Actualidad africana
La esperanza por la lucha contra la inseguridad choca con los efectos del cambio climático

El gobierno de Mali avanza en la recuperación de los territorios del norte, entre tanto en Senegal se sigue peleando por la democracia y en África oriental claman ante los efectos letales de El Niño
Manifestaciones Dakar Macky Sall
En Senegal continúa la lucha para garantizar unas elecciones democráticas el proximo febrero.
17 nov 2023 06:00

No es fácil contener la esperanza, la inestabilidad en Mali comenzó en el norte y ahora se avanza en la recuperación del control de ese territorio. Dicha inestabilidad, de hecho, se ha presentado como el principio de la actual situación de preocupación por el Sahel, de manera que la ecuación apunta a un motivo de alegría. Sin embargo, la experiencia dice que las victorias militares no acostumbran a cimentar paces sólidas, así que la esperanza queda matizada.

La oposición en Senegal ha dado un paso curioso y exige en bloque que todos los candidatos se puedan presentar. Darfur vuelve (tristemente) a algunos titulares y en África oriental las inundaciones sustituyen a la sequía. Lo que no admite tibieza es la admiración por el mayor festival literario del continente.

Ofensiva en Mali para recuperar territorios en el norte

La junta militar de Mali consiguió el martes hacer público el anuncio que, posiblemente, más refuerza su posición y su imagen. La noticia de la recuperación de la ciudad de Kidal, arrebatada al control de los grupos de la rebelión tuareg, posiciona a Assimi Goita en una situación de admiración frente a su ciudadanía, pero también ante la población de los países vecinos en una región en la que la sensación de inseguridad y la creciente violencia de los grupos armados, ha causado estragos en todos los ámbitos. El anuncio de la entrada de las fuerzas armadas malienses en la ciudad de la región del norte del país tiene una enorme carga simbólica que además hunde sus raíces en algunos de los elementos clave de la situación de inestabilidad que ha vivido el país en los últimos años.

La noticia de la recuperación de la ciudad de Kidal, arrebatada al control de los grupos de la rebelión tuareg, coloca al presidente de Mali, el militar Assimi Goita, en una situación de admiración frente a su ciudadanía

La toma de una antigua base de la Misión Multidimensional Integrada de las Naciones Unidas de Estabilización en Malí (MINUSMA, por sus siglas en francés) en Kidal por parte de grupos rebeldes y la consiguiente toma de control de la ciudad suponía una especie de resurgimiento de la rebelión tuareg que está en el origen de la última espiral de inestabilidad iniciada en 2012 que ha sido el marco en el que se ha producido la consolidación del poder de grupos extremistas en grandes regiones del país, un estado prácticamente de guerra, con ataques terroristas y pérdida de control por parte del Estado de vastos territorios y una sucesión de asaltos militares al poder.

El último de estos episodios lo provocó el gobierno del propio Goita, con el viraje en las alianzas internacionales que ha expulsado a Francia del país y ha ido dejando fuera al resto de potencias del Norte global. Ante esa reaparición de la rebelión tuareg, la junta militar actuó con contundencia y el 2 de octubre lanzó una amplia operación militar para recuperar el control de Kidal. El avance de esta columna ha despertado un tremendo interés y ha sido el escenario de una considerable campaña de desinformación. El pasado martes esa operación se convirtió en un éxito para la junta.

África
Global Una década de turbulencias en el Sahel
Desde 2012 la región africana se encuentra en una espiral de inestabilidad que llama la atención por el ascenso de regímenes militares y por las manifestaciones prorrusas, pero cuya situación responde a muchos otros factores.

La carga de simbolismo tiene que ver también con las alianzas. El movimiento militar era una operación conjunta de las FAMA (Fuerzas Armadas de Mali) y mercenarios del Grupo Wagner, los principales valedores militares del actual gobierno. La recuperación de Kidal transmite el mensaje de que la alianza con Wagner es más eficiente que la que se mantenía con los antiguos socios, especialmente Francia y las fuerzas multinacionales, a los que se ha llegado a acusar en los últimos meses de estar alimentando la inestabilidad y nutriendo a grupos armados de diferente signo.

