Opinión
Psicología de la precariedad: salud mental y bajas laborales
La salud mental es uno de los grandes campos de batalla del debate político después de que Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, apuntara a la necesidad de recortar el sueldo a los trabajadores que estén de baja. “Esto es un cáncer que no podemos pagar porque cuesta más de 30.000 millones de euros”, dijo el líder del PP ante un grupo de empresarios vascos ante de anunciar que, si gobierna tomará medidas “con o sin acuerdo” de los sindicatos.
Mientras Feijóo y la patronal insinúan que las personas trabajadoras se están aprovechando del sistema, la literatura científica y los datos apuntan a una realidad bien distinta. El mercado laboral y las instituciones están abusando de las personas trabajadoras hasta tal punto que tiene consecuencias demostrables para su salud mental.
Varias revisiones sistemáticas —entre ellas estudios de Du Prel y otros autores o de Samuel Harvey— vinculan de forma consistente altas exigencias laborales, bajo control, escaso apoyo, desequilibrio entre esfuerzo y recompensa o la percepción de injusticia organizacional con problemas de salud mental comunes.
Entre todos estos factores, la percepción de recibir una baja recompensa por el trabajo realizado aumenta hasta en un 76% las probabilidades de padecer una incapacidad temporal por trastornos mentales diagnosticados, algo que reconoce un estudio de Jay A. Mancini de 2020.).
Diversas investigaciones muestran que los salarios bajos se asocian con niveles significativamente superiores en depresión y ansiedad. Esta asociación se intensifica cuando los ingresos reducidos vienen acompañados de deudas, inseguridad alimentaria, precariedad laboral o pérdida abrupta de ingresos, algo que evidencia el estudio Poverty, depression, and anxiety de 2022 o el más reciente Longitudinal Relationship between Financial Hardship and Mental Health, de 2025.
Un metaanálisis sobre estatus socioeconómico y depresión estimó que pertenecer a un estrato socioeconómico bajo aumenta hasta en un 96% las probabilidades de sufrir depresión. Otra revisión longitudinal publicada en 2025 concluyó que las dificultades financieras predecían el deterioro de la salud mental, y en concreto de los síntomas depresivos.
En esta línea, una revisión sistemática de 2022 encontró que la mayoría de las investigaciones asocian positivamente el estrés financiero con la depresión, y que tener bajos ingresos predice síntomas depresivos en siete de los once estudios seleccionados. La ansiedad muestra un patrón similar aunque algo menos uniforme. Amiri y Behnezhad en 2021 y Schneider y otros en 2017 describen una relación positiva clara entre la ansiedad y la depresión y el incremento del número de bajas laborales.
En España entre 2018 y 2023, las jornadas laborales perdidas por problemas de salud mental aumentaron un 111,4%, más del doble que el conjunto del absentismo, siendo uno de los motivos de incapacidad temporal con el crecimiento más dramático. Según la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT), durante 2024 se registraron 2,18 bajas mensuales por cada mil trabajadores protegidos por este mismo motivo, lo que supone un incremento del 118% en apenas nueve años.
Si la ansiedad y la depresión tienen una fuerte relación con la precariedad, habría que buscar la causa del aumento de las bajas en fenómenos económicos y sociales y no en los individuos
Si como hemos visto, la ansiedad y la depresión tienen una fuerte relación con la precariedad económica derivada del mundo laboral, habría que buscar la causa del aumento de las bajas en fenómenos económicos y sociales y no en los individuos. Pero los datos macroeconómicos apuntan a que todo parece ir muy bien para el banquero, para el alcalde y para nuestro presidente.
La economía española ha registrado uno de los mayores crecimientos de Europa, con incrementos del PIB del 6,4% en 2022, el 2,5% en 2023, el 3,5% en 2024 y el 2,8% en 2025 según el Instituto Nacional de Estadística. Además, el Observatorio de Márgenes Empresariales del Banco de España, el Ministerio de Economía y la Agencia Tributaria muestran que el resultado bruto de explotación de las empresas ha alcanzado máximos históricos, acumulando un incremento superior al 50% desde 2019, muy por encima del crecimiento de los salarios. Entonces, ¿para el que se lo curra, como van las cosas? Todo sigue yendo a peor.
