Historia
Indalecio Prieto y Largo Caballero: dos enemigos íntimos con vidas paralelas

Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero fueron dos enemigos íntimos en el seno de un partido que ambos aspiraban a controlar. PP, Ciudadanos y VOX han decidido también borrarlos conjuntamente del callejero madrileño.

Indalecio Prieto
Indalecio Prieto durante un mitin.
Diego Díaz
@DiegoDazAlonso1es historiador y redactor de Nortes.me
4 oct 2020 08:47

Durante la década de los 30 representaron la cara y la cruz en el seno del PSOE. Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero fueron dos enemigos íntimos en el seno de un partido que ambos aspiraban a controlar. Rivales unas veces, aliados otras, fueron también forzosos compañeros de varios consejo de ministros en la Segunda República. Ironías de la vida y de la historia, PP, Ciudadanos y VOX han decidido también borrarlos conjuntamente del callejero madrileño, en virtud de una extravagante aplicación de la misma Ley de Memoria Histórica que siempre han criticado.

Infancias difíciles

Prieto y Caballero compartieron un origen común en las clases populares, una infancia marcada por las penurias económicas y la ausencia de figura paterna, y una formación autodidacta en la que el movimiento obrero jugó un papel clave en su formación como personas y la elevación de sus expectativas de vida. Prieto había nacido en Oviedo/Uviéu en 1883. Hijo de un trabajador del Ayuntamiento de la capital asturiana, la prematura muerte de su padre dejó a la familia en una precaria situación económica.

Con ocho años su madre tomaría la decisión de emigrar a Bilbao en busca de mejores oportunidades. Allí Prieto asistió a una escuela protestante, comenzó a frecuentar el Centro Obrero de la capital vizcaína y participó en la fundación de las Juventudes Socialistas. Siendo muy joven entró a trabajar en el diario bilbaino El Liberal, donde se inició como vendedor callejero de periódicos y terminó como propietario de la cabecera en 1932. Todo ello tras un largo periplo a través de casi todos los oficios del periódico: desde voceador de prensa y chico de los recados, a taquígrafo, redactor, corresponsal de guerra, crítico teatral y taurino, y finalmente director. La infancia de Caballero también tiene aromas dickensianos. Nacido en 1869 en una buhardilla del barrio madrileño de Chamberí, su madre, criada doméstica, pudo separarse legalmente de su padre, maltratador, el año de la Primera República, gracias a la aprobación del divorcio durante el sexenio democrático. Largo apenas pudo asistir a la escuela y toda su formación autodidacta sería ya en la edad adulta gracias a la Casa del Pueblo, los folletos del partido y el sindicato, y en general el mundo cultural e ilustrado que acompañaba siempre al movimiento obrero, en el que se involucraría en 1890 cuando ingresó en el sindicato de albañiles de Madrid y en la UGT. 

Dos trayectorias pablistas

A diferencia de Prieto, cuya militancia sería fundamentalmente política, ocupando desde 1911 casi ininterrumpidamente cargos públicos, Caballero fue un socialista muy estrechamente ligado al mundo sindical. Por lo demás ambos iniciarían sus respectivas carreras políticas como concejales y en posiciones pablistas, es decir, afines al socialismo templado y reformista que propugnaba el histórico líder del PSOE. Iglesias había llegado a la conclusión de que el movimiento obrero no tenía suficiente fuerza para triunfar por si mismo en España, un país de escasa y desigual industrialización, por lo que debía pactar con las clases medias regeneracionistas que se oponían a la corrupción y el caciquismo de la Monarquía. Por eso desde 1910 apostaría por construir una alianza interclasista con los partidos republicanos para luchar juntos por  la democratización y modernización del país, así como por arrancar reformas sociales beneficiosas para las clases populares.  En 1917 el sistema político de la Restauración entraba en crisis. Socialistas y republicanos considerando que la Monarquía se tambaleaba y podía caer de un momento a otro lanzarían una ofensiva política y sindical. Prieto y Caballero tomarían parte como dirigentes en la huelga general de agosto de ese año. Convocada por primera vez de manera conjunta por UGT y CNT, sería apoyada por socialistas y republicanos. La represión del gobierno de Eduardo Dato a aquel pulso al poder sería duramente reprimido. La huelga acabaría con 71 trabajadores muertos, más de un centenar de heridos y 2.000 detenciones. Prieto tendría que huir a Francia y Caballero daría con sus huesos en la cárcel. No sería la última vez que ambos conocerían el exilio y la cárcel. Su elección como diputados dentro de las listas de la Alianza de Izquierdas formada por republicanos y socialistas para las elecciones generales celebradas tan solo unos meses más tarde, en febrero de 1918, abriría las puertas a la amnistía de ese año.

