Opinión
Dos años del Centro Social Okupado La Rosa: el desafío de resistir a la metrópoli capitalista
Integrante del CSO La Rosa
En una ciudad cada día más saturada por las lógicas de rendimiento y extracción capitalista, realidades como la mercantilización de los espacios urbanos, la precarización laboral, la expulsión de nuestros hogares, el desmantelamiento de lo público, o el auge de la securitización, dibujan el paisaje de nuestros padecimientos cotidianos. En este contexto, La Rosa nace en Lavapiés como una apuesta política por disputar la ciudad. Una infraestructura abierta a personas y colectivos desde la que desplegar saberes y prácticas comunes que desafíen los modos de socialización de la metrópoli capitalista.
Creemos firmemente que la construcción de una comunidad abierta y múltiple es condición indispensable para recuperar la autonomía sobre nuestras vidas. Una sociedad atomizada es el escenario ideal para que prospere la dominación. Fragmentado el lazo social, nuestros mecanismos colectivos de pensamiento, organización y resistencia quedarían desactivados. Desde lo común, generamos redes de cooperación que hacen florecer la imaginación y la creatividad, abriendo la puerta al deseo y ensanchando nuestras posibilidades de ser. Y, en definitiva, como habitamos cuerpos vulnerables, hemos aprendido que es la mirada de la otrx, el abrazo de la otrx, lo que da sentido a nuestras existencias.
Nuestro propósito es claro: queremos acercar La Rosa a la gente, haciendo del centro social un dispositivo —de todxs y para todxs— capaz de escuchar, acompañar y desarrollar las potencias de transformación que atraviesan nuestra realidad. Creemos que, en las experiencias concretas —en cada alegría, en cada dolor—, late la posibilidad de un mundo nuevo.
Por ello, nuestro deseo es que La Rosa siga siendo sea un punto de encuentro abierto a la calle. Las personas, colectivos y propuestas diversas que integran hoy este espacio representan diferentes modos de (re)apropiarnos y expandir la vida: talleres de baile o de bordado, teatro, fiestas, jornadas de trabajo en las que aprendemos autoconstrucción, colectivos artísticos, tienda gratis, cinefórum, reuniones del Sindicato de Inquilinas, de grupos ecologistas y de grupos antirrepresión. Desarrollamos nuestras propias alianzas con las luchas de la ciudad y del barrio a través de grupos de lectura y de formación, grupos de (auto)consumo ecológico, talleres de autodefensa, presentaciones y actividades de colectivos externos, etcétera.
En este encuentro, se va tejiendo un entramado comunitario que tiene la potencia de producir sentidos y prácticas que prefiguran nuevas posibilidades de habitar la vida, multiplicando nuestra fuerza compartida...
Todo esto forma parte de la trama que condensa el centro social. La porosidad de los vínculos y de la construcción política que se genera en La Rosa permite la sinergia entre propuestas de lucha, espacios formativos, actividades culturales o de ocio. En este encuentro, se va tejiendo un entramado comunitario que tiene la potencia de producir sentidos y prácticas que prefiguran nuevas posibilidades de habitar la vida, multiplicando nuestra fuerza compartida y expandiendo la disputa política por toda la ciudad.
En estos dos años hemos levantado un centro social vivo, nutrido, que tiene sus puertas abiertas todos los días. Desde este suelo común, podemos seguir impulsando proyectos ilusionantes que amplíen nuestros límites y nuestra capacidad de acción, como una biblioteca comunitaria y una radio libre, que echará a andar el viernes 13 de marzo, primer día de las celebraciones de nuestro aniversario.
Asimismo, mantenemos activos tres ejes de trabajo político que nos permiten incidir y profundizar en conflictos candentes en Madrid (y más allá). El eje de derecho a la protesta busca hacer crecer nuestras capacidades colectivas de desobediencia. Una de sus líneas de intervención es, por ejemplo, hacer frente a las constantes redadas racistas que se dan en el barrio de Lavapiés. Esta preocupación se comparte con el eje de barrio, que busca insertar al CSO en las dinámicas de lucha de nuestro territorio próximo —como las movilizaciones de Lavapiés al Límite—.
Necesitamos recuperar lo que es nuestro, los espacios arrebatados a la gente por el capital, para darle nuevos usos y hacer florecer nuevas formas de vida de todxs y para todxs
Un objetivo a medio plazo es que La Rosa pueda ser soporte para la creación de un grupo de autodefensa laboral que canalice y articule conflictos de nuestros barrios colindantes. Para ello, nos inspiramos en experiencias de sindicalismo social que se han dado en otros espacios. Por último, el eje de centros sociales trabaja la relación con otros CS(O) a nivel local, estatal e internacional para la consolidación de alianzas y la puesta en común de recursos.
Estas luchas que dotan de sentido a La Rosa también nos otorgan el ánimo necesario para seguir construyendo, en los años que vendrán, espacios de encuentro y de resistencia que generen nuevos modos de hacer y deshacer juntxs, nuevos mapas de lo posible.
Y, para ello, necesitamos los centros sociales, necesitamos recuperar lo que es nuestro, los espacios arrebatados a la gente por el capital, para darle nuevos usos y hacer florecer nuevas formas de vida de todxs y para todxs.
Centros sociales
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