Elena y Camila, la historia detrás de la imagen del beso lésbico de nuestro archivo

El pie de foto se refería a ellas como “dos chicas”. Este texto les pone nombre e historia. Relaciones bi-bollo, escritura y lesbianas felices son algunos de los temas que se despliegan cuando dejan de ser dos chicas anónimas para tener un nombre. Celebramos con ellas el Día de la Visibilidad Lésbica.
Eleta y Camila
Elena y Camila se besan en la calle Bravo Murillo de Madrid, a la altura del Mercado Maravillas. Álvaro Minguito
26 abr 2026 06:00 | Actualizado: 26 abr 2026 12:06

Llego al Mercado Maravillas, donde he quedado con Elena y Camila para repetir una imagen. La imagen es esta: una mujer con el pelo corto, camiseta color coral con varios botones desabrochados, cierra los ojos mientras besa a otra chica. Esa otra, también morena, melena larguísima, lleva a modo de capa una bandera que no reconozco. También cierra los ojos. Una mujer, de espaldas, las mira. El beso parece detener un segundo la manifestación del Orgullo Crítico en 2023, que ese año tenía como lema: “Contra la crisis, Orgullo e Insurrección” y se celebraba en Tetuán

“¡Qué fuerte, nos acaba de increpar una señora!”, me dicen cuando las encuentro. Mientras me esperaban, una mujer se ha dirigido a ellas para decirles que se fueran otro sitio. “Ni siquiera nos estábamos besando apasionadamente, solo estábamos tiernas”, ironizan. Yo pienso algo horrible: que la situación que acaban de vivir es perfecta para mi historia. A veces hay que decir la verdad, y la verdad es esta: las periodistas pensamos cosas horribles, como que un episodio lesbofóbo es conveniente para una historia. También pienso que lo que acaba de ocurrir no es casual, porque conozco los datos. Más de la mitad de las personas LGTBI+, un 54 %, han sido víctimas de alguna situación de odio y discriminación, dice el último informe de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+).

En junio de 2023, mi compañero Álvaro Minguito fotografió a Elena y Camila durante el Orgullo Crítico. La imagen pasó a ser una “imagen de recurso” que encuentro en el archivo cada vez que tecleo los tags LGTBIfobia, sexualidad, orgullo

En junio de 2023, mi compañero Álvaro Minguito las fotografió durante el Orgullo Crítico. La imagen pasó a ser una “imagen de recurso” que encuentro en el archivo cada vez que tecleo los tags LGTBIfobia, sexualidad, orgullo. Hemos quedado con Álvaro para recrear la imagen. Buscamos el sitio exacto, en medio de una calle con seis carriles, la calle Bravo Murillo. Esperamos a que el semáforo se ponga verde, ellas corren al paso de cebra. La gente nos mira, algunas se enfadan, estamos molestando. Yo me río y me pregunto si estas son formas de gastar las horas de mi jornada laboral en una cooperativa de trabajadores donde se pelea cada euro y hay que hacer valer cada hora. Álvaro hace clic hasta que el semáforo nos obliga a retirarnos. Repetimos. Muchas veces. 

La luz es más dura que en la imagen de 2023, pero consigue una toma que le gusta y nos vamos. Dice Álvaro que la imagen le hace pensar en otro beso, el de Robert Doisneau, de 1950. Le baiser de lhôtel de ville, se titula. Con el tiempo, se ha sabido que fue un posado a partir de un encargo de una revista sobre París y el amor, me explica. “Aquella foto era frente al Ayuntamiento de la ciudad y esta lo es en la calle Bravo Murillo, arteria principal de uno de los barrios que aún es obrero en el centro de Madrid”, compara. “La contraposición entre ambas, cómo se veía el amor entonces y cómo lo vemos ahora, la ciudad, es algo de lo que quería escribir pero nunca hice”, me cuenta. En este caso, la foto de 2023 no fue posada. La que repetimos unos años después, sí. 

Este es un intento de dar un nombre a algunas de las personas que alimentan nuestro banco de imágenes y este es un texto sobre Elena y Camila, las dos mujeres que protagonizan el beso lésbico de nuestro archivo. Nos abren su casa en Usera para hablar de lesbianas felices, bisexualidad y escritura. En el Día de la Visibilidad Lésbica, les pregunto por qué es importante ver lesbianas besándose en el espacio público: “Porque hay que desordenar”, dice Camila. “Por muchas cosas”, dice Elena. Nos reímos. Otra vez me pregunto si estas son formas de gastar las horas de mi jornada laboral en una cooperativa de trabajadores donde se pelea cada euro y hay que hacer valer cada hora. Y llego a la conclusión de que sí.

