Serbia
Una noche histórica para Serbia: así se vivió la victoria de los estudiantes tras dos años en las calles
Los estudiantes han hecho historia en Serbia. Tras doce años en el poder, el ‘hombre fuerte de Serbia’, Aleksandar Vučić perdía ayer la mayoría parlamentaria en unas elecciones eran las más importantes del país desde los noventa.
Los estudiantes se sabían ganadores La concentración del jueves en la plaza Slavija, en el centro de Belgrado, fue una celebración anticipada. “Hemos hecho todo lo que ha estado en nuestra mano durante los últimos dos años. Soportar esa responsabilidad cuando se trata de un grupo tan grande y tan bien organizado de jóvenes de 20 años es mucho, pero estoy muy orgullosa de mi generación por haberlo conseguido y por haber mantenido todo unido durante tanto tiempo. Espero que haya sido un éxito. Cuento con que así sea”, decía Jovana, estudiante de Ingeniería Eléctrica de la universidad Belgrado y una de las portavoces del movimiento Blokade, como se le conoce al movimiento estudiantil.
Y es que han sido dos años de protestas y organización. Dos años en los que no han parado de salir de calle ni un solo día. “Hubo momentos, en diciembre cuando las fiestas, que yo creía que se iba a apagar. Nunca lo hizo; los estudiantes nunca dejaron de salir a las calles”, decía en precampaña Katarina Šćepanović, una de las candidatas de la Lista de los Estudiantes por la Facultad de Teología.
Sus objetivos a lo largo de estos dos años han sido claros y concretos: acabar con la corrupción del país, poder tener transparencia en las instituciones y que se rindieran cuentas por la tragedia de Novi Sad
Lo que empezó como un movimiento estudiantil —y lo sigue siendo— que reunió la rabia y la frustración de toda una generación harta de la corrupción de un gobierno que jamás había rendido cuentas, se convirtió finalmente en una plataforma política. Han sido meses de asambleas universitarias en las que se ha trabajado para no ser un partido político al uso: su estructura siempre ha sido horizontal y nunca ha habido personificaciones; es decir, caras concretas. En estos dos años de protestas han sido decenas de portavoces los que han hablado con la prensa, para que nadie pesase más que otro.
Sus objetivos a lo largo de estos dos años han sido claros y concretos: acabar con la corrupción del país, poder tener transparencia en las instituciones y que se rindieran cuentas por la tragedia de Novi Sad de aquel 1 de noviembre de 2024, que fue el inicio de todo. “Debemos mantenernos unidos en torno a lo que hemos acordado. Por supuesto que hay diferencias ideológicas, pero las hemos dejado a un lado. Creo que los estudiantes se esforzaron al máximo para elegir a personas cooperativas con las que se pueda trabajar bien en equipo. Somos diferentes, pero muy cooperativos. Esta es nuestra última oportunidad para devolverle el país a su gente, para ofrecer un Gobierno responsable que rinda cuentas ante la ciudadanía”, explicaba la candidata Katarina Šćepanović. “Vamos a ganar y no puedo esperar”, decía Jovana aún a días de las elecciones. Ambas se despedían con sonrisas en la cara, con una abrazo fuerte y la seguridad de que iban a triunfar en los comicios, como así ha ha sucedido.
Serbia, día cero de una nueva era
El domingo electoral amaneció con filas de votantes que se agolpaban a las puertas de los colegios electorales mucho antes de que estos abrieran, y durante el día se respiraba la calma y la emoción. Preguntando en colegios electorales, la respuesta siempre era la misma: se votaba al 3, es decir, a la papeleta número tres, la de los estudiantes. “Estoy muy orgullosa de la juventud que tenemos, de cómo se han organizado, porque hay muchas posibilidades de que hoy cambien Serbia, aunque ya la han cambiado. Toda esta generación joven me recuerda a los valores que teníamos hace años; están demostrando que los serbios somos buenas personas y cómo volver a ser esas personas amables y buenas que éramos antes de todas las tragedias que hemos tenido que vivir”, decía, casi entre lágrimas, Zorica, de 67 años tras votar en uno de los colegios electorales de la capital, Belgrado.
Sin embargo, también había miedo de lo que podría pasar esa noche; no se descartaban —más bien era lo que se creía—, incidentes una vez se hiciesen públicos los resultados. “Por nuestra parte, no va a haber violencia. Jamás la habido en dos años de movimiento”, repitieron las dos representantes del movimiento. En el centro de la capital, la mayoría de los negocios permanecieron cerrados por miedo a los mismos.
