India, donde el agua mata

India es uno de los 25 países del mundo que se enfrentan a un estrés hídrico “extremo”, con un consumo de agua que crece al doble del ritmo de la población.
Srinagar en Cachemira.
Miguel Fernández Ibáñez El lago Dal en la ciudad de Srinagar, en Cachemira.
13 mar 2026 07:01

India acoge al 18% de la población mundial, pero el país solo tiene acceso al 4% de los recursos hídricos globales. Numerosos estudios advierten de que, para 2030, la demanda de agua podría duplicarse debido al aumento de la población y al creciente consumo por parte de la agricultura y la industria. Las actividades agrícolas siguen consumiendo casi el 80% del agua disponible, mientras que el cambio climático ha hecho que los monzones sean menos predecibles, con varias regiones que deben soportar ciclos cada vez más largos de sequía para luego sufrir intensas precipitaciones que causan inundaciones desastrosas. Alrededor del 70% de los distritos del país denuncian el agotamiento de los acuíferos, mientras que en muchos casos se desperdicia el agua disponible. De hecho, según el Instituto Indio de Asentamientos Humanos, las pérdidas en la distribución urbana son elevadas; se estima que entre el 40% y el 50% del agua corriente no llega a los destinatarios debido a las pérdidas.

En el gigante asiático, el agua potable sigue siendo un milagro para la mayor parte de los mil quinientos millones de habitantes. Quienes no pueden permitirse el agua embotellada ni los filtros y dispositivos de potabilización, demasiado caros para la mayoría de los indios, deben beber agua del grifo, que sin embargo es fuente de un número creciente de infecciones, algunas de ellas mortales.

En un solo mes, desde principios de diciembre de 2025 hasta el pasado 7 de enero, al menos 19 personas murieron en el país y otras 3.500 enfermaron, algunas de gravedad, a causa del agua contaminada distribuida por la red de abastecimiento.

El caso más grave se produjo en Indore, una ciudad de Madhya Pradesh, donde entre el 31 de diciembre y el 6 de enero murieron 17 personas y otras 200 fueron hospitalizadas. Según la revista Down to earth, en las cuatro semanas que abarcaron el fin de año, se produjeron casos de intoxicación en 11 diferentes estados de la Unión India, que afectaron tanto a pequeñas localidades como a capitales y grandes ciudades. Si se extiende al último año, el balance asciende a 34 muertos y 5.500 intoxicados.

En 2024 ni siquiera el 10 % de las administraciones municipales implicadas afirmaban poder suministrar agua limpia al 100 % de los residentes

A menudo el agua distribuida en los hogares causa diarrea y fiebre, junto con otras afecciones gastrointestinales, pero a veces también enfermedades graves como el tifus y la hepatitis. El agua teóricamente potable suele estar contaminada por aguas negras debido a tuberías obsoletas, corroídas y dañadas que permiten la penetración de residuos fecales procedentes de las alcantarillas. Por otra parte, muchas ciudades indias utilizan redes de distribución de agua que datan de hace 40 años y que han recibido poco o ningún mantenimiento. Un problema nada desdeñable si tenemos en cuenta que, según las estimaciones, en 2030 más del 40% de la población india vivirá en ciudades, lo que intensificará la presión sobre los servicios de agua.

La multiplicación de los casos de intoxicación indica, según la revista Down to earth, “un fallo sistémico de la gobernanza hídrica urbana más que deficiencias aisladas, lo que suscita una creciente preocupación por la violación del derecho fundamental al acceso al agua potable”. En 2021, el Gobierno federal puso en marcha un ambicioso plan destinado a garantizar el suministro de agua en el país, pero en 2024 ni siquiera el 10 % de las administraciones municipales implicadas afirmaban poder suministrar agua limpia al 100 % de los residentes. Además, en muchas zonas no solo existe un grave problema de contaminación, sino que a menudo no hay agua corriente disponible. “El agua llega una vez cada tres días y, aun así, el agua limpia solo dura una hora”, cuenta a la CNN un residente del barrio Sharma de Delhi y padre de tres hijos.

Nueva Delhi

“A veces el agua es negra. Nos lavamos una vez cada cuatro o cinco días”. Ravinder Kumar es uno de los millones de residentes de la capital india que deben lidiar con la escasez de agua provocada por el aumento de los niveles de amoníaco en el río Yamuna, que nace en un glaciar del Himalaya. El curso de agua, considerado sagrado, proporciona el 40% del suministro de agua de la capital india, pero sufre un nivel muy alto de contaminación, causado por los vertidos industriales y las aguas residuales. La espesa y maloliente capa de espuma blanca que cubre la superficie del río es testimonio de su degradación.

A mediados de enero, la administración tuvo que cerrar seis de las nueve principales plantas de agua de la megalópolis, donde viven 20 millones de personas, dejando sin agua durante días a 43 barrios. En 1993, el gobierno municipal puso en marcha un gran plan de saneamiento destinado a modernizar el sistema de depuración de las instalaciones de alcantarillado que vierten en el Yamuna, pero a pesar de la cuantiosa financiación, el estado del río ha empeorado considerablemente.

