Opinión
Detalles
Me paré a pensar en los detalles. En saber mirar los detalles. Las cosas pequeñas. Lo que es casi imperceptible para la mayoría. Los detalles.
Me refiero a cosas como que Max coloque perfectamente alineados los bolsos que vende en la calle sobre la tela blanca que pone en el suelo. Filas perfectas sobre la tela que tiene cuerdas que la cruzan de esquina a esquina para, cuando viene la policía, poder salir corriendo optimizando la recogida en el menor tiempo posible.
Te hablo de esos detalles, de colocar los bolsos perfectamente ordenados sobre la tela una y otra vez. Una y otra vez. Y no ceder en la importancia de los detalles. Aunque suenen pequeños ante la inmensidad de la violencia policial. Del mar que atravesó para llegar. De la noche. De las olas. De las que no llegan. De las que se quedan en el fondo del mar. Me refiero a no ceder. A no dar cabida a que todo dé igual. A colocar los bolsos perfectamente alineados. Una y otra vez. Una y otra vez.
Me refiero a no dar cabida a que te dé igual. A no agotarse
Me refiero a Amanda. A sus manos. A que siempre se da crema porque le gusta que estén suaves. Aunque sus manos son duras, como las manos de la gente que las usa a diario para trabajar muchas horas. Me refiero a que da igual que no lo consiga. A que lo importante es que no se conforma a las manos ásperas de limpiar. A que no se rinde. No cede. Y se echa crema. Aunque suene a algo pequeño si sabes dónde vive. Las manos ásperas. Me refiero a no dar cabida a que te dé igual. A no agotarse. A querer tener las manos suaves aunque todo parece indicar que tú no eres de las personas que pueden optar a un tacto suave.
Me refiero a eso. A Rosa, que siembra en el alcorque de su acera. A que echaba de menos las plantas y decidió ponerse a sembrar en cualquier pedazo de tierra que quedara libre del asfalto. A ese trozo de vida que le arranca al gris. A no fatigarse frente al ruido. A no doblegarse. Aunque parezca que da igual algo verde en medio del humo. A no entregarse al zumbido de la ciudad que nunca para. A no acatar el estruendo. A querer escuchar el chasquido de las hojas cuando las pisas en otoño.
Esos detalles quedan registrados en algún lugar. No todo da igual. No son en vano.
Detalles que recuerdan la importancia de tomar el tiempo para colocar los bolsos perfectamente alineados, sin importar cuándo llegará la policía a desalojar la calle. De no rendirse a las manos ásperas. De sembrar.
Detalles. Cuidar los detalles. Mirar qué pies se colocan junto a los tuyos. Personas que también miran los detalles. Que salen a la calle cuando parecía que a nadie le importaba nada. Que gritan y que también ríen. Y que ven en esos detalles una forma de seguir, de convencerse de que a veces hace falta poco, salir, juntarse, saber que no estamos solas.
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