Entre el hacinamiento y la hambruna, Gaza se prepara para su cuarto invierno en la más absoluta destrucción

La situación actual de Gaza se puede describir en una palabra: hacinamiento. Desde la supuesta firma del alto el fuego —que no se ha respetado por parte de Israel—, el ejército israelí ha estrechado su cerco sobre la población gazatí.
Norte de Gaza
El barrio de Rimal, al norte de Gaza, completamente destruido. Foto: MSF.
9 oct 2026 06:00 | Actualizado: 9 oct 2026 07:29

Esta semana se han cumplido tres años desde que Israel diera comienzo al genocidio en Gaza. Con más de 74.000 personas asesinadas —entre los que se encuentran más de 20.000 niños y niñas—, según los datos proporcionados por el Ministerio de Salud del enclave. Tres años de matanzas indiscriminadas, desmantelación de los medios de supervivencia y de todas las infraestructuras que hacen posible la vida. No hay en estos momentos ningún hospital en el enclave que funcione a pleno rendimiento y 1,4 millones de los cerca dos millones de personas que viven en Gaza “se enfrentan a niveles críticos de hambre”, aseguran desde Oxfam.

A pesar de la firma del alto el fuego en octubre de 2025, el ejército israelí ha continuado con su política de exterminio —desde la firma han sido asesinadas más de 1.400 personas, entre ellas al menos 324 niños y niñas (prácticamente uno por día)— y de confinamiento; así, el espacio del que disponen los gazatíes para moverse, delimitado por la llamada “línea amarilla”, se ha visto reducido considerablemente durante los últimos meses, hecho que facilita el hacinamiento y la propagación de enfermedades. 

Tampoco se han dado pasos en el plan de Trump para la “reconstrucción” de Gaza, que continúa prácticamente estancado

Además de continuar bombardeando el enclave, Israel no ha cumplido con otra parte del trato: la retirada de las tropas del territorio, es por este motivo que Hamás no ha dejado las armas y por lo que la situación se mantiene estancada. En este contexto, tampoco se han dado pasos en el plan de Trump para la “reconstrucción” de Gaza, que continúa prácticamente estancado. Durante el pasado mes de septiembre, cuando tuvo lugar la Asamblea General de las Naciones Unidas, Estados Unidos puso sobre la mesa una cifra inicial para “iniciar la reconstrucción”, 2.450 millones de dólares, pero lo cierto que no hay ningún plan porque no hay ninguna hoja de ruta. Al frente de esta empresa está el yerno del mandatario estadounidense, Jared Kushner. 

A lo largo de la línea amarilla

Las fuerzas israelíes ocupan actualmente aproximadamente el 65% de Gaza y esta “línea amarilla” actúa como frontera: quien se acerque a ella, corre el riesgo de ser tiroteado. “El espacio en el que la población puede vivir se reduce cada vez más, mientras las condiciones necesarias para sobrevivir están siendo destruidas sistemáticamente mediante la violencia continuada, el bloqueo deliberado de suministros esenciales y la destrucción de la atención sanitaria y de infraestructuras vitales”, denuncia Médicos Sin Fronteras (MSF) en unos de sus últimos informes. “La ‘línea amarilla’ no puede considerarse simplemente una línea en un mapa”, afirma Amande Bazerolle, responsable de la respuesta de emergencias de MSF para Gaza, “se ha convertido en un mecanismo de cerco y limpieza étnica, al tiempo que aísla a las comunidades de las infraestructuras, la atención sanitaria, el agua y otros elementos esenciales que necesitan para sobrevivir”.

Las organizaciones describen con una palabra la situación actual en Gaza: hacinamiento. A esto se le suma la dificultad de acceso a agua potable —la mayoría de las personas dispone de menos de seis litros de agua al día para uso doméstico, según MSF— o a las infraestructuras básicas de saneamiento.MSF ha documentado la propagación de enfermedades como la sarna. La varicela o gastroenteritis. Con la inminente llegada del invierno y las lluvias, la situación empeorará cuando empiecen a aumentar los cuadros de gripe u otras enfermedades víricas. 

Ocho cada diez niños y niñas están enfermos

El exterminio en Gaza toma muchas formas; y una de ellas es la caída en picado de los índices de salud de la ciudadanía. “Ocho de cada diez menores enferman y nueve de cada diez mujeres embarazadas o lactantes presentan síntomas compatibles con anemia”, según informan desde la organización Médicos del Mundo, que alerta sobre la aceleración del deterioro de la salud de los y las gazatíes, tal y como hacen sus compañeros de MSF. Detrás está “la destrucción sistemática de infraestructuras sanitarias, las restricciones a la ayuda humanitaria y las dificultades para acceder a una atención sanitaria adecuada”, además del desplazamiento forzado —el 97,2% de las familias se han visto forzadas a abandonar sus hogares desde octubre de 2023—, el hacinamiento en un territorio cada vez más pequeño, o la situación de hambruna generalizada.

Los datos que maneja la ONG no dejan lugar a dudas: “La inseguridad alimentaria es estructural: el 84% de las personas entrevistadas afirma que conseguir alimentos nutritivos es difícil o muy difícil y el 97% de los hogares ha adoptado alguna estrategia negativa para hacer frente a la falta de alimentos, como reducir las comidas o vender los escasos bienes que les quedan”. Más de 18.500 personas, entre las que se encuentran unos cuatro mil niños y niñas necesitan evacuación médica urgente;  más de mil gazatíes han fallecido mientras esperaban.

El pasado 21 de septiembre 21 personas —entre ellas 12 niños y niñas— murieron al desplomarse uno de ellos en la ciudad de Gaza

Por otra parte, destacan las organizaciones humanitarias, el enclave está repleto de escombros que esconden cuerpos muertos bajo ellos. Si bien se van recuperando algunos de tanto en tanto, “las autoridades israelíes restringen la entrada de la maquinaria necesaria para su recuperación. Muchos otros cuerpos permanecen sepultados e inaccesibles”, destaca Oxfam en uno de sus últimos informes. La recuperación de estos cuerpos, una tema de salud tanto física como psicológica, depende entonces de las propias familias y los equipos de rescate palestinos. 

Además, el hecho de que no se retiren los escombros supone otro problema añadido: el riesgo de derrumbe. Muchas familias palestinas se están alojando en edificios prácticamente derruidos y a punto de colapsar. El pasado 21 de septiembre, sin ir más lejos, 21 personas —entre ellas 12 niños y niñas— murieron al desplomarse uno de ellos en la ciudad de Gaza. “Las familias siguen viéndose obligadas a tomar decisiones imposibles: refugiarse en edificios dañados y peligrosos o vivir en tiendas de campaña soportando temperaturas insoportables”, afirma Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para Refugiados, en una nota de prensa conjunta remitida por varias organizaciones. 

En ese mismo informe, las organizaciones exigen una “rendición de cuentas” y que en Gaza se aplique “el derecho internacional, la justicia y los derechos de las víctimas”, así como que se exijan las responsabilidades correspondientes al Estado de Israel y que se lleva a los responsables ante la Corte Internacional de Justicia.

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