Literatura
Cristina Armunia: “Cada elección que tomamos y la manera en la que estamos en el mundo son política”

La periodista escribe su primera novela, 'Un lugar seguro' (Libros.com), que trata sobre la crisis financiera de principios de siglo, el paro juvenil o el fracaso laboral.
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Cristina Armunia Berges autora de Un lugar seguro. David F. Sabadell

Cristina Armunia (Teruel, 1988) perteneció a la generación que nada más acabar su grado universitario se topó con la mayor crisis financiera hasta el momento. Las cifras de paro aumentaban, no había oportunidades para los jóvenes y el mantra de “trabajar de lo suyo” semejaba más a una quimera que a una realidad. Este contexto le motivó para escribir su primera novela, ‘Un lugar seguro’ (Libros.com), en el que entrelaza cuatro historias que muestran la precariedad del momento o el desarraigo con respecto al lugar de origen.

Armunia es doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid ha trabajado en las redacciones de la cadena SER o elDiario.es pero también como asesora política de Teruel Existe o en el gabinete de comunicación de CCOO. Confiesa a El Salto que desde pequeña su gran vocación era la de ser escritora, pero que sabe que es un mundo difícil. Enfatiza también sentir inspiración al leer obras de Camila Sosa, Charles Bukowski, Rosa Montero o Gabriel García Márquez.

Un lugar seguro carece de una intencionalidad política directa y explícita, pero dado el contexto en el que se mueve es inevitable su relación. Ella, explica a este diario, que se basa en un “realismo ácido”: narrar la cotidianidad para reflejar la realidad. En la obra se habla también de un virus y una pandemia, pero nada tiene que ver con el COVID: “estaba pensado para ser el virus del paro en 2013, cuando lo escribí”. “Relacionarlo es un mal menor”, dice entre risas. 

Familia, amigos, sitios, pero… ¿Qué es un lugar seguro?

Es algo que en mi caso siempre estás buscando y a veces no está muy claro dónde lo puedes encontrar. El concepto es psicológico y de lo que trata es que cuando tienes un momento de pico de ansiedad o te encuentras un poco agobiado, que pienses en un sitio en el que te encuentres bien para intentar tranquilizarte. Pero si lo combino con un tema importante de la novela, que es el desarraigo, creo que para mucha gente de provincias que nos fuimos a estudiar a ciudades grandes, nuestro lugar seguro sigue siendo, nuestras casas, nuestros padres. Además, conforme va pasando el tiempo, todavía tienes más ganas de volver, tienes más ganas de que lleguen esas fechas importantes en las que siempre sabes que vas a volver. Tienes ahí tu casa, a tus hermanos, a tu familia, a tus amigos de siempre. Y creo que en mi caso ese es el lugar seguro. Sería la casa de mi pueblo, el lugar en el que yo cuando estoy un día triste o agobiada, me imagino que estoy sentada en la puerta y que estoy ahí tomando una cerveza con mis padres y que estoy como que da igual si he estado perdida en el último mes.

En un contexto tan cambiante, con estímulos constantes, a veces es difícil encontrar un lugar seguro. 

El lugar seguro puede ser un lugar físico, pero también una forma de estar en el mundo. A lo mejor hay veces que estamos buscando cosas súper complejas, pero hay veces que las cosas pequeñas también cuentan y también son importantes. 

Es tu primera novela y has hecho un crowdfunding para financiarlo. ¿Cómo de difícil es sacar un libro partiendo de cero?

Es muy complicado. Yo siempre escribo desde que tengo uso de razón. No es algo volátil. Soy una persona que sí, que tiene claro que le gusta escribir y que y que le gustaría ser leída. Cuando quieres dar el paso para publicar, te das cuenta de que no tienes los contactos, que no tienes las herramientas y que es muy difícil. Sólo el hecho de que te lean es muy difícil. El primer boceto lo empecé a hacer hace diez años y desde finales de 2019 más o menos, empecé a hacer una corrección. Llevaba mucho tiempo trabajando en ella y cuando ya sentí que tenía algo, me puse a buscar editorial. 

Un amigo me dijo que por qué no probaba con Libros.com. Y la verdad es que estoy muy contenta porque la manera en la que se ha publicado esta novela me ha hecho estar súper conectada a un montón de gente que me compró el libro antes de que existiese. Es decir, creo que tiene un mérito bastante grande el hecho de haber conseguido vender algo que todavía no es físico, que es una idea. El hecho de que mucha gente se haya sumado al proyecto porque se suman a un proyecto más que a comprar el libro. La gente se sumó a un concepto y el viaje ha sido súper chulo. Hasta me emociono y se me pone la piel de gallina al contarlo. Más de 250 personas se han comprado el libro sin tener ni idea de cómo iba a ser, lo cual me hace muy feliz [risas]. Saber que toda esa gente va a leerlo e incluso dejárselo a alguien es increíble, y eso que sé que tengo también una responsabilidad detrás. 

