Ciencia
El interés privado y el capital no hallarán la cura del cáncer de páncreas
Un blog sobre ciencia y poder.
Athos, uno de los tres mosqueteros del clásico de la literatura europea de Alejandro Dumas, expresa lo siguiente mientras está preparando el desayuno para D'Artagnan y Grimaud: “aquí tenemos un desayuno de los más suculentos, y quinientas personas allá abajo, como podéis verles a través de las troneras, que nos toman por locos o por héroes, dos clases de imbéciles que se parecen bastante”. Locos o héroes, dos clases de imbéciles que se parecen bastante. Barbacid, como otros casos similares en la historia de la ciencia, creyó ser un héroe capaz de romper las leyes de la naturaleza a través de un descubrimiento increíble, revolucionario. El tiempo, más bien, ha demostrado que Barbacid se ha comportado como un loco. Y los locos son peligrosos en ciencia.
¿Por qué han retirado el estudio de Barbacid sobre la “curación” del cáncer de páncreas?
Hace unos meses vimos como los medios de comunicación encumbraban a la categoría de héroe a Mariano Barbacid por un estudio en ratones con el que prometía, ya en 2024, “la primera terapia efectiva contra el cáncer de páncreas”, según informan Manuel Ansede y Nuño Dominguez para El País. Barbacid llegó a exponerse mediáticamente en el segundo programa más visto del prime time español, El Hormiguero, —programa que promedia más de un millón y medio de espectadores—, y en el cual su presentador llegó a calificar este estudio sobre 45 ratones “curados” de cáncer de páncreas como “milagro”. Todo muy científico.
Ahora, también El País, adelanta que el estudio publicado originalmente en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of United States of America), ha sido retirado (retractado en los términos del gremio académico) porque, tanto Mariano Barbacid, como las dos coautoras del trabajo, Vasiliki Liaki y Carmen Guerra, no habían declarado tener una participación empresarial en Vega Oncotargets, empresa que los tres habían cofundado —junto a otros inversores— y cuyo objetivo empresarial era explotar comercialmente las patentes derivadas de la terapia experimental “descubierta”. Además, en la página Pubpeer, donde se evalúan publicaciones científicas por parte de la comunidad científica, muestran que en dicho artículo hay imágenes duplicadas.
De hecho, el artículo fue rechazado en Nature y Mariano Barbacid utilizó su condición de académico de la National Academy of Sciences of United States of America (NAS) para publicar en PNAS por una vía más laxa que claramente es utilizada para objetivos distintos de los de comunicar resultados científicos de calidad (por decirlo de manera suave). Peter Andersen y sus colegas en 2024 constataron que los artículos que siguen esta vía de publicación —los llamados “artículos de contribución”— en PNAS “tienden a pasar menos tiempo en el proceso de revisión” y “los miembros de la NAS tienden a publicar la mayoría de los artículos de contribución en los primeros años después de convertirse en miembros de la NAS, y los hombres publican más de estos artículos que las mujeres”.
Pero no era la primera vez que, tras el rechazo a su investigación, Barbacid ponía sobre la mesa su “cuota de poder” para obtener lo que realmente quería. También, según El País, cuando fue director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), utilizó la presión mediática para azuzar el supuesto éxito de una terapia contra el cáncer de pulmón. Observemos un poco más en detalle lo que ocurrió por aquel entonces.
Era el año 2011 y el último gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero se tambaleaba tras aceptar la austeridad económica de la Comisión Europea. La ministra de Ciencia e Innovación era Cristina Garmendia, bióloga de formación. Barbacid intentó una campaña de captación de recursos privados a través de donaciones, fórmula que fue rechazada por el ministerio y Garmendia dijo que “las falsas expectativas juegan con el dolor y el miedo que produce esta enfermedad [el cáncer de pulmón] en la población (…). No se deben anunciar hallazgos básicos realizados en ratones como si el paso a la curación en humanos fuese inmediato”.
Parece que la historia rima. A finales de 2025 Barbacid es entrevistado por casi todos los medios en España. La extrema derecha utiliza este hallazgo para presionar políticamente al gobierno de Pedro Sánchez: VOX llegó a tramitar dos proposiciones no de ley para que el Estado asumiera la financiación que reclamaba Barbacid.
Desde que se armó todo este revuelo mediático, el exdirector del CNIO consiguió recaudar por vía privada más de 3,6 millones de euros, dinero que ha seguido recaudando durante un mes y medio sabiendo que su estudio había sido retirado. Una de las coaturas del trabajo le resta importancia a la retirada del artículo y a que esos 3,6 millones queden “en el aire”. Afirma que “es un cambio de ventanilla”, dejando entrever que muy posiblemente se enviará a otra revista de menor prestigio para ser publicado de nuevo. Vega Oncotargets sigue con sus objetivos intactos pese a que el eslogan, “la primera terapia efectiva contra el cáncer de páncreas”, ya no aparezca en su web oficial.
“La diferencia entre aquellos que intentan ser héroes haciendo trampas a lo loco y los locos que se creen héroes es, como decía Athos, mínima”
La relación de Barbacid con Juan Arroyo
Según informa recientemente Quico Alsedo en El Mundo, habría blindado contractualmente a Juan Arroyo en el CNIO. Barbacid, íntimo de Arroyo, ha otorgado 25.000€ al año en su despido. Un despido que ha venido motivado por las acusaciones de dos ex altos cargos del CNIO sobre un supuesto desfalco de entre 25 y 30 millones de euros en 17 años. Ahora nos hemos enterado que los sótanos del CNIO esconden enormes cantidades de materiales no relacionados con la investigación científica: hormigoneras, jambas de puertas, cemento, etc. La policía, que está investigando esta trama, ha llegado a calificar estos sótanos del CNIO de “Leroy Merlin”.
Las denuncias del personal del CNIO no hacen más que acumularse y la investigación se anuncia larga. Son décadas de supuestos contratos irregulares, de redes de favores y de acoso laboral. Eldiario afirma que “la Fiscalía investiga estos hallazgos como parte de una amplia red de irregularidades producidas en el mayor centro español de investigación contra el cáncer durante décadas, desde el uso masivo de contratos menores a falsas ofertas de acompañamiento para simular la competencia”.
Corrupción en las élites de la comunidad científica
El 19 de julio de 2019 publicamos un artículo titulado “Corrupción en la investigación científica, un problema estructural” en el que hablábamos de unos cuantos casos de corrupción científica en España y afirmábamos:
“Estos son ejemplos, no manzanas podridas, de un sistema tecnocientífico que está saturado. El cuello de botella es muy estrecho, son pocos los doctores que pueden terminar trabajando como investigadores. Además, la saturación y la mercantilización de la investigación en forma de publicación y patente llevan a una competencia feroz por ser el primero. Unos pelearán por un proyecto y otros por un contrato; y ambos lo necesitan para seguir empujando la rueda”.
Además de los incentivos perversos de la precariedad, la investigación científica contemporánea está privatizada hasta el tuétano. Tanto en su relación con el lucro como ideológicamente. Apenas nadie cuestiona en la academia que las farmacéuticas tengan laboratorios más o menos subcontratados en institutos públicos (como el CNIO), que las personas investigadoras tengan conflictos de intereses (los declaren o no) con la big pharma, y que se puedan recaudar fondos no competitivos en carreras del lazo rosa, o programas de televisión.
El caso de Barbacid se añadirá a la lista, pero no será el último. La diferencia entre aquellos que intentan ser héroes haciendo trampas a lo loco y los locos que se creen héroes es, como decía Athos, mínima: “Locos o héroes, dos clases de imbéciles que se parecen bastante”.
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