados entre el máximo secretismo, como por ejemplo el de febrero de 2022 para la externalización de las fronteras en los Balcanes conocido como el “Mecanismo Regional de Retorno", promocionado por la Plataforma de Coordinación Conjunta impulsada por Austria; y del que se pudo tener conocimiento gracias a una investigación independiente impulsada por La Fundación Heinrich Böll alemana.

Estos acuerdos tienen un carácter administrativo y no requieren de la aprobación del Parlamento Europeo, se realizan con terceros países como Marruecos, Níger o Bosnia, a quien ponen como ejemplo de cooperación transfronteriza, y en los mismos se puede leer citas como: “lo más importante, una mayor financiación para las devoluciones…” o “prioridad para establecer asociaciones de retorno flexible entre los socios de los Balcanes occidentales y la UE, permitiendo realizar acciones de retorno en terceros países…” . Además, pretenden ser financiados con un fondo de 355 millones.

El presupuesto para la cooperación transfronteriza con Serbia y Bosnia en el periodo entre 2022 y 2027 es de 14 millones de euros financiados por el fondo para la preadhesión a la Comunidad Europea

El presupuesto para la cooperación transfronteriza con Serbia y Bosnia en el periodo entre 2022 y 2027 es de 14 millones de euros financiados por el fondo para la preadhesión a la Comunidad Europea (IPA). El acuerdo permite a los miembros de la agencia europea de la guardia de fronteras y costas actuar con inmunidad en los países de fuera de la UE firmantes, y proponer acciones al estado anfitrión. Incluso si Serbia lo autoriza pueden actuar en su nombre. El acuerdo cita con claridad: “en cuyo marco se lleva a cabo tanto el retorno forzoso como voluntario, a la República de Serbia, de conformidad con el Acuerdo de readmisión CE-Serbia”.

Frontex dispone de un mecanismo de reclamaciones y quejas que está siendo revisado por el defensor del pueblo debido a que es casi inaccesible. De hecho, en la visita que El Salto realizó a los asentamientos en Subotica pudimos observar a los Carabinieri italianos de Frontex patrullando en territorio serbio cerca de Hungría, donde en 2015 el primer ministro ultraderechista húngaro Viktor Orbán construyó una valla doble de más 175 km y envió al ejército que ha permanecido hasta que ha comenzado la guerra en Ucrania.

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Dos sacos preparados para el salto de la doble valla fronteriza entre Serbia y Hungría Jose Ángel Sánchez Rocamora

En noviembre de 2022 se reunieron Austria, Serbia, Hungría y República Checa con el fin de poder cooperar en contra de la migración al margen de la UE, criticando duramente el sistema de asilo europeo y al resto de países como Francia o Italia. Dejando claro que no iban a permitir que entraran más inmigrantes y que su objetivo final consistía en cerrar la ruta de los Balcanes. Por último, el 16 de marzo de este año la comisaria europea Ylva Johansson visitó la frontera serbo húngara para renovar el mandato de Frontex y reafirmar los compromisos de Serbia con la gestión fronteriza, felicitar al presidente por la cancelación de los visados libres a países como Túnez, Burundi, India o Guinea Bissau, como le exigía la Comisión Europea para frenar la migración. Esta última reunión vino acompañada de los mayores desalojos de asentamiento de personas en tránsito que se han vivido en el país. Todos ellos cercanos a la frontera con Hungría, y que además vinieron acompañados de deportaciones al sur del país, en las inmediaciones de la frontera con Macedonia del Norte.

La supuesta cooperación transfronteriza de la UE con los países balcánicos y con Serbia, en este caso, se camufla mediante el pretexto de la adhesión a la comunidad europea. Como si se tratase de un peaje que hay que pagar antes de entrar y que se traduce en la externalización o subcontratación de la frontera para crear un cuello de botella con el que impedir que las personas que intentar llegar a Europa puedan entrar. Organizaciones sociales y ONGs han atestiguado que estas políticas migratorias violan sistemáticamente los derechos humanos de las personas en tránsito. Ejemplos de investigaciones como The black book of pushbacks editado por BVMN documenta más de 12.000 casos, cometidos por las guardias fronterizas en la ruta de los Balcanes, que incluyen tortura, devoluciones en caliente, obstrucción al derecho de asilo, trato humillante y un largo etcétera de vulneraciones del derecho internacional.

El tránsito por los Balcanes se ha convertido en un círculo vicioso en el que a los inmigrantes no los quieren ni los países europeos ni el gobierno serbio, y donde, a través de la represión y las constantes violaciones de derechos humanos, se les intenta retener en un limbo fronterizo, cambiando rutas migratorias y deteriorando sus condiciones de vida mediante ingentes inversiones en fuerzas de seguridad, para intentar que regresen o desistan de continuar su ruta; hasta que tal vez la UE requiera de mayor mano de obra barata y permita que entren.

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