Opinión
Encuentro enebé*, realidades y utopías: caminando juntes hacia un nuevo futuro

Reconocer la importancia de tener existencia, grupo de iguales y redes de apoyo era el objetivo de un encuentro que se ha celebrado cuando de cumplen tres años de la ley LGBTI estatal que se vendió como la solución de nuestros problemas.
Encuentro No Binario
Imagen cedida por Encuentro Estatal Enebé.
13 mar 2026 08:00

Si eres mujer, imagina que todo el mundo te percibiera genuinamente como hombre. Por el contrario, si eres hombre, imagina que todo el mundo te percibiera genuinamente como mujer. Que lo hicieran todos los días y a todas horas. Ahora imagina que no entiendes esto, que no sabes de dónde viene la incomodidad, que no puedes percibirte como mujer u hombre. Imagina que todos los días te identifican y te tratan de una forma que te es dolorosa o confusa para ti. Y entre tu confusión, tu duda, tu rabia, te exijan una sonrisa y que además les debas comprender cuando te planteen que tu sentir es algo imposible o se burlan. Como si ser mujer u hombre fuese la única realidad. ¿Podrías vivir así?

Nuestra vida, como personas enebé*, está marcada por nuestra invisibilidad y otras violencias: no existimos en el imaginario de la sociedad. Hil Malatino dice en su libro Cuidados Trans que el género es un regalo, en el sentido de que nunca sabemos qué género nos va a dar la otra persona. Quizás sería más correcto decir que ya sabemos, desde nuestra experiencia, quemuy pocas veces recibiremos el regalo que siempre pedimos.En contadas ocasiones la otra persona nos devuelve la percepción de nuestro género y en la mayoría de las veces nos va a empujar en una de las dos jaulas del binarismo. Esto cansa y genera daño; estamos hartes de ser malgenerizades, cuestionades, violentades y de tener que salir del armario constantemente. 

Nuestras vidas enebés* están marcadas por un punto de inflexión para nosotres que cumple ya tres años: el 28 de febrero de 2023 se aprobó la ley LGBTI estatal, una ley que se vendió como la solución de nuestros problemas, pero que al final nos excluye a las personas enebé, migras, diska y a las infancias.Esta ley va en contra de los estándares internacionales sobre Derechos Humanos, así como de los Principios de Yogyakarta. Muchas personas enebé* vivimos y recordamos este hecho como «un luto»: nos hizo sentirnos completamente abandonades por el Movimiento Trans y LGBT hegemónico-privilegiado. Las personas que antes decían que no iban a dejar a nadie atrás han hecho la vista gorda y nos dejaron de lado para poder proclamar y celebrar su éxito.

El tiempo al final nos dio la razón. En julio de 2025, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas expresó, sobre la ley LGBTI estatal, “su preocupación por el hecho de que esta falta de reconocimiento expone a las personas no binarias a situaciones de discriminación en diversos ámbitos, incluidos los espacios públicos y de ocio, el sistema educativo, los servicios de salud y el empleo, entre otros”. Es decir, se están violando nuestros derechos humanos garantizados tanto en la Constitución Española como en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Según la investigación Transaludes 2024, en los últimos 12 meses las personas enebé* el 58% ha tenido necesidad de recibir atención por su salud mental, pero no pudieron permitírsela por razones económicas

Esta imposición a nivel social, legal y sanitaria de una reafirmación de género binaria, es decir, que te definas sí o sí como hombre o mujer o no debes existir, causa un gran coste y deterioro de nuestra salud física, emocional y psicológica. Según la investigación Transaludes 2024, en los últimos 12 meses las personas enebé* el 58% ha tenido necesidad de recibir atención por su salud mental, pero no pudieron permitírsela por razones económicas y el 69,3% ha acudido a una consulta psicológica o psiquiátrica, en comparación con solo el 6% en la población general. Las personas enebé*, junto con las transmasculinidades, también tienen las cifras más altas de conducta autolesiva del 27% en los últimos 12 meses y 40,4% hace más de 12 meses; pensamientos suicidas entre 35,4% y 45,2%; y entre el 6,9 y el 31,8% de intentos de suicidio (asesinato social) . Entre un tercio y la mitad de nosotres interioriza la violencia sociocultural con las consecuencias en nuestra salud mental, lesiones y muerte.

