Medio rural
La genealogía del silencio: ‘Campesinas’, el fenómeno editorial que rescata a las mujeres invisibles
“Tengo que escribir un libro sobre estos zapatos”. Ese fue el pensamiento que persiguió a la periodista polaca Joanna Kuciel-Frydryszak después de escuchar a mujeres contar cómo sus abuelas lograron, por primera vez, comprarse calzado propio tras trabajar como sirvientas. De esa necesidad de narrar lo invisible, de hurgar en la historia invisibilizada de las mujeres, nació Campesinas: la historia de nuestras abuelas, un libro recién publicado por Editorial Temporal, con una cuidada traducción en castellano de Teresa Benítez e ilustraciones a cargo de La Madriguera, el taller que dirige Paula Bonet.
Campesinas viene a completar el trabajo que realizó Kuciel-Frydryszak en 2021 con la publicación de Sirvientas, otro volumen en el que trata las condiciones materiales y vitales de las mujeres que trabajaban como servidumbre en la casa de las familias acomodadas en la época de la Polonia de entreguerras. “Una vez sacamos Sirvientas —recuerda la autora—, empezaron a llegarme un montón de comentarios de mujeres que me decían ‘esta es la historia de mi abuela’, lo que pasa es que nunca se hablaba de ello porque se consideraba poco importante o incluso vergonzoso”.
El libro, que desde que se publicó en 2023 ha supuesto un fenómeno de ventas en Polonia y en otros países como Eslovaquia, cuenta la historia de las mujeres y las privaciones que soportaban en una Polonia que cargaba con un nivel de miseria situado, al igual que en el caso de Sirvientas, en el periodo de entreguerras en el que se especializó la autora. Kuciel-Frydryszak se puso manos a la obra consultando fuentes de todo tipo: desde álbumes y correspondencias familiares, recortes de prensa o archivos hasta los testimonios de los familiares de estas mujeres.
Campesinas trata aquella genealogía que hemos olvidado con el tiempo por esa falta de fuentes, más allá de las académicas. “Había muchísima gente analfabeta, así que no dejaban ningún tipo de diario que nos explicara su vida”, señala Kuciel-Frydryszak. “Lo que tenemos son los testimonios de gente con educación y formación, pero que no formaban parte de su mundo, por lo que nos ha llegado una imagen distorsionada de la realidad”, precisa. Una situación a la que se añade que la historia oficial se enfocaba tan solo en la historia militar: “Se hablaba casi exclusivamente del pasado grandioso, sin contar cómo se desenvolvía y vivía la gente”.
La narración transcurre entre las historias con nombre propio de las mujeres de la época. Los capítulos abarcan las distintas realidades a las que se tenían que enfrentar. Desde el ámbito doméstico donde se veían obligadas por los padres y los maridos a trabajar sin descanso para servirles y a la violencia; el abandono en la viudez; la negligencia en la infancia; la sexualidad y la falta de conocimiento; los abusos que sufrían por las diferencias de clase y de género que se veían acentuadas por la pobreza; la religión católica que dominaba el ámbito espiritual, y la búsqueda de la libertad y de una vida mejor no solo para ellas sino especialmente para sus hijos. “A las mujeres se les educaba para que aguantaran —afirma Kuciel-Frydryszak—, es algo que llega hasta nuestros días. Algo que he visto en mi propia familia”.
Y las mujeres aguantaban. Se estima que, en los años 20 y 30 en Polonia, los campesinos y la gente que vivía en el campo representaban un 70% de la población. “Polonia era un país eminentemente agrícola, pero no se hablaba de esta gente —asegura la autora—, era como si se hubiesen olvidado de ellos”. De estos habitantes del campo, los más desprotegidos eran las mujeres y los niños más pobres, que a menudo eran explotados como sirvientes para ganarse la comida y un techo donde dormir, o que vivían en unas condiciones materiales deplorables.
Así, nos encontramos con escenas típicas de la época que resultan duras de leer por su crudeza. Es el caso de la falta de zapatos en los hogares más humildes. “Para los campesinos —escribe Kuciel-Frydryszak en el primer capítulo del libro—, los zapatos eran dignidad”. Esto mismo —la falta de zapatos— es lo que le ocurre a Jadwiga Szkraba, una niña a la que su hermano cargaba en un hatillo para llevarla al colegio, porque en casa no tenían dinero para comprarle zapatos e ir a la escuela. “Ese caso se ha quedado conmigo porque hablé bastante con su nieta, Lucy Davis, de cómo su abuela no se rendía”, cuenta la autora. “Cuando le dijeron que no podía ir a al colegio lloró tanto que su madre ideó aquello del hatillo para que el hermano la cargara y la llevara y trajera de vuelta a casa. Jadwiga sentía que la educación era algo importante. Y es verdad que le cambió la vida porque aprendió a leer y a escribir. Incluso llegó a escribir poesías”.