Tanto Caballero como Prieto se mantendrían fieles a la ortodoxia reformista de Pablo Iglesias y maniobrarían desde la dirección para impedir que el PSOE se alineara con el bolchevismo 
A finales de 1917 también tendría lugar el triunfo de la revolución bolchevique en el antiguo imperio ruso. A pesar de los posteriores flirteos de Largo Caballero con el partido comunista y de que incluso se le llegara a conocer durante un breve tiempo como el Lenin español, en los congresos extraordinarios de 1919, 1920 y 1921 tanto él como Prieto se mantendrían fieles a la ortodoxia reformista de su mentor, Pablo Iglesias, y junto a Julián Besteiro, maniobrarían desde la dirección para impedir que el PSOE se alineara con el bolchevismo ante la ruptura internacional del movimiento socialista. El empuje del sector filocomunista dentro del PSOE era tan importante que en 1920 el partido llegaría a estar incluso provisionalmente afiliado a la Tercera Internacional.  Finalmente en 1921, no sin muchas idas y venidas, se impondrían las tesis antibolcheviques y el PSOE se desafiliaría de la Komintern. Los llamados terceristas se escindirían entonces y fundarían el Partido Comunista de España. 

El enfrentamiento 

La separación de los caminos de Prieto y Caballero llegaría sin embargo poco tiempo después. En 1922 Alfonso XIII auspiciaba la llegada al poder del general Miguel Primo de Rivera y tres años más tarde fallecía Pablo Iglesias. Con Julián Besteiro al frente del PSOE y Largo Caballero en la secretaría general de la UGT, el socialismo se abriría a la colaboración con la dictadura, que le ofrecería a cambio de su no oposición tolerancia e influencia. Para la dirección del PSOE y la UGT pactar con Primo de Rivera era legítimo si esto podía significar avances para la organización y reformas sociales positivas para los trabajadores. La entrada de Largo Caballero en el Consejo de Estado en 1924 motivaría la enérgica protesta de Indalecio Prieto, contrario al cualquier colaboración con el dictador, por muchas contrapartidas que este ofreciera, y partidario de un socialismo comprometido con la democracia liberal y la República. El socialista vasco dimitiría entonces de la dirección del PSOE y comenzaría a funcionar como un electrón libre que en agosto de 1930 participaba a título individual en el Pacto de San Sebastián.  Finalmente Prieto lograría arrastrar al PSOE a la alianza con los republicanos, que se reeditaría de cara a las elecciones municipales de abril de 1931. Para entonces Caballero había cambiado de posición, dejando solo a Besteiro, el líder socialista más reacio a colaborar con los republicanos. Largo participaría junto a Prieto en los dos gobiernos de coalición formados por republicanos y socialistas entre 1931 y 1933. Sometidos a la creciente presión del malestar de sus bases obreras y campesinas, que reclamaban, en medio de una creciente crisis y conflictividad social, una mayor rapidez y ambición en la marcha de la reforma agraria y el resto de reformas sociales, los socialistas romperían en 1933 su acuerdo de gobierno con los partidos republicanos de izquierdas. En las elecciones de noviembre de 1933 las derechas ganan de forma contundente y emprenden una lectura conservadora de la Constitución republicana de 1931 y una política de revisión de las reformas sociales del llamado bienio progresista, entre ellas gran parte de la legislación laboral desarrollada por Largo Caballero como ministro de trabajo. 

