México
La lucha de los desaparecidos en México, la otra cara de la moneda en el Mundial de fútbol 2026
México es un país acostumbrado a convivir entre contrastes. El pasado jueves, mientras el país inauguraba el Mundial en el Estadio Azteca y millones de personas celebraban el regreso del torneo más importante de fútbol, cientos de familias de personas desaparecidas intentaban aprovechar ese mismo escaparate internacional para recordar una crisis que acumula más de 133.000 personas sin localizar.
Desde hacía meses, colectivos de búsqueda de distintos estados habían planeado movilizaciones coincidiendo con la inauguración en el estadio. Su objetivo no era protestar contra el fútbol ni contra el Mundial, sino evitar que la fiesta ocultara una realidad que llevan años denunciando. Durante dos días, entre velas, fotografías y cordones policiales, lograron que los rostros de sus seres queridos encontraran un espacio en medio de la celebración.
La noche se ilumina por los desaparecidos
La víspera de la inauguración, las familias intentaron iluminar con velas la Calzada de Tlalpan, la principal vía de acceso al Estadio Azteca. Habían llegado desde Puebla, Veracruz, Chiapas, Jalisco, Baja California y otros estados donde la desaparición de personas forma parte desde hace años de la vida cotidiana. La Ciudad de México aparecía como el escenario ideal para mostrar un dolor que, denuncian, en sus lugares de origen muchas veces pasa desapercibido.
Nada más salir de la estación El Vergel, del Tren Ligero, la anterior a la del estadio, quedaba claro que no sería sencillo. Filas de granaderos se desplegaban frente a varios camiones de la Secretaría de Seguridad Ciudadana colocados para bloquear el paso. La preocupación de las autoridades por impedir que las familias alcanzaran las inmediaciones del Azteca era evidente.
Al mismo tiempo, algunos vecinos de Santa Úrsula protestaban porque tampoco podían acceder con normalidad a sus viviendas. Las calles cercanas al estadio permanecían cerradas por los operativos de seguridad. Mientras recorrían el barrio, convertido por momentos en una especie de laberinto de vallas y patrullas, las preguntas entre los vecinos eran constantes. “¿Está cerrado por ahí?” “¿Más adelante puedo salir?”
Las familias terminaron agrupadas a ambos lados de la calzada. La mayoría sostenía velas que iluminaban sus rostros en la oscuridad, pero también los de sus hijos, hermanos y esposos impresos en camisetas, pancartas y fichas de búsqueda. Frente a los granaderos, Virginia Ponce, que busca a su hijo desaparecido en Jalisco, rompió a llorar mientras suplicaba de rodillas: “No queremos hacer daño, queremos que nos dejen pasar. Mientras ustedes están aquí están desapareciendo más personas afuera. No es justo. Ayúdenos, ustedes también tienen hijos”.
Los rostros llegan al estadio
La mañana del jueves el ambiente era completamente diferente. Miles de aficionados caminaban por la Calzada de Tlalpan rumbo al estadio. Sombreros de charro, camisetas verdes de la selección, banderas de México y grupos de mariachi acompañaban el recorrido hacia el partido inaugural entre México y Sudáfrica.
Pero entre el verde de las camisetas comenzaron a aparecer cientos de fotografías en blanco y negro. “No te dejaré de buscar”, podía leerse en algunas de ellas.
Algunos aficionados increpaban a los manifestantes por obstaculizar el paso. Sin embargo, las familias insistían en que no pretendían impedir la celebración. Su objetivo era otro: acercarse lo suficiente para que quienes acudían al partido vieran, aunque solo fuera durante unos segundos, los rostros de sus desaparecidos.
Durante horas pareció que las familias no lograrían superar el cordón policial instalado a varios kilómetros del estadio. Sin embargo, en un momento inesperado, un contingente comenzó a avanzar por los carriles en sentido contrario, sorteando el dispositivo de seguridad y cortando el tráfico. Tras cruzar las vías del Tren Ligero y recorrer varios cientos de metros, apareció finalmente ante ellos el Coloso de Santa Úrsula.