A las ocho de la noche, tal y como estaba previsto cerraron los colegios, tras alcanzar una tasa de participación del 69%, la más alta en la última década, un dato histórico. A esa misma hora, ambos frentes: la lista de Aleksandar Vučić, Vučić — Serbia Unida; y la de los estudiantes, Lista de los Estudiantes — los Estudiantes Ganan, se reunían en sus respectivos centros de recuento. En el de los estudiantes, cientos de personas esperaban tranquilos las primeras proyecciones, que fueron positivas desde los inicios. Lo que pilló por sorpresa fue que, menos de dos horas después del cierre de colegios, Vučić anunciase su derrota: “Aún no tenemos los resultados definitivos. Muchos se sorprenderán y comprenderán cuánto mintieron algunos y qué inventaron. Quiero informarles que ganó la lista estudiantil”, dijo en su alocución.
Con los resultados ya oficiales en la mano, los estudiantes han conseguido el 53% del apoyo, lo que les da 140 escaños en el parlamento, la lista de Vučić, por su parte, logró el 39%, dándole 104 asientos, los otros seis se lo llevan las minorías nacionales como los Húngaros de Vojvodina y la Coalición Albanesa.
Tienen cuatro años para limpiar el sistema serbio, para pedir la rendición de cuentas por la tragedia de Novi Sad, para dar transparencia a los procesos de contratación pública, para que la prensa vuelva a ser libre e independiente, para acabar con la corrupción.
Los estudiantes no se hicieron esperar, y las celebraciones empezaron ese mismo momento. Nadie ahorró en abrazos o lágrimas de alegría: ¡Serbia es libre!, era el grito. La emoción no se contuvo; no fueron solo los representantes quienes se emocionaron: fueron los observadores internacionales, los periodistas, los taxistas que pasaban por la sede. Gritos, abrazos, lágrimas, incredulidad. Lo que se soñaba, pasó. Y en pocos minutos, cientos de personas ya estaban agolpadas a las puertas de esta sede: banderas serbias, altavoces, coches pitando, rakia en mano, y todos haciendo el tres con las manos.
La Lista de los estudiantes tiene cuatro años para limpiar el sistema serbio. Prometió que se iban a rendir cuentas por la tragedia de Novi Sad, prometió que los procesos de contratación pública iban a ser transparentes, que la prensa en el país iba a volver a ser libre e independiente, prometió ocuparse de la corrupción y revisar todas las concesiones de obras públicas dadas durante la década de poder del Partido Progresista Serbio (SNS). “La cuestión es aprobar las leyes necesarias para acabar con la corrupción y con el sistema corrupto, y colocar a las personas adecuadas en los puestos donde las instituciones son débiles, que es en casi todas partes. Necesitamos reforzar y fortalecer las instituciones con personas realmente capacitadas y comprometidas”, explicó Šćepanović en la conversación mantenida con El Salto.
Ganar contra todo pronóstico
Ahora Serbia tiene un parlamento en el que los políticos son minoría; ahora hay profesores, artistas, obreros, conductores, agricultores. Serán ellos y ellas quienes tomen las decisiones del país balcánico, junto a los estudiantes, que seguirán en estrecho contacto con sus representantes. El movimiento no planea desaparecer y pretende seguir luchando por Serbia desde el Parlamento y las universidades en conjunto.
Antes de iniciar esta difícil tarea, lo que se vivió anoche fue un acontecimiento histórico. Fue una noche de celebración en la que la estudiante Marta Pijević, también parte del movimiento, gritaba entre lágrimas: “Solo quiero decir a cualquiera que vea esto, que tiene que pensar en el hecho de que, hace dos años, cuando se cayó la marquesina [de Novi Sad], no sabíamos nada. Teníamos entre 19 y 25 años, no sabíamos nada. Éramos estudiantes, se supone que todavía estábamos aprendiendo, se supone que teníamos que salir a divertirnos. No teníamos tiempo para divertirnos. Dijimos, perdón por el lenguaje, ¡que le den a esto! Y lo hicimos, nos unimos por lo mismo, y esto es, joder, justicia. Hemos ganado. Ganamos al partido del Parlamento, al partido con el que hemos crecido, porque nosotros crecimos dentro de este sistema; hay gente que nació en 2006 que está en el movimiento y que no conocía otra cosa aparte de esto. Y lucharon contra ello y ganaron”.
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