En la oposición Caballero empieza a experimentar un sorprendente giro a la izquierda y habla de superar el PSOE reformista y aboga por un partido revolucionario que se prepare para la toma del poder

En la oposición Caballero empieza a experimentar un sorprendente giro a la izquierda que poco tenía que ver con su trayectoria política hasta entonces, en parte motivado por su decepción con los republicanos, en parte como cálculo político para evitar que comunistas y anarquistas se beneficien del desgaste del PSOE a causa de su fallida experiencia gubernamental. Habla de superar el PSOE reformista y aboga por un partido revolucionario que se prepare para la toma del poder. El partido queda entonces dividido en tres tendencias: la izquierda, liderada por Largo, el sector más conservador, representado por Besteiro, opuesto tanto a cualquier aventura revolucionaria como a la colaboración con el republicanismo, defendía una larga marcha a través del reformismo gradualista,   y entre medias el centrismo, con Prieto como figura más visible, que sigue defendiendo dar otra oportunidad al pacto con los republicanos progresistas.


Pese a sus enormes diferencias, Largo y Prieto van a estar juntos en la huelga general revolucionaria de octubre de 1934. Prieto, siempre bien vestido, y cuya figura oronda encaja a la perfección en la caricatura del burgués de la época, llega sin embargo incluso a implicarse en la adquisición de armamento en el mercado negro, y supervisa personalmente su desembarco de manera clandestina en la costa asturiana. Les mueven seguramente motivos muy distintos. Para Prieto, que no ha dejado de definirse como un socialista republicano y liberal no se trata tanto de hacer la revolución socialista, como predica el ala izquierda del partido y del sindicato, sino de una maniobra defensiva para dar un toque de atención a unas derechas que como en Austria o Alemania pueden usar el poder ganado en las elecciones para instaurar un régimen autoritario. Además flirtea con la revolución para no quedar fuera de juego. No quiere aislarse del momento de radicalismo que viven las bases socialistas y dejar a Largo Caballero el monopolio del movimiento huelguístico.

Cuando Largo jugó a ser el “Lenin español”

Octubre de 1934 será una chapuza mal planificada y peor ejecutada que tendrá un alto coste para las personas implicadas. Besteiro había tenido razón en su pronóstico desaconsejando al partido la participación en aventuras revolucionarias. Sin embargo, la lucha contra la represión desplegada por el Gobierno del Partido Radical y la CEDA logrará reunir otra vez a toda la izquierda en el Frente Popular. Los desacuerdos reaparecerán no obstante al día siguiente del triunfo en las elecciones del 16 de febrero. El PSOE tiene 125 diputados y un mar de dudas. Prieto quiere entrar a gobernar y consolidar la alianza republicano-socialista: programa de reformas y un gobierno fuerte que de estabilidad a la República frente a posibles maniobras de revancha de unas derechas cada vez más radicalizadas y fascinadas por los autoritarismo europeos. La presidencia de la República para Azaña y la presidencia del gobierno para él. Caballero lo bloquea. Su cálculo es otro. Que el PSOE se quede fuera del consejo de ministros, deje a los republicanos quemarse y luego recoja como fruta madura el gobierno.  Con Besteiro prácticamente eliminado, la competición por el control del movimiento socialista se centra en Prieto y Caballero. Los dos bandos miden fuerzas. La batalla se da agrupación por agrupación. Para aumentar el peso de la izquierda del PSOE Largo busca atraerse al PCE, un contingente aún pequeño, pero disciplinado y en crecimiento. Ya anteriormente ha flirteado con el Bloc Obrer i Camperol, pero son menos y apenas existen fuera de Catalunya, e incluso sectores del largocaballerismo han llamado a las puerta de los trotskistas.
Largo Caballero Milicianos
Caballero rodeado de milicianos en los primeros momentos de la guerra.
Los comunistas por su parte también aspiran a una fusión con los largocaballeristas que les permita ganar una influencia de la que todavía carecen. Disuelven su pequeño sindicato e ingresan colectívamente en la UGT. Asimismo las juventudes de ambos partidos se unifican en una nueva organización, las Juventudes Socialistas Unificadas, lideradas por el socialista Santiago Carrillo. En Catalunya también socialistas, comunistas y catalanistas de izquierdas negocian la fusión en lo que en julio de 1936 se llamará el Partit Socialista Unificat de Catalunya. Todo parece el preámbulo a la creación del gran Partido Único del Proletariado Español, integrado por socialistas y comunistas, y depurado de los elementos reformistas y liberales del PSOE como Besteiro y Prieto. Sin embargo el 18 de julio de 1936 el fallido golpe de Estado deviene en el inicio de una larga guerra civil que lo cambia todo.

