La vida y ya
Telas de araña
En el viaje habían estado debatiendo sobre las telas de araña. Sobre su fragilidad y el empeño de esos artrópodos por hacerlas una y otra vez. Incansables.
De repente, todo estaba muy quieto. Los árboles. Los colores de los árboles. Las nervaduras de las hojas. Inmóviles.
El sol entraba por la ventana izquierda del tren. Atravesaba las copas haciendo el efecto de una luz parpadeante. De fondo sonaba cualquiera de esas músicas que te envuelven entera. Que tratan de apaciguar un poco el trajín de la cabeza.
sas estructuras sedosas que les sirven no solo para cazar, que también son sus nidos, un modo de proteger sus huevos, una forma para volar sin alas
En el viaje habían estado debatiendo sobre la fragilidad de las telas de araña. Esas estructuras sedosas que les sirven no solo para cazar, que también son sus nidos, un modo de proteger sus huevos, una forma para volar sin alas. Sobre su fragilidad y el empeño de esos artrópodos por hacerlas una y otra vez. Incansables.
Debatían sobre ellas como una metáfora. La tela de araña como una forma de tejer. Sobre el esfuerzo de fabricarlas si no eres una araña. Sobre si merece la pena empeñarse en construir telas que son redes. Aunque sean frágiles. Aunque baste con algo mucho más ligero que un temporal para acabar con ellas.
A veces flojea la tenacidad que nunca le falta a las arañas para construir lo común. Quizás es porque la araña, aunque haga su tela, de algún modo conoce que, en realidad, no la hace solo para sí misma
A veces flojea la tenacidad que nunca le falta a las arañas para construir lo común. Quizás es porque la araña, aunque haga su tela, de algún modo conoce que, en realidad, no la hace solo para sí misma. Porque su tela está inserta en un entramado de relaciones con todo lo demás. No es solo para ella. Quizás las arañas son tenaces, a pesar de la fragilidad, porque saben que sin toda la red de relaciones de la que forma parte su tela, ellas no podrían ser. Quizás de ahí sacan su empeño. Quizás las arañas mantienen esa certeza de la que los humanos nos hemos desprendido. La certeza de que su red sostiene parte de una red mucho más grande que forma todos los entramados ecosistémicos.
Debatían sobre eso. Sobre las arañas. Sobre que no se trataba de darle la mano a la pausa. Aunque todo parezca difícil de construir. Sobre la importancia de ser testarudas con el empeño. En no cesar en las ganas. O hacerlas sin ganas, eso da igual. Pero hacerlas.
Convencernos de que esas telas frágiles forman parte de algo más grande. De un entramado de resistencias que juntas construyen algo más fuerte. Aunque cada tela por separado parezca quebradiza. Aunque no hagan falta huracanes para destruirlas. Porque su existencia, la de las telas, permite que sigamos siendo lo que queremos ser.
La vida y ya
Esa sensación de irrealidad
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