“Aunque haya fiesta acá, hay dolor aquí. No puede haber tanta fiesta en un México donde se nos está callando”: Yoltzi Martínez, hermana Yatzil, desaparecida en 2010
Entre ellas estaba Yoltzi Martínez, que busca a su hermana Yatzil, desaparecida en 2010 en Acapulco, Guerrero. “Queremos que el mundo entero sepa que en México existe la desaparición forzada, que en México hay dolor”. De pronto, un ruido ensordecedor la interrumpen. Tres aviones de la Fuerza Aérea Mexicana sobrevuelan el estadio dibujando la bandera nacional en el cielo. Yoltzi levanta la vista, señala hacia el Azteca y aprovecha el momento para resumir: “Aunque haya fiesta acá, hay dolor aquí. No puede haber tanta fiesta en un México donde se nos está callando”.
Entre quienes habían viajado para estar allí estaba María de Jesús, llegada desde Veracruz. Durante años buscó a su hijo Iván Yan Carlos, desaparecido en 2016. Finalmente, encontraron sus restos desmembrados en las fosas de Arbolillo. “Es muy importante venir a levantar la voz porque parece que es más importante un partido que voltear a ver a los desaparecidos”, lamentaba.
También había llegado Armando desde Lagos de Moreno, Jalisco. Desde 2023 busca a su hijo Roberto, desaparecido junto a sus amigos Uriel, Jaime, Dante y Diego. “Queremos que las personas que vayan al partido lleguen bien, pero nosotros queremos permanecer aquí cerca del estadio porque nuestra idea es visibilizar a nuestros hijos”.
“Queremos que la gente que viene al estadio vea que hay una crisis de inseguridad y un dolor que las autoridades han permitido”
Vanessa Gámez, madre de Ana Ameli, desaparecida en julio de 2025 a pocos kilómetros del Azteca, resumía el sentir de muchas familias. “Queremos que la gente que viene al estadio vea que hay una crisis de inseguridad y un dolor que las autoridades han permitido”.
El día estuvo marcado por otras protestas. Sindicatos de maestros llevaban días movilizándose por sus condiciones laborales y, en algunos contingentes, se denunciaron actuaciones policiales contra manifestantes y periodistas, que fueron detenidos. La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México informó de la apertura de cuatro expedientes por posibles violaciones a derechos humanos durante las protestas.
La celebración
A medida que avanzaba la tarde, las familias comenzaron a retirarse de los alrededores del estadio. Habían logrado lo que parecía imposible la noche anterior: llevar su protesta hasta las puertas de la inauguración del Mundial.
Pero la movilización no terminó allí. En el Ángel de la Independencia, lugar tradicional de celebración de los triunfos deportivos en la capital, centenares de familiares continuaban protestando y pegando fichas de búsqueda mientras miles de aficionados seguían el partido.
Entonces comenzó a llover. Una tormenta breve pero intensa, de las habituales durante esta época del año en Ciudad de México. Algunos aficionados utilizaron las lonas colocadas por las madres buscadoras con los rostros de sus hijos desaparecidos para protegerse del agua. La imagen ha provocado gran indignación y ha resumido a la perfección la distancia que todavía existe entre una parte de la sociedad mexicana y una tragedia que lleva años desgarrando al país.
Cuando el partido terminó con victoria de México por 2-0 frente a Sudáfrica, la lluvia dio tregua y las calles comenzaron a llenarse. A pocas cuadras del Ángel, la colonia Juárez era una fiesta. Miles de personas vestidas de verde recorrían las calles ondeando banderas mientras los gritos de “¡México, México, México!” retumbaban entre los edificios. Puestos improvisados vendían camisetas, llaveros y todo tipo de recuerdos del Mundial.
Costaba creer que ambas escenas estuvieran ocurriendo en la misma ciudad y el mismo día.
Muchas de las madres y padres que protestaban también disfrutan del fútbol. Algunos recuerdan haber celebrado partidos de la selección junto a los hijos que hoy buscan. Quizá les habría gustado también festejar la victoria en el Ángel de la Independencia. Pero mientras miles de aficionados celebraban el inicio del Mundial, ellos seguían levantando sus fotografías. No para arruinar la fiesta, sino para recordar que, en México, todavía hay más de 133.000 personas que siguen sin volver a casa.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!