En la candente arena, los veloces atacantes,
los hábiles mediocampistas y rudos defensas,
se juntan con ministros, representantes
y periodistas ciegos al dolor de la gente.
Todos ricos que usan su rapidez para esconder
millones de verdes esperanzas tornadas rojas
en el ardiente y árido Oriente con sus estadios,
carreteras, hoteles y aeropuertos de un emir
que importa obreros y devuelve ataúdes.
Desde millones de pantallas, las cabezas,
como el alma y un valioso Tiempo de vidas,
serán lavadas y vueltas a llenar de pelotas,
jugadas repetidas una y otra vez, para olvidar
aquellos hombres y mujeres muertos de calor,
asesinados por la megalomanía y los billones
de dólares tirados para levantar estadios,
vaya ironía, con aire acondicionado…
(La hambruna aumenta y alguien hace dieta)
Otros seres miserables envían hombres
a matar o morir y juegan con otra esfera,
ya intoxicada de gas de Oriente, Oeste, Norte
y Sur, para envenenar el agua y el aliento
del “Goool…” Mientras en el exclusivo palco
trepadores ejecutivos beben cerveza, champaña
o el ron prohibido a la plebe, como vedado está
a las mujeres guiar un coche, su vida o destino
sustraído también a quien ama a su semejante.
Sin embargo, no todo es feo, oscuro y corrupto,
como la FIFA dando lecciones de moral, y ya
a nadie se le ocurre ayudar a los pueblos del sur,
que no contaminaron pero se inundan o se secan.
Y al próximo mundial irán 48 y no 32 países...
¡Viva el fútbol que juegan los amigos!
¡LOS DOMINGOS EN EL PARQUE!
Ramón Haniotis.