Opinión
Guerra, gas y hambre: la onda expansiva del conflicto en Oriente Medio en el sistema alimentario

Cada crisis energética revela la misma verdad: hemos construido un sistema alimentario rehén del gas y del petróleo.
Viaje a Irán 2
Álvaro Minguito Carretera a la antigua ciudad de Persépolis.

Director de Justicia Alimentaria

7 mar 2026 07:00

Hoy vivimos un nuevo shock en el sistema alimentario mundial. La mitad de los alimentos del mundo dependen de un fertilizante nitrogenado sintético fabricado con gas natural. Y una cuarta parte de ese comercio atraviesa un cuello de botella marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho: el Estrecho de Ormuz.

Svein Tore Holsheter, director del grupo empresarial noruego Yara, el más importante productor del mundo de fertilizantes, ha avisado que este conflicto podría provocar un nuevo impacto significativo en los precios globales de los alimentos debido a posibles interrupciones en las cadenas de suministro de fertilizantes y energía. Lo del estrecho paso del sistema alimentario no es una metáfora. Es la arquitectura real del sistema alimentario global.

Sin gas barato no hay fertilizante barato. Y sin fertilizante barato, la agricultura industrial que sostiene los monocultivos globales —maíz, trigo,arroz y soja— simplemente no alcanza los rendimientos que hoy sostienen el comercio mundial de alimentos

El nitrógeno sintético —urea, amoniaco— se produce gracias al gas natural mediante el proceso Haber-Bosch. Sin gas barato no hay fertilizante barato. Y sin fertilizante barato, la agricultura industrial que sostiene los monocultivos globales —maíz, trigo,arroz y soja— simplemente no alcanza los rendimientos que hoy sostienen el comercio mundial de alimentos. En muchos lugares, entre ellos España el coste del fertilizante para un un agricultore puede suponer entre el 15 y 30% de su presupuesto, y recuerden que el porcentaje que supone el coste en gas en un fertilizante es entre el 60 y 80%, vaya casi todo es gas.

Los datos recientes son elocuentes. Los precios de la urea ya venían tensionados, pero tras el inicio de los bombardeos y la escalada en la región, la urea egipcia subió de 475 a 505 dólares por tonelada en cuestión de semanas. Los analistas hablan de escenarios de 600–750 dólares por tonelada si el conflicto se prolonga. No son los picos de 2022, pero bastan para asfixiar a agricultores que ya operan con el mayor diferencial coste-precio en una década.

Asia y África son particularmente vulnerables. No porque produzcan menos, sino porque dependen más de la importación de fertilizantes y de cereales. En muchas regiones del Sahel, del Cuerno de África o del sur de Asia, un aumento del 10–20% en el precio del maíz o del trigo no es una estadística: es menos comida en el plato.

Más caro el gas, más caro el fertilizante. Más caro el petróleo, más caro el transporte marítimo y terrestre. Más volatilidad financiera, más especulación con materias primas

La guerra en Irán no solo afecta al fertilizante. El Golfo Pérsico es una arteria energética global. Por el Estrecho de Ormuz transita una parte sustancial del petróleo y del gas licuado mundial. Si el conflicto escala y se interrumpen flujos energéticos, el impacto se multiplica. Más caro el gas, más caro el fertilizante. Más caro el petróleo, más caro el transporte marítimo y terrestre. Más volatilidad financiera, más especulación con materias primas.

El sistema agroalimentario industrial es una maquinaria fósil. Cada caloría industrial lleva dentro gas y petróleo: en el fertilizante, en el tractor, en el riego, en el procesado, en el envase, en el transporte intercontinental. Tras la invasión rusa de Ucrania, los precios internacionales del trigo y los fertilizantes se dispararon. En muchos países del sur global, el gasto en alimentos absorbió más del 50% de los ingresos familiares, y en muchos lugares no se han vuelto a recuperar los precios anteriores.

Si ahora el conflicto en Irán bloquea parcialmente el comercio energético o encarece los seguros marítimos en el Golfo, la tormenta perfecta podría repetirse: Urea hacia 700 dólares/tonelada. Maíz y trigo subiendo un 15%, esto es países importadores endeudados pagando más por fertilizantes y alimentos.