Orgullo Crítico Madrid 2023 - 7
Dos chicas se besan durante la manifestación convocada por Orgullo Crítico. Álvaro Minguito

Metadatos
Nombre de la imagen: Orgullo Crítico Madrid 2023 - 7 
Autor:  ÁLVARO MINGUITO
Usada como portada: 2 veces
Preservar o eliminar derechos: LGTBI en los programas electorales ante el aumento del odio,  Un PDF para saber si eres lesbiana: “Tras leerlo no paraba de pensar cómo había podido no darme cuenta antes”

 

El 28 de junio de 2023 Álvaro Minguito os fotografió en la manifestación del Orgullo Crítico en Tetuán. ¿Cómo fue ese día para vosotras? 
Camila: El año 2023 fue el primer año que yo me vine a vivir acá. Y ese día fue muy bonito, porque Elena me explicó de qué iba el Orgullo Crítico y por eso yo salgo con la bandera mapuche, porque me explicó que reúne muchas disidencias. Me explicó que había un bloque racializado. Al principio me chocó, porque estoy acostumbrada a que a mí me dejen afuera y de repente que dejen a mi novia blanca afuera fue chocante para mí. Elena lo reivindica, a ella desde su privilegio, le parece justo. Nos fuimos acompañando y cuando yo me fui a meter al bloque racializado, Elenita me esperó un poquito atrás. Yo iba saltando locamente y volvía saltando hacia ella. Ese año descubrí el otro Orgullo, que en realidad es un pinkwashing; a ese no vamos tanto.

Elena: A mí me pasa con el Orgullo [se refiere al “oficial”], desde hace años, que no me siento tan representada como bisexual o lesbiana. Sobre todo, desde el año del Orgullo Mundial en 2017, cuando se empezó a hacer algo como un poco macrofiesta turística. Sentía que iba por la calle y solamente veía cierto tipo de gays hombres, ese día hay menos mujeres en la calle, y me sentía aún más fuera en el espacio urbano que en un día de diario. A raíz de eso intento ir sobre todo al Orgullo Crítico y el otro me da un poco igual.

¿Cómo es habitar Madrid cómo una persona racializada lesbiana? 
Camila:
Yo no conocía la palabra racializada hasta que llegué a acá. En Chile, esa palabra no se escuchaba porque como somos todos sudacas, aunque supuesto que existe la xenofobia, Chile es muy clasista, xenofóbico. Y ahora tenemos un imbécil de ultraderecha. Dentro de eso, yo me he dado cuenta de muchas cosas acá y ha sido difícil. Pero también me he encontrado con un grupo de compañeras chilenas lesbianas mapuches. Estamos haciendo una revista que se va a llamar Pilucha, que significa “desnudez”. Vamos a escribir historiadoras, activistas. Queremos incluir fotografía, tenemos un proyecto de fotografiar junto a otras amigas de México y Perú y de chulear a las lesbianas. Y abrir algún melón. Por ejemplo, yo entendí aquí lo que era “doblemente no mixto”. Y no estoy de acuerdo. A mi grupo de chilenas lesbianas casadas con españolas nos parece fatal. 

Elena: Camila está un poco como a la defensiva en Madrid,  la situación como migrante es que por todos lados recibes violencia diariamente.

Entonces sois una pareja bi + bollo. ¿Qué tensiones y qué encuentros facilita eso?
Camila:
¡Cada vez menos tensiones! Somos bibollos.

Elena: Ahora, de repente,  dice “mi novia es bisexual”, presumiendo. Y yo digo: “Hey, quizás me haga lesbiana política”. [Risas] 

Camila: Yo soy superintolerante, un poco misándrica. Ups. Sí, soy. Al principio Elena me invitaba a sus actividades donde había varones y gente heterocis y yo me restaba porque yo me resto de ese tipo de ambientes. Pero con el tiempo he ido entendiendo más, teniendo más amigas bisexuales o también dándome cuenta de que muchas amigas que yo pensaba que eran lesbianas, en realidad son bisexuales. 

¿A lo mejor tú misma?
Camila:
Yo tengo un 1% de la sexualidad, que se lo digo a Pedro Pascal. Todo para él. [Risas]. Yo he militado mucho en el lesbofeminismo en Chile, venía de ahí. No sé cómo explicarlo, creo que hice sentir mal a mi pareja en muchas instancias con mis comentarios extremistas y no me parece que esté bien.

