Opinión
Derribos Washington DC, de obras por Irán

Lo llamativo es que toda una Administración estadounidense se haya embarcado en el empeño de hacer de conseguidor impenitente de las ambiciones máximas del sionismo, sin tener en cuenta las prioridades nacionales, como antes, se supone, hacían.
Columnas de humo en Teherán tras los ataques de EEUU e Israel a la capital iraní.
Columnas de humo en Teherán tras los ataques de EEUU e Israel a la capital iraní.

Arabista en la Universidad Autónoma de Madrid.

2 mar 2026 12:57

¿Qué obtiene el pueblo de Estados Unidos y el país en general con esta nueva agresión militar a Irán, un país que no había atentado contra ciudadanos u objetivos militares estadounidenses ni boicoteado, socavado o perjudicado su política económica en la región? Nada, si acaso lo que vaya a ganar el mercader de su presidente y el hatajo de individuos e intereses espurios que lo rodea, entre los que destacan numerosas corporaciones y entramados dedicados a la fabricación de armamento. El gran beneficiado, sin duda, es el régimen de Tel Aviv, por quien se lleva a cabo esta campaña bélica que carece de justificación y se produce, además, cuando todavía no habían finalizado las rondas de conversación entre Washington y Teherán sobre el expediente nuclear y el arsenal balístico de los iraníes.

El “repelente niño Vicente de oriente” ha vuelto a conseguir sus objetivos: embarcar a la mayor potencia del planeta en una contienda particular contra un enemigo, el iraní, a quien no pudo derrotar en la llamada guerra de los doce días, en junio de 2025. Entonces, los promotores del proyecto sionista y sus aliados en EE.UU. presentaron la tregua como una victoria inapelable pero la realidad era otra. Teherán no sólo había resistido el envite sino que había empujado a los responsables del régimen israelí a solicitar la intercesión de los estadounidenses para lograr un alto el fuego.

Estados Unidos lleva invertidos cientos de millones de dólares, desde hace semanas, en preparar un ataque a gran escala que, los martes, es para llevar la democracia a Irán y, los jueves, para evitar que el “régimen sanguinario de los ayatolás” siga siendo una amenaza para el mundo. Los sábados, además, el despliegue de flotas, aviones de última tecnología y contingentes en muchas de las cerca de 800 bases repartidas por una setentena de países se lleva a cabo para vengar la muerte de los marines muertos en los ataques de milicias libanesas afines a Irán en los ochenta del siglo pasado, o peor aún, las agresiones a ciudadanos y propiedades estadounidenses cuando la revolución de 1979 y el ascenso del ayatolá Jomeini al poder.

Pero lo que debería contar el fatuo y demediado presidente que tienen es que todo esto se hace para conseguir la gran ambición del neo sionismo en su versión S.XXI: dominar Oriente Medio y convertirse en la cabeza de puente de un mega proyecto económico-financiero-militar que mantenga unido el eje Europa-India con Tel Aviv como gestor principal y Estados Unidos como patrón universal. Por ello, el gobierno actual en Irán, y quien tenga la ocurrencia de ir por libre, aunque no sea tan islamista y anti McDonadls-BurgerKing-Starbucks como los dirigentes actuales en Teherán, estorban. También estorban los palestinos, sobre todo los de Cisjordania. Por ello, en aras de este gran y nuevo Oriente Medio que desean construir a costa del bienestar de cientos de millones de habitantes en la región, hay que quitárselos de en medio.

La santa indignación de tantos voceros en Europa y Estados Unidos en solidaridad con el pueblo iraní, se reconvierte en negacionismo o justificacionismo de los crímenes del sionismo en Palestina

Es curioso leer y escuchar a tantos voceros en Europa y Estados Unidos sobre los “crímenes” del “régimen radical” de los ayatolás; su santa indignación en solidaridad con el pueblo iraní, que suele aparecer los domingos tras la sobremesa, se reconvierte en negacionismo o, lo que es peor casi, justificacionismo de los crímenes del sionismo en Palestina. El asesinato de cientos de miles de personas, la expulsión sistemática y destrucción de aldeas y barrios enteros, las torturas en las cárceles (algunas fuentes hablan de unos cien detenidos torturados, con violaciones incluidas y privación de alimentos, hasta la muerte) y el desprecio absoluto a los derechos fundamentales de los palestinos, quienes son, al fin y al cabo, los legítimos moradores de un territorio que se les está robando a la vista del mundo en pleno… Eso o no existe o son “cosas necesarias” (¿para qué? No acaban de explicarlo). Pero, ea, el régimen de Tel Aviv representa la única democracia de Oriente Medio y, además, nos viene bien al negocio.

Si expulsamos a un buen número de palestinos, piensan los promotores inmobiliarios de las contratas Sionismo S.L, tenemos más sitio para traer a nuevos colonos, hacer más grande la “urba” y ganar peso específico por todas partes. Para ello, por supuesto, se necesita no sólo engullir los territorios palestinos que todavía no han convertido en zonas ajardinadas particulares, sino también las zonas adyacentes de los vecinos. Los enclaves ocupados en Líbano y Siria vienen muy bien a tal efecto, ya que, además de vistas excepcionales contienen recursos hídricos y también de hidrocarburos. Recordemos que una de las razones que llevaron a los matarifes comandados por Netanyahu a arrasar con la franja de Gaza era asegurarse el acceso a los supuestos yacimientos de gas que albergan las costas gazatíes. Lo mismo pasa con la demarcación de la frontera marítima con Líbano.