En un aparente universo paralelo, la encuesta de Condiciones de Vida sitúa la tasa de pobreza laboral española en el 11,6% en 2024, cinco puntos por encima de la media de la Unión Europea, lo que convierte a España en el tercer país con mayor pobreza laboral del bloque comunitario según datos de 2025 de Oxfam Intermón. Estos datos se ven apoyados por el aumento del coste de la vida. El precio de la vivienda en España acumula un incremento cercano al 70% desde 2015, los alquileres se han duplicado y el IPC general registra un incremento acumulado superior al 25% desde 2019, erosionando el poder adquisitivo de salarios que llevan 30 años estancados. Estos datos indican que las empresas se han apropiado de una cantidad ingente de beneficios procedentes del estancamiento de los salarios y la inflación de precios que han absorbido los ingresos de la clase trabajadora.
A pesar de este aumento histórico de los beneficios para las empresas y del empeoramiento de la salud mental de la población, la patronal y la derecha española se atreven a decir que las personas trabajadoras están abusando del sistema de bajas laborales
A pesar de este aumento histórico de los beneficios y del empeoramiento de la salud mental de la población, la patronal y la derecha española se atreven a decir que las personas trabajadoras están abusando del sistema de bajas laborales. Las élites señalan a los “individuos que se aprovechan de las bajas” para denostar este derecho laboral, soslayando las consecuencias sobre la salud de las condiciones estructurales de explotación que se nos imponen. Este mecanismo discursivo desplaza la responsabilidad de las consecuencias de la explotación impulsadas por las élites a los individuos de la clase trabajadora.
El supuesto abuso de estos individuos permite la estereotipación de las personas trabajadoras, caracterizadas como vagas y aprovechadas —un clásico, si me preguntan—. El contenido de este estereotipo activa marcos cognitivos propios de la cultura del esfuerzo, despertando prejuicios hacia esta medida de protección social entre las mismas personas trabajadoras. Así, cualquier decisión gubernamental que limite el supuesto abuso de la figura jurídica de la incapacidad temporal es legitimada ante los ojos de las personas trabajadoras, a pesar de ser un recorte en derechos laborales que reduce su propio bienestar.
Mark Fisher habla de un proceso de “privatización del estrés” por el cual el malestar psíquico se convierte en algo que la psicología debe resolver de forma individual para cada individuo mediante terapia
Finalmente, responsabilización del individuo del problema de las bajas encaja muy bien con la tesis de Mark Fisher. Este autor sostiene que el auge de la depresión y la ansiedad en el capitalismo tardío no es una epidemia de patologías individuales, sino un síntoma de las condiciones materiales impuestas por el neoliberalismo, que presenta problemas estructurales como la precariedad, como si fueran fallos personales. A este proceso lo llama “privatización del estrés”, por el cual el malestar psíquico se convierte en algo que la psicología debe resolver de forma individual para cada individuo mediante terapia.
Ciertamente, la psicología ha pecado de ser una muleta del discurso neoliberal al centrar sus esfuerzos en la explicación de problemas colectivos usando una perspectiva individual. No obstante, este campo del conocimiento también tiene potencial emancipador, como demuestra la evidencia compartida en este artículo.
El estudio de las consecuencias psicológicas de la explotación y la precariedad permiten asociar variables de contextos específicos con la incapacidad de las personas trabajadoras para seguir produciendo en las mismas condiciones, o al menos con la incompatibilidad de estas variables con el bienestar. La investigación psicológica permite elaborar discursos y figuras jurídicas que protegen a la gente de las consecuencias del modo de producción capitalista. Por consiguiente, limita el valor social de la producción y la reproducción, y pone el acento en la creación de las condiciones sociales óptimas para la vida de los cuerpos trabajantes. Bastante anticapitalista.
Enfermedades laborales
¡Odia a tu compañero de trabajo!
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!