Opinión
Minuto de silencio

El espacio donde se hace el minuto de silencio es un lugar que acoge de forma incondicional a las personas que están en tránsito.
Caravana Abriendo Fronteras Calais 2
Listado de las personas fallecidas tratando de cruzar la frontera hacia el Reino Unido desde el año 2000 en Calais. Foto: Marga G. Enguix
11 ene 2026 06:00

El encuentro comienza con un minuto de silencio. Es un silencio imponente. Amargo. Difícil. Ese silencio, un silencio de los que te repliega hacia adentro es, en realidad, un homenaje. 

Said murió el día anterior tratando de cruzar la parte del océano que se llama Canal de la Mancha. Desde Francia hacia Reino Unido. Said se cayó del camión en el que consiguió subirse. Pero su muerte no fue su responsabilidad. A Said lo mataron quienes deciden la política de fronteras.

El espacio donde se hace el minuto de silencio es un lugar que acoge de forma incondicional a las personas que están en tránsito. Es un centro de día. Un sitio para tener un momento de descanso y cotidianidad en una vida marcada por la calle. El acoso policial. El viento. En ese lugar las personas recuperan sus nombres. Sus rostros. Sus vidas. 

En un día cualquiera en ese espacio hay un caos ordenado. Personas que ayudan a otras a lavar la ropa. Camisetas, pantalones, calcetines. Prendas sujetadas del viento por pinzas que las agarran a las cuerdas que atraviesan un lateral del patio. Siempre hay ropa tendida en los lugares donde habitan personas. Un grupo de cinco juega al baloncesto. Ríen. Varios leen hojas donde está escrita, en veinte idiomas distintos, información sobre sus derechos, sobre lugares a los que acudir, sobre cómo pueden continuar su viaje. Hay personas que cargan el móvil y que charlan. Hay niños que juegan con otros y niñas sentadas cerca de sus madres que están atareadas haciendo cosas. Hay calma. 

En todas las fronteras hay menores. Personas que han vivido pocos años. Que por el día viven de la solidaridad gestionada a través de colectivos y asociaciones

Ese lugar es, también, un espacio para el arte. Las personas en tránsito han dejado fotos, dibujos e ilustraciones que llenan las paredes. En el patio hay murales que representan vallas llenas de agujeros tras las que se ve un bosque. Hay diferentes formas de tratar de romper los muros.

En todas las fronteras hay menores. Personas que han vivido pocos años. Que por el día viven de la solidaridad gestionada a través de colectivos y asociaciones. Que por la noche buscan un lugar para resistir hasta el día siguiente. Niños, niñas, adolescentes que, se supone, tienen derecho a estar protegidos en cualquier lugar del planeta.

Hay miles de personas en tránsito. Muchas de ellas se quedan atascadas en los lugares de frontera. No encuentran la manera de seguir. Personas que sobreviven abriendo paso a la vida a codazos. 

Mujeres. Hombres. Niñas. Niños. Algunos acompañados de adultas. Otros no.

Hay personas que se agrupan en colectivos. Personas de distinta procedencia que, en muchos sitios donde está el borde con otro país, se organizan para defender una acogida incondicional y digna. Que, en medio de políticas migratorias asesinas, favorecen los encuentros donde celebrar la vida.

Ese es uno de esos lugares. Un sitio donde, cada vez que reciben la noticia de que alguien murió tratando de cruzar al otro lado, hacen un minuto de silencio. Ese día era para Said, porque su muerte, en medio de tantas muertes, sigue importando.

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