València
Una acción contra los bajos turísticos inutiliza 450 cerraduras en barrios de València
Los barrios de Nazaret, Cabanyal, Malvarrosa, Patraix, Jesús, San Marcelino, Benimaclet, Benicalap, Campanar, El Carmen, Aiora y Morvedre amanecieron este jueves con centenares de cerraduras y cajetines de pisos turísticos inutilizados. En total, alrededor de 450 accesos a apartamentos turísticos aparecieron bloqueados. La intervención se produjo durante la madrugada del jueves 12 de marzo y se extendió por distintos distritos de València donde en los últimos años se ha intensificado la presencia de alojamientos turísticos a pie de calle, que forma ya parte del paisaje cotidiano.
Las cerraduras inutilizadas pertenecían a locales destinados al alquiler turístico. Varios de los bajos afectados aparecieron marcados con distintas pintadas dirigidas contra la proliferación de este tipo de alojamientos en los barrios. Entre los mensajes que podían leerse en algunos accesos figuraban consignas como “Mort Airbnb”, “+1 Airbnb − 1 familia” o “El turisme mata el barri”, lemas que aluden al rechazo a la masificación turística que está sufriendo la ciudad.
La presión turística se ha extendido especialmente hacia los barrios próximos al litoral y a zonas bien conectadas con el centro urbano
La expansión de los apartamentos turísticos no se limita al centro histórico. Según datos del Observatorio de la Vivienda y estudios sobre el mercado residencial en la ciudad, Camins al Grau se ha convertido en el segundo distrito más turistificado de València, solo por detrás de Ciutat Vella. La presión turística se ha extendido especialmente hacia los barrios próximos al litoral y a zonas bien conectadas con el centro urbano.
Este crecimiento refleja cómo la presión turística se ha extendido hacia barrios residenciales de clase trabajadora, −que hasta hace pocos años quedaban fuera de los principales circuitos turísticos− donde asociaciones vecinales denuncian un aumento de los conflictos derivados de este tipo de alojamientos. Entre las quejas más frecuentes se encuentran los ruidos nocturnos, fiestas en los bajos turísticos, la rotación constante de visitantes y la pérdida de convivencia en las comunidades de vecinos.
En numerosos barrios, asociaciones vecinales denuncian procesos de expulsión progresiva de residentes de toda la vida vinculados a operaciones de inversión sobre edificios residenciales
En numerosos barrios, asociaciones vecinales denuncian procesos de expulsión progresiva de residentes de toda la vida vinculados a operaciones de inversión sobre edificios residenciales, así como el aumento de prácticas de acoso inmobiliario vinculadas a operaciones de inversión y especulación sobre edificios residenciales.
En muchos de los barrios donde se produjo la acción, el conflicto con los alojamientos turísticos se expresa también en la vida cotidiana de las comunidades. Asociaciones vecinales llevan años denunciando la proliferación de alojamientos turísticos instalados en antiguos locales comerciales, bajos a pie de calleo incluso en el interior de patios de luces, que generan un flujo constante de ruidosos visitantes temporales.
En València, la regulación de la vivienda de uso turístico se ha convertido en uno de los principales focos de debate. Mientras las administraciones anuncian planes para limitar su expansión o reforzar los controles, asociaciones vecinales denuncian que el crecimiento del fenómeno continúa desplazándose hacia barrios cada vez más amplios de la ciudad.
Los colectivos por el derecho a la vivienda señalan que este modelo refleja una transformación profunda del mercado inmobiliario urbano. Los barrios dejan de funcionar como un espacio de convivencia para convertirse en un activo financiero ligado a la rentabilidad turística y a las dinámicas de inversión inmobiliaria.
El auge del alquiler turístico coincide además con una escalada sostenida del precio de la vivienda. En los últimos años València se ha situado entre las ciudades del Estado donde más han aumentado los alquileres, mientras los salarios permanecen prácticamente estancados. Esta brecha creciente entre ingresos y coste de la vivienda ha convertido el acceso al alquiler en uno de los principales problemas sociales de la ciudad.
Según datos recopilados por Inside Airbnb, en la ciudad de València existen más de 7.000 anuncios activos de viviendas en Airbnb. Una parte más que significativa de estas viviendas corresponde a inmuebles gestionados de forma profesional o por multipropietarios que concentran varias propiedades destinadas a este negocio.
Acciones similares contra la proliferación de pisos turísticos se han registrado también en otras ciudades del Estado en los últimos meses. En Madrid, por ejemplo, más de 200 cajetines de apartamentos turísticos aparecieron inutilizados en distintos barrios en una intervención reivindicada como protesta contra la turistificación y el encarecimiento de la vivienda. En Granada, cerca de 500 cajetines de pisos turísticos fueron bloqueados con silicona en una sola noche, en una intervención reivindicada mediante pegatinas con el mensaje “contra el negocio de la vivienda”. El sabotaje se produjo en un contexto de fuerte presión turística en la ciudad, donde existen casi 4.000 viviendas de uso turístico y en algunos barrios históricos la proporción de estos alojamientos supera el 20 % del parque residencial.
Esta acción pretende señalar uno de los conflictos urbanos más visibles en la València actual: la conversión progresiva de viviendas y bajos antes comerciales en infraestructuras al servicio del turismo y del negocio inmobiliario. Frente a un modelo que prioriza la rentabilidad de la vivienda como mercancía, esta intervención busca visibilizar el malestar creciente en numerosos barrios donde el aumento de pisos turísticos coincide con la expulsión silenciosa de vecinas y vecinos. Se trata de abrir un debate cada vez más presente en la ciudad, una crítica al modelo urbano que convierte los barrios en activos turísticos mientras el acceso a la vivienda se vuelve cada vez más difícil para quienes viven en la ciudad.
Madrid
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