Análisis
Meloni y Trump: ¿de la amistad a la ruptura?

En un intento por salvar su Gobierno, Giorgia Meloni intenta distanciarse de Estados Unidos e Israel. ¿Se trata de un cambio duradero de línea política? ¿Será capaz de crear una derecha radical europea desvinculada del trumpismo?
Trump y Meloni
Trump y Meloni en la visita de esta última a la Casa Blanca. OFICINA DE LA CASA BLANCA.
22 abr 2026 06:00 | Actualizado: 22 abr 2026 07:02

El giro de guión de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, respecto a la política exterior de Italia, no ha pasado desapercibido. Desde su llegada al poder en 2022, Meloni ha sido la defensora más activa y convencida, en Europa occidental, de las posturas y decisiones de Donald Trump, incluso cuando estas resultaban perjudiciales para Europa e Italia; pero ahora esta convicción parece haber cambiado. 

La primera ministra italiana no se opuso a la Casa Blanca ni siquiera cuando Trump, a mediados de 2025, impuso aranceles comerciales a los productos italianos exportados a Estados Unidos, lo que perjudicó a la economía italiana. Meloni no solo no protestó, sino que explicó a la opinión pública italiana que había evitado consecuencias peores precisamente gracias a su amistad, tanto política como personal, con el magnate estadounidense.

Meloni fue la única jefa de un gobierno europeo que justificó la operación mediante la cual Estados Unidos secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa

Los ejemplos de la sumisión italiana hacia Washington son numerosos. Todavía en enero de este año, Meloni fue la única jefa de un gobierno europeo que justificó la operación de piratería internacional mediante la cual Estados Unidos secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa. Semanas después, el ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani, fue el único representante europeo en participar, aunque solo como observador, en la conferencia de la llamada Junta para la Paz (Board of Peace), creada por Trump para gestionar un proyecto de reconstrucción colonial en Gaza, del que están excluidos los palestinos.

Meloni se distancia de Trump y Netanyahu

Desde principios de abril, sin embargo, Meloni ha cambiado de postura. Hace pocos días se supo que el ministro de Defensa italiano y uno de los líderes del partido posfascista Fratelli d'Italia, Guido Crosetto, había denegado a EEUU la autorización para  que se usase  la base militar de Sigonella, en Sicilia, con el fin de que aterrizaran allí bombarderos con destino a Irán. El “no” se habría producido porque Washington no había solicitado la autorización formal al Gobierno italiano. No obstante, la base aérea de Aviano, en Véneto, sigue siendo utilizada masivamente por el dispositivo militar estadounidense, quien empezó una agresión —junto con Israel— el pasado 28 de febrero contra Irán. La negativa de usar la base de Sigonella, sin embargo, fue una señal de que algo estaba cambiando en el comportamiento del Ejecutivo italiano.

La líder de Fratelli d'Italia afirmó no compartir la operación militar de Israel y Estados Unidos, pero no llegó a condenarla

En las semanas anteriores, atrincherada tras una postura de neutralidad, Meloni había evitado cuidadosamente criticar la nueva guerra desencadenada en Oriente Medio por Washington, a diferencia de lo que sí hicieron otros líderes europeos. Mientras su ministro de Defensa afirmaba que la guerra estaba “claramente fuera de las normas dictadas por el derecho internacional”, la líder de Fratelli d'Italia afirmaba no compartir la operación militar pero no llegó a condenarla. 

Sin embargo, el 9 de abril, en su intervención ante el Parlamento, llegó a distanciarse de Trump, a quien acusó de poner en peligro la unidad de Occidente. Unos días después, anunció la suspensión de la renovación automática del acuerdo de cooperación militar con Israel, firmado por primera vez en 2003 durante el segundo Gobierno de Berlusconi y renovado desde entonces por todos los Gobiernos, incluidos los de centro-izquierda. Era una medida que la oposición llevaba tiempo reclamando, pero que el Gobierno de derecha italiano había descartado en repetidas ocasiones. La decisión de Meloni, inesperada y, en cierto modo, sorprendente, no se comprende si no se analizan algunos acontecimientos políticos que ayudan a entender el cambio de opinión sobre esta y otras cuestiones.

El referéndum, Orbán e Irán

En el origen de lo que algunos medios de comunicación italianos denominan el “reposicionamiento” de Giorgia Meloni hay tres acontecimientos importantes: uno de política interna y dos de política internacional.

Lo que hizo saltar las alarmas en la mayoría parlamentaria de derecha —por muy amplia y aparentemente sólida que fuera— fue la amarga derrota en el referéndum sobre la Justicia. Entre el 22 y el 23 de marzo, más de 15 millones de votantes rechazaron uno de los pilares del programa de gobierno de Meloni, dando a entender que la larga luna de miel entre ella y el país estaba en peligro. A pesar de que no dimitió, esto abrió la puerta a una crisis política de primer nivel. Lo que debía ser una valoración de carácter técnico sobre la reforma se convirtió en un ‘no’ político a la arrogancia de la mayoría de derecha, que durante la campaña del referéndum cometió numerosos errores de comunicación, dando a entender que los cambios no mejorarían el sistema judicial, sino que garantizarían la impunidad de los políticos. El ‘no’ a la reforma constitucional se impuso con un 53,2%.

