El ‘Ayusogate’ exhibe las grietas de su liderazgo y deja preguntas sin responder

El escándalo de la compra injustificable del piso de lujo en Chamberí amenaza con ser el punto de inflexión para el fenómeno político más potente de la nueva derecha en España. Aumenta el estupor en el PP madrileño, mientras la izquierda prepara ofensiva judicial y parlamentaria. Los detalles de un caso tan insólito como incendiario.

“En el partido hay una caza de brujas para averiguar quién fue el origen de la filtración. Parece que a Isabel se le ha pasado el aura”, comenta irónica a El Salto una persona que supo estar en las altas esferas del PP madrileño y que ahora barrunta los márgenes por su oposición a la presidenta de Madrid.

Los grupos de chats no institucionales, con dirigentes y cargos intermedios, echan fuego estos días, quizás más aún por la distancia. Muchos están de vacaciones, lejos del DF español y la lejanía es funcional al cotilleo y las elucubraciones.

Fuentes genovesas consultadas admiten un cambio en la atmósfera popular madrileña. “No estamos viendo mucha gente que salga a defenderla, incluso dirigentes que siempre están al pie del cañón han tenido varios días de silencio, como (el senador y secretario general del PP regional) Alfonso Serrano”, relatan.

Alberto Núñez Feijóo ha ordenado que se asuman las explicaciones dadas por Puerta del Sol y dejen que el escándalo tenga el rumbo que tenga que tener mientras solo dedican su tiempo a sembrar la sensación de caos y apocalipsis tras la crisis de Ceuta. “Ya se ha explicado y nosotros nos atenemos a esas explicaciones”, ha dicho el número dos, Miguel Tellado. La defensa es tan tibia que se parece más a esa tradición de contemplar al adversario interno cocerse a fuego lento.

“La presidenta de Madrid no se entera de estas cosas. Lo que yo haría en su lugar es explicarlo todo y a la persona que fue responsable de esta compra, echarla”, comentaba la expresidenta Esperanza Aguirre en una tertulia de Telecinco. Ella, la eterna discrepante interna de Mariano Rajoy y abanderada del neoliberalismo en el PP, se posicionaba en contra de la inexplicable adquisición con fondos públicos de un piso de lujo de 485 metros cuadrados en el exclusivo barrio de Almagro, la zona más cara del distrito de Chamberí.

No fue en cualquier calle, sino en el Paseo del General Martínez Campos. Cuando El País publicaba la exclusiva de la compra, había decidido reservarse el dato de que en la misma calle pero en la acera de enfrente vivía la madre de Ayuso. Según explicaron fuentes cercanas a la redacción del periódico, fue para evitar una respuesta de victimización por parte de la baronesa, que suele embanderar “el ataque” a su entorno familiar.

Lo paradójico es que quienes trabajaron esta noticia antes de publicarla preguntaron en Sol por la adquisición y la insólita respuesta —hija de la improvisación quizás— fue lo que incendió más la novedad: era para uso temporal como despacho y oficinas de la presidenta debido a remodelaciones en la Real Casa de Correos. No pasaron muchas horas para poder descubrir que ese piso no estaba habilitado por el Plan General municipal para ser utilizado como oficina, solo alguna habitación —la totalidad solo podría ser en un bajo o primer piso.

La compra del ático por parte de Planifica Madrid —una empresa pública con unos 85 empleados que se encarga de gestionar el patrimonio inmobiliario de esta comunidad autónoma— tiene todos los condimentos para ser el plato fuerte hasta fin de año en cuanto a escándalos se refiere: dinero público para un piso de lujo en medio de una feroz crisis de vivienda y con objetivo de usufructo personal por motivaciones de índole familiar y de ruptura amorosa. Por si fuera poco, la protagonista es la dirigente política más famosa y polémica del Estado.

La vida íntima de los políticos no debe ser parte del debate político, excepto cuando esos vínculos son parte de tramas de presunta corrupción o enriquecimiento irregular. Y aquí el clan que rodea a la presidenta cobra protagonismo.

El Ejecutivo madrileño deberá responder a unas preguntas en torno a este escándalo que la perseguirán hasta que no las solvente. ¿Por qué el Ejecutivo autonómico compró en secreto un piso de lujo? ¿Por qué explicó que lo hizo para ser utilizado como oficinas para la presidenta por la remodelación en Sol teniendo 82 inmuebles vacíos a disposición? ¿Por qué adquirió ese inmueble si no estaba habilitado legalmente a funcionar como oficinas? ¿Cómo se explica la condición que la adquisición sea justamente en frente de la casa de la madre de la presidenta y cuando ésta rompe la relación con su pareja concubina? Si era tan necesario, ¿por qué se decidió su inmediata venta una semana después que se conozca su compra?