No podemos decidir sobre nuestro cuerpo y felicidad sin pensar en si nos insultarán, darán una paliza o nos asesinarán. Todo ello genera un silencio, violencia y miedo a la exposición que interiorizamos y que para protegernos, nos aísla. No sabemos ni creemos que podamos hablar de ello o que lo merezcamos, y con ello mantener o crear relaciones es complicado. Hay quien ha sido violentade o echade de casa por su familia o su pareja. Otres conviven con la violencia diaria por no poder denunciar. En las instituciones educativas solemos vivir altas tasas de acoso escolar y muchas veces no se aplica la rectificación de nombre y/o de género en nuestros casos; además, se sigue usando un nombre o género erróneo desde el profesorado. El desamparo legislativo y social nos deja a merced de esta violencia y de saber que ni los títulos académico irán acorde a nuestra identidad o nos expondrán en el futuro (por la incongruencia entre la realidad social y la legal).

Nos asusta graduarnos, no sabemos si podremos encontrar trabajo o deberemos permanecer en el armario. El armario nos duele y daña emocionalmente, llegando a las autolesiones (o más), pero nos protege de las lesiones sociales. Es una decisión que nadie debería que tomar constantemente a cada paso. En nuestro tiempo libre, la violencia a nuestra expresión nos retiene pero también el tener que aceptar la binarización de nuestras cuerpas (vestuarios, equipos deportivos, baños, precios diferenciados por sexo). En los medios de comunicación somos una burla, una mofa o una ideología no respetable, y con ello crecemos sin referentes, lo que nos hace complejo entender nuestra realidad diversa y genera mucho auto-odio y mitos sobre cómo debemos ser.

Tampoco sabemos si accederemos a un alquiler, sumado a la ya precariedad existente. Este crecer violentades por las instituciones hace que no acudamos a ellas, ni denunciemos, ni hagamos el cambio de nombre (en caso de querer) en el Registro Civil —ni poder cambiar la mención de género a una que nos represente sin pasar por los tribunales, y además sin garantía de éxito— ni que se nos concedan dichas rectificaciones en los diferentes servicios autonómicos de salud (a pesar de estar permitido poner sexo indeterminado). No acudimos o disminuimos las visitas a les médiques, con el riesgo que supone, por no ser malgenerizades, por no ser comprendides si tenemos dificultad en mostrar nuestro cuerpo o saber que, si quisieramos, ante una transición médica posiblemente nos van a cuestionar, no derivar, no va a haber conocimiento o se va a negar algo que está en la cartera de servicios, sea o no un proceso normativo. 

Esta situación nos hizo plantearnos organizar el Encuentro Estatal Enebé*: para reconocer la importancia de tener existencia, grupo de iguales y redes de apoyo ante situaciones de violencia y exclusión social, además de la necesidad de crear espacios de acción colectiva ante la precariedad 

Esta situación nos hizo plantearnos organizar el Encuentro Estatal Enebé*: para reconocer la importancia de tener existencia, grupo de iguales y redes de apoyo ante situaciones de violencia y exclusión social, además de la necesidad de crear espacios de acción colectiva ante la precariedad económica, la falta de asistencia médica y la violencia. Y ante todo, investigar cómo creamos un activismo cuando la precariedad y la violencia nos arrebata la capacidad de actuar y organizarnos. No solo no existimos para la sociedad en general, parece que tampoco importamos para las asociaciones LGBT hegemónico-privilegiadas bien acomodadas en el sistema. Hemos aprendido la lección: necesitamos organizarnos para hacernos visibles y tener una voz propia. ¿Cómo se ha organizado el Encuentro? 

Todo empezó con un sueño. Hace quizás tres o cuatro años, Alana y Mel de Sexualiarte teníamos el sueño de «¿y si hubiera un encuentro estatal de personas enebé* para construir comunidad, apoyo mutuo y crear una red para activismos?» En 2023 intentamos conseguir financiación, desafortunadamente sin éxito. En 2024, Alana participó en una formación de Trans Europe y Asia Central (TGEU) sobre recaudación de dinero y construir organizaciones trans resilientes y recargade de energía, volvió a ponerse en contacto con fundaciones. Calala - Fondo de Mujeres nos ofreció una pequeña financiación en otoño, y eso fue motivación suficiente para ponernos a trabajar seriamente para convertir ese sueño en realidad.

