Perú
Roberto Sánchez y Keiko Fujimori se disputan la Presidencia de Perú
Perú celebra este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y la sociedad, hastiada de tanta inestabilidad, tiene que elegir entre dos opciones que generan escasa ilusión: el castillista Roberto Sánchez y la derechista Keiko Fujimori. Sin contar con quienes apoyaron a estos candidatos en la primera vuelta, un 17% a Fujimori y un 12% a Sánchez, el resto de la sociedad podría votar por el mal menor, por lo que el resultado lo decidirían los extendidos sentimientos anticomunista y antifujimorista.
Las encuestas otorgan varios puntos de ventaja a Fujimori, aunque las predicciones suelen medir de forma errónea el voto rural y aún habría un alto número de personas indecisas. Así que todo es posible en Perú, donde el voto viciado o nulo tendría un protagonismo especial entre los 27 millones de peruanos llamados a las urnas.
Las candidaturas
Es la cuarta vez que Keiko Fujimori, hija del autócrata Alberto Fujimori, consigue llegar a la segunda ronda presidencial. Como nunca ha tenido éxito, en Perú se dice que quien se enfrenta a ella siempre resulta vencedor. Es decir, hasta el momento, el antifujimorismo siempre ha vencido. Tras dos décadas de insistencia en las que se ha enfrentado con su hermano Kenji (que no votará por ella), a veces con su fallecido padre y constantemente con buena parte de la sociedad, Fujimori de nuevo tiene la oportunidad de ser investida presidenta.
La esturctura clientelar de Fujimori explica que haya controlado el auge del ultraderechista Rafael López Aliaga, el exalcalde de Lima que cuenta con un fuerte apoyo electoral solo en la capital
Su formación, Fuerza Popular, es la única realmente robusta de Perú. Cuenta con una estructura de partido en casi todo el país y, salvo en el altiplano sureño, es primera o segunda fuerza en muchas de regiones. La sociedad sabe eso, como sabe también que por eso es más beneficioso subirse al engranaje clientelar de Fujimori. Porque ella siempre está, mientras el resto de partidos suben y bajan a una velocidad pasmosa. Esta estructura también explica que haya controlado el auge del ultraderechista Rafael López Aliaga, el exalcalde de Lima que cuenta con un fuerte apoyo electoral solo en la capital.
El votante de Fujimori es de clase media o media-baja, es menos liberal, menos enriquecido y menos racista que el de López Aliaga. Salvo en la violación de derechos humanos, donde Fujimori sigue siendo la más extrema, en Perú la derecha de estilo trumpista es la de López Aliaga, quien, pese a las denuncias infundadas de fraude en la primera ronda electoral, ha pedido a sus seguidores que apoyen a Fujimori. Es decir, que además de las clases populares derechistas, la clase adinerada y el capital también están con Fujimori, sobre todo porque en el otro lado está Sánchez.
El psicólogo Roberto Sánchez lleva dos décadas en la primera línea política y, como presidente de Juntos por el Perú. Su destreza le ha permitido sobrevivir en un Congreso tan depredador como el peruano. Su campaña y éxito se lo debe al expresidente Pedro Castillo, el maestro cajamarquino encarcelado en 2022. Además del aura, el sombrero y el apoyo de Castillo, la gran seña de identidad de su campaña ha sido bajar a la calle para encontrarse con la sociedad. En la primera vuelta no dejó de recorrer el país, lo hizo también durante el recuento de un mes, y lo ha hecho de cara a esta segunda ronda presidencial.
Los votantes de Sánchez están principalmente en la sierra y el altiplano sureño. Al igual que Castillo, aunque sea de una localidad al norte de Lima, representa a todas esas personas excluidas y reprimidas con severidad en Perú. Esas personas que apoyaron a Castillo y que ahora respaldan a Sánchez no reclaman derechos periféricos ni tampoco sistemas complejos ni mucho menos empezar un movimiento ecologista. Solo quieren oportunidades, piden que todo lo que dan al país con sus esfuerzos en las minas se les devuelva de alguna manera, ya sea con derechos, progreso o respeto.