El Ayuntamiento ha prometido ahora duplicar la capacidad de tratamiento de aguas residuales y construir redes de alcantarillado en todos los asentamientos ilegales de la ciudad para 2028. Sin embargo, los habitantes se muestran muy escépticos. Actualmente, India es uno de los 25 países del mundo que se enfrentan a un estrés hídrico “extremo”, con un consumo de agua que crece al doble del ritmo de la población. Mientras que el 70 % del agua disponible está contaminada, 21 grandes ciudades corren el riesgo de agotar sus acuíferos ya en 2030.

Según datos del Gobierno recogidos por Reuters, en Punjab y Haryana se extrae respectivamente un 35% y un 57% más de agua de la que pueden garantizar los acuíferos

El principal culpable es el cultivo intensivo de arroz. India ha alcanzado un sólido liderazgo en la producción y exportación de este cereal, superando a China con 20 millones de toneladas vendidas anualmente al extranjero, pero a costa de una explotación insostenible de los acuíferos, especialmente en los estados de Punyab y Haryana, ambos en el norte. Si quieren alcanzar los acuíferos que hace diez años se encontraban a una profundidad media de diez metros, ahora los agricultores tienen que excavar pozos de hasta 60 metros de profundidad.

Aunque las subvenciones estatales favorecen claramente al arroz frente a otros cultivos que consumen mucha menos agua, los gastos de gestión de los arrozales siguen aumentando. El Gobierno intenta compensar el aumento de los costes concediendo mayores incentivos para la electricidad necesaria para bombear agua de pozos cada vez más profundos, con el resultado de que los acuíferos se explotan cada vez más intensamente.

Según datos del Gobierno recogidos por Reuters, en Punjab y Haryana se extrae respectivamente un 35% y un 57% más de agua de la que pueden garantizar los acuíferos, con consecuencias devastadoras para el medio ambiente. Pero no solo la agricultura intensiva está saqueando las reservas hídricas del país. En el punto de mira están también las multinacionales, en su mayoría extranjeras, que producen bebidas azucaradas y alcohólicas extrayendo cantidades cada vez mayores de agua. Tras décadas de completa desregulación, el Gobierno federal y aquellos estatales están imponiendo normas cada vez más restrictivas. Según la ley federal, por ejemplo, todas las entidades industriales y comerciales que deseen extraer agua de los acuíferos deben instalar sistemas de recogida de lluvia y utilizar “las últimas tecnologías en materia de eficiencia hídrica para reducir la dependencia de los recursos hídricos subterráneos”.

Centros de datos y estrés hídrico

Pero un nuevo problema es la rápida multiplicación de los centros que albergan los servidores, las infraestructuras y los diversos equipos necesarios para almacenar los datos digitales utilizados por la inteligencia artificial. Estas instalaciones necesitan enormes cantidades de agua, además de electricidad, para los sistemas de refrigeración. Aunque el desarrollo de la inteligencia artificial y las bases de datos en India ha comenzado más tarde que en otros países, los bajos costes y la amplia disponibilidad de técnicos especializados en el sector informático han convencido no solo a varias empresas indias, sino también a gigantes como Google, Microsoft y Amazon, para invertir cientos de miles de millones de euros en el desarrollo de infraestructuras en zonas donde los recursos hídricos ya son muy escasos.

En India, el mercado del agua mineral ya mueve 5.000 millones de dólares al año y se prevé un crecimiento del 24 % para 2026

El resultado es que el sector informático entra en competencia directa con la agricultura y la industria, pero también con las infraestructuras turísticas, que consumen cantidades cada vez mayores de agua. Cientos de millones de indios se enfrentan a una escasez de agua cada vez más grave y se multiplican las peticiones a las autoridades para que limiten la actividad de las multinacionales. Mientras tanto, las élites indias han elegido el agua mineral como nuevo símbolo de estatus para ostentar. En los barrios de la clase alta se multiplican las catas de marcas locales y europeas dirigidas por auténticos sommeliers.

En India, el mercado del agua mineral ya mueve 5.000 millones de dólares al año y se prevé un crecimiento del 24 % para 2026. Los precios parten de 20 céntimos, pero las marcas premium, que representan un segmento de mercado de 400 millones, parten de tres dólares por botella y algunas aguas importadas, como la estadounidense Saratoga Spring, llegan a costar incluso 27 dólares por litro. Sin embargo, los altos costes no son un problema para los sectores privilegiados de la sociedad india y las ventas aumentan rápidamente. Por ello, las multinacionales extranjeras como Pepsi y Coca Cola y las locales, con Tata a la cabeza, invierten cada vez más recursos.

México
Si Coca-Cola se bebe tu agua, bebe Coca-Cola
En mayo, la ONU denunció la situación de falta de acceso al agua de los hogares pobres y las comunidades indígenas de Chiapas. Una planta de Coca Cola absorbe millones de litros diarios a cambio de una compensación mínima establecida en los años 90.
Derecho al agua
Agua: envasando lo común

La tendencia de crecimiento del consumo de agua embotellada supone un verdadero problema, además de por la mercantilización de un bien común, por el impacto ecológico que conlleva y por el impacto que pueden tener en nuestra salud los plásticos. Un gesto tan sencillo como beber agua del grifo se convierte en la mejor alternativa.

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