Opinión
El caso Julio Iglesias: la casita del terror y las agresiones sexuales a empleadas del hogar

Es urgente que, como sociedad, reflexionemos y reconozcamos que el trabajo del hogar y los cuidados es fundamental para el sostén de la vida, no podemos prescindir de estas tareas.
Concejala de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid.
16 ene 2026 09:25

Casos como el del famoso cantante español Julio Iglesias, que nos ha horrorizado y repugnado a todas, no constituyen una novedad para las trabajadoras del hogar y los cuidados, lamentablemente. No, porque quién no ha escuchado testimonios similares de algunas de sus compañeras. O cuántas lo han sufrido en carne propia aquí mismo en España, sin tener que irnos tan lejos como a República Dominicana.

A pesar de los avances conseguidos en España en los últimos años en reconocimiento de derechos laborales para este sector, la deuda social hacia estas trabajadoras continúa estancada. La desvalorización social de su trabajo, la falta de reconocimiento como profesionales y, sobre todo, que siga existiendo una clara relación de poder —que se arrastra desde tiempos inmemoriales cuando la esclavitud era algo normal—, hace que la sumisión de las trabajadoras hacia sus empleadores prácticamente forme parte del ADN de este trabajo.

“Jamás cuestiones las ordenes que se te dan”. “Nunca alces la voz a tu empleador”. “Si te quejas, te despiden”. “Si pierdes este trabajo no vas a conseguir otro fácilmente”. “Tu jefe es una persona con mucho poder y te puede destruir si quiere”. “Tu jefe te puede denunciar a la policía, ¿y a quién le van a creer? A ti seguro que no”. “Si no tienes un trabajo estable, ¿cómo vas a mantener a tus hijos?”. Son algunas de las frases que escuchan las empleadas de hogar para forzar su sumisión a sus empleadores y garantizar su silencio. Un silencio alimentado por un miedo tan atroz que las lleva a la paralización, a tener su autoestima completamente hundida y a un estado de extrema vulnerabilidad. Así es como se convierten en presa fácil de cualquier explotador o de un depredador sexual sin escrúpulos.

“La casita del terror”, como llamaban muchas empleadas del hogar a la casa de Julio Iglesias, es fruto y un ejemplo claro de cómo el clasismo se confabula con el racismo para lograr su propósito: la prevalencia del machismo, que cosifica a las mujeres hasta convertirlas en un mero objeto de satisfacción de los deseos carnales más retorcidos de quien ostenta el poder. Envuelto, además, en una impunidad que va cobrando más fuerza y que se perpetua en las sombras del silencio.

Las investigaciones y los testimonios de las victimas evidencian que Julio Iglesias tenía muy bien organizado todo ese sistema de opresión para tener a su servicio las mujeres que quería y satisfacerse mientras se sentía invulnerable.

Hay esperanza para acabar con esta impunidad y para que actúe la Justicia. La clave está en el acompañamiento que, como sociedad, podemos y debemos dar a las víctimas en su proceso de empoderamiento para denunciar y romper con ese silencio devastador

Pero hay esperanza para acabar con esta impunidad y para que actúe la Justicia. La clave está en el acompañamiento que, como sociedad, podemos y debemos dar a las víctimas en su proceso de empoderamiento para denunciar y romper con ese silencio devastador. Y para ello, el primer paso es la condena sin paliativos a la conducta deplorable y presuntamente delictiva de Julio Iglesias, así como de todos los actos de violencia y agresiones sexuales realizado contra las mujeres que trabajan en el empleo del hogar y los cuidados. Aquí, en España, la gran mayoría son de origen extranjero y esto es importante subrayarlo, sobre todo si se encuentran en una situación administrativa irregular, porque es un factor que aumenta exponencialmente la vulnerabilidad.

Además, es urgente que, como sociedad, reflexionemos y reconozcamos que el trabajo del hogar y los cuidados es fundamental para el sostén de la vida, no podemos prescindir de estas tareas. Por eso hay que darle su lugar como un trabajo digno, que merece derechos y condiciones dignas y, sobre todo, que debe valorarse cualquier otro empleo realizado por profesionales.

En la actualidad hay muchos empleadores que tienen claro que contratar a una empleada del hogar para limpiar su casa o a una cuidadora para sus hijos e hijas o para sus personas mayores no significa que tengan que establecer una relación de poder, ni de abuso ni despótica. Más bien al contrario, significa que cuentan con profesionales en las que depositan lo más preciado para ellos: su familia, razón por la que deben reconocerla como persona con plenos derechos laborales, igual que los que disfrutan ellos en sus respectivos trabajos.

En definitiva, como sociedad no podemos mirar hacia otro lado ante este caso, porque si lo hacemos estaremos perdiendo la oportunidad de construir un mundo mejor para todos y todas y para las siguientes generaciones.

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Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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