con los comunistas y contra los comunistas

En septiembre de 1936 Largo Caballero terminará llegando a la presidencia del Gobierno, como aspiraba, debido al colapso de los partidos republicanos, pero en unas circunstancias mucho más difíciles de las que había imaginado. Con la vista puesta en reforzar políticamente el ejecutivo  republicano se forma un gobierno del Frente Popular, con complejos equilibrios internos, posteriormente ampliado a la CNT y el PNV, no sin menos malabarismos entre tendencias y facciones. La sorpresa del primer gobierno de la historia de España presidido por un obrero manual, será que una vez sentados todos los miembros del Frente Popular en el consejo de ministros las coincidencias entre el reformista Prieto y el PCE son mayores que entre los comunistas y el Lenin español.

Tras la caída de Malaga en febrero de 1937, los contactos entre Prieto y los comunistas se intensificarán, convencidos de que el veterano socialista conduce a la República al desastre por su lentitud en adoptar medidas ya aprobadas como la militarización de las milicias y la creación del nuevo Ejército Popular. Largo sabe que tratan de segarle la hierba bajo los pies e intenta excluir al PCE del gobierno. Fracasa. Prietistas, comunistas y republicanos hacían caer en mayo a Largo Caballero. Si bien su sucesor natural parecía ser Prieto, se optaría por otra persona de su cuerda, Juan Negrín, con buenas relaciones con todos los sectores, y como señala la historiadora Helen Graham “menos volátil emocionalmente”. Indalecio Prieto quedaría al frente de una cartera clave, Defensa, hasta abril de 1938, cuando sus diferencias con Negrín y el PCE, le llevan a dimitir y abandonar el gobierno.

Muertes en el exilio

A pesar de su enemistad con los comunistas ni Largo Caballero ni Prieto participarían en la preparación del golpe de Estado del general Segismundo Casado que en marzo de 1939 provocaría el hundimiento del gobierno de Negrín y el final de la resistencia republicana. Para entonces ya ambos estaban en el exilio y habían dado la guerra por perdida. Largo Caballero aún viviría el martirio de la ocupación nazi, la detención por parte de la Gestapo y su deportación a un campo de prisioneros en Alemania, del que saldría en 1945, tras la entrada del ejército soviético. Moriría en marzo de 1946 en París.

En sus últimas intervenciones públicas abogó por un retorno de la democracia a España pactado con la comunidad internacional. Su entierro en París congregó multitudes. Prieto le sobreviviría aún 16 años más. Enfrentado a su antiguo amigo Negrín, su larga lucha por el control del PSOE no concluiría hasta 1946, cuando toma la presidencia del partido y purga al sector afín a Negrín, acusado de entregar el partido al comunismo. En 1947 trataría de buscar apoyos diplomáticos para una restauración pacífica de la democracia en España basada en una monarquía parlamentaria con Don Juan de Borbón como Rey, y un alineamiento de España con Gran Bretaña y los EEUU. En cierta medida anticipó la hoja de ruta de los poderes fácticos en la Transición, lo cual no hace sino más delirante que PP, Cs y VOX hayan decidido eliminarle del callejero de la capital de España. Falleció en Ciudad de México en febrero de 1962.
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#72146
17/10/2020 17:22

Enorme artículo, sintetizado de una manera acertadisima a los dos hombres con la época que les tocó vivir y participar. Enhorabuena.

0
0
#71402
5/10/2020 14:59

Excelente comparacion entre estos dos hombres, cada uno con sus intereses, conciencia y apoyos sociales y politicos. Sin duda, la via revolucionaria propuesta por un Largo Caballero maduro, hubiera sido todo un exito gracias a la unidad sindical y posterior unidad politica que se buscaba, pero devido al golpe de estado fascista todo quedo en la nada.
De todas, aqui expongo mi duda central, que espero que alguno de vosotros la resuelva: Porque tras la llegada a la presidencia del gobierno republicano de Largo Caballero, hubo tantas diferencias y peleas con los comunistas, cuando los dos, supuestamente, abogaban por la via revolucionaria al socialismo?Quizas, porque no era un gobierno comun, sino enfrentado a los golpistas? O porque el partido comunista priorizaba el transcurso de la guerra a la revolucion? Muchas gracias compañeros

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