No todas podían permitirse ir a la escuela, porque en el caso de tener hermanos varones siempre se les elegía a ellos como estudiantes, y a ellas se les asignaba el rol de cuidadoras. Además, como escribe Kuciel-Frydryszak: “Cuando un niño va a la escuela, la familia pierde a un trabajador en la finca. No todos pueden permitírselo”.
“Estas mujeres eran extraordinariamente resistentes. Me interesaba mucho contar cómo lograron dar una educación y mejores condiciones de vida a sus hijos, pese a todo lo que ellas pasaron”, apunta Kuciel-Frydryszak
La historia de Jadwiga Szkraba continúa durante el libro. Posteriormente conoceremos que trabajó como asistenta en una casa, que consiguió librarse de la deportación varias veces, que crió a sus hijas, y que siguió adelante cuando su marido enfermó, y una de sus hijas murió. “Estas mujeres eran extraordinariamente resistentes. Me interesaba mucho contar cómo lograron dar una educación y mejores condiciones de vida a sus hijos, pese a todo lo que ellas pasaron”, apunta Kuciel-Frydryszak, quien destaca la fortaleza de las campesinas.
Otro reflejo de lo importante que fue la formación para los habitantes de lo rural, y muy especialmente para las mujeres, fue el movimiento de la Universidad Popular en Gacka Górka, fundada por Ignacy Solarz y Zofia Solarz. Esta Universidad Popular tenía como objetivo educar en el ámbito rural a los jóvenes campesinos de la región y enseñar valores críticos con el capitalismo y con la doctrina clerical. “Es un movimiento que no se conoce mucho, porque no fue muy grande —valora Kuciel-Frydryszak. “En total participaron unas cien mil personas, y abarcó también grupos pequeños de gente, pero no llegó a más. Quería incluirlo porque demuestra que, si a la gente le das oportunidades para mejorar, participar y cambiar su vida, lo hacen”. La autora quiso tratar el tema porque en Polonia, “como pasa también en España”, se tiene una imagen del pueblo del campo como muy vinculado a la iglesia. “En los pueblos el que tenía la voz era el cura, el párroco, entonces había que atenerse siempre a lo que dijera y este movimiento de la Universidad Popular, fue en contra de todo eso”.
Frente al olvido, en el que es tan fácil caer, en esta época de distracciones y velocidad informativa, Campesinas supone un ejercicio del recuerdo, porque como la propia Kuciel-Frydryszak cuenta en su libro “nuestros antepasados, por lo general, no dejaron correspondencia […] A los bisabuelos campesinos, aunque supieran escribir, su vida no les parecía tan interesante como para dejar constancia de ello por escrito”. Esta herencia de la vergüenza y de la insignificancia frente a otras clases sociales como la burguesía, ha seguido hasta hoy en día, como bien explica la autora.
En diciembre de 2025 se estrenó en uno de los teatros de Varsovia una versión dramatizada de Campesinas. Para la primera representación se invitó a varias familias de los protagonistas del libro. “Fue un choque ese de las historias que parecían tan remotas, como si fueran unas fantasías, contrastadas con el mundo tan moderno en el que vivimos ahora, era el choque de los dos mundos”, describe la autora. Algo que fue especialmente impactante para los espectadores más jóvenes: “Para la gente joven es un shock ver de lo que se habla porque es una realidad que no se pueden imaginar”. Kuciel-Frydryszak apunta que en la actualidad los problemas del día a día son “más relajados y no les entra en la cabeza que la gente no tuviera zapatos o que solo comiera carne dos veces al año, porque ellos se van un fin de semana a Barcelona, se van de restaurantes y no tienen ningún problema”.
Campesinas intenta destapar lo que la historia ocultó durante mucho tiempo y ayuda a entender mejor a quienes nos precedieron y a quienes somos hoy en día. En ellas no solo reconocemos a las campesinas polacas, sino también a nuestras propias abuelas, y su lucha por mejorar las condiciones de vida. En algunas ocasiones, el parecido trasciende las nacionalidades y se observa en los gestos. “Si se nos caía el pan —cuenta una de las nietas de estas mujeres—, lo recogíamos y lo besábamos”.
“Siento que todavía no he terminado Campesinas —confiesa Kuciel-Frydryszak— porque sigo recibiendo testimonios de la gente”. De momento, cuenta que está metida de lleno en otro proyecto, que no va a ser la continuación de Campesinas —aunque no descarta una edición extendida del volumen—, pero estará relacionado con sus anteriores libros. “Aún no sé por dónde me va a llevar la investigación y las historias, así que no sé por dónde va a ir continuando el trabajo”. Pero sí tiene clara una cosa: “En general, me gustaría escribir sobre mujeres, porque es el momento de hablar de ellas, sobre todo ahora que las mujeres son más conscientes del peso de las historias y quieren saber más”.
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