Otro de los asuntos que han provocado este cambio de postura tiene que ver con Hungría.  El pasado 12 de abril, el primer ministro húngaro de extrema derecha, Viktor Orbán, sufrió una clara derrota. Aunque ganó un partido de derecha liderado por un antiguo colaborador de Orbán, Péter Magyar, la señal para Meloni fue  clara, a la vez que preocupante. Durante la campaña húngara, la primera ministra italiana, una de las figuras políticas europeas más cercanas al Orbán, incluso se prestó a enviar un mensaje de vídeo de apoyo al candidato ultra. De hecho, algunos de sus detractores de Meloni aseguran que el modelo político en el que se inspira la jefa del gobierno italiano es precisamente la “democracia iliberal” construida en los últimos 16 años por el líder del Fidesz húngaro.

Italia es uno de los países europeos que más está pagando  la crisis desencadenada por Trump y Netanyahu, debido a su elevada dependencia de los hidrocarburos procedentes del Golfo Pérsico

Al fracaso de su referéndum y a la derrota de Orbán se sumó el fracaso estratégico sufrido por Trump en Oriente Medio. Washington no solo no ha logrado el derrocamiento del régimen iraní ni la aniquilación de sus capacidades militares, sino que el cierre del estrecho de Ormuz decidido por la República Islámica está provocando graves consecuencias económicas en todo el mundo. Italia es uno de los países europeos que más está pagando la crisis desencadenada por Trump y Netanyahu, debido a su elevada dependencia de los hidrocarburos procedentes del Golfo Pérsico. Esto explica por qué, según el instituto demoscópico Youtrend, solo el 7% de los italianos aprueba la guerra desencadenada por Trump contra Teherán, mientras que la valoración es muy o bastante negativa para el 79% de la muestra —y el 76% de los votantes de la derecha—.

La crisis de credibilidad de Trump y del trumpismo no es un problema que afecte exclusivamente a la derecha italiana. Desde hace ya algún tiempo, el inquilino del Despacho Oval es percibido como un factor de riesgo también por otras fuerzas de la derecha radical europea, lo que las ha llevado a distanciarse de Washington. No es solo la supuesta locura del magnate lo que influye, sino la divergencia de los opuestos intereses nacionales que los “soberanistas” dicen querer defender.

El ataque al Papa

En todo este contexto, Meloni, además, tiene un problema añadido que sus homólogos europeos no tienen. Y es grave. Se trata de la embestida de Trump contra el Papa León XIV con un lenguaje muy duro y blasfemo. Después de que el 12 de abril el pontífice estadounidense calificara de “inaceptable” la amenaza ejercida contra el pueblo iraní, condenando la escalada militar e invocando el diálogo, el presidente estadounidense se dejó llevar por una serie de insultos contra León XIV. Trump acusó al Papa de ser un “débil” frente al régimen iraní, y adjetivó de “inaceptable” su defensa del diálogo con Teherán. Lo más grave, sin embargo, fue que puso en duda su legitimidad, ya que escribió que era gracias a él que el Papa había sido escogido. 

La mayoría de los votantes italianos que se definen como “cristianos” votan a la derecha, y perder una parte de ellos podría suponer un golpe mortal para su coalición

Meloni, como “madre cristiana” —tal y como ella se ha descrito durante mucho tiempo—, no podía dejar de intervenir en defensa del Papa frente a Trump, aunque tardó 12 largas horas en hacerlo. Esto desató la ira del presidente estadounidense también contra ella y le permitió así presentarse como una líder, por fin, independiente. Al fin y al cabo, la mayoría de los votantes que se definen como “cristianos” votan a la derecha, y perder una parte de ellos podría suponer un golpe mortal para su coalición, ya agitada por el conflicto entre los soberanistas —es decir, los nacionalistas— y Forza Italia, partido aún controlado por la familia Berlusconi, que, por su parte, está acentuando su distanciamiento de los tonos más xenófobos y autoritarios del partido de Meloni y de la Lega.

¿Qué pasará ahora?

Es difícil anticipar si el nuevo rumbo emprendido por la primera ministra será duradero —para algunos analistas se trataría de una puesta en escena temporal— y, sobre todo, si logrará revertir la crisis de consenso. Meloni podría intentar distanciarse definitivamente de Trump y del trumpismo para adoptar una identidad política de extrema derecha europea, aún por definir, a partir de un cambio de postura geopolítico. Sin embargo,deberá tener cuidado de no perder al electorado más radical, que podría preferir el nuevo partido de extrema derecha formado hace unos meses por Roberto Vannacci, Futuro Nazionale. 

Tras reunir a algunos miembros de Fratelli d'Italia y de la Lega, el general del ejército ha incorporado a varios elementos del panorama político neofascista y actualmente cuenta con un 4% en los sondeos. Demasiado poco para competir con las dos principales formaciones políticas, pero suficiente para restar votos fundamentales a la coalición de gobierno.

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