¿Crees que podrías decir que tenías prejuicios bifóbicos? 
Camila:
Yo no lo entendía de esa manera, pero sí que lo era. Y no sé de dónde viene eso en realidad. Siento que el capitalismo ha logrado muy bien que nos juzguemos los unos a los otros, nos ha vuelto objetos y nos ha vuelto consumibles. Y dentro de ese paradigma, yo no consumía, no consumo, hombres, y no consumía bisexuales porque chocaba con lo que a mí me parecía que había que hacer. Pero es que no somos objetos y no somos cosas que podamos consumir. Entonces toca abrir la cabeza y toca pegarse contra las paredes. 

Elena: Para mí al principio eran chocantes algunos comentarios que creo que también eran bromas de círculo de lesbiana, comentarios que se dicen como una broma, pero que para mí eran una discriminación, porque yo soy eso. Ella me decía: prueba a pasar más tiempo con gente queer. Y, de repente, empecé a juntarme más con gente feminista, lesbofeministas o bisexuales, gente que está un poco más politizada, a entender que cuando te juntas con más mujeres o con gente queer, eso sienta bien. Siento que yo nunca he sido radical en nada y puedo entender ambos mundos, pero justo por eso al final me acabo plegando un poco. 

Elena: “La salida del armario de una bisexual es toda una historia. Cuando eres lesbiana dices: ‘Soy así y me aceptas porque no hay otra’. Pero cuando le dije a mi madre que estaba con mujeres su respuesta fue: ‘Esto se te va a pasar, es una fase’”

¿Cómo es salir del armario como bisexual?
Elena:
La salida del armario de una bisexual es toda una historia. Cuando eres lesbiana dices: “Soy así y me aceptas porque no hay otra”. Pero cuando le dije a mi madre que estaba con mujeres su respuesta fue: “Esto se te va a pasar, es una fase”. Estuve seis o siete años con chicas y, cuando volví a estar con un chico, lo escondía aún más hacia mi madre porque me daba muchísimo miedo que me dijera: “Ves, hija, es que se te ha pasado, es que puedes hacer las cosas como se tienen que hacer”. Para mí es importante que mi madre entienda que puede ser una cosa o la otra y que todo va a estar bien.

Camila: A mí me pillaron 169 mil millones de veces, pero no se hablaba del tema. Yo vivía en Chile y mi mamá vivía en España, nos veíamos una vez al año y yo no sentía la necesidad de involucrarla en mis cosas. Entonces sufrí una discriminación muy grande en la casa de una novia, y eso hizo que yo dijera: “No voy a permitir que ninguna polola mía sufra ese maltrato en mi casa”. Mi madre no lo aceptaba, y yo la eliminé y la bloqueé de todo, soy radical. Pero ella tenía un amigo en ese momento que le dijo: “Yo tengo un nieto que lo veo que va a ser homosexual y siento que va a sufrir violencia; lo apoyo a muerte y lo amo a muerte”. Y él hizo entrar en razón a mi madre. Y eso fue bonito. Pero yo migré no solo por que  mi madre está acá, también migré porque he sufrido episodios de lesbofobia en mi familia, en mi casa. 

Os conocisteis haciendo una formación artística, una formación audiovisual. Las dos escribís, Elena es actriz, Camila ha publicado un libro de poesía. ¿De qué forma la creación está en vuestras vidas? 
Camila:
Elena está escribiendo una película. Hace poquito hicimos algo superbonito: nos apuntamos juntas a un taller de escritura de novela el mismo día que nos conocimos, hace tres años y medio. Empezaba el taller el 11 de febrero. Terminamos la formación, en Sudakasa, con la escritora chilena Claudia Apablaza, y ambas empezamos un primer capítulo de una novela juntas. Elena empezó a novelar su película y le está quedando sublime, y yo estoy haciendo una novela sobre cómo es ser adolescente lesbiana en un contexto ultrareligioso, que es en el que yo crecí. Y nos estamos divirtiendo un montón, porque tenemos un universo muy nutrido de referentes y estamos leyendo mucho. Estamos leyendo a la Selva Almada, a la Cristina Rivera Garza, la Camila Sosa… así ya, vueltas locas, desbocadas. Yo no leía filosofía porque casi toda la filosofía la escriben hombres y aquí descubrí a la Remedios Zafra, que la adoro. Y tenemos referentes como Gloria Fortún o Aurora H. Camero.

