Madrid
Desalojo en Sol (3/11): vivienda, protesta y aporofobia
Hoy estoy triste. Muy triste.
Esta madrugada hemos vivido un desalojo violento de la acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol. Y me duele profundamente no solo lo ocurrido, sino también la forma en la que se está contando.
Las comisiones de las que hablan algunos medios se han ido disolviendo por el cansancio y el desgaste de más de un mes de lucha, pero esas comisiones no son las organizaciones que conforman la acampada, ni su desaparición significa que la protesta haya dejado de existir o de tener sentido.
Es cierto que, con el paso de las semanas, había aumentado la presencia de personas en situación de sinhogarismo y pobreza extrema. Pero ni eran la totalidad de la acampada ni eso debería utilizarse para desacreditarla.
Y hay algo que me parece especialmente grave: ¿desde cuándo una persona sin hogar tiene menos derecho a protestar que cualquiera de nosotros? ¿Acaso quien no tiene un techo bajo el que dormir tiene menos derecho a reclamar una vivienda digna? ¿Desde cuándo la pobreza puede convertirse en un argumento para restar legitimidad a una reivindicación?
Me preocupa profundamente la facilidad con la que deshumanizamos a quienes viven en las situaciones más difíciles. Como si su presencia molestase, como si sus voces valiesen menos, como si sus derechos dependiesen de su situación económica.
Eso tiene un nombre: aporofobia. Y no deberíamos normalizarla.
La acampada nació para denunciar un problema que sigue existiendo. La crisis de vivienda no ha desaparecido. La precariedad no ha desaparecido. Las personas que duermen en la calle tampoco.
Hoy siento tristeza, rabia e impotencia. Por quienes han dedicado semanas de su vida a esta lucha, por quienes han pasado las noches allí y, especialmente, por quienes ni siquiera tienen otro lugar al que ir.
Lo ocurrido esta madrugada me parece una vergüenza. Y siento que no podemos permitir que se cuente esta historia olvidándonos de quienes la han vivido. Porque detrás de cada tienda había personas
El derecho a protestar no puede depender de tener una casa, un trabajo o dinero en el bolsillo. Los derechos son de todas las personas, también de las más vulnerables.
Lo ocurrido esta madrugada me parece una vergüenza. Y siento que no podemos permitir que se cuente esta historia olvidándonos de quienes la han vivido. Porque detrás de cada tienda había personas. Y todas merecen dignidad, respeto y derechos.
Podrán retirar las tiendas, pero eso no resuelve absolutamente nada de lo que llevó a tantas personas a ocupar pacíficamente ese espacio.
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