Irán
Por qué Estados Unidos no está ganando la guerra de Irán
@martincuneo.bsky.social
La guerra de Irán ha entrado en su día 13 con todas las miradas puestas en el estrecho de Ormuz, con un despliegue naval inédito desde la guerra de Iraq. El bloqueo de este paso obligado para el 20% del petróleo mundial ha generado una espiral inflacionaria en los combustibles que amenaza con trasladarse a toda la economía, también a la de Estados Unidos.
Este miércoles, el despliegue de un 40% de la flota de EEUU no ha podido impedir que tres cargueros hayan sido alcanzados por proyectiles iraníes en la cercanía del estrecho de Ormuz. Según el Pentágono, 16 buques iraníes con capacidad para diseminar minas han sido hundidos en las últimas 24 horas.
Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este 11 de marzo que “prácticamente no queda nada que atacar” en Irán, el fin de las hostilidades y la liberación del estrecho de Ormuz no parece cercana. Sin que nadie se lo pregunte, el expresidente español, José María Aznar, condensaba la visión neocón, de la que fue abanderado hace dos décadas: “Las operaciones hay que terminarlas”.
La batalla del estrecho de Ormuz
El 10 de marzo, Irán comenzaba a colocar minas explosivas en el estrecho de Ormuz pese a la amenaza de Trump de que atacaría “veinte veces más fuerte” si impedía el paso de buques por este canal. Según la CNN, hasta ahora solo han sido instaladas unas pocas decenas de minas, aunque Irán todavía cuenta con embarcaciones suficientes para convertir el estrecho en una zona impracticable, bautizada como el “valle de la muerte”.
El presidente Donald Trump dejaba clara su impotencia en una publicación en Truth Social el pasado martes en la que pedía colaboración a Teherán: “Si Irán ha colocado alguna mina en el estrecho de Ormuz, y no tenemos informes de que lo hayan hecho, queremos que las retiren, ¡INMEDIATAMENTE!”. Según el presidente republicano, una retirada de minas por parte de Irán sería interpretada como un “paso en la dirección correcta” de cara a una negociación, una opción que Trump ha comenzado a barajar, después de pedir en un inicio de la operación militar una “rendición incondicional”.
Lejos de los deseos de Trump, las condiciones de una negociación las puso el miércoles por la tarde el presidente iraní, Masoud Pezeshkian: “La única forma de poner fin a la guerra iniciada por Israel y Estados Unidos es la aceptación de los derechos de Irán, el pago de indemnizaciones y un compromiso internacional firme de no agresión”.
El problema no se limita a asegurar el suministro de crudo a los mercados globales. También están en riesgo las infraestructuras en los países del Golfo, con graves consecuencias a largo plazo
La respuesta de Irán ha sido ampliar la amenaza a todos los petroleros de EEUU, Israel y sus aliados en la región, es decir, casi todos los buques que atraviesan el paso, considerados “objetivos legítimos”. Desde la dirección del ejército iraní reiteran que “no dejarán pasar un solo litro de petróleo por el estrecho”. El portavoz del mando central iraní, Ebrahim Zolfagar, instaba a “prepararse para un barril a 200 dólares”.
Para evitar este escenario o, al menos, para retrasarlo, la Agencia Internacional de la Energía anunciaba en la tarde de este 11 de marzo un acuerdo para regar el mercado con 400 millones de barriles de petróleo, la mayor liberación de reservas estratégicas de la historia. En esta operación participa una treintena de países, entre ellos España, que liberará 11,5 millones de barriles. Las reservas liberadas equivalen a cuatro días de consumo global de petróleo. En el caso español, la cifra comprometida equivale a 12 días de consumo dentro del territorio nacional, un 13% del total de sus reservas. Esta operación había sido anunciada días atrás y provocó una fuerte caída en el precio del crudo desde el máximo de los 120 el barril hasta los actuales 90 dólares. Estados Unidos se ha sumado a la operación y también ha anunciado que pondrá en el mercado millones de barriles de petróleo de unas reservas estratégicas que están a la mitad después de que la Administración Trump nos las haya repuesto tras usarlas en la crisis de la guerra de Ucrania.
En la noche de este jueves, nuevos ataques iraníes a dos nuevos barcos petroleros atracados en el puerto iraquí de Basora y a tanques de combustible en Bahréin han hecho que la alegría en los mercados durara poco: el barril supera este 12 de marzo la barrera de los 100 dólares.
Pero el problema no se limita a asegurar el suministro de crudo, sobre todo a los mercados europeos y asiáticos. También están en riesgo las infraestructuras de extracción y procesamiento de crudo en los países del Golfo, con consecuencias a largo plazo. Este martes, un ataque con drones iraníes provocó un incendio en la refinería Ruwais en Emiratos Árabes Unidos, una planta que produce 900.000 barriles diarios. También fue alcanzada la gran instalación petrolera de Al Ma'ameer, en Bahréin, lo que provocó un incendio y daños materiales, según informaron medios estatales. Tras el ataque, la principal empresa energética del país, Bapco, declaró el lunes la fuerza mayor en sus operaciones, es decir, la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones y contratos por razones ajenas. Este 11 de marzo, varios drones colisionaron contra los tanques de almacenamiento de petróleo en el puerto de Salalah, en el sur de Omán, provocando un descomunal incendio.