En diciembre tuvimos la primera reunión del grupo de Sevilla. Hablamos de formar un grupo motor diverso con representación de personas de diferentes partes del Estado y diferentes perfiles. Fue difícil pues no teníamos redes en ese momento, tuvimos que tirar de contactos personales y del boca a boca. La primera reunión de este grupo motor fue en Sevilla en febrero de 2025: intentamos ampliar y diversificar algo más, pero sin éxito. Entonces, nos centramos en organizar el encuentro, y, al mismo tiempo, construir red. Tenemos mucho que agradecer a cada colectiva y a cada persona que compartió y confió en lo que estábamos haciendo. Cada una de ellas hizo posible este sueño. 

Desde el inicio era importante tener una visión horizontal, diversa e interseccional. Sabíamos que no llegaríamos, que nos quedaba mucho por aprender y que no erámos les suficientes para abordar cómo deseábamos la diversidad de nuestra colectiva. Para fomentar la horizontalidad e ir creando las redes lanzamos un cuestionario anónimo para recoger necesidades y deseos, puesto que queríamos hacer algo que la gente realmente quisiese y pidiese. 

Esto nos sirvió para confirmar esa necesidad e impulsar nuestro deseo. Queríamos un encuentro que empezase a ser accesible y politizado. Nos quedamos con muchas preguntas. En tanto a la edad, el 60% tenía entre 26-35 años, seguidos por 20% menos de 25, el 16% de 36 a 45 y 4% más de 46 años. ¿Cómo llegamos a franjas etarias más altas? ¿Es por el uso de los medios digitales? ¿Desconocimiento?

En relación a la ubicación, la mayoría de la participación fue de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. ¿Es por el sexilio? ¿Las dificultades de transporte? En tanto a las migraciones y la racialización, menos del 10% fuimos racializades y mayoría migra, y esta es una pregunta a todas las colectivas: ¿cómo conseguimos más participación? ¿Qué hacen los grupos blancos para la accesibilidad o la exclusión? ¿Es el miedo y cansancio del racismo que van a vivir sí o sí? Y en todas: ¿es la precariedad, es la conciliación, es la armarización o la falta de redes para conectarnos?

También quisimos tener en cuenta la crianza, aunque no hubo peticiones. En tanto a lo diska, especialmente las neurodivergencias, tuvimos una gran participación. En las pocas investigaciones que tenemos en España se apunta a una alta convergencia. Finalmente, quisimos tener en cuenta las violencias vividas y las dificultades de convivencia. 

Para sostener y cuidar esto, creamos un sistema asambleario para las inscripciones y un sistema de apoyo económico y emocional para poder acceder al encuentro y manejarse en él. Tuvimos en total 91 inscripciones y una asistencia final de 75. También elaboramos protocolos y guías de accesibilidad para saber qué hacer si había incompatibilidad por violencias en la asistencia, cómo mediar ante conflictos de convivencia, y ante situaciones de crisis emocionales/cognitivas; y cómo actuar en casos de violencia. 

Con ello se conformó un grupo de cuidados y uno de voluntariado, para intentar cuidar el bienestar físico y emocional durante y previo al evento. Aún con ello, vimos que las consecuencias de vivir constantemente con la violencia hacía mucha mella en la participación y en nuestro bienestar. La precariedad laboral, tener que tener varios trabajos, gestionar la vida cotidiana, ser muches neurodivergentes sin apoyo, el que realizábamos activismo en varios frentes y ser un grupo reducido dio lugar a burnouts y sobrecarga para gestionar el evento. Hemos tenido que aprender que necesitamos más apoyo, aprender mejor a cuidarnos y luchar por un sistema que permita que podamos hacerlo en vez de culparnos por no llegar a estándares imposibles desde la precariedad. 

Por ello, quedaron deseos en el aire para siguientes ediciones, como poder hacer reuniones y formación al grupo de cuidados y voluntariado. Nos quedó poder tener espacio para pensar colectivamente y acompañarnos en elaborar mejor las actividades y revisar más las violencias que podíamos estar ejerciendo, en lo que aceptábamos tener revisión de ciertos aspectos que luego nos devolvieron y acogemos para el futuro. Qué suerte tener un grupo con una perspectiva crítica que nos ha enseñado tanto y que se ha involucrado en el cambio.

