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Sector Público
Del 15M a a las oposiciones: relato de una experiencia generacional

La ansiedad de enfrentarse a unas oposiciones como la única hipótesis medio viable de escapar de la precariedad se ha convertido, más que en una experiencia generacional compartida de los 25 a los 45, en la radiografía de un momento. Vital, político, histórico. Ansiedad multiplicada si, como nosotros, se vive en cualquier lugar diferente a Madrid y Barcelona, esa rosquilla mordida geográfica en la que se ubican, con desprecio decimonónico, las provincias.
Y a eso nos dedicamos en el programa de hoy, con la excusa del último libro de Sara Mesa, Oposición (Anagrama): a pensar ese momento vital, político y económico en el que se ha convertido el becoming funcionario. Pincha en la cajita de arriba para disfrutarnos full experience.
En Oposición, la protagonista, Sara, expone los consejos de su mentora en el empleo al que acaba de acceder en estos términos:
...entendía que aquel, el de las oposiciones, no era el plan más apasionante del mundo, que a lo mejor a mí, una chica en la flor de la vida, me tentaban más otros caminos, pero que lo que había ahí fuera era muy hostil, muy inestable, mientras que allí dentro, al menos, tenía una tranquilidad, eso era innegable. Yo se lo digo a la gente que aprecio, dijo, y por eso también te lo digo a ti, que lo importante en el trabajo es la seguridad y que luego, en el tiempo libre, vienen las aficiones, las distracciones y las pasiones, que normalmente no te dan de comer (p. 62).
Lo divertido de este intercambio confesional es que, cambiando apenas unas palabras, podría aludir en otro tiempo a una conversación sobre las virtudes del matrimonio de una joven. O sobre trabajar o estudiar. En todos los casos, la transmisión generacional de la experiencia sobre las opresiones que uno/a debe soportar para huir de aquellas otras, como el clásico de todos los clásicos: fundar una familia para huir de tu familia. No deja de ser gracioso que la conversación se pose hoy en el dilema contemporáneo de nuestra generación: ponerse o no ponerse con la maldita oposición.
Volviendo a la novela de Sara Mesa: ¿Qué le sucede a la protagonista de Oposición? Ha tenido a) la buena suerte de acceder a un puesto eventual en una Administración autonómica y b) la mala de que ese puesto este encaje con la definición canónica de un “trabajo de mierda” que hizo David Graeber. Esa cosa, que recordemos no debemos confundir con un trabajo precario ni necesariamente mal pagado, sino aquel:
tan carente de sentido, tan innecesario o tan pernicioso que ni siquiera el propio trabajador es capaz de justificar su existencia, a pesar de que, como parte de las condiciones de empleo, dicho trabajador se siente obligado a fingir que no es así.
Como toda persona que accede a un empleo de este tipo desde una clase inferior, la prota de Oposición no sabe si le ha caído el gordo o una condena. Duda de que, en cualquiera de los dos casos, lo merezca. Por otra parte, no ha adquirido experiencia alguna en el dinámico sector privado español y, como suele pasar con las protagonistas de Mesa, tampoco es la mejor campeona de su propia causa, así que encuentra pocos incentivos para querer perpetuarse en la función pública. En nuestra generación, en cambio, nadie necesita cocinarse al fuego de las oposiciones por inducción o con pasión militante. Más bien la gente se tira, en largas filas y con toda fe, a la olla, después de requemarse en el largo camino de la precariedad e incertidumbre del sector privado. Al último lloro de clickbait liberal, destacando que 7 de cada 10 trabajadores del sector privado cambiarían su puesto por uno en el público, Raimundo Viejo señalaba una evidencia: “¡los esclavos de las pirámides quieren ser escribas del Faraón!”.
Si esta es una descripción fiable de las trayectorias vitales de nuestra generación, al menos en provincias y con todos las líneas de desigualdad de clase, género y situación administrativa que vertebran este campo, la cuestión es ¿qué lectura política cabe? Si la expansión del empleo público es la única política socialdemócrata posible ¿cómo nos pensamos?
La expansión del empleo público es parte de un conflicto central por la des-mercantilización de espacios fundamentales para la vida. Los derechos carecen de una mínima efectividad sin ello, como tampoco puede decirse nada malo de las estrategias de cada cual para reconquistar nuestra propia vida y producir algo con valor social. Sin embargo, si el chiste de que es la única política socialdemócrata posible provoca media sonrisa, es porque, como siempre, trata cierta verdad verdad: muestra sus límites absolutos. Mínima fricción con el mercado (no por ello menos importante); ni siquiera para compensar los procesos de mercantilización de los nuevos espacios de actividad; y la reproducción asistida de la clase media mediante su autoficción ética favorita: la meritocracia.
Sara, la protagonista de la novela de este episodio, piensa:
Ahora entendía por qué quienes se presentaban a una oposición no hablaban de aprobar, sino de alcanzar una cima y ganar. Una oposición es una competición donde hay vencedores y vencidos, como una carrera de obstáculos, como una guerra. Solo ganan los más rápidos, los más listos, los más eficientes, los más disciplinados, los más obedientes, los que no se distraen, ni dudan, ni se entretienen ni se equivocan, los que nunca dan rodeos y ni jamás se entregan a ninguna flaqueza (p. 116)
Más que subrayar la indistinción con el mundo llados y criptobro, merece la pena subrayar lo que todas estas ansiedades tienen de fotografía de un momento histórico y vital, conformado por capas superpuestas y contradictorias de zozobras: la angustia por conseguir algo así como estabilidad, consagrar la responsabilidad individual, la competitividad, el sacrificio, la posibilidad de escapar de la precariedad junto a la derrota de sí como medio para la derrota de otros. En otro nivel: el compromiso entre conquistar espacios al mercado, garantizar derechos, cuidarse y cuidar, salvar alguna forma de reproducción de las clases medias diferente de la renta inmobiliaria, sortear algún pase VIP entre las clases populares y mantener alta la valoración de activos como el mérito y la capacidad en tiempos de poder imperial. Entre el cierre de ciclo y el posicionamiento de piezas para el siguiente. Del que se vayan todos al que nos saquen la plaza. Ánimos sinceros con el estudio y contad con nuestros tuppers.