De la misma manera, la inseguridad ha sido uno de los principales argumentos para el apoyo al gobierno militar, Goita llegó para acabar con esa lacra que estaba condicionando la vida de los y las malienses. Hasta el momento no había conseguido grandes resultados, la recuperación de Kidal aparece como el gran éxito deseado y, al mismo tiempo, se plantea como el primer paso para la restitución del control de la autoridad de Bamako sobre el total del territorio nacional.

Finalmente, esta victoria militar se presenta como un avance para toda la región, en la que la inestabilidad y la pérdida de control del territorio a manos de grupos armados se ha convertido en una constante. En el vecino que mira con más interés, Burkina Faso, la llegada de las FAMA a Kidal se ha interpretado como un soplo de esperanza y la muestra de un cambio de tendencia y un aumento de la eficacia de las operaciones militares de los gobiernos liderados por soldados. En este momento de euforia no se ha reparado en el impacto de la respuesta militar, mientras otros países del Sahel están apostando por la negociación y las salidas dialogadas a crisis similares, una victoria militar parece avalar esta vía que en el pasado no ha hecho sino aumentar los agravios y reforzar los procesos de reclutamiento de los grupos armados.

La oposición se moviliza en Senegal

Quedan cuatro meses para las elecciones presidenciales en Senegal. El periodo preelectoral está siendo extremadamente largo y tumultuoso, marcado por manifestaciones, detenciones de personalidades críticas de la sociedad civil y la esfera política, procesos judiciales contra candidatos, pulsos en las instancias de la justicia y una escalada especialmente hostil para las aspiraciones del principal líder de la oposición, Ousmane Sonko y de su partido que ha llegado a ser disuelto por orden ministerial en esta larga contienda.

Ahora, en un momento en el que el clima social y político se encuentra en un punto que ha superado todos los límites, se produce una imagen tan contundente como sorprendente. 35 candidatos a las presidenciales han creado un frente común que transmite un temor extendido ante la posibilidad de que los comicios no sean ni limpios, ni transparentes. El Frente para la inclusión y la transparencia de las elecciones (FITE), aparece como una reacción de la oposición política al daño infligido a la democracia senegalesa por la deriva del actual presidente Macky Sall.

En poco tiempo, los representantes de Sonko se han visto privados de la documentación para la recogida de avales imprescindible para formalizar la candidatura

El discurso de esta coalición es, sin duda llamativo, han manifestado su compromiso en “garantizar la participación de todos los candidatos sin ninguna exclusión ilegal y proteger la transparencia, la sinceridad y la regularidad de las elecciones presidenciales”, según las afirmaciones de su portavoz, Cheikh Tidiane Dièye, en una clara alusión a la campaña desplegada contra Sonko.

El paso adelante de la oposición política senegalesa llega en un momento extremadamente crítico. En un corto periodo de tiempo, los representantes de Sonko se han visto privados de la documentación para la recogida de avales imprescindible para formalizar la candidatura y, a pesar de algunas resoluciones judiciales a su favor, la situación no se ha revertido.

El propio Sonko ha sido trasladado a un centro penitenciario de nuevo, a pesar de las dudas por su estado de salud debido a la huelga de hambre intermitente que protagoniza desde su encierro. Y al mismo tiempo, los miembros de la Comisión Electoral Nacional Autónoma (CENA) han sido renovados de la noche a la mañana en una controvertida maniobra política, que ha agravado las suspicacias de la oposición y la sociedad civil. Mientras, algunos líderes y militantes de organizaciones sociales, como Aliou Sané, continúan encarcelados.

Unas lluvias torrenciales asolan África Oriental

Las lluvias torrenciales atribuidas al fenómeno de El Niño han dejado en el este del continente un pesado balance de víctimas entre personas muertas y población desplazada por las inundaciones. Las precipitaciones han afectado particularmente a Kenia, Somalia y Etiopía. En los primeros días, se documentaron más de cuarenta muertos en los dos primeros países, pero la cifra ha ido creciendo rápidamente. El pasado martes, las informaciones cifraban en 46 fallecidos solo en Kenia, donde las alertas por fuertes lluvias se mantenían en los territorios del norte como Wajir, Garissa y Mandera y en otros condados al este y al oeste. En el caso de Somalia, las víctimas ascendieron rápidamente a las 30. Y en Etiopía se han cifrado en 20, las víctimas con datos que no han sido actualizados recientemente.