Para el programa teníamos en mente dos cosas: por un lado, que necesitábamos delegarlo a les participantes (fueren elles quienes trajeron sus propuestas de actividad); y por otro, que que no eran unas jornadas sobre lo enebé, era un Encuentro donde vivirse enebé en todas las áreas de nuestras vidas. 

Por ello, creíamos importantes cinco áreas esenciales en la vida: el ocio y las artes para fomentar la creación de vínculos, poder regularnos y sostenernos en este nuevo espacio (origami, cortos, poesía...); el deporte para darle espacio al descanso activo y la regulación (paseos por el bosque, circo...); las relaciones con une misme y otres, para abarcar nuestros cuidados y realidades (neurodivergencias, no-monogamias, laboratorio somático, espiritualidad, automasajes...); lo que habitualmente llamamos «activismo», para saber qué y cómo queremos que sean nuestras realidades y cómo hacerlo realidad (aspectos legales, laborales...); y la gestión grupal para la gestión del evento y mejorar la cohesión grupal y la creación de redes emocionales y activistas.

El I Encuentro: utopías

Y llegó ese 5 de diciembre. Llegamos a Cercedilla muy cansades, nervioses y sin saber qué estábamos sintiendo. Aún estamos digiriendo que hicimos realidad nuestro sueño y el de muchas personas. Fue muy emocionante y a la vez tan cotidiano. Un grupo llegamos el día de antes para preparar el espacio, los materiales, las inscripciones e ir conociéndonos, así como para poner a prueba los sistemas de accesibilidad durante el encuentro. Nos sentamos agotades en la noche, al fuego, para tratar de entender que era real. 

Al ir llegando la gente vimos esa diversidad de la que hablamos, una diversidad de cuerpos, de formas de expresarse, estilos más normativos, más góticos, más punk, más deportivos... Había cuerpas gordas, delgadas, intermedias, altes, bajes, personas con procesos médicos, otras sin, otras ni idea. El primer contacto, como debiese ser en nuestra sociedad, fue el reconocimiento del nombre y pronombre, viendo que no hay cuestionamiento, miradas extrañas, repasos del cuerpo o resoplidos por tener más de un nombre. Habían nombres elegidos que se correspondían al asignado al nacer, otros cambiados en la documentación y otros que no. También recogimos otros datos como necesidades alimentarias, acordamos las habitaciones y dimos algunas herramientas de cuidados colectivos, como tarjetas para poder parar una actividad ante una violencia o avisar la necesidad de apoyo emocional. 

Ante tanta diversidad sí hubo algo en común: llegar con una mezcla de ilusión y miedo, miedo de saber si nos íbamos a encontrar las violencias de fuera o cómo iba a ser convivir tantos días. Atender a ese miedo era crucial, encontrar espacios de unión e ilusión y por ello una de las primeras dinámicas fue pensar en utopías como las que estábamos viviendo en ese momento. En medio de tanta violencia y precariedad, poder pensarnos como deseantes y creer que hay un futuro vivible es de vital importancia. Pudimos ver allí el aislamiento, ansiedad y depresión que eran consecuencia del sistema binario de género. Por ello, queríamos permitirnos soñar, crear nuevos caminos e imaginar un futuro mejor. Al fin y al cabo, son nuestros sueños que nos dan la energía para seguir luchando y viviendo.

Nuestras utopías no se limitaron a lo estrictamente enebé; era pensar un mundo que nos dejase ser, existir y expresarnos desde los cuidados y los afectos. Aquí encontramos un mundo sin capitalismo, sin especismo, sin racismo, sin disfobia, sin gordofobia ni otras violencias estéticas

Nuestras utopías no se limitaron a lo estrictamente enebé; era pensar un mundo que nos dejase ser, existir y expresarnos desde los cuidados y los afectos. Aquí encontramos un mundo sin capitalismo, sin especismo, sin racismo, sin disfobia, sin gordofobia ni otras violencias estéticas, con intención de abolir la familia, la estructura y normatividad de la monogamia, la amatonormatividad, y otras formas de relacionarnos más allá de la normatividad y la violencia. No hemos intentado ponernos de acuerdo sobre esas utopías - quizá sea interesante para desarrollar qué queremos como red y, a la vez, aceptar que habrá muchos deseos y posiciones válidas. Pero, en el Encuentro, sobre todo, nos parecía importante empezar con imaginarnos un mundo mejor.