Sánchez es la voz de esas personas, pero necesita a otras para poder vencer en los comicios. Y, como entiende que los extremos penalizan hoy en Perú, ha tratado de alejarse de la izquierda radical para evitar ser acusado de comunista. De hecho, ha asegurado que no es comunista y que no persigue estatizar la economía ni expropiar empresas. Pretende, dice, una socialdemocracia en la que exista una verdadera división de poderes. Su gran reto es espantar esa percepción de comunista y, además, penetrar en las ciudades costeras, sobre todo en Lima, que concentra casi un tercio de la población y donde obtuvo un resultado nefasto en la primera vuelta presidencial.
Sánchez mantiene su presencia en la calle, y varios movimientos sociales y políticos se han manifestado para recordar y azuzar el sentimiento antifujimorista
Pragmático, Sánchez ha sido capaz de cambiar la propuesta electoral para rebajar el radicalismo y poder aglutinar a otros movimientos políticos: Ahora Nación, el movimiento Obras y otras formaciones han decidido apoyar su candidatura. Sabe que, para ganar, necesita el apoyo del antifujimorismo, y eso incluye a centristas. De esta forma, al aglutinar varias formaciones, el político izquierdista dota de robustez a su proyecto y aplaca las críticas derechistas que apuntan a falta de seriedad en el castillismo. Además, mantiene su presencia en la calle, y varios movimientos sociales y políticos se han manifestado para recordar y azuzar el sentimiento antifujimorista.
Propuestas
Estas elecciones llegan tras una década convulsa en la que ocho presidentes han dirigido el país en diez años. En la última legislatura, fueron cuatro, y se dio el curioso caso de Fujimori aliándose en el Congreso con el partido que la derrotó: Perú Libre, en el que Pedro Castillo fue incluido en las listas. Las capacidades negociadoras de Fujimori son indiscutibles, y con los beneficios personales ha ido comprando voluntades para instaurar un parlamentarismo de facto. De hecho, Perú ahora mismo es un sistema híbrido en el que el Senado, reinstaurado con estas elecciones, tendrá las principales potestades legislativas y de vacancia.
Este caos político ha llevado a un cruce de declaraciones entre Sánchez y Fujimori en las que se han culpado mutuamente de la inestabilidad del país. Por eso, en el debate presidencial Sánchez apuntó al “kaos” “K” de Keiko, mientras que ella le respondía que era con “C” de Castillo. Además de la necesaria estabilidad política, el debate electoral se ha centrado en la creciente inseguridad, unos de los principales quebraderos de cabeza de la sociedad: en Perú hay siete homicidios diarios y en Lima es especialmente preocupante la creciente extorsión en el sector del transporte.
Para contener la inseguridad, Sánchez propone reformar la Policía, construir cinco megacárceles y derogar las leyes procrimen aprobadas en la última legislatura. Por su parte, Fujimori, cuyo lema de campaña es “vuelve el orden”, quiere luchar contra la criminalidad dotando de mayores recursos a las fuerzas de seguridad y recuperando la mano dura de su padre. Además, Fujimori ha atacado a Sánchez por incluir en su proyecto a Antauro Humala, militar al que ella define como “asesino de policías” y que cumplió 17 años de prisión por un levantamiento conocido como el Andahuaylazo.
Tanto Sánchez como Fujimori apuestan por medidas sociales como incrementar los recursos en educación y salud. Como objetivos particulares del castillismo, Sánchez quiere indultar al expresidente Pedro Castillo, y podría hacerlo por la gracia presidencial, e iniciar un proceso constituyente que se antoja hoy imposible, ya que necesitaría reformar leyes en un Congreso dominado por la derecha.
Como ocurrió hace cinco años, los 27 millones de peruanos tienen que decidir si le dan otra oportunidad al movimiento castillista, o si permiten que Keiko Fujimori se convierta en presidenta. A Fujimori insistencia no le falta y, para ahuyentar los temores sobre sus tendencias autoritarias, ha asegurado que nogobernará más de una legislatura en Perú.
Perú
Perú y los resultados inciertos del giro a la derecha en América Latina
Música
Renata Flores
“La música también sirve para rabiar y sanar”
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!