Elena: Crear, es muy bonito, pero yo me agobio con la precarización, con el mandar convocatorias. Estos días se ha dramatizado en la Factoría Jarana, un teatro chiquitito, un texto mío que en realidad es una carta de motivación que mandé hace muchos años al Centro Dramático Nacional, donde obviamente no me cogieron. Este proyecto teatral consiste en recuperar cartas rechazadas y dramatizarlas. Yo he sido muy actriz y siento que he sido muy solitaria como creadora, porque no hay dinero para trabajar con gente. Entonces te toca al final hacer muchos solos o proyectos muy autogestionados. Crear me encanta y tengo cincuenta trabajos alimenticios, pero no consigo dejar el arte. 

Camilla: También, cuando yo conocí a Elena le comentaba que me hubiera gustado mucho crecer y tener una amiga como ella... ¡Hubiéramos jugado tanto! Yo fantaseo con que sí nos conocimos, con que que hay un lugar en la ficción donde yo puedo crear con nuestras fotos ese encuentro. Y ahí tengo un proyecto con ese archivo familiar, y con material que hemos grabado cuando viajamos el año pasado juntas a Brasil y a Chile. De momento, tenemos una previsualización, pero a mí me gustaría contar con más recursos para hacer la parte de ficción sonora. Esa sería nuestra idea, hacer un cortometraje que fuera en torno a la visibilidad lésbica y las niñas lesbianas también, porque para mí es superimportante. Yo por lo menos fui lesbiana, siempre lesbiana, y pienso que ella era un bibollo bebé, un pequeño croissant. 

¿Qué representaciones lésbicas tenéis como referentes? ¿Hay películas de lesbianas felices? 
Elena:
Por ejemplo está Fucking Amal, una película noventera de dos adolescentes, que termina superbien. Otra película que ha sido mi gran amor de este año es The Watermelon Woman, de Cheryl Dunye, que también tiene un trabajo de archivo que igual nos podría inspirar para el corto. Pero siento que faltan todavía referentes de tercera edad, para poder imaginarse cómo se envejece siendo queer o lesbiana. También siento que las lesbianas que aparecen en ficción se parecen a una familia hetero, dentro de un sistema, y creo que queda por mostrar más lo que es una familia elegida, unos circuitos donde los vínculos no son solo la pareja sino las amigas y qué genera eso como alternativa al capitalismo. 

Haces una crítica a la pareja viviendo felizmente en pareja, viviendo. ¿De qué forma una pareja puede ser más liberadora? 
Camila:
Tratamos de tener anarquía relacional, lo conversamos un montón, conversamos mucho de eso. Al principio, cuando teníamos problemas de pareja, reflexionábamos. Yo decía: “Salgamos de nosotras un momento, de tú y yo y de este conflicto. ¿Eso que me estás exigiendo a mí, se lo exigiría a una amiga?”. De hecho, tenemos una broma que es: “Activar el modo amigas”.

Elena: Cuando te pones a pensar en la dinámica de pareja, te das cuenta de que heredas cosas del amor romántico como exigencias y celos... que con una amiga no pasa. Hay una tolerancia diferente con las amigas y además la amistad es más creativa, tiene más formas. Entonces, cuando estamos ahí en crisis, pasamos a modo amigas.

Hablemos de mitos del amor entre mujeres. Lesbian bed death, ¿mito o realidad?
Ambas:
Mito.

Camión de mudanzas.
Camila:
 Yo no lo voy a desmentir, pero tampoco lo confirmo. 

Intensidad.
Camila:
Depende. Es que todas las mujeres somos diferentes. Yo he sido una con mi expareja y con Elena soy otra.

Camila: “Las lesbianas somos sobresexualizadas. Me ha pasado que mientras estaba dándome besos con una chica ha habido dos hombres a los que les ha faltado poco para ponerse a masturbarse frente a nosotras”

¿Habéis sufrido episodios de lesbofobia?
Camila:
Yo creo que la vez que yo viví una violencia más grande, fue cuando un varón sacó su cuerpo por la ventanilla de un autobús para gritarnos cosas a mi novia y a mí, que nos estábamos besuqueando. No eran insultos, sino hacía alusión a que lo que estábamos haciendo estaba rico. Eso tiene que ver como cómo las lesbianas somos sobresexualizadas. Me ha pasado que mientras estaba dándome besos con una chica ha habido dos hombres a los que les ha faltado poco para ponerse a masturbarse frente a nosotras. 