En las diferentes actividades, queríamos acoger la diversidad, reflexionar, cuestionar y acoger nuestras emociones, miedos y tener un espacio lo suficientemente seguro donde se intenta cuidar, respetar y valorar nuestras realidades. Ante ello, en los talleres y en los momentos de convivencia, empezamos a hablar y surgió la verbalización de las violencias. Poder usar tu nombre y tus pronombres, sentirte leíde y que tu identidad es percibida como realmente es fue muy duro para muches. No es solo un nombre: es la base de tu identidad, de nuestras emociones y sensaciones, una forma de habitar y dar sentido al mundo; una necesidad social, porque la identidad también depende del reconocimiento de las otras personas de tu entorno. Lo que nos permite sabernos merecedores de ser nombrades, de ser cuidades y con ello tener la fuerza de no quedarte en cualquier parte o de luchar por salir de espacios de violencia. Sin redes, muchas veces solo puedes quedarte donde te violentan por falta de recursos y por la ausencia de la idea de que puede haber un lugar mejor. 

Las conversaciones pasaban y también pesaban. Las historias de acoso escolar, el desconocimiento en las facultades universitarias, los miedos en el trabajo, el cuestionamiento de si decirlo o no, de si se enterarán, de si puedes tener redes sociales privadas, de si ello hace que puedas perder el trabajo, la familia, tu/s pareja/s. Hablaban de cómo las personas cercanas que lo sabían usaban la identidad en enfados para deslegitimar o dañar; de cómo habían recibido violencia en la calle al ser visibles o cómo no se atrevían a explorar su expresión para evitar agresiones. 

Muches de nosotres lloramos de alegría y también de desahogo en el encuentro, de sentir que por una vez estábamos en un lugar con iguales, que no estábamos rotes o que si nos vestíamos, stimeábamos, expresabábamos o contábamos nuestras realidades no nos agrederían. Dejamos de ser tachades como enfermedad y locura, como monstrues que vienen a dañar a poder simplemente existir, evocando una sensación muy agridulce.

En esas conversaciones aparecía el cuerpo como algo querible o como algo que duele. Se hablaba de cómo convivir con sentirse menos enebé* por no querer modificaciones ni cambio en nombre, ropa o médica. También de las dificultades cuando querías un cambio médico más andrógino o unos efectos con las hormonas pero otros no o querías una operación sin hormonación. Cómo se nos negaba poder explorar o expresar nuestras cuerpas y a la vez se nos castiga constantemente por todo: mantener el sistema binario, ser confuses, no ser los suficientemente confuses para que puedan identificar que eres enebé, querer modificar y también por no querer modificar. 

A esas cuerpas y expresiones se les dio un desfile, para poder disfrutarse, sentirse poderoses, que se podían mostrar, celebrar, divertirse, cuidar y que había gente que te iba a querer tal cual. Nos lloramos en risas, nos reímos entre lágrimas y nos sanamos con ternura. Muches de nosotres dejamos de tener disforia allí, una muestra más de que es algo que viene de la sociedad e interiorizamos, un sensor del peligro. 

Muches de nosotres dejamos de tener síntomas de ansiedad, depresión y muches por primera vez sentimos que ser enebé y neurodivergentes no era un castigo. Que podíamos movernos, no hablar, comunicarnos con dibujos o escrito, stimear, balancearnos y mostrarnos. Dejar de sentir que ser es igual a violencia. Nuestros síntomas son secuelas del daño social, no por nuestras identidades. La violencia binarista tiene un coste: nuestra salud física y emocional e, incluso, nuestras vidas (asesinatos sociales). Lo que necesitamos verdaderamente es el cambio social; ahora necesitamos el acompañamiento psicológico para convivir con la violencia, pero sin violencia no tendríamos todas estas vivencias dolorosas. Allí lo vimos: podíamos sentir constantemente euforia de género/identidad o simplemente tranquilidad.