My precious

Como Gollum con el aniño de Frodo, el periodista David Fernández, autor de la biografía Ayuso. Zancadillas, intrigas y venganzas en la Corte de Madrid (Libros del KO, 2026), asegura en conversación con El Salto que lo ocurrido es parte de un deseo intenso de Ayuso. “(La compra) es un capricho personal de ella y me consta por fuentes de Planifica. La presidenta dijo que se compre y punto pelota”.

“La comunidad de Madrid no compra pisos, sean áticos, quintos o primeros, compra suelo industrial o suelo para construir vivienda. Si deciden hacer obras en Sol y necesitan un despacho provisional, su equipo debería informarle que hay sitios que se adapten a sus necesidades entre los 82 vacíos, más de la mitad en la capital. Por ejemplo en Gran Vía 6 hay un edificio vacío perfecto para ello”, explica.

Fernández señala la contradicción que una “pequeña inmobiliaria de La Moraleja (el barrio del vecino municipio de Alcobendas que concentra las mansiones más caras de la región) justo venda un ático en la calle que viva la madre de Ayuso sin justificación administrativa” y que el comprador sea Planifica Madrid, una empresa que tacha “de cajón de sastre que no compra inmuebles, en cuyo consejo de administración no está la oposición y que se libra de la fiscalización que debería tener”.

Para más inri, la dueña de la ya famosa propiedad era Astrid Gil-Casares, exesposa de Rafael del Pino Calvo-Sotelo, presidente de la gigante Ferrovial, que mudó su sede fiscal a Países Bajos tras recibir millones de euros en subvenciones estatales. Preguntado si esto podría haber sido un intercambio de favores con una mujer que estuvo casada con uno de los hombres más ricos del Estado, Fernández responde que es improbable.

“Gil-Casares lo vendía a 6,7 millones y lo bajó a 6,3 millones, pagando Planifica unos 200.000 euros de comisión a la inmobiliaria. Es evidente que alguien le da la información a la presidenta sobre este ático. Pero he visto personalmente que en una calle perpendicular había un ático más grande y que valía menos, por lo que también genera sospechas la compra del de la calle Martínez Campos”, comenta.

En marzo de 2024, en un discurso en la Asamblea de Madrid, Ayuso afirmó que era hora de pensar una ley que regulase la residencia oficial de los presidentes madrileños. La tesis de Fernández, compartida por la oposición, es que la baronesa habría impulsado esta compra para mudarse a ese piso en 2027 tras ser reelegida y vivir los cuatro años del nuevo mandato allí, tras aprobar con su mayoría absoluta un texto normativo que regulase la vivienda oficial para los presidentes. Con el inmueble adquirido tiempo antes, ese cambio no hubiera implicado un presunto gasto nuevo y habría sido más fácil de ‘vender’ ante la opinión pública.

El hecho coincide con el fin de la relación con González Amador. “Me consta que esa relación no está más, se han tomado un tiempo. Ella medirá muy bien el momento para comunicar la ruptura porque juega con el victimismo y con decir que hay una operación de Estado contra ella y que no la dejan tener una vida normal”, recalca. Añade que sus fuentes le han dicho que la empresa alemana Fresenius, propietaria del Grupo Quirón, estaba incómoda con la publicidad negativa que implicaba que González Amador trabaje para ellos y que iban a prescindir de sus servicios.

Entre los populares madrileños hay quienes creen que el origen de la filtración ha sido el propio Amador, parte de algún posible despecho o enfado por lo de Quirón. Lo atribuyen a que ya hubo un daño tangible de su parte a Ayuso, cuando facilitó a la web Idealista un video de su ático en venta con las pertenencias de la presidenta muy visibles —hasta una toalla con su nombre. Un raro descuido para alguien que frecuenta el poder o una mala intención manifiesta.

Un detalle para nada menor que resalta Fernández: Puerta del Sol dispuso en julio la licitación de un contrato de 27,5 millones de euros para repartir en publicidad institucional, que se adjudicará a una agencia pero que lo repartirá “obviamente con los criterios que diga el gobierno de Madrid”.

Sobre si este escándalo será un punto de inflexión negativo para Ayuso, el periodista responde que seguramente no. “Esto no le dolerá, nunca pasa nada con ella, están por encima del bien y del mal y sabe que el 90% de los medios no van a decir nada malo. Pero si Feijóo gana las generales empezarán sus problemas porque la tarta de publicidad de Moncloa es mucho más grande y él podrá empezar a controlar más los mensajes”.

El potaje tiene todos los condimentos para que sea uno de los grandes escándalos políticos del año y que la persiga hasta el fin de su carrera política. Habrá que ver si puede costarle el cargo si las izquierdas logran rentabilizarlo. O será como creen muchos, que el odio al sanchismo neutraliza cualquier ático mal habido.

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