Elena: Fui la primera bi de mi grupo. Cuando vine con mi novia de Francia, un amigo de broma me dijo: “Comparte un poco”. O me decían: “¿Estás con un chica? Grábate”. Me di cuenta de que yo eso lo había normalizado cuando esto me pasó en un bar de lesbianas. Allí, cuando un amigo hizo un comentario así, nos dijeron: “Este chico se va del lugar”. Y ahí yo hice clic, me di cuenta de cómo había ido normalizando esto que es intolerable. También en Francia, en un autobús, un hombre nos miró con gestos de asco y cuando yo fui a una mujer mayor del autobús buscando apoyo, ella fue aun peor. 

Camila: Nos miran feo, pero también nos miran bonito. Es muy bonito cómo nosotras, las lesbianas, nos ponemos muy felices cuando nos topamos con otra lesbiana. Y lo sabemos, nos reímos, nos sonreímos, como si nos dijéramos: “Sí dominaremos el mundo. Abolir al hombre”. Dentro de eso, a mí me da miedo. Este beso de la foto es muy bonito: los ojos profundamente cerrados, esos pechos abiertos que tenemos ahí, despechugadas, porque en esa manifestación podemos estar con el pecho abierto y podemos darnos un beso profundo. Pero no siempre se puede hacer. Yo siempre estoy con un ojo abierto. Elenita igual es pasional y se subiría arriba mío a cualquier lado. De repente, yo tengo que bajarle y me siento supermal por ella porque siento que la estoy censurando y me estoy autocensurando también a mí. 

Camila: “Hay que desobedecer, hay que desordenar. Yo crecí en un entorno ultrareligioso, nunca había lesbianas. Es importante que las niñas, las mujeres, los hombres, vean la homosexualidad a la cara”

Entonces, ¿sirve para algo ver lesbianas en la calle? ¿Para qué? 
Elena:
Para muchas cosas. 

Camila: Nosotras a raíz de esta foto a veces, de repente vamos caminando y yo agarro a Elena y le digo: “¡Ya, performar, beso!”. Y nos paramos en medio de la calle y nos besuqueamos a lo maldito. Hay que desobedecer, hay que desordenar. Yo crecí en un entorno ultrareligioso, nunca había lesbianas. La primera lesbiana que yo vi fue en la televisión, en MTV: las t.A.T.u., que eran mentira. Imagínate que las primeras lesbianas que yo vi en la televisión fueron dos mujeres con uniforme, con camisas blancas, bajo la lluvia, con una multitud de personas mirándolas a través de una reja. Yo veía ese video a escondidas. Es importante que las niñas, las mujeres, los hombres, vean la homosexualidad a la cara.

Elena: ¿Para qué sirve besarse en la calle? A mí me gusta mucho ocupar el espacio público. Sirve para sentir que es un espacio de seguridad para nosotras en general, para que tengan referentes las niñas y todo el mundo en general. Porque te ocultas un montón. A veces omites cosas, a veces te creas una ficción. Recuerdo cuando una vez fui al ginecólogo y me recetó la píldora contraceptiva porque me dolía la regla y le dije que tenía pareja, pero no le dije que esa pareja era una mujer. Entonces sirve para que la opción exista, para no dar por sentado que siempre la vida es la heterosexualidad. 

¿Qué significa esa fecha para vosotras el Día de la Visibilidad Lésbica?
Elena:
Me enteré hace poco que el 26 de abril era el Día de la Visibilidad Lésbica. He tenido parejas mujeres desde los 18 años, pero he entrado más tarde en a leer más, a politizarme más, a reivindicar que el amor es político. 

Camila: Este día surgió en España en 2008 por iniciativa del área de Políticas lésbicas de la FELGTB. Me parece muy bonito que venga por eso. En Chile, tenemos un día de la Visibilidad Lésbica, que es el 9 de julio, que conmemora el asesinato de Mónica Briones, que es considerado el primer caso documentado de un crimen de odio lesbófobo en Chile, durante la dictadura. Para nosotras, la Mónica Briones es bandera. En Argentina también el Día de la Visibilidad Lésbica, que es el 7 de marzo, conmemora un crimen de odio [el de Natalia “Pepa” Gaitán, asesinada en 2010 en Córdoba]. Lo político es superdifícil habitarlo, pero creo que es bonito que también politicemos o busquemos la forma de comprender mejor qué tipo de sujetos somos a los ojos del resto. 

[Cuando estoy terminando de editar este texto reparo en algo. En la imagen posada, en el paso de cebra, hemos repetido el gesto: Elena lleva la misma camisa, Camila la misma bandera. Las dos cierran los ojos mientras se besan. De nuevo están rodeadas de gente. Pero hay algún un elemento más, uno que no hemos colocado ahí nosotras: hay una niña que las mira. Pienso que esto también es perfecto para esta historia].

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