También hubo lugares a los que no llegamos, nos queda mucho por aprender y hablamos de ello. Somos un grupo crítico y con muchas miradas en diferentes ámbitos, pero nos queda mucho por politizarnos

También hubo lugares a los que no llegamos. Hubieron violencias en la convivencia y en los talleres. Nos queda mucho por aprender y hablamos de ello. Somos un grupo crítico y con muchas miradas en diferentes ámbitos, pero nos queda mucho por politizarnos, por revisar para ser espacios suficientemente seguros y aprender a cuidarnos. En la sociedad no nos enseñan qué significa el cuidado ni las formas para cuidar, por tanto, cuando hay muchas realidades desconocidas, no tenemos las herramientas suficientes. Además, debemos sumar la precariedad vital en la que nos encontramos. Aprendimos que es primordial hacer talleres de cuidado propio y colectivo.

La decisión de delegar la mayoría del programa y la falta de recursos nos hizo descuidar algo primordial. No podemos tener un espacio enebé sin hablar de racismo, el colonialismo es una de las bases del binarismo. Aunque desde el inicio tuvimos algunas miradas sobre ello, nos queda mucho para que el espacio rompa las barreras de asistencia, ya que los espacios de participación suelen ser blancos, sin revisión de los privilegios, racistas y sin recursos ni predisposición para favorecer la asistencia. Nos queda mucho como grupo para aprender sobre ello y no perpetuar todo ello. Tuvimos menos de un 10% de participación pero una mayoría aplastante de personas racializadas o BIPOC en los servicios que nos hicieron posible el Encuentro: las cocineras y las limpiadoras (mientras la gestión y administración del espacio sí fue blanca). 

Esta falta de revisión antirracista también se vio reflejado en la convivencia con violencias racistas que ocurrieron en el encuentro. Ante ello, el domingo cambiamos el programa para hacer frente a estas situaciones. Nos dividimos en varios grupos: las personas racializadas nos dimos un espacio de acogimiento, reflexión y de poner en valor y cuidar a las cocineras que también nos sostenían. Las personas blancas, en diferentes salas, revisamos nuestros privilegios blancos, acciones y cómo contribuir en la lucha antirracista y cómo crear un espacio lo suficientemente seguro para personas racializadas y para integrar la importancia de hablar de la colonización cuando hablamos de enebé*. A raíz de ello, se ha creado un grupo específico de blanquitud para abordar y trabajarse la violencia colonial. 

Nos parece importante contar cómo se relacionan colonialismo-binarismo. Alok V Menon habla de ello en un texto (disponible en la web de SOS Racisme en castellano). A nivel histórico, primero se comprendían las diferencias corporales como un solo cuerpo con posiciones diferentes, hacia fuera o hacia dentro; luego pasó a ser una cuestión de energía, después una cuestión anatómica y posteriormente se planteó el dualismo como una dicotomia excluyente, dos cuerpos complementarios y contrarios. En este momento, la «diferencia sexual» (binaria) entre hombres y mujeres fue entendido como un marcador de la civilización, y a las personas negras, indígenas, y otras personas que se racializaron se las calificó de «sexo indistinguible». Como dice Alok V Menon, «cuando se usaba el término ‘mujer’ los científicos se referían exclusivamente a la mujer blanca.» O, como escribió el sexólogo alemán Krafft-Ebbing en 1886: «cuanto más evolucionada es una raza, más diferencias hay entre hombres y mujeres».

Por esto, cuando luchamos contra el sistema binario del género, no podemos dejar al lado el racismo y la blanquitud. El uno no se puede pensar sin el otro. O, como escribe Alok V Menon, «el racismo es fundamental para las normas de género y las normas de género son esenciales para el racismo. El género es una construcción racial; la raza es una construcción de género». Los colonizadores impusieron su sistema binario sexo-género usándolo como supremacía y humanidad en relación a las cuerpas no-consideradas-blancas. Impusieron este sistema y con ello también la heteronormatividad, la amatonormatividad (la pareja monógama y el matrimonio), y el pensamiento que les niñes son propiedad de sus progenitores, entre otras. 