En cuanto a la trama, el libro se compone de cuatro historias que confluyen en una general, la cual está marcada por el contexto de crisis financiera. ¿Por qué elegiste ese momento?

En realidad, fue más el momento el que me eligió a mí. Cuando terminé la carrera en 2011, fue un momento bastante malo en general para quienes acabábamos nuestros estudios. No había trabajo. Los que tuvimos suerte, nuestros padres nos pagaron un máster y, también con suerte, accedimos a unas prácticas laborales con las que pudimos conseguir algún trabajo. Pero hay gente que no. Gente que se quedó en un bucle de paro, contratos cortos y precariedad. Es un círculo del que creo que mucha gente entró y no salió, o que finalmente incluso tiró la toalla y decidió dedicarse a otras cosas, sacarse las castañas del fuego de otra manera.

Al leer el libro, te das cuenta de que no hay datos macroeconómicos del paro o sobre la crisis financiera. No elegí escribir de eso. Me puse a escribir de lo que veía al rededor y de lo que vivía yo y mis seres queridos. Podemos decir una historia en la que hay cuatro personajes a los que les afecta ese momento de crisis de una manera u otra. El trasfondo es la precariedad, ese desarraigo de cosas o de no estar en tu ciudad, por ejemplo. Y también es el que estás perdido. Que eso es algo muy propio de la juventud; que te azote una crisis financiera, después una provocada por una pandemia también, y luego otra crisis de inflación provocada por una guerra. Todas las generaciones tienen sus crisis. Obviamente no somos especiales, no somos más especiales que otras generaciones, pero que a esta mal llamada generación de cristal pues nos está quedando las cosas muy poco fáciles, sobre todo a nivel laboral.

Laura, una de las protagonistas del libro, habla de que con 24 años apenas ha ahorrado 1.000 euros aún habiendo tenido algún trabajo. Es una realidad para muchos jóvenes, incluso con menos dinero en sus cuentas corrientes.

Sí, y muchas veces a eso se le suma la presión. Recuerdo que mi primera residencia de estudiantes a mis padres les costaba un ojo de la cara. Sí, y eso siempre. O por lo menos a mí, no sé si a todo el mundo, pero para mí siempre ha sido una presión añadida el pensar: “Mis padres están gastando mucho dinero en mí, tengo que estudiar, tengo que sacar buenas notas, tengo que encontrar trabajo y tengo que lograr ser independiente económicamente”. Es una frustración con la que hemos vivido muchos de nosotros. 

España es uno de los países con la tasa de paro juvenil más alta de la UE. ¿Hay intencionalidad en denunciar estas cuestiones?

Como escritora o como periodista no puedo solucionar estos problemas. Pero claro que sí, lo puedo denunciar a través de lo que escribo. También va por ahí las cosas con la novela. Aunque ya te digo que no era mi objetivo. Eso sí, está claro que si no hay trabajo o tenemos los sueldos muy bajos y en las ciudades en un piso o para una persona sola puede costar más de 700 euros. Pues está pasando algo. Hay un problema y va a dar igual cuántos másters estudies ya.

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Cristina Armunia Berges autora de Un lugar seguro. David F. Sabadell

Yendo hacia el periodismo, hay una crítica común a las redacciones. Muchas veces, escasean las personas LGTBIQ+, no binarias, racializadas o incluso gente joven. ¿Cómo se puede ver reflejado el problema? 

Eso desde luego que es así, pero yo en mi caso he trabajado en dos sitios donde sí había gente joven y minorías sociales representadas. Pero en sí mismo, el periodismo sí que es un trabajo que antes era mucho más estable y con sueldos más altos. Es un oficio muy complicado que en el que se mezcla además un componente que es el de la vocación por ese, por ese oficio, y que además resulta quizá adictivo a lo que te lo que te proporciona, por lo menos a mí, por ejemplo, trabajar como como periodista, pues seguramente no te lo puede proporcionar nada más. Hay un montón de de ingredientes que que hacen que mucha gente salga escaldada de del periodismo, que un día diga: “mira, cierro la puerta, esto ya no puedo más y voy a intentar ser feliz de otra manera”.

Estaría bien trabajar por la descentralización de los oficios

Tanto tú como Laura, la protagonista del libro, os habéis mudado de Teruel a Madrid bajo el mantra de que allí hay más trabajo. ¿Es la solución mudarse a la capital?

Ahora precisamente que se está intentando abogar y hay corrientes que te dicen lo contrario, ¿no? Que en sitios despoblados puede haber oportunidades. ¿Qué pasa? Que determinados oficios o puestos de trabajo, pues estadísticamente es más posible que lo encuentres en Barcelona, en Zaragoza o Madrid que en que lo encuentres en Teruel. Pero sí que creo que está muy bien que haya otros movimientos y otras acciones ciudadanas que te digan: “oye, mira, vamos a intentar que en este municipio que no es grande que llegue internet, porque a lo mejor si llega Internet, pues en nuestro caso se puede abrir un periódico digital comarcal o se puede establecer una empresa de informática”. Estaría bien trabajar por esa descentralización de los oficios, para que si hay gente que no se quiere ir de su casa no se vaya.