La opción de colocar un líder afín a los intereses estadounidenses en el Gobierno, como Washington hizo en Venezuela o intenta hacer en Cuba, se resiste en Irán, tan lejos de su “patio trasero”
Según informaba Bloomberg, los principales productores del Golfo están frenando la producción a medida que se completan los depósitos y se van agotando los buques vacíos que pueden llenar de crudo. Dado que no pueden entrar más petroleros por el estrecho de Ormuz, los depósitos terrestres tardarán cada vez menos en desbordarse, alerta este medio. Y los pozos de petróleo no pueden cerrarse sin más: la suspensión del bombeo puede generar gravísimos problemas en las infraestructuras y retrasos de meses en la recuperación de las cifras de extracción previas.
Cada día que pasa, advierten desde este portal económico, el peligro para las infraestructuras petroleras del Golfo es mayor, así como el riesgo de que la crisis energética se mantenga aunque paren los ataques. Este martes, el mayor exportador de petróleo del mundo, la empresa estatal Saudi Aramco, advertía de las “consecuencias catastróficas” de la guerra si los flujos no se reanudaban de forma urgente.
La “guerra eterna” que nadie quería
El nerviosismo en el Gobierno de Donald Trump se ha dejado traslucir por la avalancha de entrevistas y declaraciones de diversos integrantes del ejecutivo con versiones radicalmente distintas y contradictorias sobre el calendario de finalización de la guerra. Un tuit del secretario de Energía y ex empresario petrolero, Chris Wright, proclamaba que EEUU había conseguido romper el bloqueo de Ormuz, hecho desmentido al poco tiempo por la Casa Blanca. Aunque el post fue borrado a los minutos, hubo tiempo de sobra para movimientos especulativos con millones de euros de ganancia.
La opción de colocar un líder afín a los intereses estadounidenses en el Gobierno, como Washington hizo en Venezuela o intenta hacer en Cuba, se resiste en Irán, tan lejos de su “patio trasero”. Aunque poco coherentes, las declaraciones de Trump muestran una creciente impaciencia por terminar la guerra, eso sí, con algún resultado del que poder presumir. Especialmente, cuando ya han fallecido siete soldados estadounidenses, más de 150 han resultado heridos y las consecuencias económicas ya se han comenzado a notar en las calles de Estados Unidos.
De media, el precio de los combustibles ha aumentado un 17% en las gasolineras de EEUU, 60 céntimos de dólar más por galón (3,78 litros). En algunos estados, como California o Florida, el aumento ha sido incluso mayor, rozando los 80 céntimos, según el contador que ha habilitado la CNN en su home. Para Trump, el aumento del precio de la gasolina “es un precio muy pequeño a pagar”. Según aseguró en Truth Social, “solo los tontos pensarían diferente”.
Los siguientes pasos de una guerra que comenzó por un “presentimiento” vuelven a depender del humor del presidente, según reconoció el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien declaró que corresponde a Trump decir que “si es el comienzo, la mitad o el final” de la guerra.
La falta de estrategia parece cada vez más evidente. Según declaraba el senador demócrata por Arizona, Mark Kelly, el Gobierno “no tenía un plan, no tiene un calendario y, por eso, no tienen una estrategia de salida”.
El 59% de los votantes considera que Trump deberían haber contado con la aprobación del Congreso, mientras que el 62% considera que la administración Trump no ha proporcionado una explicación clara
Después de basar buena parte de su campaña electoral en la oposición a las “guerras eternas” de los gobiernos demócratas en contraposición al cuidado de los problemas nacionales, la alianza con Israel para intentar doblegar a Irán puede empeorar las cifras de popularidad del Gobierno y sus expectativas de ganar las elecciones de medio término. Según una encuesta publicada por la CNN este 10 de marzo, la guerra de Irán, con un 41% de apoyo, es la intervención armada menos popular desde la II Guerra Mundial, un trabajo que no incluye en el recuento la Guerra de Vietnam.
En otra encuesta, realizada por la Universidad Quinnipiac y publicada este fin de semana, el 53% de los votantes registrados se opone a la acción militar de Estados Unidos contra Irán. Si la operación implica despliegue de tropas —algo que Trump no ha descartado— tres de cuatro estadounidenses se opondrían a la guerra. Este estudio revela que el 59% de los votantes considera que Trump debería haber contado con la aprobación del Congreso para lanzar los ataques, mientras que el 62% considera que la administración Trump no ha proporcionado una explicación clara de las razones detrás de la acción militar de Estados Unidos contra Irán. La enorme mayoría, según la encuesta, considera que la guerra en Oriente Medio “va a durar meses”.
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