Lo llamativo aquí es que toda una Administración estadounidense se haya embarcado en el empeño de hacer de conseguidor impenitente de las ambiciones máximas del sionismo, sin tener en cuenta las prioridades nacionales, como antes, se supone, hacían. Las malas lenguas dicen que al presidente Trump y parte de su cohorte de fámulos están atados de pies y manos por los “papeles de Epstein”. De este individuo suelen contar muchas cosas en la prensa occidental, sin entrar en muchos detalles, salvo alguna excepción, en uno crucial: era un agente del Mossad y el emporio que regentaba, con la famosa isla de Little Saint James a la cabeza, respondía a una trama de espionaje y extorsión desarrollado por los tentáculos de los servicios de inteligencia del régimen de Tel Aviv en EE.UU. La información comprometedora que estos puedan atesorar sobre buena parte de la decrépita y corrupta clase política estadounidense puede ser una razón de todo este desaguisado que están armando en Oriente Medio. El proyecto, con sus futuribles réditos comerciales, de la gran ruta comercial que ansían organizar por toda la región y las sandeces de las corrientes evangelistas y fundamentalistas cristianas que se han convertido en garantes de las profecías bíblicas del sionismo son asimismo ejes fundamentales de este renovado afán del imperio estadounidense por hacer que el matón de la clase se convierta en delegado y, además, dé las clases de matemáticas, los viernes, en sustitución del profesor.

Algunos dirán que tampoco sale tan caro eso de mantener portaviones megalíticos dando paseos por el golfo Pérsico o lanzar misiles de última generación valorados en millones de dólares. Total, van a pagar las petromonarquías árabes, que están deseando librarse del gran peligro iraní. Cada vez que Trump va por allí, Riad, Doha o Abu Dabi, le regalan trillones de dólares en inversiones y hasta aviones de lujo máximo. Pero no te lo van a poder pagar todo; tampoco los muertos y heridos en las filas estadounidenses que ya en el tercer día de bombardeos sobre territorio iraní se contaban por decenas.

Luego está la contradicción del discurso que tanto gusta a los secuaces de esta nueva visión ultra liberal que están intentando imponer en el mundo. El gran peligro es el “islam”, encarnado por los inmigrantes musulmanes en occidente, en especial en Europa, pero tus principales aliados en la región son países que se declaran musulmanes y tienen una visión tradicionalista de los principios islámicos. Y además te pagan las bases y te dan dinero, cobertura diplomática y mediática e incluso colaboran de forma activa en el acoso y derribo de un pueblo, el palestino, que no ha hecho otra cosa que estar en el sitio equivocado y un régimen, el iraní, al que no le gusta enviar las cosas por Amazon. Qué curioso el caso de Arabia Saudí, por ejemplo, donde no se puede hablar de casi nada, las mujeres no conducían hasta hace unos años y las torturas y el silenciamiento de cualquier voz discrepante están a la orden del día. Al lado de Irán, ese leviatán maligno e incontrolado, se ha convertido en un espejo democrático y tolerante —díganselo a quienes tienen la ocurrencia de publicar en las redes sociales comentarios críticos sobre los dirigentes de la casa Saud—. Para toda esta gente que nos da lecciones de libertad, pluralismo y derechos humanos los verdaderos valores parecen resumirse en la facultad soberana para elegir entre pepsi y coca cola.

El embajador estadounidense actual en Jerusalén, un fundamentalista cristiano apasionadamente sionista, afirma que el proyecto del Gran Israel no le parece tan mal…

La astracanada del inquilino actual de la Casa Blanca es de tal envergadura que hasta las bases del movimiento de acólitos que lo jaleaban, conocido como “Maga”, se han revuelto. “¿Por qué esta política de seguidismo a los intereses sionistas?”, se preguntan muchos. “¿Qué nos ha hecho Irán?”, se preguntan otros. Por aquí, los descerebrados pseudo trumpistas que acogen las tonterías de este hombre siempre encontrarán una excusa para justificarlo —como la “espantá” democrática en Venezuela con el post chavismo—. Pero en EE.UU. algunos piensan más. La prepotencia de los emisarios de Trump ha llegado a tales extremos que se permiten decir al gobierno iraquí que el candidato más votado en las últimas elecciones, Nouri al Maliki, quien fuera primer ministro entre 2006-2014, es decir, bajo la tutela de los ocupantes estadounidenses, “no debe gobernar”. De paso se lo han dicho a él, argumentando que es un pro iraní y, además, un corrupto. Toma elecciones y decisión libre; parafraseando a Kissinger tras la victoria de Salvador Allende en el Chile de 1970, los iraquíes no saben votar.

Los estadounidenses desconocía, vaya por Dios, que al Maliki era un proiraní corrupto cuando permitieron que fuera el primer ministro más longevo del periodo posterior a la dictadura de Saddam Husein, caído en 2003. A la par les han dicho a los dirigentes de la nueva Siria que no se les ocurra contratar un sistema de comunicaciones telefónicas ofrecida por una empresa china. Si lo hacen, sanciones, como a los iraquíes. El presidente sirio actual, Ahmad al Sharaa, fue convenientemente aleccionado cuando, miembro de al Qaeda, pasó una temporada en una cárcel estadounidense en Iraq. O haces lo que te decimos o te soltamos el dóberman sionista. A los dirigentes libaneses les amenazan con esto mismo: callad ante los bombardeos, diarios, de la aviación israelí, atad en corto a Hezbolá y no protestéis si os arrebata, el dóberman, más tierras. De lo contrario, la cosa irá a peor. Y mientras, el embajador estadounidense actual en Jerusalén, un fundamentalista cristiano apasionadamente sionista, afirma que el proyecto del Gran Israel no le parece tan mal… Este es el nivel que tenemos; y así nos van las cosas a todo el mundo.

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