¿Siempre has sido crítica con la estructura centralista de España?

Bueno, siempre he llevado Teruel por bandera. Ha sido como una especie de barrera defensiva y he estado muy orgullosa de ser de allí. Se necesita que las zonas pequeñas tengan las mismas posibilidades que las zonas más grandes. Ser pocos no resta derechos. La gente que vive en un pueblo pequeño también necesita servicios sanitarios 24 horas y que las carreteras estén arregladas. Sin todo eso, estos territorios irán desapareciendo. 

¿Qué se pierde al desaparecer estos pueblos?

Por un lado la cultura y la tradición, pero también la pena de los padres de no ver a sus hijos crecer en su pueblo. No poder estar con tu familia porque estás viviendo fuera de tu casa es algo muy triste.

Y al final es eso de no ser ni de aquí ni de allí.

No quiero hacerme la especial y sé que le pasa a casi todo el mundo que es de fuera en las grandes ciudades, pero me pasa desde los 18 años. A veces pasa algo en Teruel y hay que esperar al día siguiente porque ni siquiera hay buses. Además, vas perdiendo amigos y contacto con tu tierra, que es algo raro. Por ejemplo, yo echo de menos a mi madre todo el rato y es algo con lo que toca vivir. 

La obra es post 15M. No es explícitamente política, pero se ve una concienciación e intención social detrás de ella. El 15M sirvió para concienciar a muchas personas. Ahora, a la juventud se les tacha de reaccionarios y antifeministas. ¿Crees que esa concepción y que “todo tiempo pasado fue mejor” en el sentido de que antes se luchaba más?

Cuando escribí esta novela, en ningún momento pensaba que estaba haciendo una crítica o una reivindicación social. Sin embargo, cuando la he leído, la he corregido o la ha leído gente cercana a mí y se encuentran este trasfondo.Hay una una crítica. Me gusta pensar que hago algo así como un realismo ácido en el que intento acercarme a una realidad que está pasando y cotidiana y que me acerco de una manera un poco crítica. Sin embargo, no lo he hecho conscientemente o con intencionalidad. Cuando me senté a escribir lo hice como hago siempre; para evadirme, y llegué a esta historia y la desarrollé sin la idea de llevar a cabo una reivindicación social. La siguiente sí que te puedo decir que lo voy a avanzar, que es sobre el tema del LGTBIQ en el rural. Entonces creo que también va a tener ese trasfondo de reivindicación.

En cuanto a las personas jóvenes, me gusta pensar que hay de todo. Creo que en cada pueblo y ciudad sigue habiendo jóvenes críticos y con ganas de mejorar el mundo. Sí que no quiero sonar a persona mayor, pero a veces sí que alucinas con ciertas cosas que ves en redes. Sin embargo, el libro va dirigido a todo el mundo, porque cada generación tiene sus crisis. 

En el mero hecho de existir, en lo común y en lo cotidiano, también hay política. 

Sí. Todo es político. Cada elección que tomamos y el tema del que tú escribes y es tu manera de estar en el mundo, lógicamente son política. Obviamente, intento estar en esa masa que comentabas antes que pretende ser crítica y movilizada. 

“No acercarse al dolor es una manera de defenderse”, dice una de los personajes en el libro. ¿Nos faltan herramientas de salud mental para saber autogestionarnos?

Totalmente. Escribí eso hace mucho. La Cristina de entonces no tenía muchas herramientas para enfrentarse a situaciones de duelo o atravesarlos. Esa parte es un poco autobiográfica, de cuando murió mi abuela. Para mí eso es algo que está pegado y que estoy segura de que de que no supe muy bien qué era lo que estaba pasando, ni que tenía que hacer para para atravesar ese momento. Otra vez, se habla de algo como es la salud mental pero sin abordarlo de una forma frontal. Al escribir eso, se evidencia que nos faltan psicólogos, herramientas y especialistas en salud mental en la sanidad pública. La gente joven no tiene miedo a ir al psicológo o hablar de estos problemas, pero queda mucho por avanzar. Yo soy del 88 y me he dado cuenta que tengo que cuidar mi salud mental a los 30 años. 

Por mucho Lexatin que tomes, si tu contexto te oprime o no te permite llegar a final de mes, podrás evadirte del problema o gestionarlo, pero seguirá ahí

Aún yendo al psicólogo, si el problema de fondo es la precariedad, poco puede hacer que mejoremos la capacidad del sistema sanitario…

Sí, eso es cierto. Lo leía en un ensayo de Marta Carmona. Por mucho Lexatin que te tomes o muchas horas de psicólogo que puedas pagarte, si tu contexto te oprime o no te permite llegar a final de mes, podrás evadirte del problema o gestionarlo, pero va a seguir ahí.

En definitiva, ¿crees que tu libro puede acabar siendo un lugar seguro para quien se vea bajo alguno de estos problemas de los que hemos ido hablando?

Creo que leer el libro que sea es un lugar seguro para todo el mundo.

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