Etiopía, Kenia y Somalia están experimentando una larguísima sequía, con los últimos ciclos de lluvias pasados prácticamente sin precipitaciones. De repente, la región se ha visto sorprendida por unas lluvias torrenciales

Las personas desplazadas entre los tres países se cuentan por cientos de miles, especialmente en Kenia y Somalia. Se trata de una región que está experimentando una larguísima sequía, con los últimos ciclos de lluvias pasados prácticamente sin precipitaciones, y que, de repente, se ha visto sorprendida por unas lluvias torrenciales que han arrasado con todo lo que han encontrado por el camino. Las previsiones meteorológicas indican que en las próximas semanas e incluso meses van a mantenerse niveles de precipitaciones por encima de los niveles habituales de manera que existe riesgo de desbordamiento de ríos y nuevas inundaciones y un elevado número de personas afectadas en una zona con un débil equilibrio climático y una población con necesidad de ayuda humanitaria muy numerosa.

Se acelera la espiral de violencia e inestabilidad en Sudán

El clima de violencia provocado por siete meses de guerra entre las fuerzas armadas sudanesas y la milicia de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por su nombre en inglés), que habían sido una fuerza paramilitar al servicio de las autoridades hasta que se rebelaron en una lucha de poder interna, ha terminado por trasladar el teatro de la contienda a uno de los espacios más castigados del país, la región de Darfur.

Precisamente las RSF se hicieron fuertes en la brutal represión de la insurgencia en Darfur hace dos décadas actuando como brazo armado del gobierno en una de las crisis humanitarias más profundas de este siglo. En este caso, después de un primer levantamiento y de los pulsos más iniciales las RSF han fortalecido sus posiciones en su principal bastión y desde allí han podido hacer frente a las fuerzas gubernamentales en otros puntos del país. Los analistas, sin embargo, señalan que la pretensión de las RSF es conseguir una posición de fuerza para una negociación provechosa posterior y no está tan clara su intención de retener poder político.

En todo caso, las organizaciones internacionales han advertido que Darfur ha vuelto a ser escenario de matanzas y de violaciones de derechos de la población civil. Esta escalada ha vuelto a provocar nuevos desplazados en la región que han intentado buscar refugio en países vecinos como Chad, en un momento en el que las agencias de Naciones Unidas señalan que se encuentran al límite para cubrir las necesidades de esas poblaciones desplazadas.

El Ake Arts and Book Festival, es un festival desacomplejado que hace una apuesta firme por las voces del continente, llamando la atención sobre algunas reveladoras plumas emergentes y que anima también la edición local

Lagos celebra unas exuberantes literaturas africanas

El festival Ake Arts and Book Festival ha renacido porque era demasiado bueno para desaparecer. Ese seguramente podría ser el resumen de la decimoprimera edición del que, probablemente, es el festival literario más importante de las literaturas en el continente africano y también del más orgulloso (en el sentido más positivo de la palabra). La escritora Lola Shoneyin está detrás de esta cita imprescindible de las letras africanas, con cuya disolución se especuló el año pasado y que acaba de recibir el reconocimiento de las ferias del libro de Frankfurt y Turín con la concesión de la primera edición del premio Aficionado. La décima edición, la celebrada en 2022 fue un auténtico despliegue de talento, no solo por reunir a dos premios Nobel de literatura, Wole Soyinka y Abdulrazak Gurnah, que garantizaban el interés mediático, sino porque por los escenarios del festival pasaron todas las autoras y autores africanas que llaman la atención de la industria editorial, de la crítica y de los lectores.

Esta edición que ha sido anunciada con menos tiempo y que luce algo menos de bombo mediático, se muestra, sin embargo, como la esencia del Ake Arts and Book Festival, un festival desacomplejado que hace una apuesta firme por las voces del continente, llamando la atención sobre algunas reveladoras plumas emergentes y que anima también la edición local. El programa rezuma el pulso de la actualidad, un enfoque profunda y recurrentemente feminista, una mirada narrativa abierta que interpela, por ejemplo, al cine y una combinación fraternal entre autoras consagradas y narradoras que llegan para renovar las literaturas africanas y globales. Los días 23, 24 y 25 de noviembre la ciudad de Lagos acogerá esta cita que marca el paso de la vida literaria del continente.

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