Unión Europea
El G7 quiere pasar pantalla respecto a Irán y reabrir la carpeta Ucrania
El periodista Jeremy Scahill publicaba el lunes 15 de junio una información sorprendente sobre cómo el equipo de negociación iraní había incorporado a dos “psicólogos sénior”. El objetivo ha sido realizar una evaluación del estado mental del presidente estadounidense que aportase una ventaja a los negociadores en su comunicación, a través de mediadores de terceros países, con la Casa Blanca. El enfoque se centraba en “gestionar lo que consideramos un patrón de comportamiento psicopático” de parte de Trump, y la operación, desde el punto de vista de Teherán, ha sido considerada un éxito.
Independientemente de la aproximación a una personalidad narcisista y con tendencia a la psicopatía, la conclusión temporal del conflicto con Irán, que Trump arrancó el 28 de febrero, muestra que se ha tratado del primer gran error de su administración, un error de grandes dimensiones después del que se ha generalizado la idea de que Teherán ha obtenido más beneficios de los que tenía antes de que Trump desatase la tormenta.
Los detalles del acuerdo final de 14 puntos, que se deben conocer a partir de este jueves, confirmarán esa sensación que, según los informes que llegan desde Evian, son compartidos por los miembros del G7, el grupo de los países más poderosos de “Occidente”, incluido Japón. El primer cuestionamiento concreto es si en ese acuerdo la Administración Trump ha aceptado que Irán cobre una suerte de peaje, nominalmente un cobro por los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz.
Según el acuerdo alcanzado el pasado fin de semana, el Estrecho quedará abierto completamente este próximo viernes, 19 de junio, tras la escenificación de la firma del acuerdo, que tendrá lugar en Burgenstock (Suiza). A cambio, Trump aseguró que Irán “nunca tendrá” armas nucleares en su arsenal, en lo que parece la principal concesión arrancada a Teherán por parte de EEUU.
Aparentemente, y pese a la ambiguedad de lo poco que se sabe del acuerdo, Irán seguirá con su programa de enriquecimiento de uranio para fines civiles. La agencia de inteligencia estadounidense CIA ha puesto en duda, según Axios, la intención de Irán de hacer concesiones en su programa. El acuerdo alcanzado el fin de semana, no obstante, es solo una enunciación de un acuerdo nuclear más detallado que debe quedar fijado en los próximos 60 días. Los líderes Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia, el llamado E4, anunciaron el domingo que estaban dispuestos a levantar las sanciones contra Irán a cambio de medidas verificables de reducción de su programa nuclear.
A cambio, EEUU se compromete a no imponer nuevas sanciones ni a desplegar fuerzas adicionales en la región. La cuestión principal, no obstante, es lo que hará Israel, toda vez que Irán ya ha advertido de que el sostenimiento por parte del régimen de Tel Aviv de su ofensiva contra Líbano constituirá una violación del acuerdo provisional con Estados Unidos.
El presunto criminal de guerra, Benjamin Netanyahu, no ha dado muestras de estar valorando la retirada de las FDI del territorio ocupado en Líbano y los ministros más extremistas presionan para hacer volar por los aires el tratado. La cercanía de las elecciones parlamentarias en Israel supone una oportunidad para la oposición de aprovechar el dilema que se le presenta a Netanyahu: desafiar a su principal valedor internacional manteniendo la ocupación de Líbano u ordenar una retirada que resalte la victoria de Irán en esta contienda.
Netanyahu anunció el lunes que las FDI mantendrán sus posiciones en los 570 kilómetros cuadrados ocupados en Líbano así como en el territorio sirio. En la cumbre del G7, Trump aseguró estar “descontento” por los ataques sobre Beirut efectuados por Israel cuando se ultimaba el anuncio del acuerdo el pasado domingo, pero calificó el del Líbano como un “conflicto menor”, en una declaración destinada a convencer a Teherán de mantener el acuerdo pese a los sabotajes israelíes. Desde el reinicio de los ataques en marzo, 3.826 personas han muerto en Líbano y 11.851 han resultado heridas.
Tanto el Gobierno de Líbano como Hezbolá, la principal milicia del país, que representa a la población chiita, se han avenido a respetar los términos del acuerdo alcanzado por Irán.
Rusia-Ucrania
Después de sus intentos de auspiciar un acuerdo de paz en el verano de 2025, el entonces candidato a Premio Nobel de la Paz, Donald Trump ha retomado en Evian un asunto que durante los últimos meses ha perdido foco. Se trata de llegar a un acuerdo para el alto el fuego. La presencia de Volodimir Zelensky en la localidad de la Alta Saboya dio lugar a un nuevo encuentro con el presidente estadounidense. Acostumbrado a humillarle, Trump no había planeado un diálogo personal con Zelensky, pero este sí se produjo.
