8 de marzo
“No estamos todas”, las mujeres que no irán al 8M
Este 8 de marzo decenas de miles de mujeres salen a la calle en las más de 120 manifestaciones repartidas por todo el Estado con un mensaje compartido en todo el territorio: los feminismos son la punta de lanza contra el avance del fascismo y los discursos de odio que impactan de forma reiterada contra mujeres, personas racializadas y disidencias.
Como cada año, el lema “no estamos todas” repetido por los movimientos feministas en cada una de sus jornadas de reivindicación tiene su representación en la realidad con todas las mujeres que por distintas razones no podrán (o no querrán) marchar este 8 de Marzo.
No podrán marchar las 1.351 mujeres asesinadas por la violencia machista en el Estado español desde que se comenzaron a recabar los datos en 2003.
No podrán marchar las 1.351 mujeres asesinadas por la violencia machista en el Estado español desde que se comenzaron a recabar los datos en 2003. En lo que llevamos de 2026 se han producido 10 asesinatos machistas. Una cifra que en ninguno de los 23 años que se lleva recogiendo los datos de forma oficial ha bajado de 46 asesinadas por año. Desde 2013 el ministerio de Igualdad recaba los datos de menores asesinados por violencia machista. Hasta el año pasado 118 niñas y niños murieron a manos de un agresor machista, este año se han producido, hasta el momento, dos asesinatos a menores. Según Igualdad entre entre 20.000 y 30.000 menores se ven directamente afectados por la violencia de género cada año. Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer presentada en 2025, Una de cada tres mujeres ha sufrido violencia machista física, sexual, económica o psicológica en algún momento.
Trabajos esenciales y feminizados
Tampoco podrán ir a la manifestación gran parte de las más de 562.000 trabajadoras del hogar y los cuidados que trabajan en España, según los datos del informe de Oxfam Intermón Trabajo invisible y cuerpos rotos. Un trabajo realizado en un 87,21% pro mujeres un 69% de nacionalidad extranjera.
Especialmente, les será imposible venir a las mujeres que se encuentran en régimen de interna en los hogares de las personas a las que cuidan. Un sistema de explotación que como explica Edith Espínola, de Sedoac “se apropia del cuerpo de la mujer trabajadora, es un sistema en que están las trabajadoras más empobrecidas, migrantes con documentación en regla o no”.
A estas compañeras les será imposible desplazarse en primer lugar por las imposibilidad de abandonar su puesto de trabajo, que es además el sitio donde viven: “Aquí en Madrid tenemos compañeras que salen una vez al mes en su día libre, que en realidad son horas”, expone Espínola.
Edith valora que la implicación del movimiento feminista pero insiste en que la implicación tiene que ser “del 100% para romper con este sistema de explotación que supone el régimen de interna”. Mientras la erradicación de este régimen no sea una prioridad, expone: “La igualdad siempre va a ser una palabra bonita pero no real en la vida diaria de las mujeres”, sentencia la activista.
Tampoco podrán participar las mujeres que trabajan en otros empleos del sector de los cuidados y los servicios esenciales, así como mujeres que debido a la precariedad laboral y el empobrecimiento no puedan dejar de ir a trabajar. Según la EAPN-ES, una de cada cuatro mujeres en el Estado se encuentra en riesgo de pobreza. El 23% de las mujeres según CCOO trabajan a tiempo parcial.
Mujeres privadas de libertad
A la manifestación tampoco podrán ir las temporeras migrantes que sostienen cada año campañas agrícolas clave para la economía del Estado, Solo en la campaña de los frutos rojos de Huelva se espera la llegada de más de 21.000 trabajadoras extranjeras contratadas en origen, la mayoría mujeres procedentes de Marruecos.
“Ni siquiera saben que existe una manifestación”, explica Fátima de la Asociación de Mujeres inmigrantes Amia, sobre la falta de incidencia del discurso feminista en estos espacios en los márgenes. Unos espacios de trabajo donde la vulneración de derechos humanos y laborales es una constante.
Las más de 4.000 mujeres que se encuentran en las cárceles españolas también faltaran en las convocatorias feministas. Las mujeres encarceladas sufren una “doble condena, ya que además de estar privadas de libertad, las presas se encuentran en espacios “que están pensados y diseñados para hombres”, como expone Marta Hornos, de la Asociación Proderechos Humanos de Andalucía.
Las mujeres suponen un 7% de la población penitenciaria dentro del Estado español. “Con la excusa de que son pocas en número, se va a justificar esta situación de marginalidad en la que se encuentran”, sostiene Hornos. La mayoría de mujeres están encarceladas por delitos relacionados con la propiedad privada y la salud pública, especialmente por cuestiones de tráfico de drogas Alicia Alonso Merino, abogada experta en sistema penitenciario, género y derechos humanos, reflexiona en su libro Feminismo anticarcelario, el cuerpo como resistencia que “la lucha contra la droga es una guerra contra las mujeres pobres y racializadas”.
“Siempre faltan las ingresadas en plantas y centros del sistema de salud mental”, sostienen acerca de la manifestación del 8M el colectivo La Bajona Colectiva, una organización critica contra el sistema psiquiátricos.
En España miles de personas viven todavía en unidades de hospitalización de larga estancia, residencias o centros psiquiátricos. En esos espacios la autonomía personal se encuentra limitada y la participación en la vida social o política resulta, en muchos casos, imposible. Según la OMS las mujeres reciben un 53.1% del diagnostico de trastornos mentales.
Cárceles
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