Opinión
Ceguera vegetal
En el círculo de palabra les proponemos que piensen un superpoder. Dicen lo típico. Lo previsible. No hay novedad. Cuando le llega el turno a la penúltima alumna antes de cerrar el perímetro de esa circunferencia hecha con sillas, decide quedarse callada. Unos segundos más de la cuenta. Callada. Alargando el tiempo al límite de lo que, ella lo sabe bien, sus compañeros de aula podrán aguantar en silencio esperando a que hable. Después dice: “Me gustaría tener el superpoder de transformarme en el ser vivo que yo quiera”. Varios compañeros la miran tratando de hacer un apunte, algo que suene gracioso, que ridiculice un poco, lo justo, esa idea. Pero no se les ocurre nada, quizás por lo inesperado de la propuesta, abren la boca y la cierran. Les ha sorprendido tanto como a mí. Es poco usual que una adolescente diga que ese es el superpoder que elige.
Aunque no lo comenta en alto, luego me cuenta el porqué de su elección. Dice que así podría convertirse en una bacteria, que es como tener el superpoder de ser invisible. De transformarse en un águila o un albatros y tener el superpoder de volar. De ser una secuoya que es casi lo mismo que poder viajar en el tiempo (aunque en vez de viajar lo vives directamente, apunta). De ser un pez y tener el superpoder de no ahogarte en el agua. De ser un escarabajo que tiene el superpoder de la fuerza porque pueden sostener sobre su exoesqueleto muchas veces su propio peso. De convertirte en la flor que todo el mundo admira como la más bonita. De ser una planta medicinal y tener el superpoder de curar o de transformarte en un oso que puede pasar la noche en el bosque con el superpoder de no tener miedo.
Entonces pienso en qué ser vivo me gustaría transformarme a mí si tuviera ese superpoder. Y pienso en un árbol. En cómo sería convertirse en árbol. No uno cualquiera. Un alcornoque por ejemplo. En ese que, aunque se quemó, siguió vivo. Que tuvo el superpoder de resistir a las llamas.
Dicen que si te ponen una foto de un ecosistema en el que hay plantas y animales como, por ejemplo, la sabana africana y, después, te piden que anotes lo que has visto, lo más probable es que describas las jirafas, las cebras, los rinocerontes o los elefantes pero, quizás, lo más probable, es que no menciones a las plantas. Este sesgo que nos hace fijarnos más en los seres vivos que pertenecen a nuestro mismo reino, en los demás animales, frente a las plantas, fue estudiado por las botánicas Elizabeth Schussler y James Wandersee. A este hecho lo denominaron “ceguera vegetal” y consiste en algo así como la incapacidad para ver o sentir las plantas que viven en nuestro entorno, lo que implica que no reconocemos su importancia en la biosfera y en nuestras vidas.
Es interesante porque, en realidad, las plantas tienen el mayor de los superpoderes: son capaces de hacer que sea posible que los animales (entre otros seres vivos) podamos vivir. Dice Stefano Mancuso, que ha estudiado ese reino en profundidad, que “si mañana desaparecieran las plantas del planeta, en un mes toda la vida se extinguiría”.
No sé qué caminos hay que tomar para que, como sociedad, podamos entender que en el resto de seres vivos residen todas nuestras posibilidades de supervivencia, pero escuchar a chicas adolescentes como la que hoy habló en el círculo de palabra es, sin duda, una de ellas.
Quizás así, pensando en los superpoderes que tienen el resto de seres vivos, podamos encontrar algunas estrategias para resistir el silencio que asfixia cuando no aparecen gritos que rompan una normalidad que ya era insoportable hace demasiado tiempo. Quizás sea la forma de aprender a escuchar el murmullo que llega de lejos trayendo cambios. Para dejarse llevar por las ganas de salir de madrugada descalza y vencer al miedo de sentirte desterrada del planeta que compartimos. Y agarrar con los dientes las ganas de cambiarlo todo.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!