Tras la conversación, quedó fijada la posición que se impondrá en los próximos meses: “Rusia debería llegar a un acuerdo. Rusia ha perdido muchísimas personas, al igual que Ucrania. El mes pasado, perdieron 35.000 soldados entre los dos; es una cifra mensual”. Según las versiones difundidas por distintos medios, Trump afirmó que Rusia se encuentra en una situación peor que hace unos meses y hoy es más posible que Putin acuerde poner fin a la invasión de Ucrania que a finales de 2025, cuando se produjo el anterior conato de sprint hacia el alto el fuego de una guerra que dura ya cuatro años.
El lunes se iniciaron los trámites para la adhesión ucraniana a la UE; se trata de un posible acuerdo más cercano tras la derrota electoral y salida de la presidencia de Hungría de Viktor Orban
Una estimación publicada en Reuters en base a fuentes ucranianas indica que en mayo Rusia ha perdido territorio neto dentro de Ucrania, alrededor de 600 km2, en lo que va de año. Solo en mayo fueron cien km2, en una contraofensiva producida por el uso de drones. Aunque la información sobre víctimas de la guerra no es oficial, la inteligencia británica sitúa en medio millón de personas los muertos entre los soldados rusos. Entre las fuerzas ucranianas se estima que ha habido entre 500.000 y 600.000 bajas, incluyendo muertos, heridos y desaparecidos.
Johann Wadephul, ministro de Exteriores de Alemania, aseguró en la tarde del 16 de junio que las conversaciones para finalizar la invasión rusa de Ucrania pueden comenzar este mismo verano. Otro de los encuentros reunió a Zelensky con Friedrich Merz, canciller alemán.
El líder ucraniano reconoció que el invierno ha sido adverso para sus tropas y que su hoja de ruta pasa por el inicio de conversaciones en un tercer país —entre los que pueden estar Suiza, Turquía o Estados Unidos— desde una posición de fuerza. Ucrania quiere la autorización para la fabricación de misiles Patriot en suelo ucraniano e insta a que se establezcan más sanciones contra Rusia. En la noche del lunes al martes, Ucrania atacó con misiles una refinería de petróleo en los alrededores de Moscú.
Cualquier conversación, no obstante, retomará los puntos rojos del conflicto. La cuestión territorial, en primer lugar, con los oblast de Crimea, Lugansk y Donetsk como objetivo de anexión completa por la parte rusa y los territorios de Kherson y Zaporiyia en disputa. En segundo lugar, la entrada de Ucrania en la OTAN, un tabú para el Kremlin, y la más posible adhesión a la UE, a la que se volvió a referir Zelensky desde Evian.
El lunes, se iniciaron las conversaciones formales para esa adhesión que, no obstante, se prevé complicada. Los ministros de Asuntos Exteriores del Grupo de los Veintisiete abordaron este asunto junto con la adhesión de Moldavia. En ambos casos se trata de un posible acuerdo más cercano tras la derrota electoral y salida de la presidencia de Hungría de Viktor Orban, principal aliado de Putin en la UE.
La cumbre del G7 ha estado determinada por estos dos asuntos. Además de los países que conforman el grupo, han participado los líderes de India, Brasil, Corea del Sur, Kenia, Egipto, Qatar, Ucrania y los Emiratos Árabes Unidos, así como representantes del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones internacionales.
El medio estadounidense Newsweek ha interpretado la fotografía de esta reunión como una muestra de un nuevo tiempo, en el que se quiere reducir la exposición a las ideas cambiantes de Trump a través de las distintas alianzas con poderes económicos de importancia global: “El G7 solía ser el lugar donde Estados Unidos organizaba a Occidente. Ahora, puede convertirse en el lugar donde Occidente aprenda a organizarse en torno a Estados Unidos”, escribe este medio. De nuevo, la psicología parece ser el método para acometer lo que ya se ha demostrado como la única constante desde la segunda llegada de Trump a la Casa Blanca: lo imprevisible de su comportamiento.
El apaciguamiento parece ser la fórmula escogida, como demuestran los hechos. A pesar de sus amenazas sobre Groenlandia, Cuba o México y de sus agresiones a Irán o Venezuela, la UE ha mantenido la misma ruta de plegarse a los deseos del millonario neoyorquino. Este martes, 16 de junio, el Parlamento Europeo daba luz verde al acuerdo arancelario obtenido por Trump de manos de Ursula Von der Leyen.
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