Aquí, en Europa, no somos ajenos a esta crisis. Aunque la UE tiene capacidad productiva agrícola, depende estructuralmente del gas importado y de materias primas fertilizantes. España, por ejemplo, importa buena parte del fertilizante nitrogenado que utiliza su agricultura intensiva. Un encarecimiento sostenido golpeará especialmente a sectores como el cereal de secano o el maíz de regadío, ya castigados por el aumento de costes energéticos, y aunque escucharemos que nosotros apenas importamos gas de aquella región, es igual, los mercados y precios de los fertilizantes son globales, afectan a todos.

En África subsahariana y partes de Asia, una subida de tan sólo 15% en el precio del cereal puede significar millones de personas en inseguridad alimentaria severa

El resultado es conocido. Agricultores atrapados entre costes disparados y precios en origen que no compensan; consumidores pagando más; distribución concentrada protegiendo márgenes, llovería sobre mojado, porque los precios alimentarios siguen altísimos, los hogares con menos renta ya ha reducido calidad y cantidad y aumenta la malnutrición infantil, se han disparado las dietas ultraprocesadas baratas y energéticamente densas. Otra vuelta de tuerca más en una alimentación saludable que se aleja de amplias capas de la población.

En África subsahariana y partes de Asia, una subida de tan sólo 15% en el precio del cereal puede significar millones de personas en inseguridad alimentaria severa. Y no porque el planeta no produzca suficiente, sino porque la producción depende de una cadena fósil vulnerable a conflictos geopolíticos.

Cada crisis energética revela la misma verdad: hemos construido un sistema alimentario rehén del gas y del petróleo. Un sistema con los pies de barro, y rehén de estrechos marítimos, sean los que sean cada pocos año.

La frase que circula en análisis recientes es demoledora: cualquier comunidad capaz de alimentarse sin nitrógeno sintético es una comunidad que no puede ser tomada como rehén en el próximo conflicto del Golfo. Se trata una vez más de la soberanía alimentaria y de la necesidad de descarbonizar nuestra alimentación

En este momento se nos plantean tres escenarios posibles. El primero es una escalada corta y controlada, que tendría subidas temporales del fertilizante y del grano. Impacto manejable pero regresivo. Más presión sobre países importadores más empobrecidos

El segundo sería que el conflicto sea prolongado sin cierre total del Ormuz. Volatilidad sostenida. Urea en 600–700 dólares. Cereales +15%. Incremento significativo del hambre urbana en países dependientes y aumento de la inflación alimentaria en el norte.

Y, por úlitmo, la Interrupción grave del tránsito energético. Shock similar o superior a 2022. Inflación alimentaria global. Crisis fiscal en países importadores netos. Aumento abrupto de la inseguridad alimentaria, y ruptura de las cadenas globales de suministro.

En todos los casos, el patrón es el mismo: la dependencia fósil amplifica la guerra en el plato. La pregunta no es si el precio del pan subirá un 10% o un 20%. La pregunta es por qué aceptamos que nuestra comida dependa de un estrecho marítimo militarizado y de mercados energéticos especulativos.

Hemos externalizado la fertilidad del suelo al gas natural. Hemos sustituido nuestra soberanía alimentaria por contratos de suministro global. Hemos confundido productividad con resiliencia. Y cada vez que algo pasa , nuestra fragilidad queda al descubierto.

En Europa teníamos el objetivo de reducción de un 20% nuestro uso de fertilizantes, pero gracias a lobby industrial y agrario, este objetivo fue eliminado, otra buena idea de la Comisión, sin embargo sabemos que la salida sigue siendo la misma y bien clara, reducir drásticamente la dependencia de fertilizantes sintéticos.

Impulsar la transición agroecológica a gran escala, reforzar reservas públicas estratégicas de alimentos y nuestra capacidad de resiliencia. La historia reciente nos lo recuerda: no hay seguridad alimentaria sin soberanía energética y sin soberanía alimentaria. Y hoy, más que nunca, ambas están en disputa.

Irán
Cuando matar iraníes da beneficios en Texas: quién gana y quién pierde con el bloqueo del estrecho de Ormuz
La agresión de EEUU e Israel contra Irán pone patas arriba el comercio global de hidrocarburos. El 84% del petróleo y el 83% del gas del golfo Pérsico, hoy cerrado al paso de buques, tienen como destino Asia. China es la principal damnificada.
Río Arriba
Javier Guzmán: “Desde la izquierda falta la visión de que el derecho a la alimentación es un tema básico”
Nueva entrevista de Río Arriba en formato podcast donde hablamos de soberanía alimentaria, políticas públicas relacionadas con la alimentación, tratados de libre comercio y sus efectos sobre la agricultura, ganadería y alimentación.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...