Pasamos a hacer un cierre, acoger tripas y realizarnos una pregunta que todes teníamos en mente: «¿cómo abandonar un espacio en el que podemos ser?» Para algunes fue el primer espacio en el que podía decir que era enebé y se le respetaba sin cuestionamiento; para otres, el primer espacio sin armarización y violencia constante; para algunes la primera vez en ver personas de mayor/menor edad que elles; y para todes, la primera vez en la que nos sentimos libres, en comunidad y siendo esta la vida que queremos. La mayoría expresamos no querer irnos, sentíamos cómo nos arrebataban de nuevo una parte de nuestras vidas. Sentíamos dolor por marcharnos y nos íbamos con esperanza de seguir en contacto, de tener redes. Hablamos mucho de lo que nos dañamos también, de cambios que acogemos como coordinación y que integramos como grupo para poder reparar o, al menos, no repetir. Perdón por las heridas causadas y gracias por vuestras tripas, paciencia y apoyo.

Reconocides, sostenides en el apoyo mutuo, con un aprendizaje compartido por todes: las utopías son alcanzables. Una vida sin binarismo de género es posible, y ha quedado demostrada, pero hay que luchar por ella. Este es el objetivo que necesitamos para vivir, un entorno respetuoso con nuestras intersecciones, nuestras necesidades sociales y maneras de vivir nuestra identidad, cuerpas y relaciones.

¿Cómo continuamos desde entonces?

Llegamos sin conocernos, cada quien con su historia, sus dudas y sus ganas de encontrar un espacio seguro. Y, casi sin darnos cuenta, empezamos a formar parte del día a día de les demás. Meses después, algo inesperado y bonito ha ido tomando forma.

A través de las redes que hemos creado, compartimos nuestros sentires, preocupaciones, disforias y euforias. Cada reflexión lanzada a los grupos creados encuentra un eco, un acompañamiento y un cariño necesario. Entre mensajes, risas, desahogos y complicidades, hemos tejido una red que sostiene, abraza y nos recuerda que no estamos soles. Lo que comenzó como un sueño de unos días se ha convertido en una familia elegida/redes de vida en las que nos sostenemos.

También se está organizando para llevar a cabo acciones específicas en diversos lugares. Desde el Encuentro, se ha formado una red enebé en Aragón como un primer paso para tener más redes regionales. El grupo de activismo enebé que se formó después del encuentro esta ahora coordinando acciones para el 26 de marzo bajo el lema “¡Existimos, Resistimos!” frente a las oficinas de Registros Civiles en varias ciudades. Además, se está trabajando en propuestas de talleres y otros actividades, hay un plan para un pequeño encuentro interno en verano, y ya estamos mirando hacia un II Encuentro Estatal Enebé* en el futuro.

Hemos creado un espacio para nosotres en el que podemos existir, con miradas a no dejar de existir. Una red comunitaria donde contamos con el resto, donde cada voz importa y cada presencia suma. Y es precisamente ahí, en esa construcción colectiva y afectiva, donde reside la magia de lo que hemos creado juntes.

Nuestra vuelta a la rutina aún nos sigue costando después de vivir tres días donde se eliminaron casi todos nuestros malestares, pero también sabemos que esto no es suficiente y que siempre debemos ir a por más, para que todas las personas nos podamos beneficiar de este modo de vivir. Para nosotres es indispensable vivir así en todo nuestro curso vital y creemos que todas las personas merecemos una vida reconocides, cuidades y con redes.

Porque nuestras vidas ahora mismo están atravesadas por una lucha permanente, pero ya estamos uniendo las piezas necesarias de forma colectiva para comenzar una nueva vida. El I Encuentro Estatal Enebé marca el inicio de una vida en la que el binarismo de género dejará de sostenerse como régimen.

Sobre la autoría de esta artículo
Firman esta texto Alana Queer @alanaqueer@fe.disroot.org, Cris Tro @crisssss_tp, Profe trans no binarie. “Educar és prendre partit”, Kamon Mateo @kamon_@xarxa.cloud , estudiante trans de género neutro en Trabajo Social, Mel Constain @melconstain@mastodon.social , activista trans-enebé* racializade y diska en busca de redes, ternura y cuidados, Regs DuFlor, Artista, trans-enebé, migrante latine racializade, neurodivergente, anarquista Nota: Usaremos Enebé* como paraguas o espectro diverso que incluye diferentes identidades de género que no son hombres o mujeres como socialmente se entiende (agénero, fluides, neutres, extrabinaries, etc), que están en cuestionamiento o tienen identidades originarias. Realidades.

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